Esferas
(Versión pdf aquí ) « La explicación no es necesaria para remediar una incapacidad de comprensión. Todo lo contrario, es la ficción de "la incapacidad" lo que estructura la concepción explicadora del mundo». (Jacques Rancière en "el maestro ignorante" (i))
Hay mucha filosofía espontánea acerca de las cajitas, esferas, etc., donde podemos pasar nuestras vidas o por las que podamos pasar. La literatura quizá es a veces la ciencia de los ser-devenir-en-cajitas y sus mezclas. La música hace cajas-torbellinos con nuestro ser... nos introduce en nuestra cultura sacándonos a nuestras variadas capacidades "internas" de "hacer torbellino" y crear con-stancias en el caos del silencio.
"Esferas" es nuestra primera sección sencillamente porque de la experiencia de entrar en el mundo a una esfera de co(m)-partición de problemas-lenguaje podemos extraer el concepto principal para el (mate)materialismo a realizar aquí. Como explica Sloterdijk, en cierto modo nunca hay "uno", o sólo lo hay en tanto que nacemos-esfera desde que somos meros fetos en la madre. Esos que serán nuestros futuros "mundo de lenguaje" y "percepciones" pueden reducirse (para "ampliarse") al principio de la vida (semi-simplificadoramente) a:
- ser-con-un-"otro" que además es accidentalmente palpable por nuestro ser-feto: el cordón umbilical + placenta (¿la placenta también?), y a
- ser-en-una-"otra" esfera líquida de la que poco a poco surgen las primeras preguntas-praxis, en la cual se empieza uno a preguntar-patalear, y en la que a duras penas se nos escucha pues debemos -ante todo- evadirnos del atronador "sonido" del corazón y sistema circulatorio de nuestras propias sufridas madres.
Esferopoeisis por tanto, uno de los "conceptos" usados por Sloterdijk y a explotar, matematizar... mezclar con lo que aquí nos ocupa en el resto de secciones (ver página principal para más explicaciones o la columna de la izquierda en esta misma página (autores) ).
Chicos y chicas: así que la new age no es otra cosa que "matemáticas" de la esfero-inclusividad-reflexividad ordenada-desordenada organizante-desorganizante.
Para recomenzar a ver de qué estamos hablando, copiemos un texto de dos profesores acerca de la investigación en matemáticas (los comentarios entre corchetes son míos y el texto está extraído del contexto de una divertida discusión mantenida en internet y en la cual copié el texto de dichos profesores) dicho texto empieza así:
"En el aprendizaje de cualquier rama del conocimiento es indispensable, para la mayoría de los mortales, un Maestro. [Añadirá más abajo que también es importante para el Maestro el Alumno]
La relación directa, oral, entre Maestro y Alumno es, sin duda alguna, la que produce el aprendizaje de mayor calidad.
Y si bien siempre han existido personas singulares que han desarrollado su genio sin necesidad de Maestro alguno, el actar este modo de aprender, para la mayoría de los humanos, no está exento de riesgo. El más obvio es que casi nadie tendría el tesón y paciencia necesarios para aprender; sobre todo durante la niñez, adolescencia y juventud, edades en que aún no está madura la personalidad."
Excepto por la afirmación final acerca de la "madurez" (yo no simplificaría tanto y además el problema está ahí) tenemos un ejemplo de alguien que nos está hablando de "esferas" (aunque quizá aún demasiado volcado hacia la "concepción explicadora" sobre la cual hablaremos ahora).
A veces las cosas son de cajón: si no estás en un sitio no estás en ese sitio, y punto. Esferas. (Pero cuidado con el "en" del "estar en", que obviamente no es sólo "estar en un lugar físico".)
Recordemos el tópico sobre cómo aprenden los niños a hablar: sumergiéndose en la problemática de "maestros" (padres, hermanos, etc.) que en realidad sólo les hacen "vivir" sus vidas, su círculo de necesidades y rutinas; nadie les explica nada, el paradigma no es "estar explicando" todo el rato. Como dice Rancière: " las palabras que el niño aprende mejor,
aquellas de las que absorbe mejor el sentido, de las que se apropia mejor para su
propio uso, son aquellas que aprende sin maestro explicador, con anterioridad a cualquier
maestro explicador". Igual ocurre en las esferas a las que nos referimos citando estos párrafos acerca de la investigación. Sumergirse es a veces lo fundamental, si no, no hay nadie que pueda ponerse en la piel de tener "problemas", de tener problemas que no son suyos, como los problemas matemáticos o los de la vida.
Nadie puede ser aquello que no se es.
