Cosas a seguir IV: El peligro en la era del psicopoder y del populismo industrial


El peligro en la era del psicopoder y del populismo industrial:

1. Eidetismo y hominización. El surgir de nuestra especie como simbólica y las 'fuentes' del psicopoder. Presentación de la primera cuestión.

En el artículo sobre Göbekli Tepe hemos hablado de un documental donde un investigador pretendía haber descubierto los orígenes del arte en el eidetismo (ahora veremos qué es) que se daría en cuevas (o por la noche en general), y seguramente debido a que la oscuridad o las cuevas dan la posibilidad de que nuestros cerebros cultiven imágenes de forma espontánea más allá de en los sueños (es un fenómeno que ocurre tal cual en períodos así, de oscuridad), imágenes estructuradas y a disposición de un posible 'recorrerlas mentalmente', 'saborearlas' (y luego plasmarlas, proyectarlas), cosa que en algún momento haría su primer acto de aparición (esa discontinuidad habría entonces quizá fundado nuestra locura hominizante, con diversidad de tribus, ritos, lenguas, costumbres, etc. etc.).

Y extraigo ahora la siguiente cita de eso que pongo sobre todo ello en ese artículo, el que trata de ese primer germen de ciudad o esa ciudad de muertos que sería Göbekli Tepe, porque nos va a venir bien para hablar de psicopoder:

    «[…] el que habla, en parte como dándoselas de descubridor, en este típico documental 'espectacularista', no ha descubierto en realidad nada nuevo. Ya Gilbert Simondon hablaba hace más de 40 años (en el curso de 1965-1966 sobre la imaginación y la invención) de esta posibilidad. Él denominaba imagen eidética —memoria fotográfica creo que diríamos nosotros— a las imágenes —en parte casi 'inconscientes'— con un alto grado de precisión que se prestarían a exploración mental; y las consideraba algo que atendía a un régimen diferente de actividad mental, no igual al reflexivo, a una actitud crítica (por tanto que podríamos llamar 'primitivas', pero siendo, lo primitivo, en este caso, fundador y permeando ya todo lo humano, todo el proceso de hominización; y teniendo quizá un asiento en fenómenos que se dan en la percepción, por ejemplo al estar sometidos a largos períodos de oscuridad).

    Quizá nos viéramos sujetos a que estas imágenes surgieran, en algún momento, debido a situaciones vividas, con una fuerte carga emotiva. ¿Sería la caza, durante el día? ¿Y después el refugiarse en cuevas, durante tiempos largos? ¿Sería la novedad de ese ritmo? ¿Esto haría que las técnicas para pintar y cuidar cuerpos pasaran a servir para pintar paredes para librarnos de acosantes imágenes y empezar a cultivarlas en común, creando además un nuevo 'común'? Y quizá fuera, por cierto, esa siempre existente 'posibilidad eidética de las imágenes' (primitiva, básica para la hominización) lo que sería explotado en los media, la publicidad, la televisión…, en 'el espectáculo' en general (explotado o quizá un intento de 'desmontado', 'descuajaringado', 'rizomati-formateo' del 'fenómeno'). De aquí entonces todas esas sensaciones de 'animalización', de devenir animal, que tendrían ahora un papel enorme.

    Y en cuanto a lo que nos concierne, el arte; pero no solamente el arte: en general, como hemos sugerido ya, quizá diríamos que aquí se juega el nacimiento de 'nuestra especie', el homo sapiens, en tanto especie sujeta a evolución técnica y a refundamiento tecnológico, como hemos visto que ha sucedido ya en el pasado (y ahora a fortiori).

    El eidetismo, entonces, puede darse al lado o dentro de las prácticas 'chamánicas', o claro, más en general habría que hablar mucho de los sueños (y la posibilidad de acordarse y luego al tener manos, técnica, pintura, paredes, y/o aburrimiento… se puede 'hacer arte' (y grupo, etc.)).

    También hay varios aspectos que podríamos pensar que se mezclan con tales prácticas chamánicas, como hemos comentado:
    - las consecuencias de la percepción: lugares cerrados…, a oscuras…, y el natural advenimiento de imágenes a explorar…;
    - también la posibilidad de la estimulación con sustancias químicas…;
    - o también la simple facilidad que tendrían algunos sujetos (sobre todo a edades tempranas, como recuerda Simondon en este curso) para tener imágenes eidéticas;
    - o también el 'inventar' un 'trabajo' para los ancianos, que tienen muchas historias, mucha vida y sabían alucinar quizá como nadie —antes de la televisión.

    En definitiva, lo que dice Simondon es algo muy general y nos vale para este caso de los antepasado indígenas australianos que pintaron lo que se muestra en la cueva del documental: que el eidetismo puede ser «una de las raíces de la imaginación artística, y quizá de la imaginación inventiva en general».

    Entonces por ejemplo diríamos que un devenir de nuestra especie, quizá la alternancia entre periodos largos de oscuridad en cuevas y excitantes periodos de caza en el exterior, habría hecho que el 'caldo cerebral', como denominan a nuestro mar de cerebros en el texto del Mil mesetas, de Deleuze/Guattari, hubiera posibilitado que tal mar de cerebros fuera a su vez caldo de cultivo para las imágenes eidéticas, que es la representación no reflexiva, pre-crítica, de imágenes que acuden a la mente… pero de imágenes estructuradas, y con ello ya 'fuente de todo simbolismo'..»

2. Presentación de otra de las cuestiones: problemas con la medicina, medicalización de la sociedad y medios de comunicación.

Adelantemos ya la sospecha o el punto a trabajar: acerca del intento que estaríamos llevando a cabo (que la tecnología, el capitalismo y nosotros lo estaríamos llevando a cabo), de 'refundación del eidetismo', dentro nuestra sociedad del espectáculo, capitalista, que sería algo que estaría afectando las condiciones generales para el ejercicio crítico de las capacidades simbólicas 'superiores'.

Entre otras cosas, aquí vamos a tratar también de algo muy concreto: la medicina y los medios de comunicación. Con ello tenemos un problema, una especie de amplificación de una especie de 'error fundamental', en nuestra civilización. Se trata de la mezcla de dos cosas diferentes presentes ambas en las ciencias:

1. el anhelo de ser fieles a lo real, junto con

2. el anhelo de formalización, de sistematizar formalizando.

