Cómo salir de la Constitución Moderna: Bruno Latour y la Diplomacia (acerca de un texto de Latour)

(Más de Latour en turbulencias (diccionario básico, etc.): http://mesetas.net/turbulencias/latour.html)

Frente a la desorganizante Caverna Moderna que nos precede, y que enfrenta "subjetividad/Valores" a "objetividad/Hechos", y que es en parte responsable -para Latour- de paralizar tareas como la de "la política", Latour propone, en el texto "Politiques de la Nature" una nueva Constitución. ("Politics of Nature" se titula en inglés).

Caricaturizando: no hay cosas y personas, hechos y valores. Hay, dice Latour, "proposiciones", pro-posiciones, concepto clave para la rearticulación que propone. Es preciso mantener esto en la cabeza (ver nota abajo).

Son dos preguntas sencillas las que valen, para Latour, a la hora de reconfigurar esto que nos traemos entre manos, tan general, del "vivir". Entre tanto, la política es "sólo" una parte más de las posibles fuentes de protagonistas, a participar en todas las tareas del colectivo. Latour distingue a los políticos de los moralistas, los economistas, los científicos y los administradores... También distingue una serie de tareas en las que más abajo entraremos.

Las preguntas son estas:

¿Quiénes, o cuántos, etc. somos? (recordad: "quiénes" no se refiere a "personas").

¿Podemos vivir juntos?

Pero cuidado otra vez: todo esto en cuanto a las proposiciones, no en cuanto a la división de la "Caverna" entre:

- "Personas"/intereses subjetivos culturales y

- "Hechos", naturales, objetivos.

Por ejemplo, frente a la división de la Antropología: naturaleza/culturas, la Diplomacia se propone entonces otra: Exigencias/Expresiones.

Exigencias: aquello que no podemos perder sin desaparecer como colectivo de humanos/no-humanos. Recordad de nuevo, con proposiciones, y no con "enunciados" sobre "la realidad exterior".

Expresiones: lo que es susceptible de ser modificado para expandir el colectivo.

Veamos cuáles son las exigencias ya existentes; en la esfera de los hechos teníamos articuladas las siguientes, y para mal, en lo que para él es claramente algo aún "en activo" y que llama "Constitución Moderna":

1. La exigencia de realidad exterior (tarea de perplejidad): que dice: "no simplificarás el número de proposiciones a tener en cuenta en la discusión". Esta exigencia, en la antigua noción de "hecho", estaba ligada "incorrectamente" a la siguiente:

2. Exigencia de cerramiento (tarea de institución), que dice que: no discutirás más la presencia legítima de las proposiciones instituidas en el seno de la vida colectiva.

Por otro lado, en la esfera de los valores teníamos:

3. La exigencia de pertinencia (en la tarea de consulta), que dice: no cortocircuitarás arbitrariamente el número de voces que participan en la articulación de las proposiciones. Y:

4. La exigencia de publicidad (tarea de jerarquización), que dice: discutirás la compatibilidad de las proposiciones nuevas junto con aquellas ya instituidas, de manera que puedas mantener todas en el mismo mundo común que les dará su lugar legítimo.

Curiosamente, en la nueva propuesta de "Constitución" de Latour, todas las "mentalidades", la política, la moralista, la económica y la científica, tendrán algo que decir en cada una de las cuatro tareas que corresponden a esas exigencias.

Este colectivo, que es en cierto modo "el nuestro", a superar (lo que se hace uniendo 1 con 3 y 2 con 4), es, en la descripción de Latour, caracterizado como sometido a una Constitución Moderna aberrante que ya hemos definido muy rápidamente y que consta de esa separación hechos/valores (1-2 frente a 3-4).

Esta "mala" Constitución vimos que liga el polo de perplejidad de "lo científico" con digamos la cerrazón institucional, con los encargos de institucionalización, siempre existentes y necesarios pero que no es necesario vincular así a la esfera de la perplejidad para conformar la de la Moderna Metafísica oscurantista de "los hechos".

