ética
Bernard Aspe, L'instant d'après. Éd. La Fabrique. 2006.
Traducción de las páginas 111 a 117.
Se trata capítulo "Elemento ético", en sus parte titulada "Triste figura" e "Insoledades".
Triste figura
Lo que aquí ha recibido el nombre de elemento ético expone una configuración que enlaza la dimensión de la palabra, la de la potencia entendida como desbordamiento, de-limitación, y la del acto. Entre estas dimensiones subsiste un esencial desajuste. Y debido a la existencia de un tal desajuste inevitablemente se despliega otra potencia; no tanto esa que se declara real, la de lo demoníaco, lo dionisíaco, sino una potencia de falso pegado, excesivamente ambivalente: la de lo imaginario. La corrección aportada a la concepción del lazo transindividual, según la cual éste pertenece a lo real antes de ser simbólico, no nos libera de la necesidad de considerar las potencias de lo imaginario. Por el hecho de tal desajuste, de tal incoordinación entre los aspectos de las configuraciones éticas, se convoca un relleno imaginario.
Bernard Aspe, L'instant d'après. Éd. La Fabrique. 2006.
Traducción de las páginas 100 a 103.
Se trata capítulo "Elemento ético", en sus parte titulada "Gobierno".
Un inciso antes de poner la traducción: esto del "gobierno" va de lo de todos los días; lo que decimos, pensamos, cómo pensamos, la forma-estado que tenemos en la cabeza… pues los libros de política, como este de Aspe, van de ello, está claro. ¿Y cómo, por qué?
Enseguida se nos escapan sin problematizar las formas de hablar de los estados, más en general, del bio-poder, que ahora veremos qué es, y para bien y para mal (y no queremos decir que esto sea directamente "malo", no se trata de juzgar rápido sino de siquiera ver qué estamos haciendo y ver si hemos pensado o no la estrategia en ello o si merece la pena pensarla).
¿Qué es lo que se nos escapa? Es muy sencillo, tanto que se cuela muy fácilmente por lo que he visto, es un presupuesto básico, que tiene que ver con un cierto "hay que vivir". Como si el mero vivir fuera la condición para otras cosas cuando esto es algo a pensar.
En concreto, con biopoder nos podemos referir a, como escribirá Aspe en "Caleidoscopio":
«¿Qué es el « bio-poder », si no una cierta manera de afirmar que el « simple vivir », que la vida como tal, es el único horizonte político? [y la lectura y constante mejora de la traducción de este y otros libros nos servirá para ver qué quiere decir "política"]. De ahí [de lo que acaba de decir sobre la vida] que se dé esa valorización del trabajo; de ahí viene la obsesión por el crecimiento, la preocupación por la salud de las poblaciones, la necesidad de crear dispositivos que conduzcan a acrecentar las fuerzas de éstas.»
Bernard Aspe, L'instant d'après;
traducción de las páginas 80 a 86 (Es el capítulo "Elemento ético" en su parte llamada "Sabiduría griega").
Sabiduría griega
« En el fondo el sabio es un guerrero
que se sabe defender. »
Colli
Una vez más: Grecia no es la cuna de la razón y la libertad, sino un campo de batalla entre matrices éticas exclusivas. Al menos la aparición de la filosofía permite visualizar retrospectivamente lo que se ha inventado bajo los nombres de política, tragedia, historia, medicina. Así como de lo que la ha precedido, y que nos ha llegado como trazas de ritos, prácticas de iniciación y trances colectivos, de lo cual atestigua las Bacantes de Eurípides.
Bernard Aspe, L'instant d'après;
traducción de las páginas 76 a 80 (Es el capítulo "Elemento ético" en su parte llamada "Actos").
Elemento ético:
Actos
Grecia no es un origen, sino un medio cuyo contenido conflictual en técnicas rivales está a la vista de todos. Tomando en serio lo que sacan a la luz los diálogos de Platón, el espacio ético de Grecia se distribuye entre pretensiones inconciliables de dirigir de manera correcta, o al menos de aclarar la conducta de vida de los humanos: la dietética, la medicina, pero también la geometría, la tragedia, la historia, pueden ser vista como otras tantas técnicas rivales por el hecho de que tienen una pretensión común. ¿Desde qué se debe dirigir la vida, desde el régimen alimenticio, desde el del ejercicio del cuerpo, de la inteligencia abstracta, del vínculo con el pasado? ¿Y según qué composición, qué jerarquía entre diferentes modos del « cuidado de sí »? Lo que todavía hoy subsiste de esta rivalidad está marcado por un carácter irrisorio: la dietética, el « deporte », la universidad y sus diversas disciplinas pueden ser vistas como lo que despliega la parodia de las rivalidades griegas. Parodia debido a que la rivalidad contemporánea se encuentra esencialmente neutralizada. Hay algo que da signos de muestra de la radicalidad del cuestionamiento ético en esta simple cuestión: ¿cómo conducís vuestra vida?, incluso si es un médico quien lo pregunta. Pero este signo está abocado a permanecer como algo irrisorio, y la respuesta a esta cuestón parece desplegarse en las páginas de las revistas que cubren la mesa de las salas de espera.