Ambos puntos se unen de forma diferente según el saber o la ciencia de la que se trate (aparte de que en el contexto de las tecnociencias no tendrían quizá mucho sentido ambos puntos, y ese es el problema, pues habría que reinventarlos de alguna forma, 'políticamente').

Y también: en la 'sociedad mediática' ambos puntos, 1 y 2, se estarían conectando de forma muy inapropiada en el caso de la medicina, y quizá fundamentalmente debido a:
- los miedos, la socialización de los supuestos objetos médicos,
- el uso de los medios de comunicación… haciendo muy a menudo una especie de coro mundial al capitalismo de las farmacéuticas, entre otras cosas quizá por tener, los estados,
- una política reducida en muchos ámbitos a 'seguir' al capital (desaparición de la política, necesidad de reinventarla).

Pero, una acotación y seguimos: hay algo más básico todavía que el problema del «saber», en algo «psico-social por antonomasia» como es «el problema» de la salud; lo podemos ver expresado en esta conferencia de Janine Benyus:
«Biomimicry in action» (que podéis ver con sus subtítulos en inglés).
En ella dice que:

    «En los EEUU, las infecciones adquiridas en hospitales están ahora matando más gente cada año que la que muere cada año por sida, cáncer y accidentes de coche juntos» (y esto independientemente de lo que hemos dicho en esta web, que lo más probable y sensato es que por ejemplo el sida no tenga nada que ver con una enfermedad infecciosa, la que se pretendió vender desde el principio, sino una enfermedad tóxica; y hay que comentar también cómo la problemática del cáncer sería estructural por darse en una civilización capitalista que casi no se ocuparía del cuidado de nada, sino que casi todo más bien lo «cuidaría» por y para estar en procesos de hacer dinero por el mero hecho de hacer más dinero, en el espíritu suicida del crecimiento).

Cuando nos hacemos eco de enunciados de los medios de comunicación estamos hoy en día —y esta será la tesis de esta parte de la temática a abordar en este texto, y en parte la motivación para el resto— básicamente prolongando un desastre; un desastre en lo relativo a casi cualquier enunciado de la supuesta medicina que oímos en los medios; esta medicina se ha separado de toda condición de pensamiento local sobre la salud y sirve como estrategia de control de poblaciones; por ello es posible hablar de psicopoder.

Psicopoder, populismo industrial.

Vamos a hablar (y a enlazar) acerca del Mercado y sobre el psicopoder, un psicopoder que actualmente por ejemplo también se denomina «guerra de 4ª generación».

Si estamos de acuerdo en entender las 'mentes' como 'sistemas de transporte y comunicaciones', más en esta era que llaman de 'la información', nos viene bien recordar esto de Marx:

    el abaratamiento del producto mecánico y el revolucionado sistema de transportes y comunicaciones, son otras tantas armas para la conquista de mercados extranjeros.» (El capital, libro I, tomo II, p. 183. Akal. 2000)

Los 'mercados extranjeros' que hay que conquistar son las mentes, así que hemos visto toda una política en el siglo XX derivada de la necesidad de colocar, de vender, los excedentarios productos industriales. De ahí la importancia que tienen los movimientos de 'reconquista' por parte del 'proletariado mental': reconquistas que son del tipo 'no me dejo convencer'… 'así no'… 'me gusta pensar por mi cuenta'… 'imaginación al poder'… etc. Y el juego se estaría ya dando de un tiempo a esta parte en este terreno, donde el capital intentará 'apropiarse', 'desviar', los movimientos ahí; analizará, desvirtuará, desposeerá de nuevas posesiones o posiciones subjetivas… etc.

Este dichoso psicopoder diríamos que ya lleva cierto tiempo consiguiendo que casi todo el mundo lleve tocada el alma con una herida hecha de populismo industrial desindividuante (veremos abajo qué es en concreto tal populismo).

Es además psicopoder y no solamente biopoder, ese tan usado y tan bien usado mismamente por Negri y Hardt, porque se aprovecha, por ejemplo, de una de nuestras más íntimas creencias modernas: en el progreso y en la ciencia.

Esta creencia es quizá muy difícil de criticar, y por ejemplo para muchos/as lo será porque se supone que sobre ella se asentaría el espíritu crítico, pero esta conjunción es una trampa, es un planteamiento de la realidad excesivamente monolítico, defendida a veces de esta forma tan plana.

Pero esto ya no tiene que seguir así, y quizá meramente por la sola supervivencia de la vida sobre el planeta, y pese a que aún campee a sus anchas en las mentes de casi todas-os nosotros (haciendo fácil entonces la tarea de anidamiento que consigue el psicopoder y que consta por ejemplo de ese agenciamiento entre farmacéuticas y medios de comunicación).

Es difícil por tanto reelaborar nuevos criterios de deslinde para ello, pues no se puede eliminar la realidad, no se trata de eso; la ciencia forma parte de un movimiento de marcha de descubrimiento, de aventura, obviamente no se va a eliminar el conocimiento (a no ser que lo estén haciendo a la larga las propias tecnociencias), y su propio movimiento de «progreso» que es en general real (aunque primero hay que saber qué es «conocimiento» ahora), pero que no es real ni lineal cuando vamos a la realidad completa, cuando añadimos todos los saberes en general, también los de las sociedades, y cuando añadimos el pensamiento sobre el devenir del capitalismo.

Así que esa creencia, muy profunda, irreconocible a veces, en progreso y ciencia, que en mayor o menor grado todo el mundo comparte, es muy difícil de criticar positivamente para una acción adecuada a estos tiempos donde las multinacionales descuartizaron como quisieron el mundo de las leyes o lo ampliaron a su provecho. Difícil de criticar entonces en su base más profunda, y, a la vez, parece muy necesario el criticarla, para así poder deslindarla todo lo que podamos de por ejemplo lo que podríamos pensar como una de sus partes: la medicina, y lo que entendemos por salud; y esto lo veremos mejor en breve, en la temática de un próximo libro que por aquí publicitaremos (y lo digo porque es posible que incluso podamos enlazarlo, pues creo que se va a encontrar disponible en internet), un libro de Jesús García Blanca, donde diciéndolo rápido podremos hablar con más detalle sobre cómo las batas blancas han sustituido a las sotanas.

