La filosofía (también la basada en matemáticas) es mistificación, pero ¿qué no lo es? ¿Qué no contiene su "sí, pero..." y su "no, pero..."?
Las verdades siempre sonarán a engaño, embaucamiento, falsificación, deformación, como dice el diccionario en su entrada de "mistificar". Y las mentiras, con más motivo aún.
¿Cómo salir del anterior engaño?
Con todo.
¿Por qué con "todo"?
Porque precisamente no hay todo.
("Caminos fáciles no llevan lejos".)
A todo el mundo -filósofos incluidos- le falta algo y le sobran otras cosas.
Todo intento de totalización es humor, pero nadie ha dicho que lógicamente, desde siempre, todo no sea humor: "buena disposición para hacer algo", pues de lo que se trataba, recordémoslo, también, es de "hacer".
Eternidad y mística. Tiempo.
Platón y antiplatón...
La filosofía es en parte una continua huida del terror (del "tiempo") que Badiou se acerca a nombrar con el sintagma "materialismo democrático"*, que asociamos también a -cómo no- la concepción finitista del -ya lo hemos dicho- tiempo: somos finitos. Decir eso, decirlo así, tal "concepción"... es de una vulgaridad -precisamente democrático/nihilista- que asusta.
Las ciencias más básicas pueden ser usadas humorísticamente -recordar todo es humor- para sencillamente decirnos lo que me digo a mí mismo: piensa en la básica teoría que aúna nuestras queridas cuatro dimensiones, plántalas delante de ti, igual que piensas (con, en un imposible "con") en tus quietas tres dimensiones del (como siempre inexistente) "espacio absoluto", y que además en ella piensas (eres) los cuerpos desplegándose finitos, en el vacío, puedes pensar en una quietud eterna: cuatro dimensiones, nada se mueve, el tiempo es ontológicamente más de "lo mismo". Sólo hay eternidad. Por tanto y rápidamente, como dicen que dicen Deleuze-Guattari, sólo hay acontecimiento.
Obviamente el cuento de Badiou es una apertura humorística, como lo que hacen todos los bichos vivientes (incluidas entre éstos mismamente también, por ejemplo, las mismísimas "leyes de la naturaleza"). Badiou afronta el materialismo democrático con el reino de las verdades (un modo materialista del mundo de las ideas platónico). Para mí, en todo esto -pero sólo para empezar- no hay más que esa gran "verdad": constatación de la eternidad del momento, de esa cosa tan lógica. Somos porque somos eternos. Pues está claro: todo depende del cristal con que lo mires. Badiou comienza su texto muy claro: quiere que no lo miremos con el cristal de lo que él primero categoriza como "materialismo democrático", y que caracteriza por la siguiente frase: "sólo hay cuerpos y lenguaje". Es una forma de verlo y simplificarlo (meterá muchas cosas en ese cajón desastre).
Se habla mucho de nuestra aterrorizante falta de precaución respecto al tiempo y la muerte, nuestra falta de educación. Por ahí algunos intentan una vuelta al pasado. Pero todos los mal llamados posmodernos, inclusive parte de lo que se dice en el psicoanálisis, incluso parte de la new-age, todos van en el mismo barco que no vuelve al pasado (que no existe, sólo es eterno). Recomposición: rizoma mal que les pese a muchos. Humorístico rizoma -o "colectivo" de Latour-, pues, para empezar, esa buena disposición siempre, por cazurro que sea el autor o los autores, o incluso los artistas, se les cuela por ahí a menudo, en los textos, las obras de arte, etc.
