He aquí unas palabras de Badiou en una parte de su seminario actual en París, han sido anotadas por quien ha tenido a bien hacérnoslas llegar: J. C. H. ¡Gracias!
Las notas o acotaciones del mismo van a ir entre corchetes, y las pocas mías entre dos corchetes.
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Dentro de una multiplicidad tal que aparece en un mundo conforme al régimen transcendental de aparición de ese mundo (ser-ahí), existe un componente que puede llamarse minimal, y que aparece según el más mínimo grado de existencia. Es el componente minimal, la existencia minimal, que en ese mundo, equivale a no existir. Desde ese punto de vista, no existe en absoluto. Pero si hubiera un dios que tuviera acceso a todos los mundos, vería que existe, minimalmente.
El inexistente. La existencia más débil. Sólo hay uno, dentro de cada ente (mundo, ser-ahí). El inexistente de ese mundo. No tiene caracterización ontológica, sólo existencial.
Proletariado: el inexistente de la situación política en el siglo XIX. Tiene ser económico y social, no existencia. grado de aparición en el régimen transcendental político: 0.
No somos nada, seámoslo todo (la internacional).
El transcendental [[en estas páginas tenemos textos de Badiou donde hemos traducido "le trascendental" de forma parecida a la de Hallward: "el régimen trascendental"]] tiene que cambiar para que el inexistente cambie también. El transcendental y el punto de inexistencia van unidos.
Enjeu de Derrida: inscribir el inexistente. Y reconocer en el trabajo de la inscripción del inexistente, que esta inscripción es propiamente hablando imposible.
Enjeu de la escritura de Derrida (acto propio de su pensamiento): inscribir la imposibilidad de de la inscripción del inexistente como forma de su inscripción.
Derrida hablaba al final de su vida que si había algo urgente por deconstruir era la deconstrucción misma (y la deconstrucción abriría esta posibilidad).
Dar un significado a la deconstrucción es dilapidarla.
¿Por qué conservaba Derrida entonces la palabra deconstrucción?
Según Badiou, porque evitaba una tendencia/deseo especulativo fundamental de su pensamiento. Pues la deconstrucción era su deconstrucción. El deseo de Derrida, frente a los estructuralistas (todo en la existencia es imposición, de discursos, de cuerpos, de sexos…), es que en todo mundo hay un punto que le escapa: el punto de fuga. Que huye de la regla del dispositivo de imposición. Entonces la tarea del pensamiento y la escritura es la de localizar este punto. Pero sin alcanzarlo/cogerlo, porque alcanzarlo sería perderlo: aquí está todo el problema. Pues el punto huye, y por tanto no puede cogerse.
Lo que podría llamarse el problema de Derrida: ¿Qué es localizar una fuga?
(no localizar lo que huye, sino la fuga, como punto) si se coge la fuga, se suprime.
Hay en Derrida un gesto de mostración, un gesto de escritura. Mostrando el punto de fuga y dejándolo fugarse al mismo tiempo. C’est Peut-être là, attention. Mais laissez-le fuir, Ne pas l’arrêter (tal vez esté ahí, cuidado. Pero dejadla huir, no la paréis).
Derrida es lo contrario de un cazador, que espera que la bestia se pare para dispararle. Derrida muestra la bestia mientras huye, en su esencial desaparecer. En el bosque del sentido, localizar la fuga como fuga. Todo aparecer se sostiene de un desaparecer.
Pero incluso localizar el punto de fuga es imposible, porque el punto de fuga es eso que en el lugar está fuera-de-lugar, está fuera-de-lugar en el lugar. Por tanto no podemos llegar a localizarlo exactamente.
Lo que se puede hacer es restringir la fuga (recorrer el bosque de manera más clara, sin tanta oscuridad). Si no se quiere tocar la fuga, se puede hacer que la disposición discursiva, la obligación lingüística, no sea de un modo que el espacio de fuga lo recubra todo. Porque entonces no se localiza el inexistente, se está en el espacio de lo general (y lo general acaba con la fuga). Hay que restringir el espacio de camino para estar más cerca del espacio en donde eso se fuga. Hay que estar lo más cerca posible de ese no-lugar. la deconstrucción consiste en restringir las fórmulas discursivas de tal modo que el espacio de fuga sea localizable. Es esencialmente una cartografía.
El tesoro está ahí, la fuente está hay… pero no hay que decirlo muy fuerte, que si no el tesoro se va. Un plano, pero un plano muy vago, para no pisar el tesoro (punto de fuga).
El imperativo es: dulcemente (lentamente).
Por ejemplo, las grandes oposiciones metafísicas. No hay aquí localización posible de fuera-de-lugar en el lugar...
Por ejemplo, la différance, término único que alcanzaría la restricción del punto de fuga [singularidad para la singularidad]. Respecto de Heidegger, pone en fuga lo binario de la distinción entre ser y ente. La différance es irreductible a esta oposición.
[Badiou: es superficial en la lectura del pensamiento de los otros –no sale de los tópicos, aquí oposiciones binarias para Heidegger-, pero profundo en su lectura de los otros. Son los otros los que contribuyen a Badiou, Badiou siempre gana el listo]
Lo mismo con judío/árabe, democracia/totalitarismo… mismo método, localizar el punto de fuga.