La medicina oficial hoy en realidad lleva mucho tiempo adquiriendo los matices, los rasgos que la hacen fácilmente explotable por este poder basado en el miedo que llamamos psicopoder (paradigma de la infección). Hacer equivalente a esta medicina, equipararla sin más con la ciencia, es algo ahora mismo inútil y peligroso; recordemos de entrada que los aspectos que más bienestar de base nos dan son los que nos dan salubridad, son las cuestiones de limpieza, limpieza y salubridad que dan salud si se unen en un sistema que consiga que además existan alimentos buenos, básicamente; la salud es un sistema, y no se puede hablar de ciencia directamente en el tema de la salud nunca. ¿Por qué? Aparte de porque en general siempre hay que hablar de ciencias en plural, no se puede en el caso de la salud nunca hablar de ciencia porque la ciencia es la coordinación de dos diferentes anhelos de lo humano, no sujetos a reproches en sí, por supuesto, ni cada uno por separado, sino que habría que ver en la multiplicidad de sus posibles conjunciones, en su inocencia intrínseca:

- anhelo de perfección formal, anhelo de formalización, con un ideal paradigmático tradicional: las matemáticas

- anhelo de fidelidad a lo real.

Y este sintagma actual: «sistema de salud», es una máscara para el proceso de progresivo descuartizamiento o abandono de acción política sobre las condiciones de la salud (abandonadas a las multinacionales en el proceso de globalización que nos abre a otros mundos). Problema es, por ejemplo, también el de que los alimentos industriales son muy a menudo literalmente generadores de enfermedades, luego ese sistema de salud que tanto a veces defendemos es en realidad parte de un conglomerado más amplio que se llama capitalismo, donde las cosas se articulan antes ya no por su definición —tener que alimentar o tener que curar— sino para y por su fluir en el «mercado libre» en un espíritu de supuesta innovación constante que es un suicidio constante, por ser lineal y por querer estar solo regulada por «el mercado».

La verdad que Platón ya tenía hace mucho tiempo unas palabras oportunas para todo esto; por ejemplo que la medicina es un arte cuyo objeto es un cuerpo degradado, es un "objeto" degradado, y que esto explicaba el defecto en cuanto a la inexactitud irremediable de la medicina; y además, la medicina comentaba que ya tenía al parecer en su tiempo una propensión injustificada hacia regir todos los momentos de la vida (ver artículo sobre ello aquí en francés: Laurent Ayache, « L’arme du crime : la référence médicale chez Platon », Noesis [En línea], N°2 | 1998, Consultado el 20 septiembre de 2009. @ http://noesis.revues.org/index1445.html).

El común movimiento de lucro en su proceso de subsumir y hacer producir bajo él a todas las esferas ha conseguido una mezcla caotizante de todo donde, por poner un ejemplo dentro de esos inventos de la comida industrializada, a veces a lo que comemos se nos vende a la vez porque cura (y claro, porque alimenta) —aunque no olvidemos, cómo no, esa inevitable y común dimensión a todas las mercancías de apariencia «estética»—, y sin embargo no haría ni una cosa ni la otra, ni curar ni alimentar.

Desindividuación

Este proceso de desindividuación se basa entonces en crear un mundo compacto de relaciones interpersonales frente a verdaderas transindividuaciones de campos preindividuales (lengua, técnica, conceptos…, por ejemplo, hablando en modo clásico).

Esto se consigue cargando, invistiendo, sistemática y afectivamente, productos de consumo (o haciendo que todo pase a la esfera del consumo). Productos que entonces varían rápidamente (pues se consumen) a la vez que consiguen embrollar, en un corto-circuito arrasador, todas las demás dimensiones de la existencia:

  • la de lo que se mira: lo extra-ordinario, y
  • la de lo que se usa.

En esos términos: consumir/mirar/usar, hablaba ese imprescindible autor, tan querido para muchos de entre lo que se llama Izquierda, en España, Santiago Alba Rico en su texto La ciudad intangible, publicado por Hiru.

Y es claro entonces que habrá de darse un tal cortocircuito si todo se reduce y todo se aplica a la dimensión del consumo, con aquella célebre excusa de, por ejemplo, que 'el mercado' y sus supuestas libertades sean quienes regulen (pero no puede haber individuación de ese quien, pues no es nadie), y con esa otra excusa de que no haya más 'totalitarismos' "liberticidas" (pero que en el fondo destruye, desconoce, toda política, reduciéndolo todo a una especie de economía de des-individuación del campo del deseo).

Reducciones (al consumo) que son entonces contaminantes en lo que toca a la individuación: no enlazan con práctica subjetivante alguna, favorecen la des-subjetivación.

¿Y cómo se cargan/invisten tales productos y formas de (no)vida? Mediante las técnicas de las industrias culturales, que veremos ilustradas en los documentales que ahora citaremos.

Estas desindividuaciones sustituyen lo que en un primer momento podríamos llamar circuitos largos de individuación, de verdadera información —en el sentido de Simondon, que traduje para esta web—, siendo uno de estos circuitos el de la política, pero que obviamente hay que reinventar en tanto tales (circuitos individuantes, y no lo contrario, desindividuantes), pues, como bien se decía hace tiempo: «que cualquier cocinera pueda dirigir los asuntos de Estado» (ver el enlace)).

Estos circuitos, a partir de los cuales se teje nuestra individuación sobre campos pre-individuales, son el proceso de una individuación capaz de aportarnos las singularidades mediante las cuales podemos tener verdaderamente individuación, que consiste en transindividuar en esos campos, consiguiendo así auténtica "información", como decíamos, y no una mera comunicación interpersonal.