Hagamos un excurso, una excursión. Partamos de un detalle que me va a servir para hablar de "discusión". Estoy -humorísticamente hablando- muy enfadado con los filósofos en general -para variar- y con Alain Badiou también (jefe junto con Barbara Cassin de la colección "l'ordre philosophique"). Enfadado aunque no tendrá la culpa, quizás. Pero ¿por qué? Sencillamente por un detalle pijo, tonto, concreto, también eterno, banal (y no vamos a hablar del trascendente y eterno copyright). Es el siguiente: el precioso texto ("Penser avec Whitehead") de una autora que Latour califica de "filósofa de la exigencia" (Isabelle Stengers), y a la cual Latour le dedica otro texto maravilloso ("Politiques de la nature"), está mucho peor publicado (se le caen las hojas), y sin costar menos dinero ni materias primas, que el nuevo libro que Badiou tiene a bien publicar en su propia "colección". Es un detalle muy feo, aunque eterno, eso sí.
Detalle que me lleva a hablar de las broncas, de las discusiones. Dejémonos de discutir. Dejémonos de detalles feos pues no hay mucho que discutir. Esto va de humor, del humor de las totalizaciones (e infratotalizaciones) pues, recordemos, va del "hacer"; ahí intersecan todas las totalizaciones, todas las metafísicas experimentales. Así que enseguida haré un llamamiento -no escuchado, por supuesto, para eso se hace.
Pero antes hablar de las totalizaciones hay que decir algo aparentemente obvio. son el horror del nihilismo democrático, está clarísimo. "Política" ha venido a significar no preocuparse (y ni mucho menos totalizar, horrible cosa que suena a comunismo, a totalitarismo, etc.).
En cierto sentido totalizar invoca claramente algo sobre la dimensión del hacer que rechina (y gustosamente para nosotros).
Hay varias metafísicas para totalizar, muchos esfuerzos. Entre ellas la de Badiou. Lo que Badiou y toda la filosofía moderna tenga de mística y narcisismo es la parte de humor ante la posibilidad de "uso" y la necesidad de estos ingredientes (por ejemplo en los devenires de la sociología, etc.), pues todo se mezcla.
Hablando del rey de Roma (la sociología se dice que sustituyó a la política), hay una nueva sociología que usa una metafísica experimental totalizante pero en una completa fiesta de la "libertad-para-todos" (pues sólo hay "asociaciones") basada en lindos conceptos whiteheadianos como el de proposición y muy "militante" a la hora de combatir ese dañino antropocentrismo (cosa que tiene que ver con el materialismo democrático y nuestros miedos).
Llamamiento
obvio y redundante:
gentes, filósofos y filósofos-precarios
NO HAY NADA QUE DISCUTIR
Oíd, gente que en el mundo ha sido, somos o seremos, gente que tenemos o tendremos la a veces amarga "fortuna" de poder echar un rato miradas sobre las cosas (a veces con unas vidas con el pequeño lujo de la "civilización", de un no tener que salir de una vida (que no es la mía, por cierto) que consiste en gastar el tiempo en una urbe o en una habitación, quizá con trabajos no muy alienantes y relacionados si se tuvo la debida precaución "narcisista" en este mundo de hiperespecialización y de "contactos", y quizá yendo de bares con "los amigos" y si es posible a alguna reunión dadora de vida-recomposición).
Oíd: no hay nada que discutir porque todo son asociaciones: actores humanos y no humanos mezclados y enredados en la constitución de miles de espacios que necesitan de cada vez más cuidado (que no discusión) para existir o que necesitan de salir a la luz para dejar de existir. Espacios complejísimos, mucho más que cualquier espacio de la física.
Por ejemplo, en el sistemilla de Latour que da en el texto ya comentado, Badiou es un indispensable e increíblemente buen moralista. Ya colgaremos en algún sitio la sencilla tabla que hace Latour sobre las funciones de políticos, científicos, economistas, moralistas, etc. en la Constitución de un estado que no sea el actual estado-guerra, para dirigirse a la paz civil.
Así que nada de obcecaciones ni discusiones, de ello creo que en parte depende no sólo el vender más y el hacerse más vendible (en el sentido amplio de venderse, no necesariamente vender textos), sino también el devenir del colectivo, la no obcecación con las viejas separaciones es algo que facilitará el imperio de las totalizaciones humorísticas por venir.
* Hablamos de "Logiques des mondes", último texto de Badiou.
No hay nada que discutir
