Agamben y la película "Lobo". (2004)
Ciencia y la película "El lobo". Homo sacer; homo hominis lupus; los expertos.
Así de entrada, diréis, ¿cómo va a mezclar todo esto ↑ (del título), en el mismo texto, este idiota? Por ahora con dificultad, resumir es muy difícil, y poco a poco lo vamos a esbozar para que alguien, milagrosamente, se ponga a ayudar. Habría que copiar y parafrasear textos largos, pero... ahí va, lo he separado en dos secciones. Hay que tratar más extensamente todo, por ejemplo las cosas de Badiou: "genericidad" y procesos que atañen a "las verdades", vistos como "agujereando los saberes": como los políticos, la ciencia, el amor, etc... Y el dichoso Latour que tanto nombro...En particular recomiendo más abajo la referencia a la -más- "verdadera" interpretación de aquella frase tan famosa de Hobbes, la de "el hombre es un lobo para el hombre". La interpretación que da Agamben es básica y muy diferente de "la corriente"; aunque abajo sólo indicamos dos cosas. En el texto se tratan aparentemente temas muy distintos, quizás sólo debiéramos haber hablado de la frasecita de Hobbes, aunque la intuición fundamental que me hizo hacer este texto y perderme en introducir varias cosas está compuesta de dos cosas: la de un plano de la película, en la que ocurre cierto paso a la condición real de nuestra política, a cierto estado de excepción, cuando Lobo se da cuenta de su verdadero papel y segundo, la percepción "política" y general de los expertos, el poder (lo que toca por tanto con "la ciencia", que es lo primero que tratamos, para ver si os surgen reacciones parecidas.).
1.- Ciencia, "decir".
Se requiere cuidado a la hora de hablar, eso parece cada vez más. Quizá, aparte de cuidado, algún tipo de ruptura, parada, acontecimiento, etc. Desde luego ambos, cuidado y paradas, están relacionados.
Quizá leyendo a Bruno Latour, del que puse hace poco algo aquí, podamos explicitar los cuidados que en cierto modo se requieren ahora.
Hay una concepción de la ciencia que es la que la mueve la propia ciencia, una "alegría activa" y a su vez un cuidado crítico en el obrar, cierto desapego, cierto amor a la novedad y a lo viejo, a lo novedosamente antiguo, a la conjunción, a la composición de más y más "no humanos" con los humanos (teorías, objetos), proceso por el cual se crea necesariamente un "mundo diferente", nuevo e impensado, que además influye más allá de lo académico (desde -o antes de él- el ejemplo que pone Latour -con Pasteur-, se pueden poner muchos más).
El mundo "es" sencillamente porque es diferente, y entre ambas cosas no hay nadie ni nada que todo lo sepa-guíe, "dios ha muerto", se dice. Si uno no quiere totalmente dejar de usar esas palabras, como 'Dios', al menos que se ha de "complementar", usar dioses más dinámicos y ateos, como la especie de "dialéctica" que se trajo no hace mucho tiempo entre manos Alain Badiou con su "ser" y "acontecimiento", (a combinar, a ser posible, con las (a)categorías deleuzianas y de los estudios de la ciencia, etc. ¿Estas proposiciones filosóficas son sólo "cosas para intelectuales" o cosas a extirpar? ¿Nuevas religiones? Obviamente no, claro. Para hablar entre nosotros, los humanos, no tenemos por qué estar siempre usando las mismas palabras, debemos usar metáforas siempre, además, y hay que tener en cuenta que nosotros somos los que hacemos la ciencia, que constituye en cierta medida la materia de las sociedades, etc. No somos objetos científicos usuales. Esas herramientas por tanto transforman nuestra forma de hablar y pensar, entender, nuestra forma y capacidad de defender incluso las propias ciencias (con minúscula), nuestras interacciones, pedagógicas, laborales...