Política

Para llevar entonces una política de re-situación de la política, lógicamente hay que por ejemplo desconectar el flujo directo, sin ideas, a-ideacional, que guía gran parte de la política actual hacia las cajas, las tesorerías, de las multinacionales. Para ello hay que revitalizar la acción pública, re-singularizando constantemente los circuitos de saberes, y «pidiendo lo imposible» (formas de vida, formas de saber-vivir, saber-hacer…, saberes en general) y los circuitos de la política, obviamente, para que la acción no sea un simulacro, esto es, no sea un baboso "seguir en vida", meramente en contacto con flujos de la Matrix del consumo, un contacto con la Matrix que ha sido largamente trabado, trabajado y conseguido por el populismo capitalista mediante su simbiosis con las industrias culturales. Hay que por tanto desarrollar críticas nacionales y locales y articularlas a todos los niveles para poder deshacer el proceso directo (sin crítica) de igualación: entre por ejemplo eso mismo que acabamos de decir, el dinero de los impuestos directamente yendo a aumentar a nivel mundial las cajas de las multinacionales. Esto es, a todas luces, se trata de volver a hacer presentables, racionales, esto es, críticas (esto es, que cuiden motivos de individuación y no de desindividuación), las instituciones, frente a las acometidas del mercado, acometidas que igualan poblaciones y mercados desindividuando, esto es, no permitiendo la existencia de transindividuaciones de los circuitos de los saberes, las ciencias, la política.

Introduciremos por tanto una vez más a Stiegler, y contra ciertos 'totalitarismos', como este del mercado, o por ejemplo como aquellos que hablan de Ciencia con mayúscula en vez de 'ciencias' en plural. Aunque podríais acompañar esta lectura (o sustituirla por algo —como veréis— bastante más espectacular) de este 'divertido' documental de Adam Curtis para la BBC: The Trap: What Happened to our Dream of Freedom. En él se aclaran ciertos temas sobre los (neo)liberales y su libertad, así como acerca de la invención de las sociedades de control en el siglo XX, y en él vemos a famosos populistas, muy ligados al poder industrial (por ejemplo Thatcher y las industrias culturales).

¿Qué es un neoliberal? Como dice Robert Reich en la primera parte (19:13 --> 19:24) del documental, la idea —'postpolítica', diríamos— de eliminar, de erradicar, —del liberalismo y de la "política" en general— toda connotación ciudadana (en realidad, toda subjetividad, dirían a veces estos tecnócratas), para que, supuestamente, sea solamente el mercado quien consiga fabricar, como por arte de magia, la democracia, es muy nueva (y, por cierto, altamente contaminante para la humanidad). Podríamos definir entonces 'neoliberal' mediante esa idea. En concreto, las palabras de Robert Reich son: «La idea de que el mercado es preferible a la política como medio de proporcionar exactamente lo que la gente quiere, esta noción, esta percepción, es en realidad muy reciente». Lo malo es que tenga razón Reich y mediante toda la máquina propagandística (universidades, televisiones, películas, modos de vida, etc.) esta idea se halla hecho una percepción… aunque, ¿qué percepción no contiene ideas?

¿Qué formas han adquirido los populistas industriales y por qué decíamos «pedir lo imposible»?: Sirva esta cita final de un artículo para empezar a contestarlo, y para introducir la lectura del mismo:

Otro ejemplo paradigmático de cómo funciona hoy, más en general, el populismo pro-libertades (económicas) —ese mismo que nos "abrió los mercados" en España y descuartizó como quiso las leyes, en la transición, en parte a costa de los sueños democráticos y de izquierdas, menos "economicistas" y más encarnados en gentes concretas— lo tenemos en el ejemplo de los "neo-liberales" que están promoviendo las revoluciones esa especie de golpes de estado que se están dando en las antiguas repúblicas soviéticas. Pero también en Irán, como podemos ver en este artículo, donde se nos cuenta que «las "revoluciones de colores" son los golpes de estado del siglo XXI. Washington ha estado buscando el plan perfecto para acabar con la revolución iraní sin lanzar una agresión militar al estilo tradicional». Y como os imaginaréis, cosas similares andan bajo lo que ocurre con Venezuela y por ejemplo esa forma que tienen muchos media de tratar a Chávez.

En lo que toca a las antiguas repúblicas soviéticas, tenemos este otro documental de Manon Loizeau, Marc Berdugo: «EEUU: A la conquista del este», sobre esas llamadas revoluciones de colores. (Por cierto, en ese enlace de rebeldemule que acabo de poner, sobre este documental francés, podéis seguir una serie interesante de comentarios sobre el tema, y enlaces. E incluso cosas variopintas, por ejemplo sobre los movimientos maoístas que se dan actualmente en la India).

Al respecto de estas revoluciones vienen que ni pintadas, por supuesto, unas citas de Chesterton, acerca de esos "jóvenes modernos" que tan fácilmente nos vemos sujetos a cambios constantes de "ideales", a manipulación, por las imprentas de los EEUU y su libertad, por ejemplo, que vemos funcionando a toda velocidad en el documental:

    «No tenemos ninguna necesidad de rebelarnos contra la antigüedad; tenemos que rebelarnos contra la novedad. El capitalista y el editor son los nuevos conductores que realmente poseen al mundo.» (Ortodoxia, pág. 67 de esa edición enlazada digital llena de erratas.)
    «[…] el obrero de la fábrica del señor Gradgrin, el humilde empleado de las oficinas del señor Gradgrin, está demasiado mentalmente preocupado para creer en la libertad. La literatura revolucionaria lo tranquiliza. Una sucesión constante de filosofías frenéticas le calma y le retiene en su lugar. Un día es marxista, otro día nietzschista, otro día (probablemente) un superhombre; y siempre un esclavo. Lo único que queda después de todas las filosofías, es la fábrica. El único hombre que gana con todas las filosofías, es Gradgrin. Le valdría la pena mantener sus edificios provistos de literatura escéptica. Y ahora que lo pienso, por supuesto Gradgrin es famoso por donar bibliotecas. Manifiesta su sensatez. Todos los libros modernos están a su favor. Mientras se esté cambiando siempre la idea del cielo, la visión de la tierra será siempre la misma. Ningún ideal perdura tiempo bastante para ser realizado; ni parcialmente realizado. El joven moderno nunca cambiará su medio ambiente, porque siempre cambiará su idea.» (Ortodoxia, pág. 63 de esa edición enlazada digitalizada llena de erratas.)

Siguiendo con el film de Curtis, estoy seguro que si lo véis no váis a arrepentiros, a no ser, claro está, que seáis unas/os fanáticos/as del mercado, aunque tampoco diríamos que sale del todo bien parada la antipsiquiatría de Laing, esto es, tampoco os gustará si sois muy fanáticos de por ejemplo el mayo del 68 (en concreto como marca, y no como suministrador de historias y ejemplos… etc.).

