matematerialismos y turbulencias

Intro

Matemáticas y filosofía ((por Alain Badiou*)

Para acometer la relación entre matemáticas y filosofía debemos primero distinguir entre el gran estilo y el pequeño estilo.

El pequeño estilo construye esmeradamente las matemáticas como un objeto para el escrutinio filosófico. Lo llamo "pequeño estilo" debido a que asigna a las matemáticas un rol secundario, como algo cuya única función aparentaría ser la de ayudar a perpetuar un área bien definida de especialización en filosofía. Este área de especialización está bajo el nombre de "filosofía de las matemáticas", donde el genitivo "de" es objetivo. La filosofía de las matemáticas puede inscribirse a su vez en el área de especialización que lleva el nombre de "epistemología e historia de la ciencia": un área que posee su propia burocracia especializada en aquellas comisiones y cuerpos académicos cuyo papel es el de administrar un personal compuesto de profesores e investigadores.

Pero en filosofía, la especialización da lugar invariablemente al pequeño estilo. En términos lacanianos, podríamos decir que colapsa el discurso del Amo -que radica en el significante-amo, el S1 que da lugar a la cadena significante- hacia el discurso de la Universidad, aquel comentario perpetuo que está bien representado por el momento segundo de todo discurso, el S2 que existe haciendo al Amo desaparecer a través de la usurpación del comentario.

El pequeño estilo, que es característico de la filosofía y la epistemología de las matemáticas, se esfuerza por disolver la soberanía ontológica de éstas, su aristocrática autosuficiencia, su dominio sin rival, confinando su dramática, casi desconcertante existencia a un rancio compartimento de la especialización académica.

La característica más palpable de este pequeño estilo es el modo en el que se emplea en su labor "clasificadora" con su objeto, mediante la historización y la clasificación. Podríamos caracterizar este objeto como el de unas matemáticas neutrales, objeto que es exclusivamente conservado por este pequeño estilo puesto que ha sido creado por él.

Cuando la meta es eliminar un apabullante significante-amo, la clasificación y la historización son las medios para el auténtico pequeño estilo.

Permíteme que directamente proponga un ejemplo digno y genuino de pequeño estilo; en otras palabras, un gran ejemplo de pequeño estilo. Me referiré a las "consideraciones filosóficas" que concluyen una obra verdaderamente notable titulada Fundamentos de Teoría de Conjuntos, cuya segunda edición, de la cual extraigo el párrafo, data de 1973. Lo he calificado de grande porque, entre otras cosas, fue escrito por tres lógicos y matemáticos: Abraham Fraenkel, Yehoshua Bar-Hillel and Azriel Levy. Este libro concluye el párrafo filosófico con este escueto aserto: Permítenos notar tres características inmediatas de este párrafo, con las cuales sin duda estaría de acuerdo cualquier adepto al pequeño estilo.

Primeramente, lo que se plantea no es si las matemáticas pueden implicar algo importante para la filosofía, sino más bien la ontología específica de las matemáticas. En otras palabras, las matemáticas aquí representan simplemente un ejemplo particular de cuestión filosófica constituida, más que algo capaz de minar o plantear desafíos, y todavía menos algo capaz de proveer soluciones paradójicas o dramáticas para ello.

En segundo lugar, ¿qué es una cuestión filosófica constituida? Es actualmente una cuestión que concierne a la lógica, o a las capacidades del lenguaje. Brevemente, la cuestión de los universales. Sólo mediante una reducción preliminar de los problemas matemáticos a problemas lingüísticos o lógicos se puede ser capaz de calzar las matemáticas en el reino del cuestionamiento filosófico y transformarlas en una región objetiva y especializada, subsumida por la filosofía. Este movimiento particular es fundamental en el pequeño estilo.

En tercer lugar, el problema filosófico no está en ningún sentido provocado por uno matemático; tiene una historia independiente y, como los autores nos recuerdan, se ancla prominentemente en los "debates escolásticos de la edad media". Es un problema clásico, con respecto al cual las matemáticas dan la oportunidad de ponerse al día o de hacer ajustes regionales.

Esto se hace claro cuando consideramos el entusiasmo clasificatorio que exhiben los autores mientras plantean las posibles respuestas al problema: Está claro que la incorporación de las matemáticas que lleva a cabo este pequeño estilo es una pura y simple operación neo-clásica. Asume que las matemáticas pueden ser tratadas como un área particular de las preocupaciones filosóficas; que esto necesariamente se lleva a cabo a través de una consideración de la lógica y del lenguaje enteramente compatible con las categorías filosóficas instituidas y que lleva a una clasificación de las doctrinas mediante nombres propios.

Existe un viejo término técnico en filosofía para este tipo de enfoque neo-clásico: escolasticismo.

En lo que concierne a las matemáticas, el pequeño estilo semeja un escolasticismo provinciano.