Bernard Aspe, L'instant d'après;
traducción de las páginas 72 a 76 (Es el capítulo "Elemento ético" en su parte llamada "Ascesis").
Elemento ético
Ascesis
En sus últimos trabajos, que se presentan como jalones para una « historia de la ética », Michel Foucault no ha dejado de insistir sobre la dimensión de la ascesis. En ella se trata de incorporar —literalmente de hacer pasar al cuerpo— técnicas que conducen a ciertas disposiciones o disponibilidades: técnicas de combate, o técnicas que permiten mantener a distancia todo lo que es pensado por ejemplo como dependiente de la tentación. El término de « ascesis » está asociado a la idea de una prueba que se inflige a sí mismo un individuo, a menudo bajo la conminación de preceptos religiosos. Esta prueba tiene literalmente una función de ejercicio, mediante el cual se busca una transformación, una transformación de « sí » tal que las maneras de actuar, sentir y pensar se encuentren con ello profundamente remodeladas. A primera vista tiene por tanto un sentido individual, pero en realidad, en la medida en que solo hay ascesis porque existen técnicas ascéticas, y en que éstas tienen que ser transmitidas en tanto tales, solo hay ascesis en un medio relacional que permita tal transmisión, un medio más o menos insular —incluso si este medio no es una colectividad constituida. La ascesis lleva a cabo una suerte de polarización vital por la cual es localizado aquello a lo que vale la pena vincular la propia vida, aquello que requiere esfuerzos aplicados, los cuales, ya se dirijan hacia la abstinencia monacal o hacia las artes marciales, pueden llamarse « espirituales » —en el sentido de una disposición a habilitar una aprehensión sobre sí para permitir una transformación de sí, y sin que sea invocada cualquiera de las entidades o sustancias que una larga tradición ha asociado al uso del término « espíritu ». La polarización que separa lo esencial de lo inesencial permite así la claridad de una dirección de vida, donde todo lo que no está directamente vinculado a lo que constituye el objeto de la ascesis es o bien distanciado o bien acogido como suplemento dispensable, o bien también aceptado en tanto una constricción vital de la cual no se podría escapar.
Bernard Aspe, L'instant d'après;
traducción de las páginas 67-72 (Es el capítulo "Elemento ético" en su parte llamada "Vocablo").
Elemento ético
Vocablo
« La existencia no es algo sin pensamiento,
pero en la existencia, el pensamiento se encuentra
en un medio extraño »
Kierkegaard
« La ética » está más bien, en nuestros días, en malas compañías. Frecuenta dudosos comités; da lugar a atronadores « regresos » bajo los auspicios de un kantismo muy institucional que llegó a producir incluso un ministro estupefaciente; está en el corazón de la nueva vida de las empresas. Se concluirá de ello fácilmente que es preciso girarse hacia otras nociones. Pero ahí como en otras partes, se debe no tanto abandonar las palabras viejas como más bien sustraerlas de los discursos [discursivités] que han intentando extinguir en ellas su carga viva.
Bernard Aspe, L'instant d'après;
traducción de las páginas 57 a 63 (Es el capítulo "Juegos (I)" en su parte llamada "Pérdida").
Pérdida
« Mesrin: ¿de dónde viene?
Azor: del mundo.
Mesrin: ¿del mío?