El documental de Curtis diríamos que suscita, con todo ello, una especie de pensamiento dialéctico, unos extremos que terminan tocándose para pedir una química diferente en 'otro mundo' posible: por un lado la psiquiatría, con su proceso de normalización, desesperantemente estúpido y estupidizante (para que hagan caja, dinero, las multinacionales farmacéuticas entre otras cosas…); por otro lado la antipsiquiatría, con su inmediatismo reactivo generalizador. El contacto diríamos que requiere una especie de síntesis, algo que supere políticamente el estado de eso que de todos modos parece ser algo más general y que podríamos llamar 'sociedad'. Además diríamos que es 'la sociedad' en su intrínseca 'constitutividad' técnica, donde hay que ver cómo actúan las creencias o las des-creencias que se sustentan en dicha relación técnica.

Podéis acceder aquí a los enlaces de los archivos torrent para descargar el documental, y aquí al enlace para unos subtítulos que he encontrado. O también, a través de este post en kuomodo.info, podéis ver enlaces en video.google.com, para verlo sin descargarlo.

Más en general, sobre Curtis, podéis ver en rebeldemule otros muchos enlaces y comentarios, por ejemplo sobre el aún más divertido si cabe documental The Century of the Self, donde se nos cuentan más desaguisados del siglo XX hechos a base de extremos (tenemos ese caso paradigmático: Anna Freud divulgando el psicoanálisis como loca y siendo una mujer exageradamente reprimida, una monja guerrera del psicoanálisis (era virgen), y un Wilhelm Reich capturando energía orgásmica por el mundo; nuevamente más tragicomedias (el uso que Stiegler hace de Freud quizá nos sirva para darle un poco más de sentido común a todo esto, ya veremos)).

En el documental The Trap se aprende por cierto cómo la nueva gubernamentalidad aplicada en el siglo XX se ha basado en un significado invertido y corrupto de razón (radicalmente opuesto a su auténtico significado filosófico, esto es, humano) mediante la racionalización/formalización de la sociedad, y la sistemática destrucción de los ingredientes 'subjetivos', de aquellos que Buchanan quería erradicar de las instituciones y que denomina en el documental 'fanáticos', zealots (fanáticos por la política, por ejemplo, o diríamos, por lo 'público', etc.).

A vueltas con el populismo

Y para hacer esto diríamos que se inventó el populismo industrial. Allá por el minuto 23 de la cuarta y última parte de otro documental de Curtis, The Century of the Self, tenemos expresado cómo Philip Gould, un integrante del partido laborista, estuvo encargado de entrevistar al 'pueblo'. Iba 'armado' con una técnica aprendida en el negocio de la publicidad (de grupo focal (focus group))), y que en el documental ya hemos visto usar de forma deprimente, por ejemplo para que las amas de casa se "expresaran" y "emocionaran" con productos de limpieza y similares. Gould fue a los suburbios a ver a esos pequeños grupos de "infieles", personas que se habían pasado al otro bando, el de Mrs. Thatcher. Y traduzco parte de los subtítulos del documental:

    «a la gente se le animaba a no hablar racionalmente sobre políticas [policies], sino a expresar sus sentimientos subyacentes. Y lo que Gould descubrió fue un giro fundamental en la relación de la gente con la política [politics]. Ya no se veían a sí mismos como parte de ningún grupo sino como individuos que podrían demandar cosas a los políticos a cambio de sus impuestos. Precisamente era eso lo que el mundo de los negocios les había enseñado en tanto consumidores. Y [habla Gould entrevistado] "me encontré con que habían devenido consumidores […]. La gente se ve a sí misma como poderosos individuos autónomos […]". Gould comenzó entonces a intentar persuadir al partido laborista de que quizá tendrían que hacer concesiones a lo que él llamaba las nuevas clases "aspiracionales" ("ambicionantes", podríamos decir, con otro palabro aún peor para traducir el difícil —para mí— "aspirational") [the new aspirational classes].»

Así que, como queda claro si os abrís a estos documentales, un enorme peligro para la humanidad y su planeta es en estos momentos el mercado, en el sentido de una supuesta creencia en una supuesta lógica del mercado que sirve para tapar mecanismos caducos y suicidas, un suicida y caduco sistema industrial. Sin embargo, esa 'creencia' en una lógica de mercado no se trata en realidad de una verdadera creencia: es algo totalmente opuesto, ya que no tiene un objeto incalculable de creencia; se trata de un desfondamiento subjetivo porque tras ella se preconiza la calculabilidad de todo objeto de creencia, de toda subjetividad: es un ataque sistemático a toda creencia y toda subjetividad, por tanto a todo proceso de individuación, proceso que es la vigilancia de su inacabamiento en tanto vigilancia y conservación de los motivos y razones incalculables que acompañan la propia singularidad en la individuación.

De hecho, en el documental aparece un actor efectivo de animalización (despolitización) o mecanización generalizada de la sociedad: la medicación con antidepresivos. Con esas medicaciones seguramente lo que consigamos es apuntar hacia cierta afectividad menos humana, esto es, hacia una infra-humanidad mecánicamente adaptada a los mecanismos del mercado (de trabajo, en el consumo, etc.), consiguiendo ser cada vez menos capaces de plantearse, cada uno/a a sí mismo/a, tanto en el pasado como en el presente, en el mismo plano del ser (y por tanto eliminando las dimensiones de futuro, ya que la anterior igualación sería lo que permitiría la existencia del futuro en tanto dimensión humana), rebajando así por tanto la calidad humana de la afectividad, afectividad que es una dimensión por otra parte inherente a todo animal.

Se trataría, por tanto, frente a esto, en parte, de inventar otro devenir-máquina. Pero otro día iremos con este tema.