Jacques Derrida es el hombre que reabre (déclasse) los expedientes cerrados (clásses).
Derrida: corageux homme de paix.
Todo lo que se excepta (se hace excepción, se fuga…) de una oposición, es del orden de la paz, para Derrida. Toda paz verdadera se alcanza por un acuerdo no sobre lo que existe sino sobre lo que inexiste [!]. El inexistente es el punto invisible de toda paz.
Pero esta “política” no conviene a los tiempos de tempestad, en que las decisiones han de tomarse aquí y ahora.
Paciente deconstrucción de las oposiciones frente a la filosofía del conflicto del uno se divide en dos.
Derrida debía ausentarse en estos conflictos (años rojos). Exilio interior.
Hay una dulzura, delicadeza, en el pensamiento de Derrida. El tocar derridiano. En el libro toucher con Jean-Luc Nancy, tratado del alma, libro muy bello, aristotélico [recordar a Gabilondo, el dios de Aristóteles es el dios que se toca a sí mismo todo el rato, jejeje] la oposición es la del pensamiento y lo sensible. ¿Cuál es el punto de fuga? Algo tan delicado en el pensamiento, que casi toca lo sensible. Tocar. Por eso el pensamiento de Derrida tiende más al diálogo [no en la forma, sino en el hablar con, pensar con…]. Posición femenina: porque en el diálogo con una posición heterónoma, tal vez se llegue a tocar lo que huye a la ley, nómos. al menos se llega a acariciarlo al pasar.
Deseo filosófico de Derrida: tocar, acariciando al paso. Deseo del inexistente. Como todo deseo, al final hay que tumbar en alguna parte al inexistente [acostarlo, tal vez acostarse con él].
Y para Badiou, esto tiende a ser la nada. Pero en ningún caso puede decirse que el inexistente sea la nada. Ahí reside el verdadero error metafísico. Error metafísico por excelencia: haber identificado el inexistente a la nada. Porque el inexistente es, precisamente. es absolutamente.
Nous ne sommes rien, soyons tout (international). Révolution : el inexistente alega de su ser múltiple para declarar que va a existir absolutamente. esto cambia el mundo, el [[régimen]] transcendental del mundo.
El inexistente es nada, pero eso no quiere decir (desde Platón) que nada sea. Pues es nada-en-el-mundo.
Prosa de Derrida: deslizamientos alternados. Deslizamiento entre:
-si dices que el inexistente es, no respetas, natural y absolutamente, a lo que no existe.
-pero si te contentas con decir que no existe, no respetas a lo que es.
En el deslizamiento del uno al otro, se alternan las posiciones, y ninguna oposición puede constituirse. El inexistente en tanto que inexistente está en el fondo del arte de la deconstrucción porque ninguna oposición lo puede localizar, y tal vez porque es el punto real de los deslizamientos alternados [negrita de JCH].
Porque se desliza del ser a la inexistencia, y de la inexistencia al ser.
Lógica no de la afirmación y de la negación (que en Derrida no se autoriza), sino una lógica de la inexistencia, por tanto de los deslizamientos alternados.
La reconstrucción acaba cuando el espacio lógico en que se opera ya no es el de la oposición entre la afirmación y el de la negación. Tocar es eso. Es un operador lógico.
Ideal de la construcción: relacionarse con un texto (o con una situación política) como una caricia amorosa se relaciona con un cuerpo. Ideal del tocar. En el tocar de la caricia amorosa, lo que toca no está separado por eso que toca más que por una inexistencia. Un punto de fuga inasible.
Deslizamiento esencial: entre ser y existir desde el punto del inexistente.
Derrida ha instalado en el lenguaje este deslizamiento. Ha tratado de decir que toda verdadera palabra es un deslizamiento. No una referencia, no significante/significado… un deslizamiento. Un deslizamiento entre ser y existencia bajo la injunción del inexistente. Una palabra está afinada cuando se desliza según el inexistente.
La mostración del deslizamiento sostiene el deseo del inexistente. Hay que mostrar el punto de fuga haciendo huir la lengua. Se debe organizar una lengua de huida/fuga, para cartografiar la fuga.
Como dijo Génet: mi victoria será verbal.
Homenaje a Derrida, y a nuestra última reconciliación (no consumada del todo), pues a mí también me parece que el inexistente es un punto esencial del pensamiento: escribiré inexistance (inexistencia) con una “a”. La inexistancia, como él inventó la diferancia.
La palabra diferancia es la operación con la que Derrida quiso acostar (coucher) la inexistencia, tumbarla en la página. Acostarla como uno se acuesta [juego de palabras todo el rato con acostarse con, con follar vaya] en la página, como uno couche por escrito.
Él ha tratado de acostarse con la inexistencia, con la diferancia como acto de escritura, como deslizamiento. Del mismo modo, yo trataré de acostarme con la inexistencia deslizando la “e” hacia la “a", inexistancia. Para que esto signifique que aún en esta manera mundana de existir, su ser no es menos irreductible.
La “a” indicará en la inexistancia que el ser en ella sobrevive.
No somos nada, seámoslo todo. Es el imperativo de la inexistancia con a. Seguimos ahí.
Muchísimas gracias a Jacques Derrida por haber sido el guardián vigilante de este imperativo. "
Derrida o la localización de la inexistencia. Alain Badiou.