Si los filósofos hablan con tanto convencimiento rodeándose de palabras como "ontología"..., es simplemente porque lo normal es que lo que entendemos por "mundo" esté trabajado, o excesivamente construído -y de forma interesadamente irrealista- sobre una concepción "plena" y atemporal, totalizadora desde arriba y "arrelacional", una especie de "dictadura de algo": "sólo hay ser", digámoslo así. De hecho, parece que el que digamos "el tiempo" ya será sintomático, el que nuestra representación del "tiempo" por esta parte del mundo sea la línea que permite tanto hacer física básica como vivir en esta sociedad ya nos da cuenta quizá de la dimensión de lo que nos traemos entre manos. Estamos afectados de cierta pureza y de ciertos "dioses" que... otra vez en esta parte del mundo...: ¿son en realidad dioses-hechos? ¿Muchos se han disimulado y hecho objetos? ¿Quizá por empezar por algún sitio: el reloj es uno de ellos? ¿Hemos pasado a una religión de los hechos, unos hechos hechos irreconocibles y hechos materia muy rápida y "acríticamente"?
Por tanto en ciencia nacen teorías, se suman, conviven, se ponen en circulación métodos de experimentación y objetos, nuevos. Pero la ciencia normalmente no se suele autoanalizar, y menos analizará su interpenetración -siempre existente y siempre sin vuelta atrás- con "lo social".
Primero como dije, es necesario quizás cierto "salirse" y aplicar cierta "ontología" menos quietista, y de hecho "más científica", y abordar el que no sólo pensamos el supuesto "mundo exterior" que tanto nos cuesta "separar", o "limpiar-para-poder-investigar", cuando "pensamos". Para decirlo pronto y mal, por ejemplo un electrón, en realidad, bien mirado, es también toda esa multiplicidad de relaciones, multiplicidad algo antiplatónica y difícil de tragar para la que quizá ciertamente no tengamos muchas categorías en nuestro lenguaje, pero que se crea en esas articulaciones inconscientes de la ciencia, la ciencia con minúsculas, la que no necesariamente hace proselitismo absurdo, la que no está jubilada ni retirada a hablar en la comunidad política o "cultural" sobre lo malo que es el populacho, etc*.
Así que apuesto por algo: cierto "platonismo activo" y antiplatónico, con Alain Badiou, pero también con Latour, aunque ahora puede parecerme algo contradictorio, y con Deleuze, etc. El platonismo "bueno" es un recurso a cuidar y preservar ¡pero en su respectivo campo de aplicación!, y sólo si lo necesitamos, sea lo que sea a lo que nos estemos refiriendo. Si no, quizás nos quedemos sin ciencia y también, quizás indirectamente y por añadidura, sin sociedad.
En realidad y por cierto, este platonismo no da cuenta realmente de Platón, de la filosofía, del importante giro platónico, de la invención platónica de la filosofía --sin entrar en el "fallo" que tan convincentemente señala Latour y que configura nuestra cultura, al parecer, en relación a una de las facetas destructivas de Platón y sus interpretaciones de siglos posteriores: el cargarse intelectualmente la esfera política por haber introducido sin cuidado "en lo humano-animal" la "esfera de la demostración matemática", sin ningún cuidado--. Podríamos decir que se hace "platonismo sin filosofía", cosa imposible. En su época, Platón --como cuenta Alain Badiou-- persiguió la intrincación de la matemática y la filosofía, cosa que duró más o menos hasta el romanticismo. Y "hay que" salir de este romanticismo, religar filosofía y matemáticas para propulsar ambas, por cierto.
Esta sociedad depende de una ciencia que no es inmutable ante la entrada de los valores capitalistas, y que ya jamás será meramente la "ciencia" que muchos teníamos en la cabeza y que sigue funcionando como ingenuo ideal en algunas ciencias más que en otras. Y, por ponernos "finalistas": para "crear-educar" de verdad seres científicos --de ciencia con minúscula--, esto es, en realidad, seres de este planeta, y seres por tanto "capaces de política", deberíamos permitir disfrutar, conocer, en mayor medida o en algún momento, a la gente, la ciencia con minúsculas, la que permea nuestro mundo, mediante unas herramientas con las que podamos hablar realmente, realistamente, de la misma, y no con nuestras platónicas insustancialidades. Hablamos de esa ciencia que piensa y la que en ese su pensar no se piensa a sí misma, ciencia "de verdad" que es la condición de todo pensamiento de la ciencia y por tanto de la política actual, y de todo pensamiento filosófico (las condiciones de la filosofía son --para Badiou-- las de Platón: la política, la ciencia, el amor y el arte, siendo cada una de ellas, en cierto modo, pensamientos que no se piensan. La filosofía está condicionada por ellas no debido a otra cosa que porque en ella se trata de composibilidades. Por poner otro ejemplo, si se lee a Deleuze-Guattari se nota claramente cómo condicionan su filosofía la mecánica cuántica o ciertas matemáticas. Badiou ahonda profundamente en una conceptualización muy concreta de parte de las matemáticas para hacer algo aparentemente bastante más platónico que Deleuze pero no por ello sin utilidad, seguramente, para lo que nos traemos entre manos.
