turbulencias

Proceso, no producto



Tomamos de aquí otro muy buen artículo-compendio sobre la " filosofía de la diferencia " (Deleuze-Guattari).
Ver también:
- "resumiendo Deleuze-Guattari"
- "filosofía" (concepto)

Nota: anotaremos entre corchetes ( [ ] ) lo que queramos.

"¡Proceso, no producto!
"

por María Eugenia Esté

Los ruidos del mundo, de las armas, de los conflictos, de las liberaciones efímeras y trastornadoras, de las opresiones duraderas y duras atraviesan los muros, me golpean el corazón. Trabajo en medio de estos olivos, de estas viñas, en estas colinas, cerca del mar, cuando una nueva media noche penetra en el siglo; su orden aplasta; su insolencia inspira respeto, terror y admiración a los que están a mi alrededor y que, en mis silencios, me creen de los suyos. Me aparto de la llamada de aquellos para los que tengo que testimoniar y, al mismo tiempo, cedo a la invitación de una botella de vino, de una sonrisa amiga, de un gesto de amor...

Edgar Morin. El Método. La naturaleza de la Naturaleza

Hay herramientas de pensamiento tan romas que no sirven casi para nada, otras de filo tan aguzado que se vuelven peligrosas. Pero el hombre sabio hará uso de ambas.

Gregory Bateson. Espíritu y naturaleza

Jamás tuvimos una relación inmediata con la naturaleza, sino mediatizada desde el primer momento por aparatos y símbolos.

Régis Debray. Transmitir

Preliminar: la actividad del surfista, mantenerse in-between

La búsqueda del origen y la causa primera son síntomas de esa enfermedad crónica que aún aqueja al pensamiento filosófico y a las ciencias sociales [ver G. Tarde]: la hipóstasis, el viejo fetiche de la substancia [que Latour usa muy bien, "subvierte" ligeramente, aquí], el rictus mortuorio de unos conceptos que aparecen como surgidos de la actividad espontánea del espíritu, carentes de aquí y ahora, ciegos ante sus propios contenidos dispares, como callejones sin salida donde se petrifica la radical multiplicidad y heterogeneidad de los procesos, donde parece detenerse el incesante fluir de la materia en su ir y venir entre la pluralidad del desorden y la pluralidad del orden, de las formas múltiples de la organización a la catástrofe y viceversa.

Cualquier análisis en términos de movimientos o vectores deviene sospechoso por falta de fundamentación, y queda bloqueado por un pensamiento que hace causa alrededor de la cuestión de los orígenes y las explicaciones últimas, separado como está de la complejidad procesual que debería nutrirlo. Sin embargo, la física contemporánea, la biología y la cosmología han recuperado para el pensamiento en su conjunto no sólo la complejidad intrínseca de un universo policéntrico y diverso, productor por sí mismo de desorden, orden, organización, dispersión y diversidad, sino también la existencia de una physis reanimada, en permanente movimiento, acción, transformación y devenir.