Así que entonces esto del mercado es una especie de viejo-nuevo tipo de totalitarismo, que lleva mucho tiempo actuando. Se parece en cierto sentido a una reducción igual de fatídica: la de la plural realidad de las ciencias (ahora 'tecnociencias') a una sola Ciencia (o un "método científico"), reducción totalitaria contra la cual trabajaba por ejemplo el afamado y divertido Bruno Latour, tan querido aquí en nuestra web, y que esconde la necesidad de inventar diversos métodos científicos, reducción a veces usada para no pensar sobre las relaciones reales que se hacen y deshacen y de este modo no poder ni querer cambiar nada… E incluso también se le podría parecer a ciertos usos de lo Emancipatorio: reducción de la pluralidad de (esto es, abandono del pensamiento sobre) las situaciones de emancipación y de las diversas necesidades de invención al respecto, de los diversos cuidados de las singularidades que los producen, y reducción del pensamiento de los diversos tipos de proletarización en los que nos sumimos, procesos de irresponsabilización muy variados que quedan tapados por requerimientos de emancipación universal, reducción de todo ello a una sola situación y a un solo tipo, a una sola Emancipación Universal, quizá por mera comodidad de pensamiento, en lo que podría ser por ejemplo un proceso de formación de amistad o pandilla, etc.… o por la comodidad de un filósofo post-crítico cualquiera, alguien que está ya de vuelta de todo, o al menos de vuelta con respecto al "comprender por el comprender", como parecería estarlo a veces, por lo que dice, Rancière.

Mercado, Ciencia, Emancipación: son muy diferentes ejemplos de posibles trampas para verdades, esto es, de algo donde parece que pudieran desencadenar procesos de verdad, pero que, en su uso siempre pueden servir 'para otras cosas' (justificar las propias cabezonerías de tipo "x" que sean, por ejemplo).

Y es un 'totalitarismo', el del Mercado, como podríamos decir que a veces lo serían La Ciencia y La Emancipación, porque no se busca como principio la necesidad de componerse con las otras realidades (que obviamente, en el caso del 'mercado' no son 'económicas' tal y como 'ellos' lo entienden, y que en el caso de la Ciencia, no son científicas, como ellos lo entienden, y que en el caso de la Emancipación, no son emancipatorias, sino por ejemplo condicionantes técnicos y social-psíquicos, etc. etc.). Salvar lo subjetivo, salvar las ideas que hay detrás de una 'Ciencia' o una 'Emancipación' para proteger la necesaria incalculabilidad de los objetos de toda creencia, salvar todo ello nada tiene que ver con desdeñar la descripción y el pensamiento sobre la realidad que se encuentra tras todo ello y permite la existencia de los procesos y las creencias (creencias que por ejemplo en la justicia se basan en la técnica de la escritura, en el tiempo diferido de la escritura del derecho, a interpretar e interpretable por su tecnicidad).

Y por lo tanto, ante el totalitarismo de mercado, por cierto, es lógico que hayan surgido propuestas efectivas de abolición del mercado o de economía participativa.

Esta primitiva e ineficiente tendencia a pensar por oposiciones en vez de por composiciones (en el liberalismo quizá diríamos: "lo liberal" frente a lo no liberal) es compartida con el viejo marxismo, con por ejemplo esa oposición en Marx entre 'muerto' y 'vivo' (cuando se queja de cómo lo vivo vive hipotecado por los muertos, la tradición). Pero, precisamente, lo peculiar de 'lo humano' es/era la variación étnica y su herencia no genética, con todo lo que esto conlleva para la estética y su remodelación (política), y por tanto también con la relación con la fisiología y con los cambios que se dan en la fisiología respecto a ello; esto es, tenemos una importante evolución, la de las técnicas, como soportes de individuación en esos procesos que ligan a las sociedades (idiomas…) con las psiques, psiques que tienen que heredar lo muerto: esas 'sociedades' (lenguajes, tradiciones…), sobre y con unas técnicas que son una materia inorgánica (muerta) organizada (por lo 'vivo') (ver a este respecto Bernard Stiegler, De la misère symbolique 2, 2005).

Totalizar la realidad mediante las abstracciones económicas —como la de dejad que obre la libre competencia— significa abrir la vía de una constante descomposición de la realidad mediante la tendencia —poderosa por lineal— de hacer dinero, tendencia diríamos que propia al dinero pero que es una receta que necesita algunos ingredientes acompañantes básicos:

- necesidad de instituciones a parasitar (Estados) que te aseguran el respeto de la propiedad privada (policías, militares, etc., que a veces tienen que actuar directamente contra la población): fundamental para los negocios.
- y la libre circulación del capital en un mundo estructuralmente muy injusto donde casi nada en realidad puede circular libremente, puesto que todo lo que no sea el dinero, para circular, necesita creencias, acción y pensamiento.

Pero, ¿qué ha pasado en el siglo XX para llegar aquí?

Veamos estas citas de Stiegler, por ejemplo; la primera relata la ruina del deseo y lo que queda por analizar al respecto; la segunda es a cuento de mayo del 68 y de sus relaciones con el capitalismo:

    «[…] se debe a que el capitalismo arruina el deseo produciendo una "demanda social" que es solo un artificio al servicio de la proletarización generalizada y de la instalación de formas adictivas de consumo, maquillado como una "personalización" que no es otra cosa que una extensión de la calculabilidad aplicada al control y a la reducción de las singularidades, transformadas de este modo en particularidades, a eso se debe el que, por una parte, no haya ningún nuevo espíritu del capitalismo a la vista, y que, por otra parte, el modelo industrial por entero, en tanto que funciona como conjunto producción/consumo —y es así como lo definió para empezar Max Weber— se muestra caduco tanto del lado de la motivación en el trabajo como del lado de la motivación en el consumo, si es cierto que motivación no es sinónimo de manipulación, es decir, de adicción, sino por el contrario su antónimo. Dicho de otra forma, lo que le falta a este análisis [de Boltanski y Chiapello en el texto El nuevo espíritu del capitalismo] es un examen del estatuto de la energía libidinal en el segundo espíritu del capitalismo, y la crítica de lo que sucede cuando el paso de la libido al desligamiento pulsional lo constituye en esa nueva forma que a veces se denomina capitalismo cultural.» Bernard Stiegler, Mécréance et discrédit 3, pág. 39
    «Lo que ocurre entre las "ideas del 68" y el capitalismo constituye lo que podríamos llamar una astucia de la historia: los actores de 1968 creen combatir el capitalismo mientras que en realidad lo hacen evolucionar, lo acompañan y lo legitiman en su transformación, y a la vez que ellos mismos se creen transgresivos lo hacen devenir, lo hacen dar a luz aquello de lo que ya es portador en tanto necesidad histórica: un nubarrón que conlleva una tormenta pulsional sin precedentes, ya que constituye el principio de un sistema capitalista desprovisto de todo espíritu. En el lenguaje de Bertrand Gille, diríamos también que llevan a cabo un "ajuste" entre las evoluciones del sistema técnico y las del sistema económico —pero esto al precio de desajustes en las otras esferas y de la destrucción de bastantes otros sistemas, como la familia, el Estado, la bioesfera, etc., y sobre todo, el propio sistema psíquico, así como la economía libidinal donde se forma lo que conduce inevitablemente a un proceso de desindividuación generalizado.» Bernard Stiegler, Mécréance et discrédit 3, pág. 51

