Lo público y sus problemas. Dewey. I: En busca del público

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Por este tipo de discusiones sobre cohesión social, nos vamos a poner a leer un texto que —dicen— parece fundamental en el siglo XX: "El público y sus problemas", o "La opinión pública y sus problemas" (John Dewey. Ed. Morata).

El capítulo I es "En busca del público". En el texto que sigue no va a estar entero —y será bueno leerlo entero, supongo.

Pero creo que lo hemos -directamente- copiado y comentado en lo que sigue bastante:

Dice Dewey que la filosofía social muestra una gran brecha entre las doctrinas y los hechos, por ejemplo todo el tema de teoría del Estado.

Pero dichas teorías de lo social no son ajenas a los hechos que pretenden interpretar, amplifican ciertos factores seleccionados entre estos hechos. (De un básico materialismo pragmático podríamos decir que habla aquí Dewey, o "usa" tal cosa.)

Cuanto más sinceramente apelemos a los hechos, mayor es la importancia de la distinción entre los hechos que condicionan la acción humana y los hechos que están condicionados por ésta.

No debemos partir de una causalidad directa, por tanto, para explicar cosas como la del Estado.

Partamos de los actos realizados, no de causas hipotéticas.

Y observemos varias cosas de esos actos:

a - los actos tienen consecuencias en los demás
b - algunas de estas consecuencias se perciben
c - su percepción requiere un esfuerzo de control de la acción para asegurar unas consecuencias y evitar otras.

Tipos de consecuencias.
1. las que afectan a las personas directamente implicadas en una transacción
2. las que afectan a otras distintas de las inmediatamente implicadas.

De esta distinción surge el germen de la distinción privado/público.

Cuando se reconocen las consecuencias indirectas y existe un esfuerzo por regularlas, surge algo que posee los rasgos de un Estado.

Cuando las consecuencias de una acción se limitan, o se cree que están limitadas, ante todo a las personas directamente implicadas en ese acto, la transacción es privada.

Presumiblemente en lo privado las consecuencias de beneficio o de perjuicio no van más allá de la transacción entre las dos personas, sin embargo se observa que las consecuencias de la conversación se extienden más allá de los directamente implicados, que afecta al bienestar de muchos otros, esto es, que el acto adquiere una dimensión pública (tanto vale la conversación entre rey y primer ministro como entre dos mercaderes planeando un monopolio).

Así pues, la distinción privado/público en modo alguno equivale a la de individuos y social. Muchos actos privados son sociales (Adam Smith "tenía algo de razón" en su constatación de esa mano invisible que provoca bienestar desde "lo privado"; o algo así).

Los actos privados pueden ser socialmente valiosos por las consecuencias indirectas y por la intención directa.

Por consiguiente, no existe una conexión necesaria entre el carácter privado de un acto y su carácter no social o antisocial. Además, lo público no se puede identificar con lo socialmente útil: ejemplo de la guerra y la acción política en general (muchas veces son muy malas para quien las lleva a cabo).

El público lo componen todos aquellos que se ven afectados por las consecuencias indirectas de las transacciones hasta el punto en que resulta necesario ocuparse sistemáticamente de tales consecuencias. El público en tanto compuesto de funcionarios e instituciones materiales lo llama Dewey "Populus".

La surgencia de las instituciones legales nos da un ejemplo de transición desde las meras transacciones "privadas" a lo público institucionalizado. Un interés común que parte de persistencias de conflictos a lo largo del tiempo, conflictos que se resuelven en otras "capas", quizá podríamos decir que "capas" a sumar a aquella de las meras transacciones, "directas".

Todo esto nos lleva a percibir ciertos rasgos del Estado.

Daremos cuenta así, si todo va bien, de la brecha de la que hablábamos al principio. Se ha querido explicar el Estado en términos de autoría, sin embargo no hay acción de carácter público si la buscamos del lado de quienes originan acciones voluntarias.

Hay que observar las consecuencias y no las fuerzas causales... y de que ésto no se haga surgen la variedad de las teorías: dar rienda suelta a la interpretación y plantear por tanto mal el problema del Estado.

