1.- ¿Cree usted en la realidad? Noticias desde las trincheras de las guerras de la ciencia.
(Nota: las comillas, cuando engloban frases largas, suelen ser aquí frases y párrafos del propio Latour)
Aquí Latour expone y resume los "objetivos" y motivaciones del libro, hace un rápido repaso a ciertas características de nuestra historia de la filosofía que condicionan el que un colega asustado -en este caso era psicólogo- pueda haberle preguntado alguna vez, como en realidad le preguntó: ¿crees en la realidad? La primera respuesta es un tajante e inocente sí, pero sólo a condición de aceptar también y más tajantemente si cabe un gigantesco NO por respuesta, pues Latour -y nosotros cuando le leemos también- se da cuenta que esa pregunta en realidad significa lo siguiente: ¿está usted dispuesto a aceptar el pacto conjunto de la epistemología, la moral, la política y la sociología? Por supuesto que no.
(A) La extraña invención de un mundo exterior.
El "talante" de alguien que pregunta ¿crees en la realidad? no es nuevo. ¿Recuerdan aquello que se dice de Descartes? Él ya se pregunta al parecer "cómo puede una mente aislada estar absolutamente segura y no relativamente segura de algo relativo al mundo exterior".
Imagino (yo, no Latour) que el asombro "filosófico" de por qué hay algo y no nada, se podrá separar del modo de preguntarse "descartiano". Me temo que una cosa es asombrarse de que haya algo y otra es hacer biología mala y demasiado rápidamente ("pienso luego existo"). Descartes, en el frío y la soledad de su casa en Francia imagino que tuvo a bien hacer la biología/antropología que estaba en su mano (antropología cerebro-autista), pero nosotros no estamos obligados a seguir -si es que se sigue- cierta "tradición de pensamiento". O mejor aún, siempre ser positivos: cogeremos de esa biología barata lo que nos sirva cuando queramos. Siempre es posible hallar lo positivo en la cultura libresca: el primer Freud es divertidísimo pese a su pesadez posterior, igual que Marx tiene cosas divertidas (¡a recopilar!) pese a su terrible pesadez, igual que desde el pobre Nietzsche se ha podido alentar hacia un positivo método de genealogizar... Y no digamos ya lo que tienen y lo que viene de positivo de Darwin y la biología teórica... La antropología... Peirce y la semiótica... James y su maravilloso mundo/pragmatismo... Whitehead y sus concrescencias... etc.
En positivo, que hay que recoger votos y más votos.
Descartes y su absoluto... uf, "la cagamos", viene a decir Latour, aunque con palabras menos gruesas. Tras 3 siglos hemos recuperado un relativismo positivo que -dice Latour- antes de Descartes parece que algo coleaba aún: "estamos relativamente seguros de muchas de las cosas con las que nos relacionamos diariamente a través de nuestras prácticas de laboratorio". El "relativamente" es algo "bueno para la ciencia", pues si estuviéramos "absolutamente" seguros de algo ya no habría ciencia: la ciencia termina institucionalizando verdades mediante prácticas repetibles, estabilizando constancias, para poder con-estar con una panda de colegas especializados en tu campo manteniendo el campo y refabricando las condiciones que permiten una nueva lengua y unos nuevos actantes y su "progresión"... Si no hay nada que conservar, reactivar... relativizar... no hay ciencia. Conservar el cómo de que los híbridos de laboratorio "humanos/no-humanos" puedan seguir demostrando que hacemos bien dejándoles tomar la palabra, es algo positivo. El absolutismo es muy peligroso, y si lo juntamos con los medios de comunicación y nuestro miedo quizá sea por donde definitivamente nos caigamos todos de este planeta, pero ese es otro cantar.
Así, para el neurótico de Descartes, resultó que "la única [...] conexión razonablemente segura con el mundo exterior es la que pasa por Dios". Así que la pregunta acerca de la realidad tiene una ilustre antecesora: ¿cree usted en (un) Dios? Con la iglesia hemos topado.
A partir de esto, Latour narra cómo todo lo que viene después sigue en cierto modo capturado por la separación: "mente en la cuba asustada" frente a "realidad/Dios exterior". Sólo se cambian los equipos de supervivencia en el cubil, y, sucesivamente, el empirismo, Kant, la sociología, la deconstrucción, la fenomenología... fallan a la hora de "superar la distancia entre el sujeto y el objeto", pues, dice Latour: ¡esa distancia ha sido diseñada para no ser superada!
(B) El temor al imperio de las masas.
Pero hay dos miedos subyacentes en la pregunta. El segundo es debido a que: "si la razón no gobierna, entonces la simple fuerza triunfará". La fuerza de los que en vez de razón simplemente aúnan sus fuerzas, tienen fuerza: esclavos, mujeres, artesanos, agricultores, artistas.... gente que -cosa que parecen no resaltar demasiado los sofistas ni Sócrates en el sagrado diálogo- será la que fabrica la comida, enseres, los niños... y los jovencitos que luego se tirarán los filósofos, etc.
Latour nos va a decir simplemente que aquella pregunta de la mente con miedo, está formulada así porque detrás de ella está también la necesidad de "mantener la muchedumbre a raya" (ver cap. 7 y cap. 8), curioso encargo para la Razón: mantener a raya desde fuera a la multitud -que por otra parte la alimenta- mediante una atemorizante "realidad exterior" de leyes impersonales que se espetan contra los accesos y supuraciones de irracionalidad de la muchedumbre.
(C) La originalidad de los estudios sobre la ciencia.