Hoja de "Geología de la moral" II

[Enlace al formato rtf de este texto]

Iniciamos la copia, comentario y mejora (de erratas, y algunas incomprensiones que hemos comprobado existen, quizá por prisa, en la traducción impresa del mil mesetas, etc.) del tercer capítulo de "Mil Mesetas"* del cual ya comentamos algo hace tiempo aquí. Aquí abajo lo encontraréis entero en castellano con algunas enmiendas. Cuando dentro del texto añadimos algo entre corchetes, normalmente se trata de algo de factura propia.


3.
10.000 a. J.C.
"La geología de la moral (¿Por quién se toma la tierra?)

[ Sigue una foto en blanco y negro (tanto en la edición en francés como en la castellana) de un bogavante, y abajo un pie de foto que dice "doble articulación". ]

«El profesor Challenger, el mismo que consiguió hacer bramar a la tierra con una máquina dolorífica, en las condiciones descritas por Conan Doyle, después de haber combinado varios manuales de geología y biología de acuerdo con su humor simiesco, dio una conferencia. Explicó que la Tierra —la Desterritorializada, la Glacial, la Molécula gigante— era un cuerpo sin órganos. Este cuerpo sin órganos estaba atravesado por materias inestables no formadas, flujos en todos los sentidos, intensidades libres o singularidades nómadas, partículas locas o transitorias. Pero, de momento, ese no era el problema. Porque en la tierra se producía al mismo tiempo un fenómeno muy importante, inevitable, beneficioso en algunos aspectos, perjudicial en muchos otros: la estratificación. Los estratos eran Capas, Cinturas. Consistían en formar materias, en aprisionar intensidades o en fijar singularidades en sistemas de resonancia y de redundancia, en constituir moléculas más o menos grandes en el cuerpo de la tierra, y en hacer entrar estas moléculas en conjuntos molares. Los estratos eran capturas, eran como "agujeros negros" u oclusiones que se esforzaban en retener todo lo que pasaba a su alcance (1). Actuaban por codificación y territorialización en la tierra, procedían simultáneamente por código y por territorialidad. Los estratos eran juicios de Dios (pero la tierra, el cuerpo sin órganos, no cesaba de sustraerse al juicio, de huir y de desestratificarse, de descodificarse, de desterritorializarse).
» Challenger citaba una frase que afirmaba haber encontrado en un manual de geología, y que había que aprender de memoria porque sólo más tarde se podría comprender: "Una superficie de estratificación es un plano de consistencia más compacto entre dos capas". Las capas eran los estratos. Los estratos iban de dos en dos, cada uno servía de substrato para el otro. La superficie de estratificación era un agenciamiento maquínico que no se confundía con los estratos. El agenciamiento estaba entre dos capas, entre dos estratos, tenía, pues, una cara orientada hacia los estratos (en ese sentido, era un interestrato), pero también tenía una cara orientada hacia otro lado, hacia el cuerpo sin órganos o el plano de consistencia (en ese sentido, era un metaestrato). En efecto, el propio cuerpo sin órganos formaba el plano de consistencia, que devenía compacto o se espesaba a nivel de los estratos.
» Dios es un Bogavante o una doble pinza, un double-bind [aquí explican los traductores que este es un término acuñado por Bateson en "Hacia una teoría de la esquizofrenia". 1956, para indicar una situación de doble vínculo afectivo contradictorio que coloca al sujeto en una situación sin salida]. No sólo los estratos van por lo menos de dos en dos, sino que en otro sentido cada estrato es doble (tendrá varias capas). En efecto, cada estrato presenta fenómenos constitutivos de doble articulación. Articulad dos veces, B-A, A-B. Lo que no quiere decir en modo alguno que los estratos hablen o sean lenguaje. La doble articulación es tan variable que no podemos partir de un modelo general, sino tan sólo de un caso relativamente simple. La primera articulación seleccionaría o extraería, de los flujos-partículas inestables, unidades moleculares o cuasi moleculares metaestables (sustancias) a las que impondría un orden estadístico de uniones y sucesiones (formas). La segunda articulación sería la encargada de crear estructuras estables, compactas y funcionales (formas), y constituiría los compuestos molares en los que esas estructuras se actualizan al mismo tiempo (sustancias). Así, en un estrato geológico, la primera articulación es la "sedimentación", que amontona unidades de sedimentos cíclicos según un orden estadístico: el flysch, con su sucesión de areniscas y de esquistos. La segunda articulación es el "plegamiento", que crea una estructura funcional estable y asegura el paso de los sedimentos a las rocas sedimentarias.
» Vemos, pues, que las dos articulaciones no se distribuyen una para las sustancias y otra para las formas. Las sustancias tan sólo son materias formadas. Las formas implican un código, modos de codificación y de descodificación. Las sustancias como materias formadas se refieren a territorialidades, a grados de territorialización y de desterritorialización. Ahora bien, hay código y territorialidad para cada articulación, cada articulación implica de por sí forma y sustancia. De momento, sólo se podía decir que a cada articulación le correspondía un tipo de segmentaridad o de multiplicidad: uno, flexible, más bien molecular y únicamente ordenado; [...]»

Pudiera ser que no se entienda inmediatamente cuando dice "únicamente ordenado". Quizá podríamos ver, combinarlo con, la acepción [que tenemos en (A.2.b) en www.cnrtl.fr]: "seulement" = "a l'instant", "juste".
En el ordenamiento de las "cosas" en esta primera articulación, o sea, el que llamarán de segmentaridad flexible, meramente se da un fenómeno como quien va solo a, solamente a, justamente a, precisamente a, o por el momento a: "ordenar sus ideas". Un juego flexible pero ordenador-molecular, previo a la extracción-organización "molar", la de una idea hecha y derecha, que ya no es idea sino digamos proposición.

Sigue:

» […]; otro, más duro, molar y organizado. En efecto, aunque la primera articulación no careciese de interacciones sistemáticas, era sobre todo al nivel de la segunda donde se producían los fenómenos de centrado, unificación, totalización, integración, jerarquización, finalización, que formaban una sobrecodificación. Cada una de las dos articulaciones establecía entre sus propios segmentos relaciones binarias. Pero, entre los segmentos de una y los segmentos de otra, existían relaciones biunívocas según leyes mucho más complejas. En general, la palabra estructura podía designar el conjunto de esas uniones y relaciones, pero era iluso creer que la estructura fuese la última palabra de la tierra. Es más, ni siquiera era seguro que las dos articulaciones se distribuyesen siempre según la distribución de lo molecular y lo molar.
» Dejando de lado la inmensa diversidad de estratos energéticos, físico-químicos, geológicos, se llegaba a los estratos orgánicos, o a la existencia de una gran estratificación orgánica. Pues bien, el problema del organismo —¿cómo "hacer" un organismo al cuerpo?— era, una vez más, el de la articulación, el de la relación articular. Los dogones, que el profesor conocía bien, lo planteaban de la siguiente manera: un organismo advenía al cuerpo del herrero, bajo el efecto de una máquina o de un agenciamiento maquínico que efectuaba en él la estratificación. "En el choque, la masa y el yunque le habían partido los brazos y las piernas a la altura del codo y de las rodillas, que hasta ese momento no tenía. Recibía así las articulaciones propias de la nueva forma humana que iba a extenderse sobre la tierra y que estaba destinada al trabajo (…). Con vistas al trabajo su brazo se había plegado" (2). Pero, evidentemente, reducir la relación articular a los huesos sólo era una manera de hablar. Era el conjunto del organismo el que había que considerar bajo la forma de una doble articulación, y a niveles muy diferentes. En primer lugar al nivel de la morfogénesis: por un lado, realidades de tipo molecular de ['de' traduce 'aux' = "de"; o, digamos, "con la forma de"] relaciones aleatorias [azarosas] están incluidas en fenómenos de masa o conjuntos estadísticos que determinan un orden (la fibra proteica, y su secuencia o su segmentaridad); por otro lado, esos mismos conjuntos están a su vez incluidos en estructuras estables que "eligen" los compuestos estereoscópicos, que forman órganos, funciones y relaciones, que organizan mecanismos molares, e incluso distribuyen centros capaces de sobrevolar las masas, de vigilar los mecanismos, de utilizar y de reparar la maquinaria, de "sobrecodificar" el conjunto (el replegamiento de la fibra en estructura compacta, la segunda segmentaridad) (3). Sedimentación y plegamiento, fibra y replegamiento.
» Pero al otro nivel, la química celular que regula la constitución de las proteinas también procede por doble articulación. Esta se produce en el interior de lo molecular, entre pequeñas y grandes moléculas, segmentaridad por modificaciones sucesivas y segmentaridad por polimerización. "En un primer tiempo, los elementos extraídos del medio son combinados mediante una serie de transformaciones (…). Toda esta actividad emplea varias centenas de reacciones. Pero, a fin de cuentas, aboca a la producción de un número limitado de pequeños compuestos, tan sólo unas decenas. En el segundo tiempo de la química celular, las pequeñas moléculas son reunidas para la producción de las grandes. Gracias a la polimerización de unidades enlazadas por sus extremidades se forman las cadenas que caracterizan las macromoléculas (…). Así pues, los dos tiempos de la química celular difieren a la vez por su función, sus productos, su naturaleza. El primero cincela motivos químicos, el segundo los reúne. El primero forma compuestos que sólo tienen una existencia temporal, puesto que constituyen intermediarios en la vía [en plural en la edición en francés: 'des voies'] de la biosíntesis; el segundo crea productos estables. El primero actúa por una serie de reacciones distintas; el segundo por la repetición de la misma" (4) (es una larga cita de Jacob F. La logique du vivant).
» Por último, a un tercer nivel del que depende la propia química celular, el código genético es a su vez inseparable de una doble segmentaridad o de una doble articulación que se produce ahora entre dos tipos de moléculas independientes, por un lado la secuencia de las unidades proteicas, por otro la de las unidades nucleicas, presentando las unidades de un mismo tipo, relaciones ['rapports'] binarias, y las unidades de distinto tipo, relaciones ['relations'] biunívocas. […]»

Quizá sirva para algo comentar o poner aquí al menos las definiciones más básicas que sin ir más lejos se pueden encontrar en un diccionario de francés (www.cnrtl.fr), donde se dice que, en las correspondientes acepciones matemáticas de "binaire" y "biunivoque", las relaciones binarias se dan entre elementos de un mismo conjunto (por ejemplo la suma, 2 + 2, puede ser vista como una relación binaria dentro del conjunto de los números), y las relaciones biunívocas, que en matemáticas conjuntistas se denominan también 'biyectivas', se dan biunívocamente entre dos elementos, que pertenecen en general a diferentes conjuntos. Lo biunívoco es lo "unívoco" (en conjuntos: lo 'inyectivo', la correspondencia uno a uno) y lo "recíproco" (en conjuntos: no hay escapatoria para los elementos, todos están en correspondencia).

» […] Siempre hay, pues, dos articulaciones, dos segmentaridades, dos tipos de multiplicidad, cada una de las cuales emplea formas y sustancias; pero esas dos articulaciones no se distribuyen de forma constante, incluso en el seno de un determinado estrato.»
» El público, más bien malhumorado […]»

Tenemos que parar, se está refiriendo al público creemos que con sorna, pues dicen: 'les auditeurs, plutôt maussades […]'. Para empezar ese plutôt creo que se refiere a "bastante", "bastante malhumorados"; es una acepción posible de plutôt y pega más.
"Los auditores", podríamos casi decir literalmente, los titulares de algún cargo o empleo, los magistrados auditores, los oyentes, los que están ahí pero no deliberan (como dice la acepción B en www.cnrtl.fr). Y los auditores son huraños, que también traduce ese 'maussades'. Como vemos en sólo dos palabras se da una considerable ironía "contra" lo burocrático, por eso decimos que se podría "traducir" con: "los señores magistrados-oyentes, de exacerbado y huraño malhumor, denunciaban muchas cosas […]".

Sigue:

« […], [el público] denunciaba muchas cosas mal comprendidas, muchos contrasentidos y hasta falsedades en la disertación del profesor, a pesar de las autoridades en la materia que invocaba, llamándoles sus "amigos". Incluso a los dogones…[…] »

No lo hemos dicho antes pero por si alguien está vago como para ni mirarlo: es una tribu africana, legendaria para la antropología.

« […] Más tarde las cosas se iban a poner todavía mucho peor. El profesor se jactaba cínicamente de crear a costa de los demás, pero sus creaciones casi siempre son engendros, excrecencias, piezas y fragmentos, cuando no estúpidas vulgarizaciones. […] »

En francés han usado una frase hecha que dice literalemente, para "crear": "hacer niños a la espalda de los demás", "faire des enfants dans le dos des autres", o sea, digamos, "a su costa", por eso luego habla de engendros, etc.

» […] Además, el profesor no era ni geólogo ni biólogo, ni siquiera lingüista, etnólogo o psicoanalista, en realidad hacía mucho tiempo que nadie sabía cuál era su especialidad. De hecho, el profesor Challenger era doble, estaba doblemente articulado, lo que no facilitaba las cosas, nunca se sabía cuál de los dos estaba presente. Él (?) pretendía haber inventado una disciplina, que denominaba de diversas maneras, rizomática, estratoanálisis, esquizoanálisis, nomadología, micropolítica, pragmática, ciencia de las multiplicidades, pero cuyos fines, método y razón no estaban claros. El joven profesor Alasca, alumno predilecto de Challenger, intentó hipócritamente defendere explicando que el paso de una articulación a otra, en un estrato determinado, era fácilmente verificable puesto que siempre se producía por pérdida de agua, en génetica como en biología, e incluso en lingüística, en la que se medía la importancia del fenómeno "saliva perdida". Challenger se sintió ofendido, y prefirió citar a su amigo, eso decía, el geólogo danés spinozista Hjelmslev [Louis Hjelmslev (1899 - 1965)], príncipe taciturno descendiente de Hamlet, que también se ocupaba del lenguaje, pero precisamente para extraer de él la "estratificación". Hjelmslev había sabido constituir toda una cuadrícula con las nociones de materia, contenido y expresión, forma y sustancia. Esos eran los "strata" decía Hjelmslev. Pues bien, esta cuadrícula tenía la ventaja de romper con el dualismo forma-contenido, puesto que existía tanto una forma de contenido como una forma de expresión. Los enemigos de Hjelmslev consideraban que eso sólo era una manera de rebautizar las desacreditadas nociones de significado y significante, pero en realidad era algo muy distinto. A pesar del propio Hjelmslev, la trama tenía otro alcance, un origen distinto del lingüístico (y lo mismo había que decir de la doble articulación: si el lenguaje tenía una especificidad, y por supuesto la tenía, ésta no consistía ni en la doble articulación, ni en la cuadrícula de Hjelmslev, que eran caracteres generales de estrato).
» Llamábase materia al plan [o plano] de consistencia o Cuerpo sin Órganos, es decir, al cuerpo no formado, no organizado, no estratificado o desestratificado, y a todo lo que circulaba [coulait] por ese cuerpo, partículas submoleculares y subatómicas, intensidades puras, singularidades libres prefísicas y previtales. Llamábase contenido a las materias formadas, que como consecuencia debían ser consideradas desde dos puntos de vista, desde el punto de vista de la sustancia, en la medida en que esas materias eran "escogidas", y desde el punto de vista de la forma, en la medida en que eran seleccionadas en un cierto orden (sustancia y forma de contenido).[…]»

Hay que parar. Han dicho, "todo lo que circulaba por ese cuerpo", y ya he puesto entre corchetes la palabra usada en francés: 'coulait'. Todo lo que se vierte, se filtra, o se cuela por ese cuerpo. ¿Por qué es importante esta palabra? Porque este capítulo hace entabla especie de superación-transformación, reacomodo, o uso, de lo que decía Gilbert Simondon en sus textos. En ellos y en este capítulo será importante el tema del molde, moldeo, modulación, etc. Y una de las acepciones que hay en el diccionario (www.cnrtl.fr) en francés dice por ejemplo que 'couler' es vertir una materia fundida en un molde. El cuerpo sin órganos —o CsO— es "por-lo-que-hay-fusión", y por tanto aquello por lo que hay "vertido", esto es, aquello por lo cual las cosas son di-vertidas (o multi-vertidas). Mirad por ejemplo que couler (1: A-2-b) se dice de un fruto cuando cae antes de su maduración por influencia de malas condiciones atmosféricas. Couler es el verbo que se usa en francés para "dejar escapar las lágrimas", etc. También, en su segundo espacio de acepciones en este diccionario (www.cnrtl.fr) tenemos que… ¡es morir!, naufragar, arruinarse algo (arruinar-'couler' en un momento una reputación de quince años es un ejemplo que dan). Etc.

