«Hasta el presente, es el mundo quien ha pensado por nosotros.» (Tiqqun aquí mismo, tesis 43)
De la revista Tiqqun 1 vamos traduciendo y colgando aquí esta parte titulada La economía como magia negra; una crítica metafísica.
[El pdf]
- La economía como magia negra
III – La metafísica crítica
Y el puzzle social
ha librado su última combinación
André Breton
31. Dos mercancías son a priori, y auténticamente, equivalentes. Solo superficialmente, y en un segundo tiempo, se presentan como singulares. Una mercancía siempre debe presentarse como singular, lo cual le da todo su mana. Solo así es como es deseada, es decir, que la idea del intercambio en tanto equivalencia, idea que se encuentra en ella, deviene pública, y de este modo, seguidamente, la mercancía puede participar en el acto mágico del consumo. Un acto tal que confirma su equivalencia absoluta en el intercambio, antes de que la equivalencia absoluta del uso se afirme tiránicamente, en todos los Bloom que la han comprado, como empobrecimiento brusco. Y la singularidad que se había mostrado se revela también como mercancía, es decir, como perfectamente indiferenciada. El mana huyó.
32. Esta singularidad se encuentra de entrada indiferenciada, puesto que cada especie de mercancía es producida y consumida masivamente, y porque esta masa está constituida por objetos idénticos. Y luego, porque las propias pseudo-singularidades que parecían diferenciar las diversas especies es revelan como abstractas. Puesto que lo que era realmente deseado —y que se ha perdido en el momento mismo en que finalmente se creía obtenerlo— es el mana mercantil, sustancia en lata de conserva para el individuo sin sustancia, pura singularidad, singularidad general, abstracta.
33. Pero esta sustancia es más bien una suerte de nada activa, de modo que la mercancía es de hecho una especie de pura forma, una cáscara vacía, el simple fragmento muerto de un vaso roto y vaciado. Y esta sustancia formal se define esencialmente por su modo de aparecer en tanto que pura presencia inmediata, y debe cobrar el aspecto de singularidad simplemente porque realiza esta esencia, la de una pura presencia inmediata y abstracta.
La singularidad aparente es aquello que permite a la mercancía realizar su concepto, mostrándose como inmediata, sin misterio, mientras que sin embargo es profundamente mágica. Lo que caracteriza a la mercancía en tanto que unión de lo profano y lo sagrado, y no como superados sino como separados, es el hecho de que la mercancía deba ser mágica para existir efectivamente en tanto mercancía, escondiendo su naturaleza mágica por la misma razón —puesto que también debe ser la pura inmediatez y la pura evidencia. La mercancía no es el superamiento de lo profano y lo sagrado, creada por ellos. Es más bien la simple unión sodomita de estos dos momentos, que no los supera, sino que más bien los mezcla, como es lo corriente en el mundo de los qelifot [http://es.wikipedia.org/wiki/Qlifot].
34. La razón por la cual la mercancía ve su forma y su sustancia planteadas ya no en tanto que momentos inseparables, superados en una unidad superior, sino como simplemente subsumidos en la abstracción por la hipóstasis de la forma, es que ella pertenece de hecho al ser-para-sí objetivado, planteado como exterior al hombre.
Anotación: Luego el valor no es «trabajo cristalizado», como creía Marx, sino ser-para-sí cristalizado.
35. Pero al mismo tiempo que este ser-para-sí exterior, esta Publicidad objetivada, es lo que hay de más deseable en la época del Espectáculo, donde la escisión de la Publicidad significa también la ausencia del ser-para-sí, lo que hay de más evanescente, y que es al mismo tiempo este ser-para-sí bajo el Celofán, este mana, es la ausencia de la Publicidad.
36. Puesto que este ser-para-sí, en el consumo, permanece exterior al consumidor. Y esta exterioridad lo niega enseguida en tanto ser-para-sí, en tanto que reflexividad. Es por ello por lo que el mana huye, y por lo que el consumidor es insaciable.
37. Pero entonces, la mercancía, más que como simple ser-para-sí objetivado en el exterior, se desvela como principio objetal del ser-absolutamente-exterior del ser-para-sí, y por tanto también de la exterioridad para consigo del ser-para-sí, y se muestra como la mediación misma que separa al Bloom respecto al ser-para-sí, a la totalidad respecto a su apariencia —y el movimiento de la mercancía es el movimiento de la escisión de la Publicidad.
Anotación: en otros términos, la mercancía es la mediación activa del ser-para-sí-como-para-un-otro (en el sentido en que en el Espectáculo, el Otro, es siempre el se), es decir, de la mala sustancialidad. Pero esta mala sustancialidad está también siempre «interiorizada» en tanto ser-para-sí-como-un-otro, o bien: es la mediación de la reificación.
