Imaginar un trozo, una "parte" de un líquido, por ejemplo en movimiento. ¿Difícil? ¿Es resbaladizo?
Quizá igual de difícil nos tendría que resultar hablar de "una persona", sólo es una ilusión óptica la que nos hace vernos claros y distintos: el flujo de esos líquidos o cuasi-líquidos que tenemos en el cuerpo (sangre, cerebro...), movidos por nuestras palabras y muchas relaciones con "el exterior" y otros humanos (comida, familias, amigos, televisiones...) es igual de resbaladizo.
Todo fluye, y cómo: si queremos "inventar las edades de las aguas"(Serres) hemos de vérnoslas con esta desesperación: la multitud, la multitud de "flechas líquidas" es antes que "lo demás".
Somos una comunidad de fluidos y de interfaces, de hecho, en el ámbito de nuestras íntimas relaciones "cerebrales", emotivas... nos separa una frágil frontera con apariencia de algo duro: cráneos por ejemplo (flujo encerrado anhelante, entre las cuatro paredes de nuestro cráneo, siempre deseando de explayarse...).
La piel parece más débil, y de ella también depende "todo"; fragilidad necesaria de la frontera... (nunca nadie "fue alguien" sin un frágil rostro adecuado, sin ese terrible dictador).
La fragilidad de las fronteras es "lo que mueve el mundo". Simplemente: el mundo se mueve porque "es difícil imaginar la frontera de un trozo de líquido".
Todo fluye.
flujo