Siguen:

« [...] Llamábase expresión a las estructuras funcionales, que a su vez debían ser consideradas desde dos puntos de vista, el de la organización de su propia forma, y el de la sustancia, en la medida en que formaban compuestos (forma y sustancia de expresión) […]»

Pensemos de forma muy simple por ejemplo en —como hacen en este capítulo— la famosa forma del ADN, en hélice, pero que, además, tal forma "que se expresa" es también obviamente una sustancia.

«[…] En un estrato siempre había una dimensión de lo expresable o de la expresión, como condición de una invariancia relativa: por ejemplo, las secuencias nucleicas eran inseparables de una expresión relativamente invariante gracias a la cual determinaba los compuestos, órganos y funciones del organismo (5). Expresar siempre es cantar la gloria de Dios. Si todo estrato es un juicio de Dios, no sólo son las plantas y los animales, las orquídeas y las avispas las que cantan o se expresan, también lo hacen las rocas e incluso los ríos, todas las cosas estratificadas de la tierra. Así pues, la primera articulación concierne al contenido, y la segunda a la expresión. La distinción entre las dos articulaciones no se establece entre formas y sustancias, sino entre contenido y expresión, no teniendo la expresión menos sustancia que el contenido, y el contenido, menos forma que la expresión. Si la doble articulación coincide unas veces con lo molar y lo molecular, y a veces no, es precisamente porque el contenido y la expresión unas veces se distribuyen así, y otras de otra forma. Entre el contenido y la expresión nunca hay correspondencia ni conformidad, sino únicamente isomorfismo con presuposición recíproca. Entre el contenido y la expresión la distinción siempre es real, por diversas razones, pero no se puede decir que los términos preexistan a la doble articulación. Ella es la que los distribuye según su trazado en cada estrato, y la que constituye su distinción real. (Entre la forma y la sustancia, por el contrario, no hay distinción real, sino únicamente mental o modal: al no ser las sustancias más que materias formadas, no podían concebirse sustancias sin forma, incluso si en ciertos casos lo inverso era posible).»

Este párrafo es muy importante. Simondon "rompía" hace mucho, con su tesis, ese posible y supuesto paradigma hilemorfista que nos invade, al menos invade a la teoría, claro, y aquí tenemos que convencernos de esta especie de transversalidad del materialista "esquema" de "contenido-expresión".

«Incluso en su distinción real, el contenido y la expresión eran relativos ("primera" y "segunda" articulaciones debían también entenderse de manera totalmente relativa). Incluso en su poder de invariancia, la expresión era una variable tanto como el contenido. […]»

Ver el uso de la palabra 'variable' en el siguiente capítulo, esto es, en "Postulados de la lingüística". En ese capítulo las consignas —esto es, lo esencial del lenguaje— son las variables, o mejor, los actos, allí lo resumían así: "Hemos ido de los mandatos explícitos a las consignas como presupuestos implícitos; de las consignas a los actos inmanentes o transformaciones incorporales que ellas expresan; luego, a los agenciamientos de enunciación de los que ellos son las variables."

» […] Contenido y expresión eran las dos variables de una función de estratificación. No sólo variaban de un estrato a otro, sino que se dispersaban [essaimaient] la una en la otra, se multiplicaban o se dividían hasta el infinito en un mismo estrato. En efecto, como toda articulación es doble, no hay una articulación de contenido y una articulación de expresión, sin que la articulación de contenido no sea doble por su cuenta y al mismo tiempo, constituyendo una expresión relativa en el contenido, y sin que la articulación de la expresión no sea doble a su vez y al mismo tiempo, constituyendo un contenido relativo en la expresión. Por eso, entre el contenido y la expresión, entre la expresión y el contenido, hay estados intermediarios, niveles, equilibrios e intercambios por los que pasa un sistema estratificado. En resumen, existen formas y sustancias de contenido que tienen un papel de expresión respecto a otras, e inversamente en el caso de la expresión. Estas nuevas distinciones no coinciden, pues, con las de las formas y las sustancias en cada articulación, sino que más bien muestran cómo cada articulación es ya o todavía doble. […]»

¿Qué es 'essaimaient'? Es enjambrar. La idea, lo que se mueve ahí, o se puede mover, en la cabeza, cuando ponen este verbo en francés, es por ejemplo la de "fundar nuevos grupos a partir de una parte de un núcleo inicial". Podemos pensar en los contenidos y las expresiones enjambrándose mutuamente así, lanzándose mutuamente grupúsculos, y con ello recreándose o transformándose, tanto expresiones como contenidos.

» […] Lo vemos perfectamente en el caso del estrato orgánico: las proteínas de contenido tienen dos formas, una de las cuales (la fibra replegada) adquiere un papel de expresión funcional respecto a la otra. De igual modo, en el caso de los ácidos nucleicos de expresión, articulaciones dobles hacen que ciertos elementos formales y sustanciales desempeñen un papel de contenido respecto a otros: no sólo la mitad de la cadena que es reproducida por la otra deviene contenido, sino que la propia cadena reconstituida deviene contenido respecto al "mensajero". En un estrato hay dobles-pinzas, double-binds, bogavantes por todas partes, en todas las direcciones, una multiplicidad de articulaciones dobles que unas veces atraviesan la expresión, otras el contenido. Por todas esas razones, no había que olvidar la advertencia de Hjelmslev: "los mismos términos de plan de expresión y de plan de contenido han sido elegidos según el uso corriente y son totalmente arbitrarios. Ateniéndose a su definición funcional, es imposible sostener que sea legítimo llamar a una de esas variables expresión y a la otra contenido, y no a la inversa: sólo pueden ser definidas como solidarias una de otra, y ni una ni otra puede ser definida de una forma más precisa. Consideradas separadamente, sólo se las puede definir por oposición y de manera relativa, como funtivos de la misma función que se oponen el uno al otro" (6). Debemos combinar aquí todos los recurso de la distinción real, de la presuposición recíproca y del relativismo generalizado.»

Ahora no es un simple punto y aparte, sino que hay una separación mayor, de una línea.

«En primer lugar, habría que preguntarse qué es lo que variaba y qué es lo que no variaba en un estrato determinado. ¿En qué se basaba la unidad, la diversidad de un estrato? La materia, la pura materia del plan de consistencia (o de inconsistencia) estaba fuera de los estratos. pero, en un estrato, los materiales moleculares arrancados a los sustratos pueden ser los mismos sin que por ello las moléculas lo sean. Los elementos sustanciales pueden ser los mismos en todo el estrato sin que las sustancias lo sean. Las relaciones formales o los enlaces pueden ser los mismos sin que las formas lo sean. En bioquímica, la unidad de composición del estrato orgánico se define al nivel de los materiales y de la energía, de los elementos sustanciales o de los radicales, de los enlaces y reacciones. Pero no son las mismas moléculas, las mismas sustancias ni las mismas formas. ¿No había llegado el momento de elogiar a [dédier un chant de gloire] Geoffroy Saint-Hilaire? […]»

- Radicales (wikipedia): En química, un radical libre es una molécula (orgánica o inorgánica), en general extremadamente inestable y, por tanto, con gran poder reactivo.
- Se refieren a Étienne Geoffroy Saint-Hilaire: 1772-1844 según la wikipedia. (Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Étienne_Geoffroy_Saint-Hilaire

« […] Geoffroy había sabido construir, en el siglo XIX, una concepción grandiosa de la estratificación. Geoffroy decía que la materia, en el sentido de su máxima divisibilidad, consistía en partículas decrecientes, en flujos o fluidos elásticos que se "desplegaban" de forma irradiante en el espacio. La combustión era el proceso de esa fuga o de esa división infinita en el plan de consistencia. La electrificación [électrisation] es el proceso inverso, constitutivo de los estratos, por el que las partículas semejantes se agrupan en átomos y moléculas, las moléculas semejantes en otras de mayor tamaño, las de mayor tamaño en conjuntos molares: "atracción de Sí por Sí mismo", como una doble pinza o una doble articulación. Así, el estrato orgánico no tenían ninguna materia vital específica, puesto que la materia era la misma para todos los estratos, pero tenía una unidad específica de composición, un solo y mismo animal abstracto, una sola y misma máquina abstracta incluida en el estrato, y presentaba los mismos materiales moleculares, los mismos elementos o componentes anatómicas de órganos, las mismas conexiones formales. Lo que no impedía que las formas orgánicas fuesen diferentes entre sí, tanto como los órganos o las sustancias compuestas, tanto como las moléculas. Poco importaba que Geoffroy hubiera elegido como unidades sustanciales los elementos anatómicos más bien que los radicales de proteínas y de ácidos nucleicos. Además, ya invocaba todo un juego de moléculas. Lo fundamental era el principio de la unidad y de la variedad del estrato: isomorfismo de las formas sin correspondencia, identidad de los elementos o componentes sin identidad de las sustancias compuestas.
» Aquí es donde intervenía el diálogo, o más bien la violenta polémica con Cuvier. […]»

- Georges Cuvier: http://es.wikipedia.org/wiki/Georges_Cuvier

« […] Para retener al poco público que quedaba, Challenger imaginaba un diálogo entre muertos, especialmente epistemológico, a la manera de un teatro de marionetas. Geoffroy apelaba a los Monstruos, Cuvier ponía en orden todos los Fósiles. Bäer […]»

- Se refieren a Karl Ernst von Bäer: http://es.wikipedia.org/wiki/Karl_Ernst_von_Baer al parecer fundador de la embriología comparada.
- Ver también:
- http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_evo-devo
- http://es.wikipedia.org/wiki/Plan_corporal
- http://es.wikipedia.org/wiki/Epigenetismo
Y valga otra recomendación sobre "evolución", surgida del azar de las búsquedas en internet, los blogs en los que está apuntado este señor: http://www.blogger.com/profile/12245126199102401858
Ver también:
- http://www.iieh.com/evolucion.php
- http://crimentales.blogspot.com/

« […] [Bäer] enarbolaba frascos de Embriones, Vialleton se rodeaba de una cintura de Tetrápodo […]»

A Vialleton no lo encontramos por internet demasiado claramente, será Louis Vialleton.

«[…] Perrier imitaba la lucha dramática de la Boca y el Cerebro…, etc. […]»

Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Edmond_Perrier

«[…] Geoffroy : la prueba [demostración] del isomorfismo es que siempre se puede pasar de una forma a otra por "plegado", por diferentes que éstas sean en el estrato orgánico. Del Vertebrado al Cefalópodo: aproximad las dos partes de la espina dorsal del Vertebrado, aproximad su cabeza a sus pies, su pelvis a su nuca… —Cuvier (encolerizado): eso no es verdad, eso no es verdad, usted no puede pasar de un Elefante a una Medusa, yo lo he intentado. Hay ejes, tipos, grandes divisiones irreductibles. Hay semejanzas de órganos y analogías de formas, eso es todo. Usted es un charlatán, un metafísico. —Vialleton (discípulo de Cuvier y de Bäer): y aunque el plegado diese buenos resultados ¿quién podría soportarlo? No es un azar que Geoffroy sólo considere elementos anatómicos. Ningún músculo ni ligamento ni cintura soportarían ese plegado. […]»

Cintura = ceinture: conjunto de piezas óseas que ligan los miembros con el tronco. (www.cnrtl.fr)

«[…] Geoffroy : yo he dicho que había isomorfismo, no que había correspondencia. Hay que hacer intervenir "grados de desarrollo o de perfección". Los materiales no alcanzan en todo el estrato el grado que les permitiría constituir tal o tal conjunto. Los elementos anatómicos pueden estar aquí o allá detenidos o inhibidos, por percusión [o choque] molecular, influencia del medio o presión de los elementos vecinos, de suerte que componen los mismos órganos. Las relaciones o conexiones formales tienen entonces necesariamente que efectuarse en formas y disposiciones completamente diferentes. No obstante, el mismo Animal abstracto se realiza en todo el estrato, pero en grados diversos, bajo modos diversos, siempre todo lo perfecto que puede serlo en función del entorno y del medio (evidentemente todavía no se trata de una evolución: ni el plegado ni los grados implican descendencia o derivación, sino únicamente realizaciones autónomas de un mismo abstracto). Ahora es cuando Geoffroy invoca los Monstruos: los monstruos humanos son embriones detenidos en tal grado de desarrollo, en ellos el hombre sólo es una ganga para formas y sustancias no humanas. Sí, el Heteradelfo es un crustáceo. […]»

Heteradelfo: http://www.bium.univ-paris5.fr/monstres/006/04.htm

« […] —Bäer (aliado de Cuvier, contemporáneo de Darwin, pero tan reticente hacia él como enemigo de Geoffroy): eso no es verdad, usted no puede confundir grados de desarrollo y tipos de formas. Un mismo tipo tiene varios grados, un mismo grado aparece en varios tipos. Pero con grados usted nunca hará tipos. Un embrión de tal tipo no puede presentar otro tipo, como mucho puede tener el mismo grado que un embrión de otro tipo. — Vialleton (discípulo de Bäer, que apostaba a la vez contra Darwin y contra Geoffroy): y además hay cosas que sólo un embrión puede hacer y soportar. Y puede hacerlas y soportarlas precisamente en virtud de su tipo, y no porque pueda pasar de un tipo a otro según sus grados de desarrollo. Vea si no la tortuga, su cuello exige la evolución [glissement] de un cierto número de protovertebrados, y el miembro anterior un desplazamiento [glissement] de 180° respecto al de un pájaro. Usted nunca podrá deducir la embriogénesis de la filogénesis; el plegado no permite pasar de un tipo a otro, al contrario, son los tipos lo que confirman la irreductibilidad de las formas de plegamiento… (Vialleton tiene así dos géneros de argumentos conjugados para la misma causa, unas veces dice que hay cosas que ningún animal puede hacer en virtud de su sustancia, otras, que hay cosas que sólo un embrión puede hacer en virtud de su forma. Son dos argumentos de peso) (7).»

