abraham
nivel forero
registrado 22-04-2003
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Travesía
Sucede que leí la introd. de Sloterdijk antes que el Prólogo de Rüdiger Safranski, que es un resumen excelente de la trilogía a la vez que una reseña amigable de su colega y compañero en el programa de TV "El Cuarteto Filosófico"--Beatriz, ¿para cuándo esas traducciones? ;-)
Lo que se propone PS en esta primera parte, Microsferología--ahí es nada, su capacidad para crear nuevos conceptos con los que hacer frente a un mundo cambiante, tal vez demasiado--, es nada menos que conseguir claridad sobre lo cercano: que es el espacio vivido y vivenciado. No hay vida sin esferas, sin ese receptáculo en el que estamos inmersos. Lo que pasa es que surgen problemas, crisis..., en el paso de una esfera a otra. Esto tal vez no es fácil de entender, este tránsito..., pero aquí está la clave del conglomerado existencial. Halla una conexión entre crisis vitales e intentos fracasados de conformación de espacio. Estos espacios de vida humanos pueden ser individuales, y sobre todo colectivos: relaciones de pareja, familias, amistades, partidos, estados, iglesias... El ser humano es el animal político que decía Aristóteles, lo que pasa es que nunca se ha comprendido del todo el alcance de aquella definición griega: es el bicho que se yergue y dice Yo, y que ha olvidado que antes era Con-Otro. Coexistía en el claustro primigenio--de esto se hablará muy bien en el libro propiamente dicho, no nos adelantemos. Esa luz intensa que deslumbra, esa bombilla en cuyos filamentos baila Mozart, esa escalera torcida..., esa cama horrible..., estoy pensando, claro, en esa imagen vívida del filme alemán "El tambor de hojalata". Es querer volverse al interior, es la renuncia a una existencia vallada--Robertokles lo dice muy bien en otro mensaje--. No, Anacrusa, no hay ese aire y ese agua prístinas, no suena Bach en cada esquina, sino el organillo mugroso en la esquina de El Corte Inglés, y la Ducati pedorra cuando voy por la ribera del río seco...
Para ilustrar eso que dice nuestro hombre sobre crisis vitales..., contaré una pequeña historia: hace unos tres años, un joven vivía, con-vivía, con su pareja..., todo les iba bien, más o menos, pero no del todo, y les faltaba algo, algo no sé qué, ella decía que un hijo, él no lo pensaba de esta manera... Total, que ella decidió entonces transferir ese deseo de maternidad, maldita mujer servidora de natura, y dijo que no llegaba a la edad de la mitad de la vida sin tener una casa propia, que ya estaba harta de vivir en alquileres, en casas que nunca serían suya, ¡aayysss, este afán humano de poseer! El joven, maldita la gana que tenía de ponerse a buscar casa, pero lo hizo, lo hicieron, durante unos largos y pesados meses de revistas, copiar números, visitas a oficinas..., y ver alguna que otra casa..., deseos borrosos de un hogar lejano aún... Al final, ella decidió, una amiga la convenció, le gustó su adosado--eran todos iguales--, el club, la urbanización de marras... El joven fue, vio, dijo que bueno, no estaba mal... Cuando él llegó para ver la casa por primera vez, la vecina que los acompañaba comentó que en otra casa de "allí arriba", la pareja se separó apenas se metieron en la casa..., como una maldición. El joven escuchó esto distraídamente, sin saber que era un presagio... Tras un par de meses de entusiasmo, una noche, todo cambió..., se enamoró de otra mujer, se entregó a esa aventura como si le fuera la vida en ello, se olvidó de la casa, de llevar cosas allí, su mente sólo trabajaba para pensar en la wendolina que había conocido. A partir de entonces, la casa se convirtió en el testigo de un fracaso, en el pozo de los deseos rotos... El cambio de casa, de la vida inestable y azarosa, a una situación nueva, con proyecto de conformación de una familia--casa--jardín--¿tal vez hijo?--, hundió su alma, pudo con su débil voluntad. Se dio cuenta que no servía para eso, para una vida "familiar", que dice: te quedarás aquí, crearás un espacio propio, darás a luz a nuevos retoños, serás responsable de tu círculo, ----te encerrarás-----.
Vivimos en unos tiempos impacientes, como dice el narrador de "Mañana en la batalla piensa en mí" de JM. Asentarse en un lugar, crear un espacio, saber que tienes un lugar en el mundo, puede alterar por completo la psique de individuos frágiles que viven el día a día y huyen de responsabilidades. Si no me divierto, me asqueo. Una casa es el lugar de la miseria moral y física, recuerda el inconsciente, la promiscuidad fatal. Quien me lleva a una urbanización quiere desalvajarme. Quien me proteje querrá mi destrucción. Una familia es el círculo de serpientes que me asfixiará. Luego, tengo que volver a lo abierto desprotegido, sin redes, sin tejado... Fui feliz--creo que lo fui, sueño con ello y me invento esa felicidad como la de mis 8 años--en la inestabilidad de un ir de aquí para allá en casas ajenas, nómada del viento. Aquella aventura dijo: puedes escapar..., pero las consecuencias serán fatales..., quedarás a la intemperie.
No sólo son peligrosos los agujeros de ozono en la atmósfera, sino que el aire en la esfera social esté emponzoñado. Esos agujeros en la sociosfera dan lugar a acercamientos de humanos sin vinculación real; es ahí cuando se producen psicosis individuales y pánicos sociales (hay muchos ejemplos en el siglo pasado). Precisamente vivimos en un tiempo en que no hay cohesión verdadera, en donde el marasmo de gente apiñada en una misma pólis gigantesca se comunica pero no se mira. No es extraño que la psicosis haya desplazado claramente a la neurosis en cuanto malestar generalizado. Porque decir psicosis es decir agujero por donde se cuela lo real mismo.
"Cuando los espacios ya no son habitables puede suceder que una politica de añoranza del útero desbroce con violencia el camino" (ed. cit., p. 17). |