Azor: ¡Ah! ¡De eso ni idea, hay tantos! »
Marivaux
Hay juego ahí donde se manifiesta un intervalo, una inadecuación a un cierto « sí ». El problema no es entonces el de la existencia, para cualquiera, de tal intervalo respecto a sí mismo; sino el del tipo de relación que puede existir con respecto a él. En el desajuste entre palabras y estados de cosas o estados vividos se podría ver el modelo, o incluso la matriz, de esta distancia respecto a sí. El estructuralismo ha encontrado una fuente de creación e invención directamente en lo que podría verse como triste fatalidad, inherente a la condición humana, tan capaz de mentir y engañar como incapaz de mantener las promesas. Ha convertido en un envite central para todo pensamiento la imposibilidad de concebir un vínculo de referencia simple entre el lenguaje y la realidad, entre el orden del discurso y la existencia de las cosas. Existe un exceso irremediable de los significantes sobre los significados. Este exceso Lacan lo ha convertido en el punto de partida que marca una separación con respecto a lo heredado de la fenomenología y de la hermenéutica en la concepción del sujeto: existe lo subjetivo allí donde hay un exceso sobre el sentido, ahí donde los significantes exceden los significados, donde existe por tanto lo « puro significante ». Es tras esta estela, pero en otra resonancia, como Deleuze ha podido, en Lógica del sentido, concebir el desprendimiento de un « extra-ser », condición de toda creación: el acontecimiento solo puede desprenderse de los estados de cosas porque la potencia del lenguaje no está librada a los estados de cosas. La no-coincidencia entre las descripciones literarias y los estados vividos, tal y como ilustra ejemplarmente Los siete pilares de la sabiduría, no es el logro de un delirio narcisista sino el fruto de una potencia gloriosa de la escritura, en tanto que desprende el acontecimiento, las « entidades espirituales » y las imágenes que le corresponden. Imágenes de sí y de los otros proyectadas «hacia el cielo » como otras tantas visiones grandiosas, « máquina de fabricar gigantes ». « Las imágenes que proyecta Lawrence en lo real no son imágenes hinchadas que pecarían por su falsa extensión, sino que valen debido a la intensidad pura, dramática o cómica, que la escritura sabe dar al acontecimiento. Y la imagen que extrae de sí mismo no es pues una imagen mentirosa, puesto que no tiene que responder a una entidad preexistente. Se trata de fabricar lo real y no de responderle ».
p. 28 de Bernard Aspe. L'instant d'après.
"Lo que convierte a la ética en irreductible no es la cuestión de la conciencia, sino la del cambio. Aquello que bajo el nombre de psicoanálisis ha llevado a cabo una cierta experimentación a gran escala sobre los mecanismos de la trama subjetiva, lo que ha verificado es, al menos, lo siguiente: en cuanto a las razones y los modos de la enfermedad, la toma de conciencia no puede conllevar ningún efecto curativo, no lo hace casi nunca —e incluso puede reforzar algunos cierres [verrouillages]. La política centrada sobre los efectos de "concienciación" también lo ha verificado indefinidamente, y se identifica por completo con la variación repetitiva de los protocolos de esta verificación."
« […] no se podría deducir del análisis de las transformaciones del trabajo, incluso considerado como « trabajo vivo », la existencia misma de una política adecuada a este tiempo. Del análisis de las mutaciones del capitalismo no podría surgir ninguna claridad esencial sobre esta existencia, sino solamente sobre sus posibles estrategias. Es entonces en este sentido por lo que, de entrada, no hay « política de las multitudes », o más bien, que esta expresión solo puede tener un valor interpretativo —y un valor por lo menos dudoso, ya que es lo suficientemente laxa como para poder adaptarse a casi todos los acontecimientos posibles. Pero el error [se refiere en concreto al error que conlleva asociar a la creatividad de las multitudes a la vez aquello que le permite al capitalismo asentar nuevas formas de valorización y aquello que lo amenaza de implosión] es más profundo y concierne al enfoque mismo de la realidad subjetiva. En este nivel, la inventiva atribuida a las multitudes debe precisamente ser comprendida desde la imposible articulación entre lo que ella es en tanto fuente de valorización y lo que es como potencia de conflicto.
La ultra-izquierda cree que es su deber oponerse a los análisis de Negri diciendo que las supuestas capacidades creativas de la multitud son solo el signo de una alienación que no cesa de profundizarse. En realidad, los rasgos que caracterizan las figuras contemporánas remiten más bien a una imposibilidad que no delimita ninguna astucia dialéctica: la de discernir entre aquello que exige la adhesión a una vida que merece la pena ser vivida y lo que exigiría, políticamente, el propio vínculo entre esta vida y la situación presente, ya se la tome como situación de cara al planeta o como aquellas injusticias que localmente son configuradas por una ofensiva democrático-liberal.»
Bernard Aspe en L'instant d'après, pp. 11-12
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