Cuidado, traducen 'glissement' por evolución (y luego por desplazamiento); glissement es una palabra usada en anatomía (www.cnrtl.fr) : «ANAT; movimiento propio de la mayor parte de las articulaciones en el cual las dos superficies articulares "se soportan" [se portent] en sentido opuesto». La entrada de "porter" en (www.cnrtl.fr) cita constantemente la "Anatomía comparada" de Cuvier.

» Ya no sabemos muy bien por dónde andamos. Hay tantas cosas en juego en estas réplicas. Tantas distinciones que no cesan de proliferar. Tantos arreglos de cuentas [ más bien 'ajustes de cuentas', se dice en castellano], pues la epistemología no es inocente [se da bien cuenta de "El Estado de Las Cosas", de las cosas, las tiene en y a cuenta]. Geoffroy, sutil y muy suave, y Cuvier, grave y violento, discuten sobre Napoleón. Cuvier, especialista riguroso, y Geoffroy, siempre dispuesto a cambiar de especialidad. Cuvier odia a Geoffroy, no soporta sus fórmulas ágiles, su humor (sí, las Gallinas tienen dientes, el Bogavante tiene la piel sobre los huesos, etc.). Cuvier es un hombre de Poder y de Terreno, y lo manifestará ante un Geoffroy que prefigura ya el hombre nómada de las velocidades. Cuvier reflexiona en un espacio euclideano, mientras que Geoffroy piensa topológicamente. En la actualidad invocaríamos el plegamiento del córtex con todas sus paradojas. Los estratos son topológicos, y Geoffroy es un gran artista del plegado, un artista formidable; de esa forma tiene ya el presentimiento de un cierto rizoma animal, de comunicaciones aberrantes, los Monstruos, mientras que Cuvier reacciona en términos de fotos discontinuas y calcos fósiles. No sabemos muy bien por dónde andamos, puesto que las distinciones se han multiplicado en todos los sentidos.
» Todavía ni siquiera hemos tenido en cuenta a Darwin, al evolucionismo y al neoevolucionismo. No obstante, ahí es donde se produce un fenómeno decisivo: nuestro teatro de marionetas deviene cada vez más nebuloso, es decir, colectivo y diferencial. Los dos factores que invocábamos para explicar la diversidad en un estrato, con sus relaciones problemáticas —los grados de desarrollo o de perfección y los tipos de formas— sufren una profunda transformación. Según una doble tendencia, los tipos de formas deben comprenderse cada vez más a partir de poblaciones, manadas y colonias, colectividades o multiplicidades; y los grados de desarrollo deben comprenderse en términos de velocidades, de tasas, de coeficientes y de relaciones diferenciales. Doble profundización. Esa es la conquista fundamental del darwinismo, que implica una nueva interaccion individuo-medios en el estrato (8; nota sobre Perrier). Por un lado, si suponemos una población elemental o incluso molecular en un medio dado, las formas no preexisten a esa población, las formas son más bien resultados estadísticos: la población se distribuirá tanto mejor en el medio, se lo repartirá tanto más en la medida en que adquirirá formas divergentes, en la medida en que su multiplicidad se dividirá en multiplicidades de distinta naturaleza, en la medida en que sus elementos entrarán en compuestos o materias formadas distintas. En ese sentido, la embriogénesis y la filogénesis invierten sus relaciones: el embrión ya no manifiesta una forma absoluta preestablecida en un medio cerrado, la filogénesis de las poblaciones dispone de una libertad de formas relativas, no estando ninguna preestablecida en un medio abierto. En el caso de la embriogénesis, "se puede decir, por referencia a los progenitores, y anticipándose al final del proceso, si es un pichón o un lobo lo que está desarrollándose… Pero aquí los propios puntos de referencia [jalons] están en movimiento: si existen puntos fijos es por comodidad del lenguaje. A escala de la evolución universal, cualquier localización de ese género es imposible… La vida sobre la tierra se presenta como un conjunto de faunas y de floras relativamente independientes, las fronteras a veces cambiantes o permeables. Las áreas geográficas sólo pueden albergar una especie de caos, o cuando más, armonías extrínsecas de orden geológico, equilibrios provisionales entre poblaciones" (9).
» Por otro lado, al mismo tiempo y bajo las mismas condiciones, los grados no son de desarrollo o de perfección preexistentes, son más bien equilibrios relativos y globales: sólo son válidos en función de las ventajas que proporcionan primero a tales elementos, después a tal [cierta] multiplicidad en el medio, y en función de tal [cierta] variación en él. En ese sentido, los grados ya no son equiparables a una perfección creciente, a una diferenciación y complicación de las partes, sino a esas relaciones y coeficientes diferenciales tales como presión de selección, acción de catalizador, velocidad de propagación, tasa de crecimiento, de evolución, de mutación, etc.; el progreso relativo puede, pues, hacerse por simplificación cuantitativa y formal más bien [o mucho más] que por complicación, por pérdida de componentes y de síntesis más bien [o mucho más] que por adquisición (es un problema de velocidad, y la velocidad es una diferencial). Nos formamos, adquirimos formas por poblaciones; progresamos y adquirimos velocidad por pérdida. Las dos conquistas fundamentales del darwinismo van en el sentido de una ciencia de las multiplicidades: la sustitución de los tipos por las poblaciones, y la de los grados por las tasas o relaciones diferenciales (10). Y son conquistas nómadas, con fronteras cambiantes de poblaciones o variaciones de multiplicidades, con coeficientes diferenciales o variaciones de relaciones [rapports]. La bioquímica actual, todo el "darwinismo molecular", como dice Monod, confirma al nivel de un solo y mismo individuo global y estadístico, de una simple muestra, la importancia determinante de las poblaciones moleculares y de las tasas microbiológicas (por ejemplo, la infinita [innombrable: "in-numerable"] secuencia en una cadena, y la variación de un solo segmento al azar en esa secuencia).
» Challenger aseguraba que venía de hacer [acababa de hacer] una larga disgresión [en castellano en los diccionarios pone que se dice "digresión", sin 's'], pero que nada podía distinguir lo digresivo de lo no digresivo. Se trataba de sacar varias conclusiones relativas a esa unidad y a esa diversidad en un mismo estrato, por ejemplo el estrato orgánico.
» En primer lugar, un estrato tenía realmente una unidad de composición, gracias a la cual podía hablarse de un estrato: materiales moleculares, elementos sustanciales, relaciones o rasgos formales. Los materiales no eran la materia no formada del plan de consistencia, ya estaban estratificados y procedían de los "substratos". Pero, evidentemente, los substratos no debían ser considerados como simples substratos: sobre todo no tenían una organización menos compleja o inferior, y había que evitar cualquier evolucionismo cósmico ridículo. Los materiales proporcionados por un sustrato eran sin duda más simples que los compuestos del estrato, pero el nivel de organización al que pertenecían en el substrato no era menor que el del propio estrato. Entre los materiales y los elementos sustanciales había otra organización, cambio de organización, no aumento. Los materiales proporcionados constituían un medio exterior para los elementos y los compuestos del estrato considerado; pero no eran exteriores al estrato. Los elementos y compuestos constituían un interior del estrato, de la misma manera que los materiales constituían un exterior del [con cursiva] estrato, pero los dos pertenecían al estrato, éstos como materiales proporcionados y extraídos, aquéllos como formados con los materiales. Y además, ese exterior y ese interior sólo eran relativos, sólo existían por sus intercambios, es decir, por el estrato que los ponía en relación. Así, en el caso del estrato cristalino, el medio amorfo es exterior al germen en el momento en que el cristal todavía no se ha constituido; pero el cristal no se constituye sin interiorizar e incorporar masas del material amorfo. Y a la inversa, la interioridad del germen cristalino debe pasar a la exterioridad del sistema en el que el medio amorfo puede cristalizar (aptitud para adquirir otra organización), hasta el extremo de que el germen procede de fuera. En resumen, el exterior y el interior son tanto uno como otro interiores al estrato. Y lo mismo ocurre en el estrato orgánico: los materiales proporcionados por los substratos son realmente un medio exterior que constituye el famoso caldo prebiótico, mientras que [los] catalizadores desempeñan la función de germen para formar elementos e incluso compuestos sustanciales interiores. Pero estos elementos y compuestos se apropian de los materiales, como también se exteriorizan por replicación de las propias condiciones del caldo primitivo. […]»

Pero en francés dicen: "Mais ces éléments et composés s'appropient les matériaux, non moins qu'ils s'extériorisent par réplication dans les conditions mêmes de la soupe primitiva."
También significa, en cierta medida, (por el verbo 'approprier') que los elementos y compuestos se "adaptan", devienen apropiados, a los materiales. Y siguen: "tanto como ellos se exteriorizan, o sea, que también, al menos esos elementos y compuestos tanto «se hacen propios» a los materiales como los elementos y compuestos se exteriorizan" y una posible traducción —literal— seguiría así: «en [y no 'de'] las propias o mismas condiciones del caldo primitivo». La traducción de arriba dice algo así como que se exteriorizan gracias a o en tanto que las mismas condiciones del caldo primitivo son replicadas. Y es que "dans les conditions mêmes" puede ser una frase hecha, tengo dudas, incluso en una inicial búsqueda de esa frase vía google. Pero la frase es también usada en el sentido de por ejemplo que algo afecte "a las propias condiciones", "a las condiciones mismas" que le daban su ser, su ser quizá ya del pasado. Podría ser las dos cosas, tanto que las condiciones mismas vienen replicadas por la exteriorización-interiorización, o sea, por la estratificación; como que si se dan las mismas condiciones del caldo primitivo se puede seguir hablando de este estrato, en su proceso de interiorización-exteriorización.

« […] Una vez más, el interior y el exterior se intercambian, siendo los dos interiores al estrato orgánico. Entre los dos está el límite, la membrana que regula los intercambios y la transformación de organización, las distribuciones interiores al estrato, y que definen en éste el conjunto de las relaciones o rasgos formales (incluso si este límite tiene una situación y una función muy variables según cada estrato: por ejemplo, el límite del cristal y la membrana de la célula). Se puede, pues, llamar capa central, anillo central de un estrato, al siguiente conjunto de unidad de composición: los materiales moleculares exteriores, los elementos sustanciales interiores, el límite o membrana portadora de las relaciones formales. Hay como una sola y misma máquina abstracta englobada en el estrato, y constituyendo su unidad. Es el Ecúmeno, por oposición al Planómeno del plan de consistencia.»

Del diccionario de la lengua Alkona: Ecúmeno = Porción de la Tierra apta para la vida humana.

» Pero sería todo un error creer que esa capa central unitaria del estrato era aislable, o que se podía alcanzar por sí misma y por regresión. En primer lugar, un estrato iba necesariamente, y desde el principio, de capa en capa. Tenía ya varias capas. Iba de un centro a una periferia, pero a su vez la periferia actuaba sobre el centro y formaba ya un nuevo centro para una nueva periferia. No cesaban de irradiar y de retroceder [rebrousser] flujos. Había crecimiento [poussée] y multiplicación de estados intermediarios, y ese proceso estaba incluido en las condiciones locales del anillo central (diferencias de concentración, variaciones toleradas inferiores a un umbral de intensidad). Estos estados intermediarios presentaban nuevas figuras de medios o materiales, pero también de elementos y de compuestos. En efecto, eran intermediarios entre el medio exterior y el elemento interior, entre los elementos sustanciales y sus compuestos, entre los compuestos y las sustancias, y también entre las diferentes sustancias formadas (sustancias de contenido y sustancias de expresión). A estos intermediarios y superposiciones, a estos crecimientos [poussées], a estos niveles, se los denominaría epistratos. En nuestros dos ejemplos, el estrato cristalino comprende muchos intermediarios posibles entre el medio o el material exterior y el germen interior: multiplicidad de los estados de metaestabilidad perfectamente discontinuos, como otros tantos grados jerárquicos. El estrato orgánico ya no se puede separar de los llamados medios interiores, y que son, en efecto, elementos interiores respecto a materiales exteriores, pero también elementos exteriores respecto a sustancias interiores (11). Y sabemos que esos medios interiores orgánicos regulan los grados de complejidad y de diferenciación de las partes de un organismo. Un estrato considerado en su unidad de composición sólo existe, pues, en sus epistratos sustanciales que rompen su continuidad, que fragmentan su anillo y lo gradúan. El anillo central no existe independientemente de una periferia que forma un nuevo centro y reacciona sobre el primero, y que se dispersa [essaime] a su vez en epistratos discontinuos.»