La supervivencia individual -me refiero a la supervivencia por la mera supervivencia- es a veces un rollo, y la gente a veces se suicida digamos que por falta de dinámicas esferopoiéticas, etc. etc.
El texto sigue:
"Pero creo no equivocarme afirmando que esto es así, de modo radical en el caso de la Ciencia Matemática [por favor, no te asustes por sus mayúsculas, que tras tantos años...→ ]. Llevo treinta años de enseñanza de algunas ramas de esta materia a todos los niveles universitarios y estoy convencido de que la transmisión directa, muchas veces en ambos sentidos, entre Maestro y Alumno, no tiene sustituto posible. Y mi relación con estudiosos universitarios de otras materias no ha hecho sino confirmar este lugar singular que ocupan las Matemáticas respecto de las demás ramas del conocimiento. La única excepción posible creo que sería la Metafísica, pero no tengo por ahora experiencia suficiente para asegurarlo.
El conocimiento de las causas de tan peculiar situación no puede sino contribuir a esclarecer los procesos del entendimiento, de la intuición, de la voluntad, etcétera, que hacen posible la existencia de tan imponente barrera, levantada entre el discente y el docente."
A tal conocimiento o desconocimiento nos enfrentamos en esta sección de esferas. Y esto ya lo han camuflado nuestros autores en ese último párrafo con "transmisión directa": de lo que se trata ahí es de com-partir o co-crear "problemas". Palabra prohibida y escabrosa: 'compartir', quizá necesitada de cierta aplicación del "método" de la complejidad, para que salga transfigurada de sus normales asociaciones simplonas. Para resolver el problema nos serviremos en primer lugar de Jacques Rancière.
No se comparten los problemas, no verdaderamente desde el principio (y quizás esto forme parte y causa de que los llamemos 'problemas', quizás).
Por ejemplo en la universidad no se comparten (aunque la queja no es directa: hace falta sin duda, como decía Grothendieck, en algún momento, también, saber "estar solo"). No se comparten pues eso supondría distintas formas de repartir los trabajos y por tanto el dinero/machos-hembras/poder..., supondría otra sociedad, una sociedad donde se pone a trabajar la siguiente opinión que nos puede penetrar al contemplar evoluciones de dos niños muy pequeños: "tenemos inteligencias iguales" donde "iguales" es un operador(-"circularización"-complejización-embuclador) que habrá que poner a trabajar, y nunca una "constatación exacta". Tenemos ya sencillamente observable que las inteligencias son "igualmente" capaces de sumergirse en la esfera de nuestro idioma para aprender eso tan difícil: el idioma, y para aprender a ser. Las inteligencias se sumergen en esferas de problemas. Son siendo sumergidas y se hacen inteligencias sumergiéndose.
De lo que se trata es de compartir problemas y, por tanto, si se quiere o necesita [¿quién decide lo que se necesita?], se trata de incitar la voluntad para meterse en más y más problemas, y no de competir para ver quién sucede en el puesto al anterior hombre del sistema o del antisistema, políticamente correcto, que no sabe compartir problemas sino más bien explicar que nadie entiende.
Nuestra "sociedad" no está realmente por la labor de investigar, "educar", etc. No directamente. Es obvio. Aunque por otra parte, digamos, ya sabíamos que "nada es absoluto" (o que lo absoluto es la nada). Tenemos una sociedad del aburrimiento fielmente distribuida en castas por dicho aburrimiento "tradicional" que separa "aprender" de "comprender", trabajar de vivir, etc. Pero la cuestión es de grados, cómo y cuánto queremos qué cosa. No se trata de aparentar otra vez ingenuidad.
Ya estamos preparados y lo suficientemente aburridos como para extraer algo directamente del texto ya citado de Rancière, texto que es el que nos ha hecho fabricar el anterior párrafo. Se trata de su fantástico "el maestro ignorante": "es necesario
invertir la lógica del sistema explicador. La explicación no es necesaria para remediar
una incapacidad de comprensión. Todo lo contrario, esta incapacidad es la ficción que
estructura la concepción explicadora del mundo. El explicador es el que necesita del incapaz y no al revés, es él el que constituye al incapaz como tal. Explicar alguna cosa
a alguien, es primero demostrarle que no puede comprenderla por sí mismo."
En cada esfera tenéis casos estúpidos, por ejemplo en el escolasticismo de las ciencias físicas -algo vivido en persona- se sigue arrastrando la losa de la separación radical: mundo humano (identificado al grosero mecanicismo clásico medio inconscientemente) y por otra parte esa -para ellos- "extraña realidad de la mecánica cuántica" (no se entiende aún cómo circula ese discurso tan engañabobos). Los individuos humanos, como señala Morin (que otros señalaron antes), ya reflejan la "dualidad onda-partícula" (por cierto, típico y tonto problema del huevo y la gallina): somos humanos particulares (con o sin "derechos") porque somos de una especie de "continuo" cultural y/o tribal "ondulatorio". Historia del hablar de los flujos y de los fluidos que tiene varios milenios. No vamos a descubrir América.