38. El Espectáculo es la mercancía que se desvela en fin como figura de la Publicidad.
39. Lo que para el hombre es una inversión del vínculo genérico, es también la difusión del vínculo genérico de la mercancía.
40. Este vínculo genérico es una propiedad esencial de la mercancía en tanto que puro fenómeno. En efecto, 1) es el proceso de su aparición, 2) en tanto que invertido, presupone, por la equivalencia absoluta a priori, la total banalidad [platitude] de las mercancías, su ser-plano, su ausencia declarada de Interior. Ahora bien, esta pura fenomenalidad afirmada de la mercancía, en tanto que es ella misma fenómeno, se supera enseguida. Y esta pura fenomenalidad se desvela también como modo de desvelamiento.
Anotaciones:
1) Por «superar», entendemos, según una tradición clásica, el aufheben hegeliano (que es a la vez suprimir, conservar y superar).
2) La mercancía se presenta como la propia banalidad, y la confesión de esta banalidad, como la declaración de la inexistencia del misterio. Pero esta manera de aparecer es ella misma misteriosa. Es eso lo que explicitaba ya la tesis 33.
41. En tanto que tal, y como forma de la pura fenomenalidad mercantil, el vínculo genérico invertido es una propiedad metafísica de la mercancía: lo supra-sensible es el fenómeno en tanto fenómeno.
Anotaciones:
1) En efecto, clásicamente, lo supra-sensible se presenta de entrada como un más allá de lo sensible, como Interior inaccesible para el entendimiento. En una situación tan desesperante, donde lo Interior está algo así como vacío (puesto que el resultado es seguramente el mismo que si se coloca a un ciego en medio de los tesoros del mundo suprasensible— si este mundo tiene tesoros, poco importa que sean el contenido propio de este mundo, o que la conciencia misma constituya tal contenido—, o que si se coloca un vidente en las puras tinieblas, o si se quiere en la pura luz, si es que el mundo supra-sensible es meramente eso; el que tiene ojos no ve ni en la pura luz, ni en las puras tinieblas, así como el ciego no vería nada de los tesoros que se desplegarían ante él), no le quedaría ya más a la conciencia que atenerse al fenómeno —es decir, tener como verdadero lo que sabe que es falso— o rellenar este vacío con quimeras, que siempre son mejor que nada…
Pero el Interior o el más allá suprasensible ha tenido nacimiento, proviene del fenómeno, y el fenómeno es su mediación, o mejor, el fenómeno es su esencia, y de hecho su cumplimiento. Lo suprasensible es lo sensible y lo percibido planteados como ellos son en verdad; pero la verdad de lo sensible y de lo percibido es el ser fenómeno. Es por ello por lo que lo suprasensible es el fenómeno en tanto fenómeno. —Si se quisiera entender por esto que lo suprasensible es en consecuencia el mundo sensible, o el mundo tal como es para la certeza sensible inmediata y para la percepción, se comprendería al revés; puesto que el fenómeno no es el mundo del saber sensible y de la percepción en tanto ente, sino que es más bien el saber sensible y la percepción planteados como superados, y planteados en su verdad en tanto que interiores. Se ha podido creer que lo suprasensible no era el fenómeno, pero ocurre que bajo el vocablo de fenómeno, no era verdaderamente tal fenómeno lo que se entendía, sino más bien el propio mundo sensible, en tanto que realidad efectiva real (que, sea dicho de pasada, no existe en-y-para-sí, o absolutamente, y no es por tanto un existente verdadero [existant vrai]).
La mercancía, a la inversa de las metafísicas más antiguas, afirma positivamente la vacuidad del Interior, e incluso su inexistencia. Decreta que todo se termina en el fenómeno; ahora bien, un tal absolutismo del fenómeno puro niega también la fenomenalidad del fenómeno. Pero tan pronto como esta denegación de la fenomenalidad del fenómeno se revela ella misma en tanto fenómeno, el fenómeno se reencuentra de nuevo como fenómeno —lo que denuncia a esta denegación en tanto que mentira—, y esta fenomenalidad, en tanto fenómeno, es ya superada [sursumée] en suprasensible, y esta denegación mentirosa aparece también como propiedad metafísica de la mercancía. En fin, en tanto que la mercancía se presenta como puro fenómeno, su Interior, su realidad suprasensible le es algo así como exterior. Y esta separación de lo sagrado y lo profano, sin embargo mezclados, esta escisión en el seno de la unidad del Mundo en tanto totalidad, como Metafísica, es ella misma también metafísica, es incluso una figura de la metafísica —así como la escisión de la Publicidad era una figura de la Publicidad.