Pousser quizá hasta lo podríamos traducir por "forzamiento"; también por "postergamiento", por cierto "empuje" que quiere vomitar, hacer salir algo de cierto cuerpo. También se usa para expresar el correrse o moverse de un sitio para hacer hueco; también en el "hacerse valer", o en el "penetrar en las líneas enemigas", o en "hacer algo más intenso, más activo". También está en el sentido de "dar alas". Bueno, todo un verbo "mágico" que nos cargamos si ponemos solo "crecimiento". Que cada cual elija lo que quiera. (www.cnrtl.fr)

«Pero aún había más. No sólo había esta nueva o segunda relatividad entre el interior y el exterior, sino también toda una historia al nivel de la membrana o del límite. En efecto, en la medida en que los elementos y compuestos incorporaban, se apropiaban de los materiales, los organismos correspondientes estaban obligados a dirigirse a materiales diferentes, "más extraños y menos cómodos", que extraían bien de masas aún intactas, o bien de otros organismos. El medio adquiría aquí todavía una tercera forma: ya no era el medio interior o exterior, incluso relativo, ni un medio intermediario, sino más bien un medio asociado o anexionado. Los medios asociados implicaban fundamentalmente fuentes de energía distintas de los propios materiales nutritivos. Mientras que esas fuentes no fueran conquistadas, podía decirse del organismo que se nutría, pero no que respiraba: más bien se mantenía en un estado de sofocación (12). La conquista de una fuente de energía permitía, por el contrario, una extensión de los materiales transformables en elementos y compuestos. El medio asociado se definía entonces por capturas de fuentes de energía (respiración en el sentido más general), por el discernimiento de los materiales, la aprehensión de su presencia o de su ausencia (percepción) y por la fabricación o no de los elementos o compuestos correspondientes (respuesta, reacción). Que existen a este respecto percepciones moleculares, al igual que existen reacciones, es evidente en toda la economía de la célula, y en la propiedad de los agentes de regulación de "reconocer" exclusivamente una o dos especies químicas en un medio de exterioridad muy variado. Pero el propio desarrollo de los medios en asociados o anexionados conduce a los mundos animales tal como los describe Uexküll, con sus características energéticas, perceptivas y activas. Inolvidable mundo asociado de la Garrapata definido por su energía gravitatoria de caída, su carácter olfativo de percepción del sudor, su carácter activo de picadura: la garrapata se sube a lo alto de una rama para dejarse caer sobre un mamífero que pasa, que ella reconoce por el olor y al que pica en un surco de la piel, (mundo asociado formado por tres factores, eso es todo). Los caracteres perceptivos y activos son como una doble-pinza, una doble articulación (13).»

Uexküll : Jakob von Uexküll, uno de los pioneros de la etología.

«Ahora bien, en este caso, los medios asociados están en estrecha relación con formas orgánicas. Una forma orgánica no es una simple estructura, sino una estructuración, una constitución del medio asociado. Un medio animal como la tela de araña no es menos "morfogenético" que la forma de organismo. Realmente no se puede decir que sea el medio el que determina la forma; pero, por ser más compleja [contourné], la relación de la forma con el medio no es menos decisiva.[…]»

Una traducción "más literal" de la frase, y de 'contourné', podría ser: «pero, la relación de la forma con el medio no es menos decisiva por ser algo sinuoso, esquivo —algo que da rodeos.».

«[…] En la medida en que la forma depende de un código autónomo sólo puede constituirse en un medio asociado que entrelace de manera compleja los caracteres energéticos, perceptivos y activos conforme a las exigencias del propio código; sólo puede desarrollarse a través de los medios intermediarios que regulan las velocidades y las tasas de sus sustancias; sólo puede concebirse [en realidad dicen: 's'éprouver', que directamente es un "poner a prueba la cualidad o calidad de algo mediante una experiencia susceptible de establecer un valor positivo de esta cualidad", etc.] en el medio de exterioridad que mide las ventajas comparadas de los medios asociados y las relaciones diferenciales de los medios intermediarios. Los medios siempre actúan, por selección, sobre organismos completos cuyas formas dependen de códigos que esos medios sancionan indirectamente. Los medios asociados se reparten [se reparten-dividiendo] un mismo medio de exterioridad en función de formas diferentes, de igual modo que los medios intermediarios se lo reparten en función de tasas o grados para una misma forma. Pero estas reparticiones no se hacen de la misma manera. Con relación a la franja [ceinture] central del estrato, los medios o estados intermediarios constituían "epistratos", los unos sobre los otros, y formando nuevos centros para nuevas periferias. Pero, llamaríase "paraestratos" a ese otro modo que tenía el anillo [ceinture] central de fragmentarse en côtés et à-côtés, en formas irreductibles y medios que estaban asociados a ellas. Ahora es al nivel del límite o de la membrana propia de la franja central donde las relaciones o los rasgos formales, comunes a todo el estrato, adquirían necesariamente formas o tipos de formas completamente diferentes, que correspondían a los paraestratos. Un estrato sólo existía en sus epistratos y paraestratos, de suerte que, en última instancia, éstos debían ser considerados por su cuenta como estratos. La cintura [ceinture], el anillo [anneau] idealmente continuo del estrato, el Ecúmeno, definido por la identidad de los materiales moleculares, de los elementos sustanciales y de las relaciones formales, sólo existía como roto, fragmentado en epistratos y paraestratos que implicaban máquinas concretas, con sus índices respectivos, y que constituían moléculas diferentes, sustancias específicas, formas irreductibles (14).»

Vale que quizá "côtés et à-côtés" no sea traducible, pero vamos a dar cierto "contexto" (desde www.cnrtl.fr). Côté puede ser parte, lado (también usado en "dejar de lado"), bando (de "estar en los dos bandos" ); también línea (de "línea materna"); límite imaginario o no; en empleo figurado ángulo según el cual se considera algo; empleado como puntos en "puntos débiles". La locución adverbial "à côté" es: al lado, muy cerca; puedes fallar completamente algo y quedarte muy cerca: à côté; esto es, tiene un sentido como de "a punto". También en el sentido de algo suplementario, aspecto secundario: traduciendo rápida y literalmente un texto: "en general solo tenemos en cuenta lo anecdótico, los à-côtés y los à-propos […]". "Du côté de" es "en o hacia la dirección de" algo. También se usa côté como aspecto de algo cuando se dice: "bajo tal aspecto".

«Ahora podíamos volver a las dos conquistas fundamentales: por qué las formas, los dos tipos de formas en los paraestratos, debían entenderse con relación a poblaciones, y por qué los grados de desarrollo en los epistratos debían entenderse como tasas, relaciones diferenciales. Pues, en primer lugar, los paraestratos englobaban los códigos de los que dependían las formas, y que necesariamente tenían que ver con poblaciones. Se necesitaba ya toda una población molecular para estar codificado, y los efectos del código o de un cambio en el código se evaluaban al nivel de una población más o menos molar, en virtud de su propiedad para propagarse en el medio, o para crear un nuevo medio asociado en el que la modificación sería capaz de poblarse. Sí, siempre había que pensar en términos de manada o de multiplicidad: si un código se fijaba o no es porque el individuo codificado formaba parte de una población, "la que habita un tubo de ensayo, un charco de agua o un intestino de mamífero". Pero, ¿qué significa cambio en un código, o modificación de un código, variación de paraestrato, de dónde provenían eventualmente nuevas formas y nuevos medios asociados? Pues bien, el cambio no provenía evidentemente de un paso entre formas preestablecidas, es decir, de una traducción de un código a otro. Mientras que el problema fuera planteado así era insoluble, y sin duda habría que decir con Cuvier y Bäer que los tipos de formas establecidas, al ser irreductibles, no permitían ninguna traducción ni transformación. Pero el problema se plantea de forma totalmente distinta desde el momento en que se ve que el código es inseparable de un proceso de descodificación que es inherente a él. No hay genética sin "deriva genética". La teoría moderna de las mutaciones ha mostrado perfectamente cómo un código, forzosamente de población, conlleva un margen de descodificación esencial: no sólo todo código tiene suplementos capaces de variar libremente, sino que un mismo segmento puede ser copiado dos veces, el segundo de los cuales deviene libre gracias a la variación. También se producen transferencias de fragmentos de código de una célula a otra procedentes de especies diferentes, Hombre y Ratón, Mono y Gato, por medio de virus o de otros procedimientos, sin que haya traducción de un código a otro, (los virus no son traductores), sino más bien un fenómeno singular que nosotros llamamos plusvalía de código, comunicación de à-côté (15). Más adelante tendremos ocasión de volver a hablar de ello, puesto que es esencial para todos los devenires-animales. Pero ya podemos decir que suplementos y plusvalías, suplementos en el orden de una multiplicidad, plusvalías en el orden de un rizoma, hacen que cualquier código presente un margen de descodificación. Lejos de estar inmóviles y fijadas en los estratos, las formas en los paraestratos, y los propios paraestratos, están incluidas en un engranaje maquínico: remiten a poblaciones, las poblaciones implican códigos, los códigos incluyen fundamentalmente fenómenos de descodificación relativos, y tanto más utilizables, componibles, adicionables cuanto que son relativos, siempre "à-côté".
» Si las formas remiten a códigos, a procesos de codificación y descodificación en los paraestratos, las sustancias como materias formadas remiten a territorialidades, a movimientos de desterritorialización y reterritorialización en los epistratos. En realidad, los epistratos son tan inseparables de esos movimientos que los constituyen como los paraestratos lo son de esos procesos. De la capa central a la periferia, luego del nuevo centro a la nueva periferia, pasan ondas nómadas o flujos de desterritorialización que recaen en el antiguo centro y se precipitan [s'élancent, que se puede usar en francés para decir "se lanzan a la conquista de" algo] hacia el nuevo (16). Los epistratos están organizados en el sentido de una desterritorialización cada vez mayor. Las partículas físicas, las sustancias químicas atraviesan, en su estrato y a través de los estratos, umbrales de desterritorialización que corresponden a estados intermediarios más o menos estables, a valencias, a existencias más o menos transitorias, a incorporaciones [engagements] a tal o tal cuerpo, a densidades de entorno, a relaciones [liaisons] más o menos localizables. No sólo las partículas físicas se caracterizan por velocidades de desterritorialización —tachyons, agujeros-partículas los quarks de Joyce, para recordar la idea fundamental de "caldo"— sino que incluso una sustancia química, como el azufre o el carbono, etc., tiene estados más o menos desterritorializados. En su propio estrato, un organismo está tanto más desterritorializado cuanto que implica medios interiores que aseguran su autonomía y lo ponen en un conjunto de relaciones aleatorias [azarosas] con el exterior. En este sentido, los grados de desarrollo sólo pueden entenderse relativamente, y en función de velocidades, de relaciones y de tasas diferenciales. La desterritorialización debe ser considerada como una fuerza perfectamente positiva, que posee sus grados y sus umbrales (epistratos), y que siempre es relativa, que tiene un reverso, que tiene una complementaridad en la reterritorialización. Un organismo desterritorializado respecto al exterior se reterritorializa necesariamente en sus medios interiores. Tal fragmento supuestamente de embrión se desterritorializa al cambiar de umbral o de gradiente, pero recibe una nueva afectación del nuevo entorno. Los movimientos locales son realmente alteraciones. Por ejemplo las migraciones celulares, los estiramientos, las invaginaciones, los plegamientos. Pues todo viaje es intensivo, y se hace en umbrales de intensidad en los que evoluciona, o bien franquea. Se viaja por intensidad, y los desplazamientos, las figuras en el espacio, dependen de umbrales intensivos de desterritorialización nómada, así pues, de relaciones diferenciales, que fijan al mismo tiempo las reterritorializaciones sedentarias y complementarias. Cada estrato procede del siguiente modo: capta en sus pinzas un máximo de intensidades, de partículas intensivas, en las que despliega [étale] sus formas y sus sustancias, y constituye gradientes, umbrales de resonancia determinados (en un estrato, la desterritorialización siempre está determinada con relación a la reterritorialización complementaria) (17).»

La nota 17 dice que leamos Simondon (el libro de individuación que he empezado a traducir y que está en mesetas.net, del que ya hay traducidas al castellano además algunas de las partes donde Simondon habla de la resonancia), y que veamos que Simondon habla de comunicación, de "resonancia", entre dos órdenes de magnitud, por ejemplo en el caso de la individuación de un "simple" ladrillo.

«Mientras se comparaban formas preestablecidas y grados predeterminados, no sólo se estaba condenado a limitarse a la simple constatación de su irreductibilidad, sino que no se disponía de ningún medio para juzgar la posible comunicación entre los dos factores. Pero resulta que las formas dependen de los códigos en los paraestratos, y están inmersas en procesos de descodificación o de deriva; y los grados están afectados por movimientos de desterritorialización y de reterritorialización intensivos. Códigos y territorialidades, descodificaciones y desterritorializaciones, no se corresponden término a término: al contrario, un código puede ser de desterritorialización, y una territorialización puede ser de descodificación. Entre un código y una territorialidad hay grandes márgenes [béances; aberturas, grietas]. Pero no por ello los dos factores dejan de tener el mismo "sujeto" en un estrato: son poblaciones que se desterritorializan y se reterritorializan, pero también se codifican y descodifican. Y estos factores comunican, se entrelazan en los medios.»

«Por un lado, las modificaciones de código tienen claramente una causa aleatoria en el medio de exterioridad, y son sus efectos sobre los medios interiores, su compatibilidad con ellos, los que deciden sobre su capacidad de poblarse. Las desterritorializaciones y reterritorializaciones no determinan las modificaciones, pero determinan estrechamente la selección. Por otro lado, toda modificación tiene su medio asociado que a su vez va a provocar tal desterritorialización con relación al medio de exterioridad, tal reterritorialización en medios interiores o intermediarios. En un medio asociado, las percepciones y las acciones, incluso al nivel molecular, crean o producen signos territoriales (índices). Con mayor motivo, un mundo animal está constituido, jalonado por tales signos, que lo dividen en zonas (zona de abrigo, zona de caza, zona neutralizada, etc.), que movilizan órganos especiales, y que corresponden a fragmentos de código, incluido el margen de descodificación inherente al código. Incluso la parte de lo adquirido está preservada por el código, o prescrita por él. Pero los índices o signos territoriales son inseparables de un doble movimiento. Al estar el medio asociado siempre confrontado a un medio de exterioridad en el que el animal se aventura, se arriesga necesariamente, debe preservarse una línea de fuga que permita al animal regresar a su medio asociado cuando aparece el peligro (por ejemplo la línea de fuga del toro en la arena, gracias a la cual puede llegar al terreno elegido por él) (18). Una segunda línea de fuga aparece después cuando el medio asociado se encuentra trastocado por las acciones del exterior y el animal debe abandonarlo para aliarse con nuevas porciones de exterioridad, apoyándose ahora en sus medios interiores como frágiles muletas. Con el desecamiento del mar, el Pez primitivo abandona su medio asociado para explorar la tierra, se ve forzado a "transportarse a sí mismo" [se porter lui-même], y ya no cuenta con más aguas que las que lleva en el interior de sus membranas amnióticas para la protección del embrión. De todas maneras, más que el ataque, lo propio del animal es la huida, pero sus fugas son a la vez conquistas, creaciones. Las territorialidades están, pues, atravesadas de parte a parte por líneas de fuga que hablan de la presencia en ellas de movimientos de desterritorialización y reterritorialización. En cierto sentido, son secundarias. Sin esos movimientos que las precipitan [déposent], nada serían. […]»

'Precipitan' es una muy buena traducción, pues hay un uso de déposer que es ese relativo al sedimentar algo, material, en el fondo de algo, por ejemplo.
Pero por la importancia de estos párrafos anteriores y debido a que hace muchas líneas que no paramos, juguemos a "traducir" también diciendo: «sin esos movimientos que se descargan de ellas, [las territorialidades] nada serían.»
Vemos que 'déposent' se usa como antiguamente 'deponer' en castellano: tiene un sentido de "plantar", de "poner", un huevo, etc., en concreto: poner algo en sitios aptos para recibirlo. Se usa también para decir delicadamente "poner algo", cuando requiera matiz de delicadeza. También se usa en francés para cuando uno mismo "se depone", dimite, de su cargo. También con el de descargarse de algo, algún sentimiento o propiedad. También como el conocido deponer las armas.