(Por cierto, si siguiéramos por aquí nos veríamos obligados a hablar de "esferopoiesis", ya se hará en otro lugar. Radicalizar esto y ponerlo en consonancia con las esferomatematizaciones y métodos de "la complejidad" espero que nos lleve lejos.)
Así, por tanto, la sociedad es "explicativa" en tanto que no pretende crear lazos que realmente liguen los problemas, quizá porque los problemas están todos demasiado unidos: los políticos con los científicos y los de "las cosas", los de las penurias con los de las incomprensiones... Lo estatal crea cierto "vínculo" disolviendo la posibilidad del vínculo (oposiciones... sistema de educación... etc.).
Así que tenemos en nuestra sociedad un "principio del atontamiento" que la riega:
"El mito pedagógico divide el mundo en dos. Pero es necesario decir más precisamente
que divide la inteligencia en dos. Lo que dice es que existe una inteligencia inferior y
una inteligencia superior. La primera registra al azar las percepciones, retiene, interpreta
y repite empíricamente, en el estrecho círculo de las costumbres y de las necesidades.
Esa es la inteligencia del niño pequeño y del hombre del pueblo. La segunda conoce
las cosas a través de la razón, procede por método, de lo simple a lo complejo, de la
parte al todo. Es ella la que permite al maestro transmitir sus conocimientos adaptándolos
a las capacidades intelectuales del alumno y la que permite comprobar que el alumno
ha comprendido bien lo que ha aprendido. Tal es el principio de la explicación. Tal
será en adelante [...] el principio del atontamiento."
Es obvio, ¿cómo va a "comprender" nadie si "comprender" significa un difícil y cansino asimilar que no comprenderás a no ser que se te explique? ¿Cómo no van a dejarse atontar todos y cada uno de "los niños" cuando se les sumerge de sopetón y sin la capacidad de expresarse -y se les sumerge muy mal- en antiesferas de problemas "ya resueltos" que ellos nunca se han planteado ni van a vivir jamás? ¿Quién decide el qué y el cómo del futuro sumergirse en problemas? ¿Qué problemas? Hay muchas maneras de sumergirse en los mundos. Ninguna de tales maneras es "permitida" por cierto en los actuales sistemas de desvinculación y atontamiento, en esos campos de concentración del atontamiento.
Además, Rancière dará una definición del atontamiento: "en el acto de enseñar y aprender
hay dos voluntades y dos inteligencias. Se llamará atontamiento a su coincidencia." Y una de emancipación: "se llamará emancipación
a la diferencia conocida y mantenida de las dos relaciones, al acto de una inteligencia
que sólo obedece a sí misma, aunque la voluntad obedezca a otra voluntad."
Digamos rápidamente que en realidad alguien te enseña cuando te "da" una voluntad para sumergirte en otra/s inteligencia/s que no son ya necesariamente las vuestras, las del enseñante y el enseñado, por ejemplo otras inteligencias que pueda haber en posibles textos a estudiar, etc. Alguien te enseña cuando sin querer te has visto arrojado a una piscina de la que quieres pero no puedes salir, y en la que por tanto has de aprender a nadar, a caracterizar tus movimientos respecto a los del líquido particular del cual está hecha la piscina, aprender a componerte con la inteligencia de la piscina... De ahí que no sea necesario siempre que tu maestro sea sabio, de ahí la desesperación que mucha gente encuentra al entrar en aparatos educativos de los que "esperaban algo más", como pueda ser la universidad: donde no se encontraron con incitaciones de voluntad, no se encontraron siquiera con compañeros ignorantes que puedan ser verdaderos "maestros" (aunque desde muy temprano y en algunos casos sí se crearán, imagino, buenos equipos, por descontado).
Te enseñan por tanto cuando hacen crecer tu potencia-voluntad, pero en esa "diferencia" entre las dos relaciones. La vía rápida que no toman las pedagogías usuales es por tanto la de la libertad, no las aberraciones que plantea nuestra cultura de lo políticamente-correcto-espectacular, cuando ésta habla de "más esfuerzo" o "más libertad" en el contexto educativo así planteado, donde no tiene cabida el esquema que plantea Rancière, el del aproximarse al concepto emancipatorio de libertad.