Encontramos un ejemplo perfecto de este escolasticismo provinciano en una intervención de Pascal Engel, profesor de la Sorbona, en un libro llamado Objetividad matemática. En el desarrollo de un excurso gramatical sobre el estatus de las proposiciones, Engel usa no menos de 25 sintagmas clasificatorios. Son, por orden de aparición en esta pequeña joya de escolasticismo: Más notable aún es el que este etiquetaje compulsivo de Engel no agota de ninguna manera las permutaciones categoriales posibles. Éstas son probablemente infinitas, lo cual da razón de por qué el escolasticismo tiene realmente un atareado y asegurado futuro, incluso si, en conformidad con el voto de "seriedad" intelectual que hace el escolasticismo, llevara a cabo su trabajo invariablemente en equipo.

Con todo, es posible hacer un breve repaso del escolasticismo moderno en compañía de Fraenkel y demás. Primero, proponen definiciones para cada uno de los enfoques fundamentales. Entonces cautelosamente señalan que, como vimos con Engel, existe toda suerte de posiciones intermediarias. Finalmente, muestran los andamios-estandard más puros para cada una de las posiciones.

Veámoslo más de cerca.

Primero, las definiciones. En el siguiente pasaje, la palabra "conjunto" debe ser entendida como designando cualquier configuración matemática que pueda ser definida en lenguaje riguroso: Así, el platónico admite la existencia de entidades que son indiferentes a los límites del lenguaje y transcienden las capacidades humanas; el nominalista sólo admite la existencia de individuos verificables satisfaciendo una forma sintáctica transparente; y los conceptualistas requieren que toda existencia sea subordinada a una construcción efectiva, que es en sí misma dependiente de la existencia de entidades que o ya evidentes o construidas.

Church o Gödel pueden ser invocados como platónicos no comprometidos; Hilbert o Brouwer como conceptualistas inequívocos; y Goodman como un furioso nominalista.

No hemos hecho aún mención del enfoque radicalmente agnóstico, el que venía en cuarto lugar. Siguiendo a la tesis 1 ("que los conjuntos tienen una existencia real como entidades independientes de la mente"), la tesis 2 ("los conjuntos sólo existen como entidades individuales que validan expresiones lingüísticas"), y la tesis 3 ("los conjuntos existen como construcciones mentales") viene la tesis 4, la tesis supernumeraria: "La cuestión sobre la vía en que los conjuntos existen no tiene sentido fuera de un contexto teórico dado": Carnap, el teórico más representativo de este enfoque clarificatorio, sugiere que el primer problema, que depende de los recursos de la teoría en cuestión, es un problema puramente técnico, y que el segundo se reduce a un asunto práctico que sólo puede ser decidido de acuerdo a varios criterios, como Fraenkel et al. resumen: Es errando en la distinción entre estas dos cuestiones como se consiguen formular problemas metafísicos sin sentido como: "¿Hay conjuntos infinitos no-numerables?" --una cuestión que sólo lleva a controversias irresolubles y finalmente estériles ya que invoca erróneamente la existencia en un sentido absoluto y no meramente "relativo-teórico".

Es claro entonces, el pequeño estilo abarca todas esas cuatro opciones, y es indiferente a si uno adopta una posición realista, lingüística, construstivista o puramente relativista en la confrontación con la existencia de las entidades matemáticas.

Pero esto se debe a que ya se presupuso que la filosofía se relaciona con las matemáticas mediante un examen crítico de sus objetos, que es el modo de existencia de esos objetos lo que tiene que ser interrogado, y que hay en definitiva cuatro modos de concebir tal existencia: como intrínseca; como correlato de un nombre; como construcción mental; o como un correlato variable pragmático.

El gran estilo es por completo distinto. Estipula que las matemáticas proporcionan una iluminación directa de la filosofía, más que lo opuesto, y que esta iluminación se lleva a cabo mediante una intervención forzada e incluso violenta en el corazón de esas materias.

Ahora entonces atravesaremos cinco ejemplos majestuosos de gran estilo: Descartes, Spinoza, Kant, Hegel y Lautréamont.

El primer ejemplo: Descartes, Regulae ad directionem ingenii, "Reglas para la dirección de la mente", Regla II: Para Descartes las matemáticas proveen a la filosofía claramente de un paradigma de certeza. Pero es importante no confundir lo último con un paradigma lógico. No es la demostración lo que está detrás del valor paradigmático de las matemáticas para el filósofo. Más bien es la absoluta simplicidad y claridad del objeto matemático.

Segundo ejemplo: Spinoza, apéndice al Libro Uno de la Ética, un texto debido a Louis Althusser: No sería exagerado decir que para Spinoza las matemáticas gobiernan el destino histórico del conocimiento, y por tanto la economía de la libertad o la beatitud. Sin las matemáticas la humanidad languidecería en la noche de la superstición, lo que puede ser resumido por la máxima: hay algo que no podemos pensar. A lo que es necesario añadir que las matemáticas también nos enseñan algo esencial: que cualquier cosa pensada como cierta es inmediatamente compartida. Las matemáticas nos demuestran que cualquier cosa entendida está radicalmente indivisa. Conocer es estar absoluta y universalmente convencido.