Así que en esa supuesta lógica del mercado de la que hablábamos arriba tenemos en realidad un mundo sin autoridad. Pero cuidado autoridad no es igual a autoritarismo, autoridad son potencias públicas haciendo frente a la irracionalidad del sistema técnico-industrial en el capitalismo cultural 'arrasa conciencias' (que diríamos en plan Stiegler).

Esto es, sin autoridad no es nada fácil poderse encontrar dentro de un circuito, muy necesario: el circuito que por su mera confección y su conservación como circuito largo del deseo (esto es, por su mera autoridad, ya que autoridad no es igual a represión) tiene que siempre permitir el autorizarte a ampliar esa natural necesidad de transgresión que abre las dinámicas y la vida de una sociedad —ahora mundial—, esto es, tiene que poder utilizarte en tanto singular, dar vida a tu singularidad en tanto ser singular —aparte de siempre también poder utilizar todos los demás procesos de individuación que se dan en el lado técnico-social—, utilizarte para por ejemplo la creación de las respuestas que necesita dicha 'sociedad' para no anquilosarse en sistemas industrial-espirituales caducos y destructivos. Cuando estos circuitos existen o se pretende que existen (lo público) están muy cortocircuitados por el mundo de los negocios, que los desborda y utiliza para ir a lo suyo.

Por tanto tendríamos un mundo (para Stiegler) donde en realidad se ataca de raíz, se destruye la energía creadora de deseo o creencias —en por ejemplo algo mejor—. Dichas creencias y dicho deseo se fundan en una elevación, un elevarse hacia lo mejor, cosa que para nada se trata de algo reaccionario: sin elevación no hay humanidad, esto es, no hay responsabilidad, esto es, no hay ninguna sociedad ni ningún 'mundo', ni buenos ni malos, ni estos ni 'otro mundo posible'. Dicha elevación debe ser permitida precisamente mediante una transgresión dentro de la autoridad (para ello tiene que existir esta autoridad en tanto cuidadosamente diferenciada del autoritarismo y la represión), una autoridad que te autorice a transgredir, esto es, a individuar tu campo psicosocial, modificando las significaciones en dicho campo, permitiendo así la continuación de la individuación psíquico-colectiva que a su vez se articula en la individuación del sistema técnico (y social), en aquella forma de un circuito fértil/fertilizante. Y este ataque o destrucción del deseo en el capitalismo pulsional supone, por lo general, un auténtico desastre.

Y aquí, por cierto, como se ve, con esas 'creencias' no hacemos para nada referencia —en lo esencial— a una supuesta necesidad de creer en dioses de religiones, o en un regreso a los "valores tradicionales"…, etc. El mundo del espíritu es mucho más que eso, tiene que ver con creer en este mundo, mundo que se abre gracias a nuestra dependencia para con la proteticidad técnica en forma de mnemotécnicas y técnicas a secas, y en la forma que tienen todas ellas de hacer sistema con nuestras psiques, nuestras sociedades y nuestra ecología global.

Valores de la fenomenología, diríamos, contra las percepciones a secas de la psicología, contra los actos reflejos de la psicología postulados como aquello que ella habría intentado que sustituyera al sentido común, sentido común que nos enseñaría más bien que esencialmente albergamos valoraciones, como creo que viene a decir Merleau-Ponty al principio de La estructura del comportamiento. Para empezar a hablar de esto podríamos esbozar algo torpemente: lo primero en el mundo animal y en el humano es el comportamiento, son los "valores", que orientarían la acción, valores-direcciones (en el sentido general de dirección), digamos, aprendidos en "mundos" diferentes en el caso de animales por un lado y de humanos por otro:
- animales: valores-orientaciones para el comportamiento en un mundo cambia fundamentalmente a ritmo biológico, que lo fundamental no sería el cambio a ritmo de ninguna consciencia.
- humanos: orientaciones que estarían "más" abiertas por definición, pues al tener consciencia podemos «variar y escoger los puntos de vista», permitiéndonos «crear instrumentos, ya no bajo la presión de una situación de hecho, sino por un uso virtual, y en particular para la creación de otros» (pág. 190).

Una de las imágenes que usa Merleau-Ponty, por aproximarla un poco a las "mecanicistas" en su texto, es de (pág. 12): los organismos serían pianos que se tocan a sí mismos de tal manera que ofrecen —a ritmos variables— unas u otras de sus notas a la acción en sí misma monótona de un martillo externo.

Preciosa imagen para sustituir la que podríamos sacar de la psicología de su época que él critica (y que es quizá nuestro sentido común ahora en parte, cuando es un sentido común luchando contra uno más común que nos dice que tenemos intenciones, valoraciones, etc.) donde los organismos serían pianos que el mundo exterior tocara directamente.

Siguiendo con el tema:

La simulación de autoridad en el general devenir para-suicida se da de parte del éxito en los negocios, éxito comercial. Podemos ver el nuevo tipo de ataque que supone ese nuevo fascismo posmoderno del estilo de lo que se propugna por ejemplo en esos canales de la televisión digital, TDT, que han sido recientemente impuestos en España: por ejemplo libertad digital, donde hace poco se apareció sin ir más lejos el destructivo y demoníaco espectro de Aznar, ex-presidente de España y tejano (de Texas) de adopción.

La no-autoridad es el proceso capitalista, donde el capital hace más capital, inercialmente, con una primitiva concepción del valor, de lo que tiene valor, de lo que vale: solamente monetario, y en un largo proceso en el que la confianza (en los negocios) sustituye a la creencia (en otro mundo que no sea este), pero que, al ser la confianza sin objeto, termina por meter todo objeto en un in-mundo de cálculos sin fin, y termina por destruir el objeto de la creencia, no solamente la creencia, y, por tanto, termina destruyendo la sociedad (como viene a decir Stiegler).