Esto es, como ya hemos dicho, hablamos de la esfera de los hechos, hechos que engloban tramposamente tanto la exigencia de realidad exterior, cuya tarea llama "perplejidad", esa alerta siempre renovada existente y ejemplificada en lo científico con minúsculas, en la investigación..., engloba todo ello con la tarea de institucionalización, que responde a la exigencia de cerrar. Liga, por decirlo así, lo más "dinámico/bello", aquella exigencia de realidad, que se halla ejemplificada casi sólo -hasta ahora- en las múltiples ciencias, que son en parte esa especie de sometimiento ascético y muy lujoso a nuestras fabricaciones de experimentos, de hechos (que son "hechos", como dice la palabra, fabricados), liga por tanto, como decimos, aquello, a la necesidad de institucionalizar proposiciones, de no preguntarse más acerca de la existencia de algo en la vida "total" del colectivo.

Sin embargo, el colectivo humano/no-humano es algo en expansión, puntuada por acontecimientos, y esta localización reprime y oscurece en cierto modo esta característica básica. No podemos meter en la misma caja aquello tan bello que hace nacer proposiones sobre la realidad exterior con aquello que cierra la vida colectiva, con la contradicción de que cierra dicha vida colectiva a la única decisión, sí o sí, de admitir "los hechos". Institucionalización y perplejidad son tareas malas compañeras en la esfera de los hechos, para Latour.

Para ello, en la esfera del "quiénes", de aquella pregunta sobre cuántos o quiénes, la que llamará del "tener en cuenta", anudaremos la tarea de perplejidad con la de consulta, la exigencia de realidad exterior con la exigencia de pertinencia, esto es, las excitantes indagaciones sobre nuevas proposiciones (exigencia de realidad exterior) con las indagaciones que permitan establecer los "juicios" acerca de qué efectos tienen esas nuevas proposiciones sobre otras quizá ya más conocidas, más co-habitantes (exigencia de pertinencia).

Por otro lado, la otra esfera doble y errada es la de los valores: 3 y 4. Tenemos aquí dos cosas, la tarea de consulta, que ya hemos cambiado de lugar en el párrafo anterior para ponerla junto con 1, y que responde a la exigencia de pertinencia, y la tarea de jerarquía, que responde a la exigencia de publicidad.

Si queremos "gobernar" el colectivo, entonces, en torno a aquellas dos preguntas en vez de a dos constataciones opresoras como la de los hechos-valores, hemos de reorganizar las tareas en dos nuevas cámaras, en dos nuevos "poderes", el que responderá a la pregunta de "quiénes" será como dijimos el poder de "tener en cuenta", y ya lo hemos comentado.

La que responde a la pregunta de si podemos vivir juntos será la cámara o el poder de composición (ordonnancement).

Todos los protagonistas que ya hemos puesto en la palestra (economistas, políticos, moralistas, científicos...) tendrán algo que decir en cada una de ellas pero ateniéndose a las nuevas tareas que responden a esas exigencias redistribuidas.

La cámara de la composición, del poder de composición, frente al poder de tener en cuenta, la cámara de la pregunta sobre el "cómo", englobará a las tareas de institución y jerarquía, que responden a las exigencias de cerramiento y publicidad. La tarea de jerarquía responde a las indagaciones acerca de los escenarios contradictorios que permiten poco a poco componer una jerarquía óptima. La tarea de institucionalización responde a las indagaciones sobre los medios a poner en marcha para estabilizar el interior y el exterior del colectivo.

En la diplomacia, frente a la antropología, teníamos, recordemos, exigencias frente a expresiones. Y es que habrá también que representarse, "expresar", el escenario de la totalidad, para que esta categoría de totalidad no trabaje de forma oscurantista como ya trabaja. Esto conforma otra tarea, y también obliga a recibir contribuciones de todos.

Por otro lado, también habrá que asegurarse de que otra "nueva" tarea se ajusta a la redistribución que nos traemos entre manos, a la "nueva constitución": la tarea de separación de poderes, de estos dos nuevos poderes: el de tener en cuenta y el de composición, frente a la división de poderes de la Caverna: la de los hechos y los valores.