« […] En resumen, en el Ecúmeno o la unidad de composición de un estrato, los epistratos y los paraestratos no cesan de moverse, de circular, de desplazarse, de cambiar, unos transportados por líneas de fuga y movimientos de desterritorialización, otros por procesos de descodificación o de deriva, comunicando unos con otros en el entrecruzamiento de los medios. Los estratos no cesan de estar sacudidos por fenómenos de fractura o de ruptura, bien al nivel de los sustratos que proporcionan los materiales, bien al nivel de los "caldos" que contiene cada uno de los estratos (un caldo prebiótico, un caldo prequímico…), bien al nivel de los epistratos que se acumulan, bien al nivel de los paraestratos que se apoyan [s'accotent]: […]»

Nos preguntamos por este "se apoyan", 's'accotent'. Es raro en ("mi") castellano decir esto. Podríamos quitarnos el malestar empezando a pensar —digamos que— "nocionalizando", considerando estas nociones puras que se nos plantean, de las que tenemos noción: la diferencia entre las cosas que en general son capaces de apoyarse, sin decir dónde, y las que se acumulan por ahí. Dos diferentes modos de ser en el mundo, paraestrato, epistrato. Pero un uso técnico de la palabra en www.cnrtl.fr nos viene en parte a socorrer, pues en relojería se dice de dos piezas que se apoyan "si rozan una con otra molestándose". Las cosas que se acumulan son una parte del mundo diferente a las cosas que se apoyan o "son capaces de molestarse".
Los epistratos juzgan a los molestos por el mundo, a los —muy— precipitados.

Sigue desde aquellos dos puntos:

«[…]: por todas partes surgen aceleraciones y bloqueos simultáneos, velocidades comparadas, diferencias de desterritorialización que crean campos relativos de reterritorialización.
» Evidentemente, no había que confundir esos movimientos relativos con la posibilidad de una desterritorialización absoluta, de una línea de fuga absoluta, de una deriva absoluta. Los primeros eran estráticos o interestráticos, mientras que éstas concernían al plan de consistencia y a su desestratificación (a su "combustión", como decía Geoffroy). Sin duda, las partículas físicas locas, en su precipitación, chocaban con los estratos, los atravesaban dejando en ellos una mínima huella, escapaban a las coordenadas espacio-temporales e incluso existenciales para tender hacia un estado de desterritorialización absoluta o de materia no formada, en el plan de consistencia. En cierto sentido, la aceleración de las deseterritorializaciones relativa alcanzaba una barrera del sonido: si las partículas rebotaban en esa barrera, o se dejaban atrapar por los agujeros negros, recaían en los estratos, sus relaciones y sus medios, pero si franqueaban la barrera, alcanzaban el elemento no formado, desestratificado, del plan de consistencia. Incluso se podía decir que las máquinas abstractas, que emitían y combinaban las partículas, tenían como dos modos de existencia muy diferentes: el ecúmeno y el planómeno. Unas veces permanecían prisioneras de las estratificaciones, estaban englobadas en tal o tal estrato determinado, cuyo programa o unidad de composición definían (el Animal abstracto, el Cuerpo químico abstracto, la Energía en sí), y en el que regulaban los movimientos de desterritorialización relativa. Otras veces, por el contrario, la máquina abstracta atravesaba todas las estratificaciones, se desarrollaba única y por sí misma en el plan de consistencia constituyendo su diagrama, la misma máquina actuaba tanto sobre la astrofísica como sobre la microfísica, lo natural como lo artificial, y dirigía flujos de desterritorialización absoluta (evidentemente, la materia no formada no era en modo alguno un caos cualquiera). No obstante, esta manera de presentar las cosas todavía era muy simple.
» Por un lado, no se pasaba de lo relativo a lo absoluto por simple aceleración, aunque el aumento de las velocidades tendiese hacia ese resultado global y comparado. Una desterritorialización absoluta no se definía por un acelerador gigante, era absoluta o no independientemente del hecho de que fuera más o menos rápida o lenta. Incluso se podía alcanzar lo absoluto por fenómenos de lentitud o de retraso relativos. Por ejemplo, retrasos de desarrollo. Lo que debía cualificar la desterritorialización no era su velocidad (había velocidades muy lentas), sino su naturaleza, en la medida en que constituía epistratos y paraestratos, y procedía por segmentos articulados, o bien, por el contrario, en la medida en que saltaba de una singularidad a otra, según una línea no segmentaria indescomponible que trazaba un metastrato del plan de consistencia. Por otro lado, no había sobre todo que creer que la desterritorialización absoluta se producía de golpe, además de posteriormente o más allá. En esas condiciones no se entendía por qué los estratos estaban animados de movimientos de desterritorialización y de descodificación relativos, que en ellos no eran como accidentes. De hecho, lo primero era una desterritorialización absoluta, una línea de fuga absoluta, por compleja y múltiple que fuese, la del plan de consistencia o del cuerpo sin órganos (la Tierra, la absolutamente-desterritorializada). Y esa desterritorialización sólo devenía relativa por estratificación en ese plan, en ese cuerpo: los estratos siempre eran residuos, no a la inversa —no había que preguntarse cómo algo salía de los estratos, sino más bien cómo las cosas entraban en ellos—. Como consecuencia, existía una perpetua inmanencia de la desterritorialización absoluta en la relativa, y los agenciamientos maquínicos entre estratos, que regulaban las relaciones diferenciales y los movimientos relativos, también tenían máximos de desterritorialización orientados hacia lo absoluto. Siempre inmanencia de los estratos y del plan de consistencia, o coexistencia de los dos estados de la máquina abstracta como dos estados diferentes de intensidades.»

[Ahora la separación es de una línea, no sólo punto y aparte]

» La mayoría del público [auditeurs] se había marchado (primero los martinetistas [André Martinet (1908-1999)] de la doble articulación, luego los hjelmslevianos del contenido y la expresión, y los biólogos de las proteínas y de los ácidos nucleicos). Sólo quedaban los matemáticos, pues estaban acostumbrados a otras locuras, algunos astrólogos y arqueólogos, y algunas personas aisladas. Además, Challenger había cambiado, ya no era el del principio, su voz se había vuelto más ronca, y a veces estaba atravesada por una tos de mono. Su sueño no era tanto dar una conferencia a humanos como proponer un programa a puros ordenadores. O bien era una axiomática, pues la axiomática concernía esencialmente a la estratificación. Challenger sólo se dirigía a la memoria. Ahora que ya habíamos hablado de lo que permanecía constante y de lo que variaba en un estrato, desde el punto de vista de las sustancias y de las formas, todavía había que preguntarse qué era lo que variaba de un estrato a otro, desde el punto de vista del contenido y de la expresión. Pues si bien es cierto que siempre hay una distinción real constitutiva de doble articulación, una presuposición recíproca entre el contenido y la expresión, lo que sí varía de un estrato a otro es la naturaleza de esa distinción real, la naturaleza y la posición respectiva de los términos distinguidos. Consideremos ya un primer gran grupo de estratos: se les puede caracterizar diciendo sumariamente que en ellos el contenido (forma y sustancia) es molecular, y la expresión (forma y sustancia) molar. Entre los dos, la diferencia es fundamentalmente de grado de tamaño, o de escala. La doble articulación implica aquí dos órdenes de tamaño. La resonancia, la comunicación que se produce entre los dos órdenes independientes es la que instaura el sistema estratificado, cuyo contenido molecular tiene una forma correspondiente a la distribución de las masas elementales y a la acción de molécula a molécula, de igual modo que la expresión tiene una forma que manifiesta por su cuenta el conjunto estadístico y el estado de equilibrio al nivel macroscópico. La expresión es como una "operación de estructuración amplificadora que hace pasar al nivel macrofísico las propiedades activas de la discontinuidad primitivamente microfísica".
» Ese era el caso del estrato geológico, del estrato cristalino, de los estratos físico-químicos, de todos aquellos en los que se puede decir que lo molar expresa las interacciones moleculares microscópicas ("el cristal es la expresión macroscópica de una estructura microscópica", "la forma de los cristales expresa ciertos caracteres moleculares o atómicos de la especie química constituyente"). Evidentemente, las posibilidades eran muy variadas a este respecto, según el número y la naturaleza de los estados intermediarios, pero también según la intervención de fuerzas exteriores para la formación de la expresión. Entre lo molecular y lo molar podía haber más o menos estados intermediarios; en la forma molar podían intervenir más o menos fuerzas exteriores o centros organizadores. Y sin duda, estos dos factores estaban en razón inversa, e indicaban dos casos-límites. Por ejemplo, la forma de la expresión molar podía ser del tipo "molde", movilizando un máximo de fuerzas exteriores o, por el contrario, del tipo "modulación", haciendo intervenir sólo un mínimo; no obstante, incluso en el caso del molde, había estados intermediarios interiores, casi instantáneos, entre el contenido molecular que adoptaba sus formas específicas, y la expresión molar determinada desde fuera por la forma del molde. Y a la inversa, cuando la multiplicación y la temporalización de los estados intermediarios manifestaban el carácter endógeno de la forma molar, como en el caso de los cristales, no por ello dejaba de haber un mínimo de fuerzas exteriores que intervenían en cada una de esas etapas (19). Se debía, pues, decir que la independencia relativa del contenido y de la expresión, la distinción real entre el contenido molecular con sus formas y la expresión molar con las suyas, tenía un estatuto especial dotado de una cierta libertad entre los casos-límites.
» Puesto que los estratos eran juicios de Dios, no había que dudar en utilizar todas las sutilidades de la escolástica y de la teología de la Edad Media. Entre el contenido y la expresión había verdaderamente una distinción real, puesto que las formas correspondientes eran actualmente distintas en la "cosa" y no sólo en el espíritu del observador. Pero esta distinción real era muy particular, sólo era formal, puesto que las dos formas componían o conformaban una sola y misma cosa, un solo y mismo sujeto estratificado. Se podrían poner diversos ejemplos de distinción formal: entre escalas u órdenes de tamaño (como entre un mapa y su modelo; o bien, de otra manera, entre niveles microfísico y macrofísico, como en la parábola de los dos escritorios de Eddington [donde venía a señalar la coexistencia de las realidades molar: "ver mi brazo sobre el escritorio", y molecular: "ver la nada vacía de la mecánica cuántica, con su principio de incertidumbre, ese vacío de supuestas partículas en el brazo-escritorio"]) —entre diversos estados o razones formales por las que pasa una misma cosa— entre la cosa considerada bajo una forma, y en la relación de causalidad eventualmente exterior que le da otra forma… etc. (Habría tantas formas distintas que no sólo el contenido y la expresión tenían cada uno la suya, sino que los estados intermediarios introducían formas de expresión propias del contenido y formas de contenido propias de la expresión).
» Por muy variadas y reales que sean las distinciones formales, lo que cambia con el estrato orgánico es la naturaleza de la distinción, y, como consecuencia, toda la distribución del contenido y de la expresión en ese estrato. No obstante, éste conserva e incluso amplía la relación entre lo molecular y lo molar, con todo tipo de estados intermediarios. Ya lo hemos visto en el caso de la morfogénesis, en el que la doble articulación sigue siendo inseparable de la comunicación entre dos órdenes de tamaño ['grandeur' = magnitud]. E igual ocurre en el caso de la química celular. Pero el estrato orgánico tiene una característica original, que debe explicar esas mismas amplificaciones. En el caso anterior, la expresión dependía del contenido molecular expresado, en todas las direcciones y según todas las dimensiones, y sólo era independiente en la medida en que recurría a un orden de tamaño superior y a fuerzas exteriores: la distinción real era entre formas, pero formas de un solo y mismo conjunto, de una misma cosa o sujeto. Ahora, por el contrario, la expresión deviene independiente en sí misma, es decir, autónoma. Mientras que la codificación de un estrato precedente era coextensiva al estrato, la del estrato orgánico se desarrolla en una línea independiente y autónoma, que se separa al máximo de la segunda y tercera dimensiones. La expresión deja de ser voluminosa o superficial para devenir lineal, unidimensional (incluso en su segmentaridad). Lo esencial es la linealidad de la secuencia nucleica (20). La distinción real contenido-expresión ya no es, pues, simplemente formal, es real en sentido estricto, aparece ahora en lo molecular, independientemente de los órdenes de tamaño, entre dos clases de moléculas, ácidos nucleicos de expresión y proteínas de contenido, entre elementos nucleicos o nucleótidos y elementos proteicos o aminoácidos. La expresión y el contenido tienen cada uno parte de molecular y de molar. La distinción ya no concierne a un solo y mismo conjunto o sujeto; la linealidad nos permite sobre todo avanzar en el orden de las multiplicidades planas más bien que hacia la unidad […]»

Puede haber un juego de palabras, no muy importante, de todas maneras. En francés dice: "la linearité nous fait faire d'abord un gain dans l'ordre des multiplicités plates, plutôt que vers l'unité". Resulta que 'plate' es una moneda (el besante) bizantina. Y "gain" aparte de para "ganar terreno", como en castellano, se usa para "ganar dinero". Sirva esto de todas maneras de parada de atención, esta parte del capítulo lleva siendo un largo rato «crucial».

« […] En efecto, la expresión remite a los nucleótidos y a los ácidos nucleicos como a moléculas que, en su sustancia y en su forma, son completamente independientes no sólo de las moléculas de contenido, sino de cualquier acción orientada en el medio exterior. La invariancia corresponde así a ciertas moléculas, y ya no a la escala molar. Y a la inversa, las proteínas, en su sustancia y también en su forma de contenido, no son menos independientes de los nucleótidos: lo único que está determinado de manera unívoca es que tal ácido aminado más bien que otro corresponde a una secuencia de tres nucleótidos (21). Lo que la forma de expresión lineal determina es, pues, una forma de expresión derivada ['dérivée'] […]»

Ahora sí que es necesario parar y cambiar la traducción: 'dérivée' es la última palabra usada (para derivada), y en francés también significa "desviada" o, en el uso que casi creo más indicado, "liberada", que es el uso que el diccionario dice ser relativo a la técnica, y que se traduciría así directamente del francés: despegar o deshacer lo que está fijo, levantar los clavos [rivets].