Sin embargo, ya podemos establecer a nivel mundial un cuidado proceso (via la informática, por ejemplo) de construcción, estudio, vigilancia, composición, entre todos los nuevos/viejos valores, materiales y espirituales a la vez, "valores" en el mismo sentido (pero a desplegar de muchas maneras) en que ahora una pieza monetaria tiene valor:

- es representante de una confianza mundial depositada en esa materia, y a la vez es
- tiempo de trabajo-acción en reserva,
- anticipación de mundos futuros.

Valores que, por lo dicho, por su instrínseco ser material y a la vez espiritual, como se ve, nunca habrá que depositar en categorías abstractas (como el "esfuerzo" u otros valores más morales); valores que hay que ayudar a crear, a plantearles sus marcos de facilitación para una creación global; valores a respetar y constantemente a reinventar; valores en los que hay que creer (material-espiritualmente) de forma colectiva, y en parte como sustitución del monovalor monetario de la inercia capitalista, defendido básicamente aún por una enorme panda de mafiosos y ciegos representantes de las ideologías y prácticas capitalistas.

En realidad estos son "valores" que ya están aquí, y que pueden hacer y ya hacen este mundo habitable: ecológicos, sociales, etc.

El panorama es por otra parte sin embargo desolador, pues ante la necesidad de tomar medidas globales ya, de todo tipo, en los estados y en las instancias públicas prolifera sin embargo la canallería de todo pelo.

Las medidas que en parte el sistema industrial ya pide y ya lleva a cabo son:

- económico-ecológicas; por ejemplo en cuanto al consabido problema de la energía, pero también en lo tocante a los paradigmas de la en realidad regresiva medicina occidental, medicina que hay que poner seriamente en una cuarentena global* en sus aspectos más nefastos (que no son pocos) tras todo el siglo XX que ha consistido en literales ataques orquestados de la industria armamentística junto con la farmacéutica y la mediática, para por ejemplo inculcar ciertas mentiras: la intrínseca maldad de virus y bacterias… Ya hay algo hecho al parecer en contra de este paradigma guerrero de la medicina, ya que en muchos lugares de Europa sí que se contempla algo más institucionalmente, al parecer, como alternativa/complemento a esa contaminación constante con antibióticos y con miedo irracional que llamamos medicina occidental, sí que se contemplan, digo, prácticas fundamentales, menos suicidas, como la medicina china, etc.

- espirituales: en el sentido de cuidado de la singularidad y de la individuación psicosocial-técnica a nivel mundial…, de la que ya hemos hablado y hablaremos.

Vemos entonces que en vez de la organización de un frente racional frente a la irracionalidad del mercado y su acriticismo, vemos, en un primer momento, situarse el descuido por la destrucción, la insensatez, la brutalidad y la estupidez, por ejemplo en la forma de esos no-pensamientos de mónadas gamberras situadas en la punta del castillo de fuegos artificial-pulsionales, entre ellos el del famoso neo-liberalismo o del liberalismo a secas, del que ya hemos dado una definición.

Es este "liberalismo" una especie de no-pensamiento: un simple mecanismo adaptativo al infernal agenciamiento entre estados y multinacionales: unos Estados que por ejemplo pagan esas plazas de universidad que ocupan economistas liberales, y a su vez éstos se pagan muy mucho de hacerle bien la cama a las multinacionales y/o a los políticos desmotivados, que, tras su frustrante carrera quizá terminen haciéndose auditores de una multinacional cualquiera. Un mecanismo adaptativo barnizado a veces con muy sutiles capas de libros, curriculums, etc., jugando todo ello a sintonizarse con las inercias del enorme entramado económico global, en lo que es en realidad una no-lógica: del sálvese quien pueda y del tonto el último.

A estas alturas de la película, cuando "el mercado" es tan desigual, cuando por ejemplo lo que se paga, a lo largo del mundo, por el trabajo, varía mucho dependiendo de los países donde te encuentres, esto es, dependiendo de las injustas relaciones poscoloniales que heredamos, a estas alturas, digo, ya nadie debería poder creer a los ideólogos liberales de cualquier tipo, que se aprovechan de la inercia de esa situación y de los fuegos artificiales para llevar a cabo la continuación de la destrucción de lo politico (política que es algo a reinventar, como ocurre siempre en cualquier circuito de transindividuación, donde hay que re-individuar, transindividuar, "ideas"; una política a reinventar sobre estas nuevas condiciones técnicas en esta era tecnológica de la comunicación y el psicopoder), destrucción política en que parece haber consistido básicamente el siglo XX —al menos de esto en España a estas alturas tenemos bastante clara su orquestación.

Verdaderamente, a veces parece posible creer que, en cuanto a guerras y destrucción, no hayamos visto nada en el siglo XX. No sabemos hasta dónde pueden llegar los efectos de esta guerra psicológica, del psicopoder, que ha consistido en el siglo XX la destrucción de las consciencias perpetrada en parte por las multinacionales mediante el consentimiento de los Estados y via el monopolio de las industrias culturales (por ejemplo televisión), para conseguir vender cada vez más productos industriales y perpetrar la invención de cada vez más necesidades, en una envenenada simbiosis entre producción y consumo mediante la bisagra de la ruptura de las consciencias, como decíamos.

Estos efectos en realidad ya toman la forma de 'genocidios multidimensionales', por ejemplo el que se lleva a cabo bajo la forma de la medicalización autoritaria (por ejemplo en el aterrorizar a la gente con virus, en concreto con la hipótesis falsa que liga el virus VIH y el síndrome llamado SIDA, síndrome que sería en realidad una enfermedad tóxica, no infecciosa; aunque este problema valdría en general quizá para casi todas las supuestas "enfermedades" por virus, por ejemplo en los supuestos problemas con las gripes).

Vamos a ir completando este artículo con más cosas sobre esta guerra psicológica, introduciendo, en este post de la serie "cosas a seguir", algunas notas que serán para empezar de Bernard Stiegler, acerca de la reinvención del sistema espiritual-industrial.

* ver por ejemplo en este dramático caso reciente hasta dónde puede llegar un agenciamiento médico-jurídico.