También habrá que instaurar, con arreglo a toda esta redistribución, una nueva tarea, el "seguimiento" (suivi), en la que entran unos nuevos actores profesionales -a sumar a los anteriores- y explicitados en el esquema de Latour: los "administradores", que se encarguen del seguimiento de los protocolos, pruebas, etc. pero siempre con este otro esquema excitante y más divertido en mente: el de la nueva constitución con dos preguntas, quiénes somos y cómo vivir juntos.

Es claro que los protocolos que rondan a esas preguntas son complicados: cómo asegurarse de que les vaya bien a todos los que se preguntan o están en medio de la pregunta viva del "quiénes somos", y cómo asegurarse también de que les vaya igualmente bien a todo lo que haya alrededor de los protocolos del "cómo vivir juntos".

Así que así planteadas las cosas, parece que todo esto resulta bastante más emocionante, entonces, que nuestra actual constitución de expertos y no expertos que lanzan sus voces cortocircuitadas por la venenosa distinción ya pasada de moda entre "hechos" y "valores". Estos expertos andan quizá como sin casi "tarea", común, ni mundo común, no al menos bien explicitado, no del todo, en su "naturaleza", puesto que no hemos puesto en claro cómo crece el colectivo hecho de proposiciones que sólo podemos articular bien en torno a preguntas y no en torno a la cavernosa "constatación" moderna de los hechos y los valores.

Por tanto, las "reglas" para este "caos" pueden o deben proponerse en cada cabeza, es sencillo y excitante, quizá como paso previo y/o acompañante a lo político, a lo moral, etc. etc.

No hay en Bruno Latour, pese a lo tecnocrático, burocrático-profesional-clasista que pueda sonar, y como quizá podríamos pensar, negación de "lo político", sino la decisión de rearticular teóricamente el colectivo que ya hay -lo queramos o no-, este es el que tenemos, tal cual. Y de rearticularlo en torno a dos preguntas básicas que se atendrían a la naturaleza ya desplegada de dicho colectivo (basta ver un periódico para ver la multiplicidad de actores humanos y no humanos).

Se trata de extender la "democracia" con lo que digamos es quizá una contribución a lo que Michel Serres llamaba "Contrato Natural", frente, o sumado al, Contrato Social de la Caverna Moderna de los "Hechos vs Valores".

Nota:

1. En torno al uso de "proposición": lo que se afirma es que el precio de incrementar la claridad analítica -la claridad de las palabras, separadas del mundo y vueltas a conectar después en virtud de su referencia y del juicio que emiten- es mayor y produce, al final, más oscuridad que el derivado de conceder a las entidades la capacidad de conectarse entre sí a través de los acontecimientos. Contrariamente a los enunciados, las proposiciones insisten sobre la dinámica del colectivo a la búsqueda de la buena articulación. Ver: http://mesetas.net/turbulencias/lep.html#proposicion


Comentarios:

De Tomás en el anterior formato de mesetas:

"Y aún así una inquietud... que se perfila desde un día que, tras un viaje interminable lleno de penurias propias de los antiguos viajeros, una entrevista a Monsieur Latour acabó convirtiéndose en los huevos de gusano de seda preciosamente cuidados (ver la entrevista).

Es probable que en el horizonte político algo aburrido y versado en las burocracias de la repetición podamos encontrar un gozo en el análisis de las cosas más peregrinas y supuestemente más olvidadas que constituyen nuestros mundos, les dan forma y a través de las cuales vivimos.

De hecho, cuando visité la exposición de Latour en Alemania (Making Things Public) en la que derivó todo este asunto, una de las cosas que más interesante me pareció fue una propuesta de un curioso grupo de nómadas-alisaestriamientos que se hace llamar "The Institute for Infinitely Small Things".

Sin embargo, pareciera como si la gran aportación política de toda la gran idea del Parlamento de la Naturaleza y la Diplomacia (el intento de convertir en un mundo como un "lugar para la convivencia" al más puro estilo de unas Naciones Unidas que, como en Star Trek se extienden hasta los confines de la galaxia), surgieran al calor de una cálida, pero nunca turbulenta socialdemocracia, de lo políticamente correcto y de no alzar una voz por encima de otra.

