turbulencias

"Mar adentro"

 

 

La fantasía es quizá la verdadera protagonista de la película "Mar adentro". Ramón, es una persona tetrapléjica, con plenas facultades mentales y casi todas sus necesidades básicas cubiertas, pero sin prácticamente posibilidad de una vida en la "realidad", donde poder contrarrestar las sofocantes fantasías que siempre tenemos, sexuales, o incluso las de la muerte, una pulsión de suicidio, podríamos decir, que sabe que no puede ser satisfecha.

Así que esta película es un drama muy entretenido (la gente sale llorando del cine pese a que la película también hace reír en muchos momentos), que quizá pudiéramos decir "universalista", donde se resalta -con efectos especiales y música- "el poder que ejercen las fantasías, el poder que nos impulsa a escenificar fantasías" (este entrecomillado y los demás son de este texto de Slavoj Žižek).

Se puede decir que lo importante no es que soñemos con hacer el amor para cumplir un deseo instatisfecho, sino que pasaríamos -en la "realidad"- a hacer el amor, al "acto", más bien para "huir y ahogar el exceso del sueño, que de lo contrario nos aplastaría". Así, realmente aplastado, vemos al protagonista de esta película en varias ocasiones, que sólo puede tener fantasías, y se ve obligado a confrontar diariamente, sin ningún asidero en la realidad, todos los "horrores" de esos "inframundos fantasmáticos".

Quizá tengáis la sensación a veces de estar bloqueados, no poder hacer casi nada. A veces el "régimen de las fantasías", hacer ahorro de "actuarlas", funciona como el de la comida: cuando no actúas en función de las fantasías menos puedes hacer en general, homólogamente a que cuando te falta comida estás débil y no puedes hacer casi nada.

El texto de Žižek nos sugiere además que pensemos de qué maneras la virtualización que conlleva nuestra era en ciernes, más cibernética, suspendería este "esquema clásico": fantasías que debemos "evitar" para que no nos "coman", que evitaríamos "pasando al acto", en "la realidad".

Ahora las fantasías "subjetivas" se materializan, se hacen objetivas en la pantalla del ordenador y a veces sustituyen el "pasaje al acto", en una especie de inversión que para mucha gente pudiera resultar sofocante. Ponen sobre el tapete el problema de esa confrontación de la fantasía que Ramón no podía llevar a cabo en la realidad: con el sexo virtual problematizaríamos directamente este asunto, pues estaríamos haciendo continuas "performances" que nos obligan a mirar de frente dichas fantasías, ya que no tenemos una "realidad real" para evitarlas, suspenderlas... Tendríamos sólo la "realidad virtual", una especie de pantalla que nos devuelve nuestros "horrores" y a veces diciéndonos -demasiado violenta o "solitariamente"-: "¿ves?, no era eso".

(Texto inicialmente en el diario)







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