2.- El lobo, bandidos, homo sacer, el hombre lobo, expertos.
Aparentemente ahora cambiamos de tema, pero ya veréis que saldremos hacia lo mismo, y desde una óptica "política". Vamos a hablar de expertos, y voy a usar el libro de Giorgio Agamben: "Homo sacer".
Hace poco hablamos en el diario de una película, "El lobo". El protagonista es un infiltrado en el grupo terrorista más famoso de este país, España, y es una historia basada en hechos reales que suceden hace unos 30 años. Lobo se convierte, llegado un momento, en --a todas luces-- alguien-al-que-se-le-puede-dar-muerte sin que pase nada pero que es también algo insacrificable, sagrado (dependiendo de los otros sujetos, pero es así). No está ni dentro ni fuera de la "comunidad política", es lo que se dice en realidad un homo sacer.
Antes de seguir explicando o citando a Agamben, algunas definiciones (por la rae) de las palabras que este autor nos muestra, emparentadas y en relación a lo que nos trae aquí:
banir: (Del fr. bannir, y este del franco bannjan, desterrar).
1. . tr. ant. Pregonar a alguien por un delito.
¿Es Lobo un bandido? Veamos pues esta otra
bandido: (Del part. del ant. bandir).
- 1. . adj. Fugitivo de la justicia llamado por bando (1). U. t. c. s.
- 2. . m. y f. Persona que roba en los despoblados, salteador de caminos.
- 3. . m. y f. Persona perversa, engañadora o estafadora. U. t. c. adj. U. t. en sent. fest. o afect.
bando (1). (Del fr. ban, y este del franco ban, con infl. de bando2).
- 1. . m. Edicto o mandato solemnemente publicado de orden superior.
- 2. . m. Solemnidad o acto de publicarlo.
A Lobo, pues, le engañaron, como se ve en la película, es en cierto modo fugitivo, está "banido" pero curiosamente desde, en, dentro del mismo "poder" (¡!) No podía estar más pegado al mismo, al poder soberano, a sus fundamentos, no podría ser más político. (Espero que basten estas sugerencias para incitar a algo). Así que el homo sacer "sabe" demasiado, es demasiado, es homo sacer. Está a-bando-nado.
Ahora llega el momento, de que a modo de collage incitador traslademos la siguiente apreciación de Agamben que encaja perfectamente -pues es de lo que trata en el contexto del párrafo extraído- (los comentarios entre corchetes '[ ]' son míos:
-
"Sólo a esta luz adquiere su sentido propio el mitologema
hobbesiano del estado de naturaleza. Como ya hemos visto, el estado de
naturaleza no es una época real, cronológicamente
anterior a la fundación de la Ciudad, sino un principio interno
a ésta, que aparece en el momento en que la Ciudad es
considerada tanquam dissoluta (algo similar, pues, al estado de
excepción). Así, cuando Hobbes funda la soberanía
por medio de la remisión al homo hominis lupus [esta sí
nos la sabemos todos: "el hombre es un lobo para el hombre"], es
preciso advertir que el lobo es en este caso un eco del wargus y del
caput lupinum [cosas que explica en el texto pero que tienen que ver
con las definiciones de bando, bandido, etc, y con el caso de nuestro
Lobo, que claramente podría haber sido bautizado así a
raíz del tema de Hobbes y de la interpretación
--más-- correcta que da Agamben] de las leyes de Eduardo el
Confesor: no simplemente fera bestia y vida natural, sino más
bien zona de indistinción entre lo humano y lo animal,
licántropo, hombre que se transforma en lobo y lobo que se
convierte en hombre: es decir, banido, homo sacer. El estado de
naturaleza hobbesiano no es una condición prejurídica
completamente indiferente al derecho de la ciudad, sino la
excepción y el umbral que constituyen ese derecho y habitan en
él; no es tanto una guerra de todos contra todos, cuanto,
más exactamente, una condición en que cada uno es para el
otro nuda vida [esto es, simplemente "vida", ajena a cualquier
ligazón comunitaria humana, algo de cierto modo ni social ni
animal, concepto que no existía, dice, entre los conceptos
griegos para la vida humana pero que se ha ido "realizando" más
y más en los hechos y que tiene que ver con nuestro tema de los
expertos y la política] y homo sacer, en que cada uno es, pues,
wargus, gerit caput lupinum [lo siento, no vienen las traducciones en
el libro].