«[…], en este caso relativa [la forma de expresión] al contenido [desviada, liberada en relación al contenido], y que producirá finalmente, por replegamiento de la secuencia proteica de los ácidos aminados, las estructuras específicas de tres dimensiones. En resumen, lo que caracteriza al estrato orgánico es ese alineamiento de la expresión, esa relevancia o esa preponderancia de una línea de expresión, ese plegamiento de la forma y de la sustancia de expresión en una línea unidimensional, que va a garantizar la independencia recíproca con el contenido sin necesidad de tener en cuenta los órdenes de magnitud [ponen 'tamaño' otra vez, pero sustituiremos por magnitud creo que casi siempre].
» Muchas consecuencias derivan de lo anterior. Esta nueva situación de la expresión y del contenido no sólo condiciona la capacidad de reproducción del organismo, sino que todavía condiciona más su potencia o su aceleración de desterritorialización. En efecto, el alineamiento del código o la linealidad de la secuencia nucleica señalan un umbral de desterritorialización del "signo", que define la nueva actitud [en francés dicen 'aptitude' que es: aptitud o capacidad] para ser recopiado, pero que también define al organismo como más desterritorializado que un cristal: sólo lo desterritorializado es capaz de reproducirse. En efecto, mientras que el contenido y la expresión se distribuyen según lo molecular y lo molar, las sustancias van de estado a estado, del estado precedente al estado siguiente, o de capa en capa, de una capa ya constituida a la capa en vías de constituirse, mientras que las formas se establecen en el límite entre la última capa o el último estado y el medio exterior. Como consecuencia, el estrato se desarrolla en epistratos y paraestratos por un conjunto de inducciones de capa en capa, de estado en estado, o bien en el límite. Un cristal presenta ese proceso al estado puro, puesto que su forma se extiende en todas las direcciones, pero siempre en función de la capa superficial de la sustancia, que puede ser vaciada de casi toda su parte interna sin que el crecimiento se detenga. El sometimiento [la sujeción; assujettissement] del cristal a las tres dimensiones, es decir, su índice de territorialidad, es el responsable de que la estructura no pueda formalmente reproducirse y expresarse, sino que sólo lo haga la superficie accesible, la única desterritorializable. Por el contrario, la preponderancia de una pura línea de expresión en el estrato orgánico va a hacer que el organismo sea capaz a la vez de alcanzar un umbral de desterritorialización mucho más alto, de disponer de un mecanismo de reproducción de todos los detalles de su estructura compleja en el espacio, y de poner todas sus capas internas "topológicamente en contacto" con el exterior, o más bien con el límite polarizado (de ahí el particular de la membrana viviente). El desarrollo del estrato en epistratos y paraestratos ya no se realiza entonces por simples inducciones, sino por transducciones que explican la amplificación de resonancia entre lo molecular y lo molar independientemente de los órdenes de tamaño, la eficacia funcional de las sustancias interiores independientemente de las distancias, la posibilidad de una proliferación e incluso de un entrecruzamiento de las formas independientemente de los códigos (las plusvalías de código o fenómenos de transcodificación, de evolución aparalela) (22).

» Un tercer gran grupo de estratos se definirá no tanto por una esencia humana, como, una vez más, por una nueva distribución del contenido y de la expresión. La forma del contenido deviene "haloplástica" [halo-: del griego antiguo ????? (alos), otro; haloplástico, algo así como "moldear lo exterior"], y ya no homoplástica [homo es, digamos, "mismo"], es decir, efectúa modificaciones del mundo exterior. La forma de expresión deviene lingüística, y ya no genética, es decir, actúa mediante símbolos comprensibles, transmisibles y modificables desde fuera. Lo que se denominan propiedades del hombre —la técnica y el lenguaje, la herramienta y el símbolo, la mano libre y la laringe flexible, "el gesto y la palabra"—, son más bien propiedades de esta nueva distribución, que es difícil hacer comenzar con el hombre como origen absoluto. A partir de los análisis de Leroi-Gourhan, se ve cómo los contenidos están ligados al conjunto mano-herramienta, y las expresiones al conjunto cara-lenguaje [rostro 'visage'-lenguaje] (23). La mano no debe ser considerada aquí como un simple órgano, sino como una codificación (código digital), una estructuración dinámica, una formación dinámica (forma manual o rasgos formales manuales). La mano como forma general de contenido se prolonga en herramientas que son a su vez formas en actividad y que implican [o suponen] sustancias como [en tanto] materias formadas; por último, los productos son materias formadas, o sustancias, que a su vez sirven de herramientas. Si los rasgos formales manuales constituyen para el estrato una unidad de composición, las formas y las sustancias de herramientas y de productos se organizan en paraestratos y epistratos, que funcionan como verdaderos estratos y marcan las discontinuidades, las rupturas, las comunicaciones y difusiones, los nomadismos y sedentaridades, los umbrales múltiples y las velocidades de desterritorialización relativas en las poblaciones humanas. Pues con la mano como rasgo formal o forma general de contenido se alcanza ya, se abre, un gran umbral de desterritorialización, un acelerador que permite en sí mismo todo un juego móvil de desterritorializaciones y de reterritorializaciones comparadas —fenómenos de "retraso de desarrollo" en el sustrato orgánico son precisamente los que hacen posible esta aceleración—. No sólo la mano es una pata anterior desterritorializada, sino que la mano libre está desterritorializada con relación a la mano prensil y locomotriz del mono. No olvidar las desterritorializaciones sinérgicas de otros órganos (por ejemplo el pie). No olvidar tampoco las desterritorializaciones correlativas de medios; la estepa, medio asociado más desterritorializado que el bosque, y que ejerce sobre el cuerpo y sobre la técnica una presión selectiva de desterritorialización (no es en el bosque, sino en la estepa, donde la mano puede aparecer como forma libre, y el fuego como materia formable tecnológicamente). No olvidar, por último, las reterritorializaciones complementarias (el pie como reterritorialización compensatoria de la mano, y que se efectúa en la estepa). Hacer mapas en este sentido, orgánicos, ecológicos y tecnológicos, y desplegarlos en el plan de consistencia.
» Por otro lado, el lenguaje aparece claramente como la nueva forma de expresión, o más bien como el conjunto de rasgos formales que definen la nueva expresión en todo el estrato. Pero, de la misma manera que los rasgos formales manuales sólo existen en formas y materias formadas que rompen su continuidad y distribuyen sus efectos, los rasgos formales de expresión sólo existen en lenguas formales diversas e implican una o varias sustancias formables. La sustancia es fundamentalmente la sustancia vocal que utiliza diversos elementos orgánicos, no sólo la laringe, sino también la boca y los labios, y toda la motricidad de la cara, el rostro en su totalidad. No olvidar, también en este caso, todo un mapa intensivo: la boca como desterritorialización del hocico (todo un "conflicto entre la boca y el cerebro", como decía Perrier [en el original en francés pone Perier, en castellano pone Perrier, que es lo que parece ser]; los labios como desterritorialización de la boca (sólo los hombres tienen labios, es decir, un replegamiento de la mucosa interna; sólo las hembras de los hombres tienen senos, es decir, glándulas mamarias desterritorializadas: en el amamantamiento prolongado, que favorece el aprendizaje del lenguaje, se produce una reterritorialización complementaria de los labios en el seno, y del seno en los labios). Qué curiosa desterritorialización, llenar la boca de palabras en lugar de llenarla de alimentos y de ruidos. Una vez más, diríase que la estepa ha ejercido una fuerte presión de selección: la "laringe flexible" viene a ser el homólogo de la mano libre, y sólo puede desarrollarse [s'épanouir] en un medio talado, en el que ya no es necesario tener cavidades laríngeas gigantescas para dominar mediante gritos la persistencia del fragor del bosque. Articular, hablar, es hablar bajo, y es bien conocido que los leñadores apenas hablan (24). No sólo la sustancia vocal, acústica y fisiológica pasa por todas estas desterritorializaciones, también la forma de expresión como lenguaje franquea un umbral.»

Miremos lo que dice en un foro alguien llamado Gévy sobre el verbo épanouir que ha sido usado para hablar del desarrollo de la laringe flexible: «Mira, te explico: este verbo s'épanouir se usa en su origen para las flores: maduran y luego los pétalos se abren y resplandecen de colores.
Este resplandor es el que refleja s'épanouir en los demás empleos, sea moral o físico: bienestar, belleza, felicidad, madurez... y siempre en su cenit. Tiene algo de mágico y envidiable. Hay algo poético en este verbo, va más allá: así como la flor que está en todo su esplendor a ti [querrá decir quizá para ti], por contemplarla, te llena de su belleza, hablas de alguien "qui s'épanouit" con admiración, ternura o felicidad.
No sé si habré sabido transmitir todo el contenido que yo veo que encierra este verbo, espero que sí.»

«Los signos vocales tienen una linealidad temporal, y es precisamente esa sobrelinealidad la
que determina su desterritorialización específica, su diferencia con la linealidad genética. En efecto, ésta es fundamentalmente [ante todo] espacial, incluso si sus segmentos son construidos y reproducidos sucesivamente; como consecuencia, no exige ninguna sobrecodificación efectiva a ese nivel, sino sólo fenómenos entre la extremidad de un segmento y la extremidad de otro, regulaciones locales e interacciones parciales (la sobrecodificación sólo intervendrá al nivel de integraciones que implican órdenes de magnitud diferentes). De ahí las reservas de Jacob ante cualquier intento de comparar el código genético con un lenguaje: de hecho, en el código genético no existe ni emisor, ni receptor, ni comprensión ni traducción, sino únicamente redundancias y plusvalías (25). Por el contrario, la linealidad temporal de la expresión de lenguaje no sólo remite a una sucesión, sino a una síntesis formal de la sucesión en el tiempo, que constituye toda una sobrecodificación lineal y hace surgir un fenómeno que los otros estratos desconocen, la traducción, la traducibilidad, por oposición a las inducciones o transducciones precedentes. Y por traducción no sólo hay que entender que una lengua puede, en cierto sentido, "representar" los elementos de otra lengua, sino algo más, que el lenguaje, con sus propios elementos en su estrato, puede representar a todos los demás estratos, y acceder así a una concepción científica del mundo. El mundo científico (Welt, por oposición a el Umwelt animal) aparece, en efecto, como la traducción de todos los flujos, partículas, códigos y territorialidades de los otros estratos en un sistema de signos suficientemente desterritorializados, es decir, en una sobrecodificación específica del lenguaje. Esta propiedad de sobrecodificación o de sobrelinealidad es la que explica que, en el lenguaje, no sólo hay independencia de la expresión respecto al contenido, sino independencia de la forma de expresión respecto a las sustancias: la traducción es posible porque una misma forma puede pasar de una sustancia a otra, contrariamente a lo que sucede en el código genético, por ejemplo entre cadenas de ARN y de ADN. Veremos cómo esta situación suscita ciertas pretensiones imperialistas del lenguaje, que se enuncian con ingenuidad en fórmulas del tipo: "toda semiología de un sistema no lingüístico ha de recurrir a la lengua como intermediario (…). La lengua es el interpretante de todos los demás sistemas, lingüísticos y no lingüísticos". Lo que equivale a abstraer una característica del lenguaje para decir que los demás estratos sólo pueden participar de esa característica si son hablados. Nos lo temíamos. Pero, más positivamente, se debe constatar que esta inmanencia de una traducción universal al lenguaje hace que los epistratos y los paraestratos, en el orden de las superposiciones, de las difusiones, de las comunicaciones, de los acotamientos, procedan de forma distinta que en los demás estratos: todos los movimientos humanos, incluso los más violentos, implican traducciones.
» Había que darse prisa, decía Challenger, en este tercer tipo de estrato lo que nos apremia es la línea del tiempo. […]»

Aquí dicen en francés "nous presse sur ce troisième type de strate". Nos "apremia", vale, pero también nos comprime sobre el estrato, nos presiona, diciéndolo de forma algo más "material", lo que sería oportuno.

«[…] Tenemos, pues, una nueva organización contenido-expresión, cada uno de los cuales tiene formas y sustancias: contenido tecnológico-expresión simbólica o semiótica. Por contenido no sólo hay que entender la mano y las herramientas, sino también una máquina social técnica que preexiste a todo ello, y que constituye estados de fuerza o formaciones de potencia [de "poder", quiere decir, pues 'puissance' es poder también, y pega más]. Por expresión no sólo hay que entender la voz y el lenguaje, ni las lenguas, sino también una máquina que preexiste a todo ello, y que constituye regímenes de signos. Una formación de poder es mucho más que una herramienta, un régimen de signos es mucho más que una lengua: más bien actúan como agentes determinantes y selectivos, tanto para la constitución de las lenguas, de las herramientas, como para sus usos, para sus comunicaciones y difusiones mutuas o respectivas. Con el tercer estrato surgen, pues, Máquinas que pertenecen plenamente a este estrato, pero que al mismo tiempo se elevan [s'exhaussent] y tienden sus pinzas en todos los sentidos hacia todos los demás estratos. ¿No sería algo así como un estado intermediario entre los dos estados de la Máquina abstracta? Aquél en el que permanecería englobada en un estrato correspondiente (ecúmeno), aquél en el que se desarrollaría por sí misma en el plan de consistencia desestratificado (planómeno). Aquí la Máquina abstracta comienza a desplegarse, comienza a elevarse [se dresser: pasar a una posición más vertical], produciendo la ilusión de que desborda todos los estratos, aunque pertenezca todavía a un estrato determinado. Evidentemente, esa es la ilusión constitutiva del hombre (¿Por quién se toma el hombre?). Ilusión que deriva de la sobrecodificación inmanente al lenguaje. Pero lo que no es ilusorio son esas nuevas distribuciones del contenido y de la expresión: contenido tecnológico caracterizado por mano-herramienta, que remite más profundamente a una Máquina social y a formaciones de poder; expresión simbólica caracterizada por cara-lenguaje, que remite más profundamente a una Máquina semiótica y a regímenes de signos. En ambos casos, los epistratos y los paraestratos, los grados superpuestos y las formas accotés son más válidos que nunca como estratos autónomos. Si llegamos a distinguir dos regímenes de signos o dos formaciones de poder diremos que en las poblaciones humanas son de hecho dos estratos.
» Pero, precisamente, ¿qué relación se establece entonces entre contenido y expresión, y qué tipo de distinción? Todo esto está en el cerebro ['tête' dicen aquí, y significa cabeza; y como en castellano los franceses dicen "tener algo en la cabeza", 'dans la tête'] , y, sin embargo, nunca ha habido distinción más real. Lo que nosotros queremos decir es que existe un medio exterior común a todo el estrato, incluido en todo el estrato, el medio nervioso cerebral. Procede del sustrato orgánico, pero éste no desempeña verdaderamente el papel de un sustrato, ni de un soporte pasivo. Su organización no es menor. Más bien constituye el caldo prehumano en el que estamos inmersos. En él están inmersas nuestras manos y nuestros rostros. El cerebro es una población, un conjunto de tribus que tienden hacia dos polos. Cuando Leroi-Gourhan analiza precisamente la constitución de dos polos en este caldo, uno del que dependerán las acciones del rostro, y otro del que dependerán las de la mano, la correlación o la relatividad de ambos no impiden la distinción real, sino que, por el contrario, la provocan como presuposición recíproca de dos articulaciones, la articulación manual de contenido, la articulación facial de expresión. Y la distinción no es simplemente real, como entre moléculas, cosas o sujetos, ha devenido esencial (así se decía en la Edad Media), como entre atributos, modos de ser o categorías irreductibles: las cosas y las palabras. No por ello dejamos de encontrar, llevado a ese nivel, el movimiento más general por el que cada una de las dos articulaciones distintas es ya doble de por sí, desempeñando ciertos elementos formales del contenido un papel de expresión con relación al propio contenido, y ciertos elementos formales de la expresión un papel de contenido con relación a la propia expresión. En el primer caso, Leroi-Gourhan muestra cómo la mano crea todo un mundo de símbolos, todo un lenguaje pluridimensional que no se confunde con el lenguaje verbal unilineal, y que constituye una expresión irradiante específica del contenido (sería un origen de la escritura) (26). El segundo caso aparece claramente en la doble articulación específica del lenguaje, puesto que los fonemas forman un contenido irradiante específico de la expresión de los monemas en tanto que segmentos significativos lineales (tan sólo en esas condiciones la doble articulación como característica general de estrato adquiere el sentido lingüístico que le atribuye Martinet). Provisionalmente habíamos acabado con las relaciones contenido-expresión, su distinción real, y las variaciones de esas relaciones y de esa distribución de acuerdo con los grandes tipos de estratos. »

Un comentario sin importancia: en francés, "radiante", "rayonnante" (es la palabra que traducen aquí con "irradiante") tiene similares connotaciones al "radiante" castellano, así que también en vez de irradiante se puede poner 'radiante', acordándonos de su empleo "materialista": algo que radia, por ejemplo, los radios de una rueda de bicicleta salen desde el centro radiando hasta engancharse en la llanta.

