Pero entonces podemos empezar a entender por qué los filósofos y antifilósofos siguen hablando de política si diferenciamos a esta de 'policía'.
Como dice Rancière, policía sería "el conjunto de los procesos mediante los cuales se efectúan la agregación y el consentimiento de las colectividades, la organización de los poderes, la distribución de los lugares y las funciones y los sistemas de legitimación de esta distribución". Como se ve, es un sentido ampliado de policía, no sólo el que reservamos normalmente a la función de "mantener el orden" propia de un cuerpo de funcionarios y/o trabajadores precarios. 'Policía', como dice Rancière, no está dicho en sentido necesariamente peyorativo. Policía es -digámoslo así- el qué y el cómo de por ejemplo lo que sale por la tele o en los periódicos "normales", es su marco-operador de lo sensible, la distribución de las partes policialmente hablando. Podíamos asimilar esta policía al orden del ser en Badiou, frente al acontecimiento. En esferas hemos hablado de la necesidad de distinguir y llevar a la luz del día la nocturna figura 'ácrata' del "maestro ignorante", maestro que en realidad lo somos todos de nosotros mismos si es que queremos llegar a entender o aprender algo; maestro que es capaz de emancipar y de crear las necesidades de emancipación y búsqueda de problemas, de dar voluntad para mezclarse con inteligencias postuladas como multiplicidad.
La policía es la "regla del aparecer" de los cuerpos. Para que haya política tiene que haber unión de dos lógicas diferentes, mediante actos que las relacionen. Por una parte la lógica policial y por otra la de la política propiamente dicha, lógica política que manifiesta por una serie de actos una ruptura que vuelve a "representar el espacio donde se definían las partes". La lógica política es una lógica igualitaria capaz de redefinir: ha de partir de la igualación de la capacidad de manifestarse para poder crear procesos-recomposición.
La política es relativa por tanto
no sólo a la "entrada en comunidad" (recomposición) de "mugidos" animales a-lógicos de los pre-humanos sin-nombre: proletarios, mujeres... También es relativa a cómo se da la relación imposible y acontecimiental entre la lógica policial y la política en el caso de las cosas, esas olvidadas. A las cosas les estamos ya dando lugar en lo que llamamos "escena política" que en el hilo que llevamos en este texto debiéramos llamar 'escena policial': en la televisión hablan de efecto invernadero, la tierra, ecología, etc. etc. Las cosas-monstruo surgen en esta nuestra tradición que inventó "la realidad" como separada románticamente del mundo radicalmente subjetivo de lo humano.
Como véis aquí la cosa se complica. En tanto comunidad policial nos referimos también al "régimen de las cosas". Quizá ante la clara constatación de que necesitamos de ellas. Teníamos presupuestos sobre leyes del universo que también formaban parte de nuestra matriz humanista, paradigmas en ciencia que se han ampliado mostruosamente a la retórica Económica... etc. Hemos por tanto de "volver atrás": ya teníamos a "las cosas" ahí dentro, en lo abstracto de nuestro ser + humanos + ciencias. Si sin querer ya hemos dado efectivamente palabra a las cosas de una forma muy profunda, hay que desentrañar dicha forma y crear nuevas.
Quizá está surgiendo una política que amplía-deshace el esquema "humanista" anterior: aparte de intentar la necesaria ruptura con el estado de la situación, estado que distribuye a cada uno y a cada cosa sus funciones y su capacidad de manifestación, esto se está haciendo o intentando mediante una ampliación diferente respecto a las cosas, y quizá debido a una capacidad política más profunda, más intelectualista digamos (como las lecturas de la sociedad que puede proponer una lectura de los "cosmopolitiques" de Stengers y textos del estilo). El estado de las cosas ya cuenta con una determinada inscripción de los "hechos" científicos, las cosas, una inscripción quizá reforzante de la policía. Contamos de entrada ya con un dato: nos hemos postulado equivocadamente "modernos", ya que, en realidad, como dice Latour, "nunca lo fuimos".
Hemos de poder definir también por tanto una lógica emancipatoria, política, de las cosas-en-tanto-inscritas en nuestra comunidad policial (!). Una lógica para la cual hay que sumergirse en terrenos insospechados. Las alternativas son múltiples, quizás. Quizá nuestro futuro esté en cómo co-impliquemos en una lógica emancipatoria a las cosas en nuestra tradición humanista falsamente moderna.
Un texto a leer para ello puede quizá ser el que creo que es el último libro de Latour, "politiques de la nature".
Pero antes de subsumir todo esto en algo "mejor" que lo presentado anteriormente o lo posible-inventable, podemos probar a presentar en cierto modo la posible ampliación del esquema de Badiou-Rancière de lo político.
Para Badiou un acontecimiento es político sólo si es colectivo. Primero fijémonos en por qué decimos "acontecimiento".
En Rancière no queda otra que el hecho político sea acontecimiental: no hay posibilidad de actualizar por siempre lo real de la unión de las dos lógicas, que necesariamente ha de manifestarse en actos puntuales que procedan a redefinir el marco de las manifestaciones, del tiempo.
Ahora vayamos a "colectivo". Colectivo se refiere a que una política posee a sus sujetos de forma igualitaria, supone la igualdad, opera con ella, lo cual está relacionado con el matiz infinito de las posibilidades de la situación; el infinito y cierto "cero" de la igualdad se encuentran aquí matemáticamente unidos en el marco de la creación de "verdades". El procedimiento político es transversal a todo individuo y a toda parte de la situación, y cualquiera puede montarse en él, porque en cierto modo ha de condicionarse por el infinito de lo posible. Los nuevos procedimientos introducirán el anterior reinado silencioso de las cosas y leyes evitando la bifurcación de la naturaleza con respecto a la subjetividad "humana", evitando el miedo a la muerte, el miedo y ese cierto quizá "maltrato de nosotros mismos a través del maltrato a las cosas". Los procedimientos políticos crearán nuevas formas de relacionarse con lo que nuestra lógica policial presenta como inevitable, por tanto han de verse metidos en la tarea de recomponer las empresas científicas como un todo (más a la vista su intrincación sin concepto ni valores con el régimen capitalista). Han quizá de intentar competir con el capitalismo en las formas que tiene éste de relacionarse y hacer relacionar a las cosas y los humanos "de forma inevitable".
La política habrá también de estar condicionada por las formas con que nuestra tradición policial se refiere a las cosas y a su relación con nosotros.