Este "homo sacer" es el paradigma según Agamben del poder
soberano, y en la película vemos que aquellos que mandan sobre
Lobo, crean a nuestro Lobo, a nuestro futuro licántropo, en su
devenir homo sacer son representantes de tal poder soberano. Recordemos
que Lobo deviene alguien que tiene que esconderse, un cierto tipo de "lobo para el hombre", al igual que lo son también sus jefes,
licántropos, al menos por compartir tantos secretos y tales
tareas "soberanas". "El homo sacer [...] habita establemente en la
ciudad", dice Agamben.
Agamben por tanto, va a querer, como tantos, que nos despidamos de la
ilusión aquella de que el "acto político originario" sea
ese "contrato" que sella "de una manera precisa y definitiva el paso de
la naturaleza al Estado". El contrato original no es tal cosa, es el
bando que vimos antes, es ese hecho de la ligazón de un poder
soberano a una vida de homo sacer, una vida desnuda, "nuda vida", que
dice. Cito unas últimas frases de Agamben para que quizá
tengáis más ganas aún de entrar en su libro: "La
errada comprensión del mitologema hobbesiano en términos
de contrato y no de bando ha supuesto la condena a la impotencia de la
democracia cada vez que se trataba de afrontar el problema del poder
soberano y, al mismo tiempo, la ha hecho constitutivamente incapaz de
pensar verdaderamente una política no estatal en la modernidad."
Y ahora lo prometido, aunque sólo esbozado (como pidiendo ayuda): lo que liga este "otro" tema con el de la ciencia.
Es obvio que ahora ni nunca el poder
fue ajeno a lo científico, lo tecnocientífico. De hecho,
si rebajamos, tanto como quiere nuestra actual época el adjetivo
"científico", esos "dueños" de nuestro Lobo lo son en
cierto modo, pues en la película son los "expertos", aunque se
les ve la cara ciertamente no profesional. Son intocables, y
quizá debido a albergar esa otra cara, a ese tener que ver con
ese poder, son expertos.
Podréis ver en el libro de Agamben expuesto sucintamente en
algún caso cómo la política de los estados
actuales "democráticos" se está poniendo a regular,
legislar, y hacer sutilmente cosas similares a lo que se hizo en lo que
es el paradigma donde se aislaban y creaban muchos homo sacer, en
diversos regímenes políticos (desde la "democracia"
estadounidense al "comunismo" o a la Alemania del nazismo): el campo de
concentración. Extraigamos sólo una frase, que ya es muy
tarde, lo dejaremos para otro día; una frase que incite
aún más a pensar: "lo que aquí nos interesa
especialmente es, sin embargo, que en el horizonte biopolítico
que es característico de la modernidad, el médico y el
científico se mueven en esa tierra de nadie en la que, en otro
tiempo, sólo el soberano podía penetrar".
Se trata de mera constatación de hechos y de los campos de
concentración nazis salen los ejemplos más extremos pero
que, por el motivo que sea, sí que tienen parangón con
fenómenos que ocurren en nuestras democracias.
Para terminar, una oración :) hay que inventar, aprender es
inventar, ¿es obvio? ¿coordenadas de la política?:
que todo se parezca lo menos posible a ¿qué? ¿la
nuda vida? ¿verdad que por ejemplo en las instituciones
educativas nadie os preguntó lo que queríais?
¿Verdad que allí se os requirió como mero
"calienta-asientos" la mayor parte de las veces en esos interminables
años de "escuela"? ¿Hagamos el mundo lo contrario de un
campo de concentración antes de que nos pille el toro y se le parezca demasiado?