«Challenger quería ir cada vez más rápido. Todos se habían ido, sin embargo, él continuaba. Además, su voz cambiaba progresivamente, también su aspecto, había algo de animal en él desde que había empezado a hablar del hombre. Todavía no se podía determinar, pero Challenger parecía desterritorializarse in situ. Pero quería considerar tres problemas. El primero parecía más bien terminológico: ¿Cuándo se puede hablar de signos? ¿Había que situarlos por todas partes, en todos los estratos, y decir que había signo cada vez que había forma de expresión? Sumariamente, se distinguían tres tipos de signos: Los índices (signos territoriales), los símbolos (signos desterritorializados), los iconos (signos de desterritorialización). ¿Se les iba a diseminar por todos los estratos con el pretexto de que todos ellos implicaban territorialidades, movimientos de desterritorialización y de reterritorialización? Un método expansivo de este tipo sería muy peligroso, puesto que prepararía o reforzaría el imperialismo del lenguaje, aunque sólo fuera apoyándose en su función de traductor o de intérprete universal. Evidentemente, no existe un sistema de signos que se extienda al conjunto de los estratos, ni siquiera bajo la forma de un "chora" semiótico que se supondría teóricamente previo a la simbolización. Parece que sólo se puede hablar rigurosamente de signos cuando existe una distinción, no sólo real, sino categorial, entre las formas de expresión y las formas de contenido. En ese caso, hay una semiótica en el estrato correspondiente, puesto que la máquina abstracta tiene exactamente la posición elevada [dressée] que le permite "escribir", es decir, tratar el lenguaje [traiter du langage] y extraer de él regímenes de signos. Pero antes de alcanzar esa posición, en las codificaciones llamadas naturales, la máquina abstracta permanece englobada en los estratos: no escribe lo más mínimo, y no dispone de ningún grado de libertad para reconocer algo como signo (salvo en el sentido estrechamente territorial del animal). Y más allá, la máquina abstracta se desarrolla en el plan de consistencia, y ya no es capaz de distinguir categóricamente entre signos y partículas; por ejemplo escribe, pero escribe directamente en lo real, tiene una inscripción directa en el plan de consistencia. Parece, pues, razonable reservar la palabra signo, en sentido estricto, para el último grupo de estratos. Ahora bien, esta discusión terminológica no tendría verdaderamente ningún interés si no remitiese también a otro peligro: ya no al imperialismo del lenguaje sobre todos los estratos, o a la extensión del signo a todos los estratos, sino al imperialismo del significante sobre el propio lenguaje, sobre el conjunto de regímenes de signos y sobre la extensión del estrato que vehicula esos regímenes. Ya no se trata de saber si el signo se aplica a todos los estratos, sino de saber si el significante se aplica a todos los signos, si todos los signos están dotados de significancia, si la semiótica de los signos remite necesariamente a una semiología del significante. Siguiendo esta vía, es muy posible que uno se vea obligado a prescindir de la noción de signo, puesto que la primacía del significante sobre el lenguaje asegura aún más la primacía del lenguaje sobre todos los estratos que la simple expansión del signo en todos los sentidos. Lo que en realidad queremos decir es que la ilusión característica de esta posición de la Máquina abstracta, la ilusión de captar y de mezclar todos los estratos en sus pinzas, puede ser efectuada de una forma todavía más segura por la instauración [erection] del significante que por la extensión del signo (gracias a la significancia, el lenguaje pretende estar en contacto directo con los estratos, independientemente de que pase por supuestos signos en cada uno de ellos). Siempre se está en el mismo círculo vicioso, siempre se propaga la misma gangrena. »

Algunas cosas. Sobre "diseminar" los signos o no: diseminar traduce "semer", que es sembrar; y como en castellano, en francés también se dice "sembrar la discordia", por tanto quizá sea mejor traducir con "sembrar" y no con "diseminar".

Siguen:
« La relación lingüística significante-significado ha sido concebida de maneras muy diversas: unas como arbitraria; otras como necesaria, tanto como la cara y la cruz de una misma moneda; otras como correspondiente término a término; otras globalmente; otras como tan ambivalente que es imposible distinguirlos. En cualquier caso, el significado no existe al margen de su relación con el significante, y el significado último es la existencia misma del significante que se extrapola más allá del signo. Del significante sólo podemos decir una cosa: es la Redundancia, el Redundante. De ahí su increíble despotismo y el éxito que ha conocido. Lo arbitrario, lo necesario, lo correspondiente término a término o global, lo ambivalente, sirven a una misma causa que supone la reducción del contenido al significado, la reducción de la expresión al significante. Ahora bien, las formas de contenido y las formas de expresión son eminentemente relativas y siempre están en estado de presuposición recíproca; mantienen entre sus segmentos respectivos relaciones biunívocas, exteriores y "diformes"; nunca hay conformidad entre las dos, ni de la una a la otra, sino que siempre hay independencia y distinciones reales; para ajustar una de las formas a la otra, y para determinar las relaciones se necesita incluso un agenciamiento específico variable. Ninguna de estas características conviene a la relación significante-significado. Incluso si algunas parecen tener con él una especie de coincidencia parcial o accidental, el conjunto de ellas se opone radicalmente a la imagen del significante. Una forma de contenido no es un significado, como tampoco una forma de expresión es un significante (27). Y esto es válido para todos los estratos, incluso para aquellos en que interviene el lenguaje.
» Los partidarios del significante mantienen como modelo implícito una situación muy simple: la palabra y la cosa. De la palabra extraen el significante, y de la cosa el significado conforme a la palabra, así pues, sometido al significante. De ese modo se instalan en un ámbito interno, homogéneo al lenguaje. Tomemos de Foucault un análisis ejemplar, y que tiene que ver con la lingüística más de lo que parece: por ejemplo una cosa como la prisión. La prisión es una forma, la "forma-prisión", una forma de contenido en un estrato, en relación con otras formas de contenidos (escuela, cuartel, hospital, fábrica). Pues bien, esta cosa o esta forma no remiten a la palabra "prisión", sino a palabras y conceptos muy distintos tales como "delincuente, delincuencia", que expresan una nueva manera de clasificar, de enunciar, de traducir e incluso de cometer actos criminales. "Delincuencia" es la forma de expresión en presuposición recíproca con la forma de contenido "prisión". De ningún modo es un significante, ni tan siquiera jurídico, del que la prisión sería el significado. Así se simplificaría [se aplanaría, 'aplatirait'] todo el análisis. Además, la forma de expresión no se reduce a palabras, sino a un conjunto de enunciados que surgen en el campo social considerado como estrato (eso es precisamente un régimen de signos). Además, la forma de expresión no se reduce a palabras, sino a un conjunto de enunciados que surgen en el campo social considerado como estrato (eso es precisamente un régimen de signos). La forma de contenido no se reduce a una cosa, sino a un estado de cosas complejo en tanto formación de poder (arquitectura, programa de vida, etc.). Ahí hay como dos multiplicidades que no cesan de entrecruzarse, "multiplicidades discursivas" de expresiones y "multiplicidades no discursivas" de contenido. Y todo esto es tanto más complejo cuanto que la prisión como forma de contenido también tiene su expresión relativa, toda clase de enunciados que son específicos de ella y que no coinciden forzosamente con los enunciados de delincuencia. Y a a inversa, la delincuencia como forma de expresión también tiene su contenido autónomo, puesto que no sólo expresa una nueva manera de apreciar [o evaluar; 'apprécier'] los crímenes, sino de cometerlos. [en castellano hay una errata, donde debe poner crímenes pone "orígenes"]. Forma de contenido y forma de expresión, prisión y delincuencia, cada una tiene su historia, su microhistoria, sus segmentos. A lo sumo, implican, con otros contenidos y otras expresiones, un mismo estado de Máquina abstracta que no actúa en modo alguno como significante, sino como una especie de diagrama (una misma máquina abstracta para prisión, escuela, cuartel, hospital, fábrica…). Y para ajustar los dos tipos de formas, los segmentos de contenido y los segmentos de expresión, se necesita todo un agenciamiento concreto de doble pinza o más bien de doble cabeza, que tenga en cuenta su distinción real. Se necesita toda una organización que articule las formaciones de poder y los regímenes de signos, y que actúe al nivel molecular (lo que Foucault llama las sociedades de poder disciplinario) (28). En resumen, nunca hay que confrontar palabras y cosas supuestamente correspondientes, ni significantes y significados supuestamente conformes, sino formalizaciones distintas en estado de equilibrio inestable o de presuposición recíproca. "Por más que uno se esfuerce en decir lo que ve, lo que se ve no coincide [loge] nunca con lo que se dice". Ocurre como en la escuela: no hay una lección de escritura que sería la del gran Significante redundante para cualquier tipo de significados, hay dos formalizaciones distintas, en presuposición recíproca y constituyendo una doble pinza: la formalización de expresión en la lección de lectura y de escritura (con sus contenidos relativos específicos), y la formalización de contenido en la lección de cosas (con sus expresiones relativas específicas). Nunca se es significante ni significado, estamos estratificados.
» Al método expansivo que pone signos en todos los estratos, o significante en todos los signos (sin perjuicio de prescindir, en última instancia, incluso de los signos), se preferirá, pues, un método rigurosamente restrictivo. En primer lugar, hay formas de expresión sin signos (por ejemplo, el código genético no tiene nada que ver con un lenguaje). Sólo se puede hablar de signos cuando los estratos reúnen ciertas condiciones, y ni siquiera se confunden con el lenguaje en general, sino que se definen por regímenes de enunciados que son otros tantos usos reales o funciones del lenguaje. Ahora bien, ¿por qué preservar la palabra signo para esos regímenes que formalizan una expresión sin designar ni significar los contenidos simultáneos que se formalizan de otro modo? Pues los signos no son signos de algo, son signos de desterritorialización y de territorialización, señalan un umbral que se franquea en esos movimientos, y en ese sentido deben ser preservados (lo hemos visto incluso para los "signos" animales).
» En segundo lugar, si consideramos los regímenes de signos en esta acepción restrictiva vemos que no son significantes, o que no lo son necesariamente. Del mismo modo que los signos tan sólo designan una cierta formalización de la expresión en un grupo determinado de estratos, la significancia tan sólo designa cierto régimen entre otros en esa formalización particular. Del mismo modo que hay expresiones asemióticas o sin signos, hay regímenes de signos asemiológicos [en el original hay una errata pues pone "semiológicos"], signos asignificantes, a la vez en los estratos y en el plan de consistencia. Lo más que se puede decir de la significancia es que cualifica a un régimen, que ni siquiera es el más interesante ni el más moderno o actual, sino quizá simplemente más pernicioso, más canceroso, más despótico que los otros, que va más lejos en la ilusión.
» De todos modos, contenido y expresión no son nunca reducibles a significado-significante. Ni tampoco (ese es precisamente el segundo problema) son reducibles a infraestructura-superestructura. Ya no se puede plantear una primacía del contenido como determinante, ni tampoco una primacía de la expresión como significante. No se puede convertir la expresión en una forma que reflejaría el contenido, incluso si se la dota de una "cierta" independencia y de una cierta posibilidad de reaccionar ['cierta', 'certaine', se usa de forma similar en castellano, como expresando incertidumbre, así como casi como palabra sinónima de verdadera]. Y eso es así aunque sólo fuera porque el contenido llamado económico tiene ya una forma, e incluso formas de expresión específicas. Forma de contenido y forma de expresión remiten a dos formalizaciones paralelas en presuposición: es evidente que no cesan de entrecruzar sus segmentos, de situar unos en otros, pero gracias a una máquina abstracta de la que derivan las dos formas, y a agenciamientos maquínicos que regulan sus relaciones. Si se sustituye ese paralelismo por una imagen piramidal se convierte el contenido (hasta en su forma) en una infraestructura económica de producción que adquiere todas las características de lo Abstracto; se convierte a los agenciamientos en el primer nivel de una superestructura que como tal debe estar localizada en un aparato de Estado; se convierte a los regímenes de signos y a las formas de expresión en el segundo nivel de la superestructura, definida por la ideología. En cuanto al lenguaje, ya no se sabe muy bien qué hacer con él: el gran Déspota había decidido concederle una posición especial como bien común de la nación y vehículo de información. Se ignoraba así la naturaleza del lenguaje, que sólo existe en regímenes heterogéneos de signos, distribuyendo órdenes contradictorias más bien que haciendo circular una información; la naturaleza de los regímenes de signos, que expresan precisamente las organizaciones de poder o los agenciamientos, y que no tienen nada que ver con la ideología como expresión supuesta de un contenido (la ideología es el más execrable de los conceptos, oculta todas las máquinas sociales efectivas); la naturaleza de las organizaciones de poder, que de ningún modo se localizan en un aparato de Estado, sino que efectúan en todas partes las formalizaciones de contenido y de expresión cuyos segmentos entrelaza; la naturaleza del contenido, que de ningún modo es económico "en última instancia", puesto que hay tantos signos o expresiones directamente económicas como contenidos no económicos. Tampoco se elabora un estatuto de las formaciones sociales poniendo un poco de significante en la estructura, o a la inversa, un poco de falo o de castración en la economía política, un poco de economía o de política en el psicoanálisis.
» Hay, por último, un tercer problema. Es difícil exponer el sistema de los estratos sin que dé la impresión de que se introduce entre ellos una especie de evolución cósmica o incluso espiritual, como si se ordenasen en estadios y pasasen por grados de perfección. Nada más lejos de la realidad. Las diferentes figuras del contenido y de la expresión no son estadios. No hay biosfera, noosfera, sólo hay por todas partes una sola y misma Mecanosfera. Si se considera en primer lugar los estratos por sí mismos, no se puede decir que uno esté menos organizado que otro. Incluso el que sirve de sustrato: no hay orden fijo, y un estrato puede servir de sustrato directo a otro independiente de los intermediarios que se podrían considerar necesarios desde el punto de vista de los estadios y de los grados (por ejemplo, sectores microfísicos como sustrato inmediato de fenómenos orgánicos). O bien el orden aparente puede ser trastocado, y fenómenos tecnológicos o culturales ser un buen humus, un buen caldo, para el desarrollo de los insectos, de las bacterias, de los microbios o incluso de las partículas. La era industrial definida como era de los insectos… En la actualidad, todavía es peor: no se puede decir de antemano qué estrato comunica con tal otro, ni en qué sentido. Sobre todo, no hay organización menor, menos elevada o más elevada, y el sustrato forma parte integrante del estrato, está incluido en él en calidad de medio, en él se produce el cambio, no el aumento de organización (29). Por otro lado, si consideramos el plano de consistencia vemos que está recorrido por las cosas y los signos más heteróclitos [aquí usan hétéroclites]: un fragmento semiótico está al lado de una interacción química, un electrón percute un lenguaje, un agujero negro capta un mensaje genético, una cristalización produce una pasión, la avispa y la orquídea atraviesan una letra… Y no "como", no es "como un electrón", "como una interacción", etc. El plan de consistencia es la abolición de toda metáfora; todo lo que consiste es Real. Son electrones en persona, verdaderos agujeros negros, verdaderos organitos, auténticas secuencias de signos. Lo que ocurre es que están arrancados de sus estratos, desestratificados, descodificados, desterritorializados, y eso es precisamente lo que permite su proximidad y su mutua penetración en el plano de consistencia. Una danza muda. El plano de consistencia ignora las diferencias de nivel, los grados de tamaño y las distancias, ignora cualquier diferencia entre lo natural y lo artificial. Ignora la distinción entre los contenidos y las expresiones, como también entre las formas y las sustancias formadas, que sólo existen gracias a los estratos y con relación a ellos.»