Tercer ejemplo: Kant, Crítica de la Razón Pura, Prefacio a la segunda edición: Así Kant piensa, en primer lugar, que las matemáticas aseguran por sí mismas desde su mismo origen el camino seguro de la ciencia. Segundo, que la creación de las matemáticas es equivalente a una singularidad histórica absoluta, una "revolución" --tanto como que su emergencia merece ser singularizada: fue debido al feliz pensamiento de un solo hombre. Nada puede explicarse mediante una explicación historicista o culturalista[Ver nota1]. Tercero, Kant piensa que, una vez abierto, el camino es infinito, tanto en el tiempo como en el espacio. Este universalismo es un universalismo concreto pues es el universalismo de una trayectoria de pensamiento que puede ser siempre recordada, no importando el lugar o el tiempo. Y cuarto, Kant vee en las matemáticas algo que marca el perpetuo redescubrimiento de su función paradigmática, la concepción inaugural de un tipo de conocimiento que no es ni empírico ni formal. Así, las matemáticas pavimentan el camino hacia una representación crítica del pensamiento, que consiste en ver el conocimiento como un ejemplo de producción o construcción no empírica, una cosntrucción sensible adecuada al a-priori constitutivo. En otras palabras, "Tales" es el nombre reputado para una revolución que se extiende a toda la filosofía --lo que es decir que el proyecto crítico de Kant consiste en un examen de las condiciones de posibilidad que subyacen a la construcción de Tales.

Cuarto ejemplo: Hegel, Ciencia de la Lógica, la larga apostilla que sigue a la explicación sobre el infinito del cuanto: El punto decisivo aquí es que para Hegel las matemáticas y la especulación filosófica comparten un concepto fundamental: el de infinito. Más en concreto, la destitución del concepto metafísico de infinito --en otras palabras, la destitución de la teología clásica-- es acometida inicialmente a través de la determinación matemática del concepto de infinito. Hegel tiene obviamente en mente la creación del cálculo diferencial e integral en los siglos XVII y XVIII. Quiere mostrar cómo cierta concepción [i.e, la dialéctica] del infinito hace su aparición histórica bajo los auspicios de las matemáticas. Su método es notable: consiste en examinar los trabajos contradictorios de la Noción en tanto que

(SIGO OTRO MOMENTO)

[El último ejemplo de Badiou]. [... ] Lautréamont. Como Rimbaud y Nietzsche, Lautréamont, usando el nombre post-romántico de "Maldoror", quiere proporcionar una desnaturalización del hombre, una transmigración de su esencia, un positivo convertirse-en-monstruo. En otras palabras, quiere llevar a cabo una desregulación ontológica de todas las categorías del humanismo. Las matemáticas juegan un rol auxiliar crucial en esta tarea. He aquí un pasaje del Libro II de Maldoror: [...]

Ninguno de los partisanos del gran estilo creía que la visualización filosófica de las matemáticas tuviera que proceder mediante una reducción logicista o lingüista. [...]

Permítasenos ser descorteses y remarcar de paso, en lo tocante a esto, que Wittgenstein, a pesar de la astucia de su esterilizada locuacidad y a pesar de la innegable belleza formal de su Tractatus --sin duda alguna una de las piezas maestras de la antifilosofía-- debe ser contado entre los arquitectos del pequeño estilo, cuyos principios a asentado con su acostumbrada brutalidad. Así, en la proposición 6.21 del Tractatus, declara: "Una proposición de las matemáticas no expresa un pensamiento". O aún peor, en sus Notas sobre los Fundamentos de las Matemáticas, encontramos esta suerte de pragmatismo trivial, muy de moda ahora: Podemos perdonar a Wittgenstein. Pero no a aquellos que se amparan tras su astucia estética (cuyo ímpetu es por entero ético, i.e. religioso) [...].

En todo caso nuestra máxima es: la filosofía debe entrar en la lógica vía las matemáticas, no en las matemáticas vía la lógica.

En mi obra esto se traduce así: las matemáticas son la ciencia del ser en tanto ser. La lógica pertenece a la coherencia del aparecer. Y si el estudio del aparecer también moviliza ciertas áreas de las matemáticas esto es debido simplemente a que, siguiendo una intuición formalizada por Hegel pero que finalmente se remonta a Platón, la esencia del ser es aparecer. Esto es lo que mantiene la forma de todo aparecer en un orden matematizable trascendental. Pero aquí, una vez de nuevo, la lógica trascendental, que es una parte de las matemáticas ligada a la teoría contemporánea de haces, se remonta dando de lado a la lógica lingüística o formal, que es finalmente no otra cosa que una traducción superficial de la anterior.

Reiterando el "nosotros" que usamos antes, diré: las matemáticas nos enseñan sobre lo que debe decirse concerniendo a lo que es, no sobre lo que está permitido decir concerniendo a lo que nosotros creemos que es.

* Traducido del libro de Badiou publicado en continuum en el 2004.

Nota1
Si leemos a Serres quizá no pensemos igual que Badiou. ¿?

 


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