Algunas de estas fuerzas causales que son planteadas, entonces, y que nos llevan a dicho error son:

Impulso metafísico atribuido a la naturaleza, con lo que tenemos Estado como esencia del hombre... // voluntad de Dios // Confluencia de voluntades de individuos unidos que mediante contrato o promesa de lealtad crean un Estado // Voluntad autónoma trascendente que se hallaría como universal en todos los hombres y que por tanto habríamos de lamentarnos de la pluralidad individual de los "sentidos"...

Es bien sabido que la filosofía natural sólo progresó de forma sistemática tras una revolución intelectual que consistió en abandonar la búsqueda de causas y de fuerzas para pasar a analizar lo que ocurre y cómo ocurre.

Y el que haya faltado capacidad para darse cuenta de que el problema está en percibir de forma minuciosa y exigente las consecuencias (tanto de la acción como de la inacción) y en establecer medidas y medios para ocuparse de estas consecuencias... no provoca sólo la producción de teorías del Estado opuestas e irreconciliables, también ha pervertido las ideas de los que percibían la verdad.

Hemos afirmado [en cierto modo para mal] que todas las decisiones y todos los planes deliberados son, en última instancia, obra de los seres humanos individuales. De esta observación se extraen conclusiones completamente falsas [por eso decíamos para mal, y fijarse, el problema está en la relación entre por un lado la afirmación de "individualismo" estructural, la relación entre esa afirmación y el proceso de extracción de conclusiones... ¿qué guía o guió esa conexión tan rara? ¿Eran antes las conclusiones?].

Veamos esas conclusiones falsas, otra vez en palabras de Dewey: al seguir pensando en términos de fuerzas causales, de este hecho se ha obtenido la conclusión de que el Estado, lo público, es una ficción, una máscara de unos deseos privados de poder y posición. No sólo el Estado, sino la propia sociedad, han quedado pulverizados en un conglomerado de necesidades y voluntades sin relación alguna [...], De modo que el Estado surge o como un monstruo a destruir, o como un Leviatán que hay que apreciar por librarnos de la guerra de todos contra todos. Gracias a la falacia que reduce el problema del Estado a fuerzas causales, el individualismo se ha convertido en un ismo, en una filosofía.

No hay misterio alguno en el hecho de la asociación, de una acción interconectada que afecta a la actividad de los elementos individuales. No tiene sentido pues preguntarse cómo se llegan a asociar los individuos. El hecho es que existen y actúan en asociación.

Pero ¿qué hace diferentes a las asociaciones humanas de otras?

Pues el que las consecuencias de la acción conjunta adquieren un nuevo valor cuando se observan, porque el hecho de observar los efectos de la acción conjunta obliga a los hombres a reflexionar sobre la propia conexión; la convierte en objeto de atención e interés. En la medida en que se percibe la conexión, todos actúan teniéndola en cuenta. Los individuos siguen pensando, deseando y fijándose objetivos, pero en lo que piensan es en las consecuencias que su conducta produce en la de los demás y viceversa.

Inciso:

Fijémonos que las nuevas modernidades amplían año tras año el rango de "consecuencias" a observar. Consecuencias de la acción no sólo entre humanos, sino que cada vez hemos de incorporar (o elegir incorporar) más y más, la reflexión sobre las consecuencias que tiene nuestra interacción con actantes no humanos (laboratorios, etc. ver Bruno Latour, que por eso habla de "colectivo" y por eso se habla de "parlamento de las cosas").

La crianza de niños y jóvenes es lo siguiente que trata Dewey; notemos que él era educador, principalmente. Observa que en ella se da una asociación peculiar, donde se enfatiza esa observación que nombramos antes; y digamos nosotros que quizá por ello la hace tan interesante, a la educación, por esa forma de reproducir las condiciones de hominización, de lo que nos hace diferentes a las cosas, todas ellas también asociadas; se encuentra en la educación por tanto, exagerada quizá, no del todo estabilizada aún, abierta a posibilidades que brillan todos los días, quizás, un tipo concreto pero general, de forma de asociación "humana", "reflexivizante", llamémosla así de feamente, un tipo de asociación en "evolución" que crea las condiciones de humanidad-que-perdura por aquel hecho del mero fijarse en la conducta de los niños y hacer que ellos se den cuenta de que necesitan reflexionar sobre los efectos que tienen sus acciones sobre los otros y las cosas.

Existe un criterio concreto con el que distinguir una vida pública organizada frente a otros modos de vida comunitaria. Da ahora el ejemplo de las amistades, que son formas de asociación no políticas. Pero dice Dewey que el Estado no es y no depende de esos vínculos de amistad. En distintos casos de asociaciones (enseñanza, etc. etc.) se producen consecuencias específicas que se distinguen de las conductas aisladas.