2) Los que hayan podido leernos verán aquí una explicitación de la tercera anotación sobre la tesis 11. La Ciencia no es el fluir siempre liso de un arroyo claro como el agua, o bien de un río algo más turbulento. Por el contrario, la Ciencia se revisita y se cruza a sí misma sin cesar en ese laberinto de figuras que constituye el elemento del sentido. Así, indefectiblemente, el agua vuelve, después gratuita, en cierto ahora, para concluir que no hay nada más allá, y autenticar así [authentiquer] el silencio.
El fenómeno en tanto fenómeno es lo suprasensible, el propio aparecer no aparece. La Metafísica Crítica puede revelar que el aparecer es y que eso constituye un misterio. Puede también mostrar cómo este misterio se manifiesta en la época del Espectáculo: se manifiesta como no manifestándose en tanto que misterio. Pero la Metafísica Crítica no puede ni quiere destruir este misterio. Dejamos al Espectáculo esta cabezonería a lo Sísifo, enconado como está en esta absurda tarea.
3) Con mayor precisión: la existencia de este misterio puede ser hecha pública, contrariamente al propio misterio, que es común, pero que no podría evidentemente ser él mismo público. Aquí interviene la diferencia entre Publicidad y Común (que Voyer ha confundido lúbricamente, para gloria de Publicis y de Euro-RSCG). Lo Común es aquello que nos viene dado en reparto compartido [en partage], la Publicidad es la práctica consciente de este reparto, que sabe por tanto aquello que debe a lo Común: que ella es su alienación necesaria. Ella reparte por tanto también conscientemente la imposibilidad radical del reparto compartido. Lo Común es aquello que hace posible esa explicitación en que consiste la Publicidad, pero esta posibilidad no se deja ella misma explicitar. Lo Común aflora directamente en la Publicidad, pero desvelándose se vela, y vela también su desvelamiento. Lo que nos es más consustancial y más cercano, también nos es lo más lejano, aquello sobre lo cual tenemos una menor aprehensión. Aquí está la paradoja absoluta. Tenemos en común el ser-en-el-mundo, el hablar y ser mortales, pero no podemos decir aquello que son, en su fondo, el ser-en-el-mundo, el lenguaje o la muerte. Lo Común no obstante puede hacer irrupción en la Publicidad, bajo la forma de experiencias individuales o colectivas, que siempre son experiencias de lo indecible. La presencia de lo Común no es otra cosa que la presencia de lo trascendente.
42. Pero este modo de desvelamiento que se desvela en tanto que figura revela también al Espectáculo como figura del Ser, o como figura de la metafísica o más bien como la mercancía que se desvela como figura del Ser y de la metafísica.
Anotaciones:
1) Es esta naturaleza finalmente metafísica y ontológica del concepto de Espectáculo lo que hace que Debord dé tantas definiciones diferentes de él, de las que ve mal, incluso, cómo podrían acordarse, unirse en un todo orgánico. Debord, como la mayor parte de los teóricos revolucionarios hasta ahora, para criticar la metafísica mercantil no ha querido o no ha sabido reconocer que se colocaba dentro del terreno de la metafísica. Lo que revela la Metafísica Crítica es, sin embargo, este hecho y su necesidad.
2) El carácter metafísico del concepto de Espectáculo se muestra también en aquella instancia por la que vemos que une el objeto desvelado y el modo de desvelamiento. Las interpretaciones anti-metafísicas de este concepto, separando estos dos momentos, se condenan a empobrecer la crítica del Espectáculo convirtiéndola en crítica de los media. En efecto, éstas, considerando aisladamente el modo de desvelamiento, son muy naturalmente conducidas a buscarlo en un objeto social aislable, y por tanto a hipostasiarlo, muy en general, en un sector determinado de la producción. Además, este punto de vista, en general vulgarmente materialista, está muy contento de que estos media sean por consiguiente reducibles a una simple estructura material; haciendo esto, niega también todo modo de desvelamiento: según él, solo hay cosas, unas más buenas (el buen vino no capitalizado, el inmaculado artesanado y los buenos compañeros), y otras más malas (la televisión, los ordenadores y la Coca-Cola). Una vez que ha circunscrito paralelamente al Espectáculo en un gran objeto exterior, puede volverse hacia la «vida auténtica» y a su reconforte de marmota en tanto que certificado de pureza anti-espectacular. Esta actitud consigue naturalmente fetichizar las auténticas «pequeñas cosas concretas», las «gentes auténticas» que las usan concretamente, y los muy auténticos terrores concretos que verdaderamente ellos cultivan —summun de la insolencia del Espectáculo, ¡quién te pudo vender aquello que él ha ya destruido! ¿Pero dónde se han puesto las nieves de antaño? [se refiere a este 'dicho': http://es.wikipedia.org/wiki/Ballade_des_dames_du_temps_jadis]
Encarnizándose en olvidar la efectividad del modo de desvelamiento, esta pseudo-crítica del Espectáculo habla, a pesar suyo, la propia lengua del Espectáculo.