Debemos hilar, en cualquier caso, más fino que cayendo en una fácil acusación de legitimismo que se puede verter sobre las porpuestas del nuevo parlamento democrático extendido a la naturaleza. Suficiente propuesta es ya la inclusión de las "cosas" y la consideración de la imbricación de la ciencia en nuestras formas de vida. Una intuición digna de elogio la de la "ecología política".

Pero, por otro lado, me sigue una punzada insidiosa: pareciera como si no hubiera lugar al disenso en la bienintencionada política latouriana, dado que incluso el disenso se intenta llevar hacia un "consenso en la disensión".

Sé que en estos tiempos de "terrorismo global" de segunda guerra fría no son los mejores para comentar algo por el estilo, pero ¿no hay cosas por las que vale luchar, perder algo de lo que éramos?. Quizá se inteprete esto como un grito "antimoderno", pero pareciera como si el truco general le saliera demasiado bien... ¿no lo creen?"

hola !

hola iván! bueno ahí trasladé el articulo, todavía me cuesta un poco manejarme con el blog jeje pero estoy aprendiendo. Bueno voy a publicar otro sobre el populismo en America del Sur y los análisis de Laclau, ese si creo que es más apropiado para un tópico aparte. Bueno un abrazo y estamos en línea.

Nostalgias Materialistas

"La racionalidad de la Filosofía de las Luces, a la cual Hegel dió la forma sistemática del desarrollo del concepto, no es sino una concepción ideológica tanto de la razón como de su historia. La historia real del desarrollo del conocimiento se nos presenta hoy sometida a leyes muy diferentes de aquella esperanza teleológica del triunfo religioso de la Razón. Comenzamosa conocer esta historia como una historia jalonada de discontinuidades radicales (por ejemplo, cuando una ciencia nueva se destaca sobre el fondo de las formaciones ideológicas anteriores), de profundas modificaciones que aunque respeten la continuidad de la existencia de las regiones del conocimiento (y no siempre es así), inicia en su ruptura, el reino de una lógica nueva que, lejos de ser el simple desarrollo, la "verdad" o la "inversión" de la antigua, ocupa literalmente su lugar." (Louis Althusser, Lire le Capital pags 50-51 ed. siglo XXI)

¿Por qué traigo desde la pila de los libros hoy "pasados de moda" para la Academia, una cita casi ingenua sobre la posición de Althusser, Balibar, Ranciere y otros sobre la naturaleza de la revolución teórica marxista?

Podría contestar, tentativamente, que por un efecto de azar curioso.
Leyendo "La esperanza de Pandora", me encontré con un interesante pensamiento: la forma misma, la estructura, o como diría Althusser, la pregunta misma de la ciencia (o mejor aún, las respuestas que daba la Ciencia a preguntas que no habían sido nunca planteadas...) sobre la naturaleza del Objeto y del Sujeto, era en si misma, la imposibilidad de franquear ese mezquino límite. Entonces, se hacía imperativo abandonar "como un trasto viejo" (al decir de Lenin sobre el Estado en otro contexto...)la obsoleta visión que la Modernidad, autoritariamente nos imponía. Mas allá de las evidentes diferencias entre los dos textos, su contexto de producción y la discusión en la que estaban involucrados cada
uno, decidí concederme el poder traerlos a hablarse, a dialogarse mutuamente, interpelarse. ¿Es el proyecto de Latour, un llamado a un quiebre (epistemológico o no...)? Si, por supuesto, un quiebre que nos permita superar la mezquindad intelectual impuesta por el establishment académico y científico. Un llamado de atención sobre el hecho de que muchas veces, más que librarnos de las respuestas, debemos librarnos de las preguntas mismas que nos ofrecen. En ese sentido, más que bienvenido.

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Notas sobre Lire le Capital: El libro es producto del trabajo conjunto de Althusser y Balibar (su discípulo) y compañero de curso de Ranciere en la Ecole Normale por aquellos turbulentos años sesenta. Se dictó bajo la forma de seminario durante unos meses en 1965 y fue publicado por primera vez un mes antes del Mayo Francés.

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