Cuando se aprecia (intelectual-emocionalmente) esa especificidad se genera un interés compartido y con ello se transforma la conducta interconectada.

Cuando una conexión familiar, una iglesia, una empresa, un sindicato o una institución educativa se comportan de forma que afecta a muchas personas ajenas a ellas mismas, los afectados forman un público que trata de actuar mediante las estructuras adecuadas.

Para formarse, la vida pública ha de romper con las formas políticas existentes.

No hay norma a priori para ese "dar forma", a un Estado, con vida pública que se atiene a "nuevos problemas".

Un criterio para precisar lo bueno que pueda ser un Estado sería qué grado de organización de lo público que se consigue y el grado en que sus funcionarios se constituyen como tales para desempeñar la función de velar por los intereses públicos.
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Ha dicho.

El imposible gobierno de las consecuencias

No podemos dominar nada. Se ve, ¿verdad? Como especie hemos "triunfado" porque veíamos más que un simple ver, nuestra vista es más que una vista, nuestros ojos son parte del cerebro y vemos lo que el otro quiere, lo que puede querer hacer y sus consecuencias, también vemos lo que "las cosas" quieren. Y ese cuidado por la querencia de las cosas y por las consecuencias de lo que las cosas quieren lo hemos llamado "ciencias".

La filosofía en parte ha contribuido a maquillar la gigantesca construcción en la que se involucraban las ciencias en "las sociedades" y el sistema-mundo, y por otra parte la filosofía guarda, indispensable, los recursos de esa herramienta estrella, que tenemos a nuestra disposición, el lenguaje, la lengua... pero ningún pensamiento que al menos yo vaya a apreciar va a ponerse a separar así como así las potencias "estéticas", las potencias de composición de lo sensible, a separar por ejemplo las de esa herramienta... respecto a otras formas de potencialidad de la misma herramienta, otras que puedan darse en otros discursos, sociología, etc. Como sólo podemos intentar siquiera atisbar las "divisiones de lo sensible" nada es descartado a priori, un pensamiento anti-académico de la homogeneidad pragmática en la composibilidad de lo sensible nos espera. Por ponernos a hacer frases largas :).

Acabamos de empezar a asimilar el mero hecho del mero dar entrada a muchas "voluntades", una amalgama absolutamente enorme de voluntades posibles; a veces todo ello lo escondemos bajo el nombre de "teorías"*, para mejor tratar con "ello", lo indominable híbrido, pero todo trato con consecuencias también es lo que se llama "política", el nombre de la relación indominable, el nombre de "la Relación", quizás, o a veces el nombre de lo "nuevo", aparente.

Ningún conservadurismo, ninguna socialdemocracia, y ninguna radicalidad "anti-estatal" transformada en ocultismo para con la dimensión de lo público nos puede hacer perder el norte del asunto, de la búsqueda, asunto que nos llama a todos.

El mundo se dio la vuelta, en lo que llaman la "segunda modernidad"; ahora tenemos que hacer frente a todos los posibles últimos hilos de consecuencias y actos inerciales de nuestras composiciones, de las cosas, de las desterritorializaciones del dinero, de las organizaciones económicas parasitarias, etc. etc. y de tantos "humanos" que somos, tantas historias, tanta historia, que, indominable, nos gobierna: por ejemplo las historias que enlazan la estabilidad de millones de trabajos asalariados y su precariedad con el funcionamiento de las cadenas de distribución de mercancías y nuestro estómago lleno de nuevas moléculas, las historias que enlazan esa exigente estabilidad en "occidente" con el devenir basurero de otras partes del planeta, etc. y por ejemplo las historias que nos hablan de los riesgos bajo los que confluyen múltiples actores, riesgos que involucran locas historias de híbridos, híbridos de híbridos, etc. etc.

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* Y como quizá véis corre mucha tinta sobre el estúpido tópico de la "incompatibilidad" de "las teorías".

ahora... nuestro problema es...

Cómo mezclar -o salir- este pensamiento (que se supone más liberal) con lo que dice por ejemplo Virno (Ese ha sido un enlace a mi diario). ¿De qué habla? De la disolución de los pares público-privado, etc.

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