De aquí el profundo asco e impotencia que podamos sentir a veces en esta nuestra sociedad, donde todo se pretende registrar
cada vez más y más en titulaciones, donde todo se pretende subsumir en el principio de la explicación para que ya nadie comprenda ni haga nada, y en cierto modo "para que" los profesionales se limiten a tener sus títulos, sus sueldos y si acaso sus familias (y seguir con la rueda).
Si enseñar fuera sin embargo emancipar "ignorantes", como dice Rancière: "es necesario
y suficiente con estar uno mismo emancipado, es decir, con ser consciente del
verdadero poder del espíritu humano".
Pero cuidado: "el círculo de la impotencia está ya siempre
ahí, es el movimiento mismo del mundo social el que se disimula en la diferencia
evidente entre la ignorancia y la ciencia." Es el método de la impotencia, lo políticamente correcto, el "viejo método" que tiene hasta instituciones como las universidades de "ciencias de la educación" encargadas de que siga siendo lo políticamente correcto. Y luego está el método que "todo el mundo practica [...] si le es preciso,
pero nadie está dispuesto a reconocerlo, nadie quiere enfrentarse con la revolución intelectual
que significa." Y "todo el mundo lo practica" porque empieza con los primeros balbuceos que se componen con el mundo que les rodea.
Todo el texto de Rancière tiene al principio un personaje, Jacotot, que vivió en Francia hace dos siglos la experiencia de encontrarse con claridad ante estas reflexiones que ahora comenta Rancière. Jacotot "indicó el medio de esta enseñanza universal: aprender alguna cosa y relacionar
con ella todo el resto según este principio: todos los hombres tienen una inteligencia
igual."
Y para terminar por ahora con Rancière:
"Igualdad e inteligencia son términos sinónimos,
al igual que razón y voluntad. Esta sinonimia que funda la capacidad intelectual
de cada hombre es también la que hace posible en general una sociedad. La igualdad
de las inteligencias es el vínculo común del género humano, la condición necesaria y
suficiente para que una sociedad de hombres exista. «Si los hombres se considerasen
como iguales, la constitución estaría hecha pronto.» Es cierto que no sabemos que los
hombres sean iguales. Decimos que quizá lo son. Es nuestra opinión e intentamos, con
quienes lo creen como nosotros, comprobarla. Pero sabemos que este quizá es eso
mismo por lo cual una sociedad de hombres es posible."
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Terminemos por una cita antigua algo "punki" -publicada en 1983- del fantástico filósofo alemán Sloterdijk -sobre saber/poder-, texto que también -con ayuda de Rancière- podemos desbrozar y traducir de una muy diferente manera a como en un principio podríamos pensar:
"La antigua socialdemocracia había anunciado el lema "saber es poder" como una receta prácticamente racional. Y en ello no se lo pensó mucho. Se consideraba que había que aprender algo adecuado para, posteriormente, tenerlo más fácil. Una confianza pequeño-burguesa en la escuela era la que había dictado la frase. Esta confianza está hoy día en descomposición. Solamente entre nuestros jóvenes y cínicos estudiantes de medicina hay una línea nítida que lleva de la carrera al standard de vida. Casi todos los restantes viven con el riesgo de aprender para el vacío. Quien no busque el poder, tampoco querrá su saber, su equipamiento sapiencial, y quien rechaza a ambos ya no es, en secreto, ciudadano de esta civilización. Son numerosos los que ya no están dispuestos a creer que habría que "aprender algo" primeramente para, después, tenerlo un poco más fácil. En ellos, creo, crece una intuición de aquello que en el antiguo quinismo era certeza: el que primeramente hay que tenerlo más fácil para poder aprender algo racional. El proceso de integración en la sociedad a través de la escolarización, tal y como sucede en nuestro país, es un embobamiento a priori, "aprendizaje" tras el cual ya no se tiene ninguna oportunidad más de que las cosas vuelvan a ser mejores alguna vez. La reversión de la relación entre vida y aprendizaje está en el aire, es decir, el fin de la confianza en la educación, el fin de la escolástica europea. Esto es lo que les aterra en igual medida tanto a conservadores como a pragmáticos, tanto a voyeurs de la decadencia como a bienintencionados. En el fondo ningún hombre cree que el aprender de hoy solucione "problemas de mañana"; más bien, es casi seguro que los provoca." (En Sloterdijk: "Crítica de la razón cínica", (1983). Pág. 16 de la edición en español (2003)) (Es curioso que la alusión a "nuestro país" valga universalmente, no sólo para la Alemania de los "años 80").
(i) Título original: "El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual". Le maître ignorant. Cinq leçons sur l'émancipation intellectuelle.
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Últimos cambios: dic/2005