La crítica del Espectáculo es metafísica o no es nada. Ella lo es explícitamente, o si no se vuelve contra sí misma, y refuerza al Espectáculo.
43. «El espíritu de la naturaleza es un espíritu escondido; no se produce bajo la forma misma del espíritu: es únicamente espíritu para el espíritu que lo conoce, es espíritu en sí mismo, pero no para sí mismo» (Hegel). La mercancía es el espíritu que se aliena en una naturaleza opresiva, el espíritu muerto que triunfa. La Metafísica Crítica es el espíritu que conoce el espíritu de esta naturaleza de pacotilla, el ser-para-sí de este espíritu. La Metafísica Crítica es la manifestación de la metafísica mercantil en tanto que metafísica, el neglegentiae mibi videtur si non studemus quod credimus intelligere —«bajo mi punto de vista sería una negligencia no profundizar en las cosas que creemos comprender»—, inscrito en la pura presencia mercantil misma. Hasta el presente, es el mundo quien ha pensado por nosotros.
Anotaciones:
1) Así, contrariamente a una opinión extendida, afirmamos que la humanidad ha pasado históricamente desde una alienación social a una natural, y no al revés. Y, a pesar de lo que puedan creer ciertos economistas, hablar de la naturalidad de la mercancía no supone en absoluto una justificación de su existencia, y menos aún, es seguro, una prueba de su «eternidad». La humanidad que se aliena en naturaleza no corresponde a su concepto, y la realidad en tanto naturaleza es una realidad que se engaña. La Metafísica Crítica revela este error de la realidad en tanto realidad del error.
2) Porque la naturaleza es todavía del espíritu, por eso, se puede decir, como hemos hecho (cf anotación de la tesis 27) que las cosas comunican. Comprendámoslo bien: es seguro que este espíritu es siempre el espíritu del hombre, pero cuando el hombre no alcanza a aprehenderse a sí mismo, cuando el espíritu no es para-sí-mismo, su ser-para-sí se separa de su ser-en-sí, y ello supone también la autonomización del espíritu, esto es, aquí, el poder efectivo de las cosas.
44. La Metafísica Crítica se da directamente en el ente: cada parcela de este mundo es la confesión de su falsedad.
45. El desarrollo histórico del modo de explicitación mercantil ha conducido al hombre hasta tal punto de bloomitud que se sabe y que se es. Pero solo un hombre puede conformar un Bloom. La alienación es siempre alienación de algo. Entonces, el Bloom que se descubre en tanto Bloom, que tiene conciencia de su estado de Bloom, es ya cualitativamente algo distinto de un simple Bloom. Puesto que eso que aflora entonces, y que se revela, es, una vez más, la capa del ser que conlleva el conocimiento del ser mercantil, y, por consiguiente, también su fundamento y su sobrepasamiento, una capa que se encuentra bajo la de la equivalencia absoluta. El Bloom que comprende su ser-Bloom es por tanto un metafísico crítico.
Anotaciones:
1) Hemos escrito bien: «El Bloom que comprende su ser-Bloom, inteligente de su ser-Bloom». El que no tiene de ello más que la conciencia simple o el entendimiento, no es todavía un metafísico-crítico; lo puede devenir, a menos que no prefiera venderse como profesional del lenguaje del halago.
2) ¿Quien se esconde tras el Bloom que se esconde tras el reloj Machi? [¿¿??] El acto de esconderse como Bloom, por tanto también la conciencia potencial, inscrita en el corazón del ser, de su bloomitud; un metafísico-crítico que se ignora (o no). La Metafísica crítica está en todas esas tripas.
46. Pero entonces, en tanto que la Metafísica Crítica es la manifestación de la metafísica mercantil en tanto que metafísica, su movimiento propio la empuja hacia su propia abolición, hacia su sobrepasamiento. La primera meta de la Metafísica Crítica es la de suprimirse. Se trata de darse los medios para ello.
Anotación: En efecto, ya que el movimiento de la Metafísica Crítica es precisamente el movimiento de la explicitación y por tanto también de la negación de la metafísica mercantil, el hecho de llegar a la efectividad es para ella el medio de la destrucción de la metafísica mercantil, y por tanto también de su propia supresión, de su propio superamiento.
47. La ciencia es en adelante el movimiento de desvelamiento de la Metafísica Crítica. En el camino de su supresión, la Metafísica Crítica es la ciencia.
Anotación: Aquí, por «ciencia», está claro que no entendemos aquello que los llamados científicos —ya sean asalariados del CNRS o de los laboratorios Biopoder & Co.— y otros positivistas se imaginan que es la ciencia, sino más bien, evidentemente, el movimiento práctico de autoexplicitación del Espíritu.
(continuará)

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