Ahora hay otra separación mayor que la de un punto y aparte, y siguen:

» Pero, ¿cómo pueden identificarse las cosas y nombrarlas si han perdido los estratos que las cualificaban, si han pasado a la desterritorialización absoluta? Los ojos son agujeros negros, pero ¿qué son los agujeros negros y los ojos al margen de sus estratos y de sus territorialidades? Nosotros no podemos contentarnos con un dualismo o una simple oposición entre los estratos y el plan de consistencia desestratificado. Pues los propios estratos están animados y son definidos por velocidades de desterritorialización relativa; es más, la desterritorialización absoluta está presente en ellos desde el principio, y los estratos son efectos secundarios, espesamientos en un plan de consistencia omnipresente, siempre primero, siempre inmanente. Pues también el plan de consistencia es[tá] ocupado, trazado por la Máquina abstracta; ahora bien, ésta existe desarrollada en el plano desestratificado que ella misma traza y, a la vez, englobada en cada estrato en el que define la unidad de composición, e incluso semiinstalada [à moitié dressée] en ciertos estratos en los que define la forma de prensión. Lo que circula [file] o baila en el plano de consistencia arrastra [emporte], pues, un aura de su estrato, una ondulación, un recuerdo o una tensión. El plano de consistencia conserva los suficientes estratos para extraer de ellos las variables que se manifiestan en él como sus propias funciones. El plan de consistencia, o el planómeno, no es en modo alguno un conjunto indiferenciado de materias no formadas, pero tampoco es un caos [en el original errata: pone 'caso' en vez de caos] de materias no formadas cualesquiera. Es cierto que, en el plan de consistencia, ya no hay formas ni sustancias, ya no hay contenido ni expresión, ya no hay desterritorializaciones relativas y respectivas. Pero, bajo las formas y sustancias de estratos, el plan de consistencia (o la máquina abstracta) construye continuums de intensidad: crea una continuidad para intensidades que extrae de formas y sustancias distintas. Bajo los contenidos y las expresiones, el plan de consistencia (o la máquina abstracta) emite y combina signos-partículas (particlos [en francés: 'particles', quizá paralelamente a 'article': artículo; así que podríamos traducir mejor con "partículos"]) que hacen que el signo más asignificante funcione en la partícula más desterritorializada. Bajo los movimientos relativos, el plan de consistencia (o la máquina abstracta) efectúa conjunciones de flujos de desterritorialización, que transforman los índices respectivos en valores absolutos. Los estratos sólo conocen intensidades discontinuas, incluidas en formas y sustancias; particlos ["partículos", como dijimos] divididos, en partículas de contenido y artículos ['articles'] de expresión; flujos desterritorializados, disjuntos y reterritorializados. Continuum de intensidades, emisión combinada de partículos o de partículas-signos, conjunción de flujos desterritorializados, tales son, por el contrario, los tres factores específicos del plan de consistencia, efectuados por la máquina abstracta y que constituyen la desestratificación. Ahora bien, nada de todo esto constituye una noche blanca caótica ['nuit blanche' en francés es noche en vela], ni una noche negra indiferenciada. Hay reglas, y esas reglas son las de la "planificación", las de la diagramatización. Ya lo veremos más adelante, o en otra parte. La máquina abstracta no es cualquier máquina; las continuidades, las emisiones y combinaciones, las conjugaciones no se realizan de cualquier manera.
» De momento, había que señalar una última distinción. No sólo la máquina abstracta presenta diferentes estados simultáneos que explican la complejidad de lo que sucede en el plan de consistencia, sino que además no debe confundirse con lo que llamamos agenciamiento maquínico concreto. La máquina abstracta unas veces [se] desarrolla en el plan de consistencia en el que construye los continuums, las emisiones y las conjugaciones, otras permanece englobada [enveloppée] en un estrato en el que define la unidad de composiciones y la fuerza de atracción o de prensión. El agenciamiento maquínico es completamente diferente, aunque en estrecha relación con ella: en primer lugar, efectúa en cada estrato las coadaptaciones de contenido y de expresión, asegura las relaciones biunívocas entre segmentos de uno y otro, asegura la relación con lo que es sustrato, y los cambios de organización correspondientes; por último, está orientado hacia el plano de consistencia, puesto que efectúa necesariamente la máquina abstracta en tal o tal estrato, entre los estratos, y en la relación de los estratos con el plan. Se necesitaba un agenciamiento, por ejemplo el yunque del herrero en el caso de los dogones, para que se produjesen las articulaciones del estrato orgánico. Se necesita un agenciamiento para que se produzca la relación entre dos estratos. Para que los organismos se encuentren incluidos e inmersos en un campo social que los utiliza: ¿no deben las Amazonas cortarse un seno para que el estrato orgánico se adapte a un estrato tecnológico guerrero, como bajo la exigencia de un terrible agenciamiento mujer-arco-estepa? Se necesitan agenciamientos para que estados de fuerzas y regímenes de signos entrecrucen sus relaciones. Se necesitan agenciamientos para que la unidad de composición englobada en un estrato, las relaciones entre tal estrato y los otros, la relación entre estos estratos y el plan de consistencia, estén organizadas y no sean cualesquiera. Bajo todos los puntos de vista, los agenciamientos maquínicos efectúan la máquina abstracta tal como está desarrollada en el plan de consistencia, o englobada en un estrato. El problema fundamental siempre será el siguiente: dado un agenciamiento maquínico, ¿cuál es su relación de efectuación con la máquina abstracta? ¿Cómo la efectúa, con qué adecuación? Clasificar los agenciamientos. Llamamos mecanosfera al conjunto de las máquinas abstractas y de los agenciamientos maquínicos a la vez fuera de los estratos, en los estratos e interestráticos.
» El sistema de los estratos no tenía, pues, nada que ver con significante-significado, ni con infraestructura-superestructura, ni con materia-espíritu. Todo eso eran maneras de ajustar todos los estratos a uno, o bien de encerrar el sistema en sí mismo, aislándolo del plan de consistencia como desestratificación. Antes de que la voz se apagase, había que resumir. Challenger agonizaba. Su voz se había vuelto inaudible, desgarrada. Expiraba. Sus manos se habían convertido en pinzas alargadas que ya no podían coger nada y que apenas sí servían para señalar. La doble máscara, la doble cabeza, parecían fundirse por dentro en una materia de la que ya no se podía decir si se espesaba, o si, por el contrario, devenía fluida. Una parte del público había vuelto, pero eran sombras o vagabundos. "¿Habéis oído? Es la voz de un animal". Así pues, había que resumir rápido, fijar, fijar la terminología de cualquier forma, inútilmente. Había que empezar por un primer grupo de nociones: el Cuerpo sin Órganos o el Plan de consistencia desestratificado; la Materia del Plan o Plano, lo que se produce en ese cuerpo o en ese plan (multiplicidades singulares, no segmentarizadas, hechas de continuums intensivos, de emisiones signos-partículas de conjunciones de flujos); la o las Máquinas abstractas, en tanto que construyen ese cuerpo, trazan ese plan o "diagramatizan" lo que pasa (líneas de fuga o desterritorializaciones absolutas).
» Luego estaba el sistema de los estratos. En el continuum intensivo, los estratos labraban formas y formaban las materias en sustancias. En las emisiones combinadas, distinguían expresiones y contenidos, unidades de expresión y unidades de contenido, por ejemplo, signos y partículas. En las conjunciones, separaban los flujos asignándoles movimientos relativos y territorialidades diversas, desterritorializaciones relativas y reterritorializaciones complementarias. De esa forma, los estratos instauraban por todas partes dobles articulaciones animadas de movimientos: formas y sustancias de contenido, formas y sustancias de expresión, que constituían multiplicidades segmentarias bajo relaciones determinables en cada caso. Tales eran los strata. Cada estrato era una doble articulación de contenido y de expresión, los dos realmente distintos, los dos en estado de presuposición recíproca, dispersados el uno en el otro, con agenciamientos maquínicos de dos cabezas que ponen en relación sus segmentos. Lo que variaba de un estrato a otro era la distinción real entre contenido y expresión, la naturaleza de las sustancias como materias formadas, la naturaleza de los movimientos relativos. Se podía sumariamente distinguir tres grandes tipos de distinción real: la real-formal, para grados de magnitud, en la que se instauraba una resonancia de expresión (inducción); la real-real, para sujetos diferentes, en la que se instauraba una linealidad de la expresión (transducción); la real-esencial, para atributos o categorías diferentes, en la que se instauraba una sobrelinealidad de expresión (traducción).
» Un estrato servía de sustrato a otro. Un estrato tenía una unidad de composición según su medio, sus elementos sustanciales y sus rasgos formales (Ecúmeno). Pero se dividía en paraestratos, según sus formas irreductibles y sus medios asociados, y en epistratos, según sus capas de sustancias formadas y sus medios intermediarios. Epistratos y paraestratos debían a su vez ser considerados como estratos. Un agenciamiento maquínico era un interestrato, en la medida en que regulaba las relaciones entre los estratos, pero también, en cada uno, las relaciones entre contenidos y expresiones conforme a las divisiones precedentes. Un mismo agenciamiento podía recurrir a estratos diferentes, y en un cierto desorden aparente; y a la inversa, incluso un estrato o un elemento de estrato podían funcionar con otros, gracias a un agenciamiento diferente. Por último, el agenciamiento maquínico era un metastrato, puesto que por otro lado estaba orientado hacia el plan de consistencia y efectuaba necesariamente la máquina abstracta. Esta existía englobada en cada estrato, en el que definía el Ecúmeno o la unidad de composición, y estaba desarrollada [o extendida] en el plano de consistencia en el que llevaba a cabo la desestratificación (el Planómeno). Los agenciamientos no ajustaban, pues, las variables de un estrato en función de su unidad sin efectuar al mismo tiempo, de tal o tal manera, la máquina abstracta tal como estaba fuera de los estratos. Los agenciamientos maquínicos estaban en el entrecruzamiento de los contenidos y de las expresiones en cada estrato y, a la vez, del conjunto de los estratos con el plan de consistencia. Giraban efectivamente en todos los sentidos, como faros.
» Era el final. Pero sólo más tarde todo esto adquiriría un sentido concreto. La máscara doble articulada se había deshecho, al igual que los guantes y la túnica, de donde fluían líquidos que en su recorrido diríase que corroían los estratos de la sala de conferencias, "llena de vapores de olívano y cubierta de tapices de extraños dibujos". Desarticulado, desterritorializado, Challenger murmuraba que arrastraba la tierra consigo, que partía hacia un mundo misterioso, su jardín venenoso. Y todavía cuchicheaba: las cosas progresan y los signos proliferan únicamente en desbandada. El pánico es la creación. Gritó una muchacha, "bajo la más salvaje, la más profunda y la más horrible crisis de pánico epiléptico". Nadie había oído el resumen, ni nadie trataba de retener a Challenger. Challenger, o lo que quedaba de él, se apresuraba lentamente hacia el plano de consistencia, siguiendo una extraña trayectoria que ya no tenía nada de relativo. Trataba de introducirse en el agenciamiento que servía como puerta giratoria, el Reloj de partículos, de tic-tac intensivo, de ritmos conjugados que martillean el absoluto: "La silueta se desmoronó en una postura casi inhumana e inició, fascinada, un singular movimiento hacia el reloj en forma de ataúd que tictacqueaba su ritmo anormal y cósmico (…). La silueta había llegado ahora al misterioso reloj, y los espectadores vieron a través de los densos vapores de una nebulosa garra negra manoseando la gran puerta cubierta de jeroglifos. El contacto de la garra produjo un ruido seco extraño. La silueta entró entonces en el cofre en forma de ataúd y cerró la puerta tras de sí. El anormal tic-tac se oyó de nuevo, martilleando el negro ritmo cósmico que es la clave para abrir todas las puertas ocultas" (30) —la Mecanosfera o rizosfera—.»

* Mil Mesetas. Edit. Pretextos. Valencia. Traducción José Vázquez Pérez —con la colaboración de Umbelina Larraceta.