La física y otras ciencias confirman, de acuerdo con la experiencia de Ilya Prigogine, que vivimos en un universo en expansión cuya evolución implica la producción de entropía, como expresión de elementos creadores de desorden tanto como de dispersión y desintegración, universo cuyo significado debe descifrarse en términos de inestabilidad asociada con el caos determinista y la no integrabilidad (1). Es claro que la naturaleza y el cosmos no pueden identificarse ya con la materia inerte dispuesta con arreglo a un orden mecánico, de acuerdo con un esquema de pensamiento lineal que va en secuencia jerárquica de lo particular a lo general. Tampoco pueden asimilarse a sistemas cuya actividad se desplaza hacia la inercia, la nivelación progresiva de las diferencias, el estado estacionario o la muerte térmica, como supondría el segundo principio de la termodinámica enunciado por Clausius. Ellos remiten más bien a una cascada de eventos, como diría Edgar Morin, donde la materia adquiere consistencia a consecuencia de una improbabilidad física y estadística (2) —mezcla de azar y necesidad— que deviene coherencia y regularidad; nutrida también y de manera esencial, por el desorden y la catástrofe, para formar sistemas complejos que deben considerarse en interrelación con el entorno. Como Edgar Morin ha logrado resumir bien, se puede decir que toda regresión de entropía (todo desarrollo organizacional), o todo mantenimiento (por trabajo y transformaciones) de entropía estacionaria (es decir, toda actividad organizacional), se paga en y con un incremento de entropía en el entorno que engloba al sistema (3). No entraremos aquí a considerar en detalle unos argumentos que escapan a nuestra competencia, aquellos cuya ausencia el lector deberá compensar a través de las fuentes bibliográficas de inagotable belleza que emanan de las investigaciones —no siempre en completa sintonía— del mismo Ilya Prigogine, Murray Gell-Mann, Gregory Bateson, Heinz von Foerster, Roger Penrose, Steven Weinberg (4). Nos ceñiremos a agregar, sin embargo, que de acuerdo con estas perspectivas la materia organizada en sistemas y microsistemas complejos constituye conjuntos inestables, caracterizados por una altísima sensibilidad a las condiciones iniciales de sus procesos constitutivos, de manera que las consecuencias y los efectos de su actividad divergen exponencialmente en el tiempo, por lo cual el sistema "olvida" la particularidad de su origen. Se produce por tanto una diferencia irreductible entre el antes y el ahora de forma tal que el conocimiento que tenemos del estado inicial del conjunto pierde su pertinencia, haciéndose imposible determinar una trayectoria reversible (5). Lo que transcurrió hace un instante, o hace un milenio, está idénticamente perdido, nos dice Giorgio Colli en su magnífica lectura de Nietzsche, y en el fluir degradante de lo acontecido nuevos estremecimientos intervienen, de manera que las encrespaduras se entrelazan y se confunden (6). Así, las trayectorias que definen el comportamiento de estos sistemas forman una multiplicidad indefinida y no pueden diagramarse mediante un punto o una línea, tal y como ocurre en una relación de identidad causa-efecto. El diagrama que describe la actividad de un sistema complejo se representa mediante una dimensión fractal constituida por un campo, una región, una porción del espacio que se pliega y repliega indefinidamente. Cada una de las trayectorias contenidas en este campo conoce un destino diferente y en consecuencia sus evoluciones son siempre divergentes; y en la medida que nos alejamos en el espacio-tiempo, nuevos efectos e interacciones se asientan y decantan sobre los viejos, no sólo modificando sus recorridos sino también agregando otras espesas capas de datos y acontecimientos, disolviendo y desintegrando antiguas formas y elementos, para acrecentar la sombra de lo desconocido y de lo inconcebible. "Si nos adentramos más atrás todavía, para descubrir la vida originaria de donde surgió la onda que siempre nos envuelve, naufragamos en la oscuridad de lo irrepresentable; no nos favorece haber abandonado el sobresalto evanescente de lo que vive ahora. Si en cambio damos la espalda al pasado, y seccionamos lo que tenemos para aferrar la vida mientras fluye en nosotros, entonces cada faz, forma, corporeidad, color, figura de la vida que nos rodea parece descomponerse por doquier en fragmentos de pasado" (7).

En este contexto, el aspecto fundamental no es ya la cuestión del origen, el punto de inicio o el fin (8). La búsqueda del punto de partida comporta una contradicción insuperable en sus términos ya que compromete nuestras propias estructuras mentales y el esquema de modelización en uso cualquiera que este sea; por cuanto remite siempre, en una cadena sin fin, al esquema de metamodelización que le da sustento. No se trata de eludir el problema del origen para entronizar un universo increado y autosuficiente, sino de encarar la aporía constitutiva a toda problemática de la génesis e incorporar la perspectiva fundamental del devenir y la evolución que convierte el espacio-tiempo del origen en un campo problemático siempre móvil, siempre complejo y diverso. En este sentido, como Gilles Deleuze afirma, la pregunta es más bien, ¿qué ocurre en el medio?, atendiendo a la trayectoria misma, al conjunto de procesos que están describiendo un determinado campo, a los procesos mediadores que producen y exhiben una multiplicidad de efectos. Así, en el marco de los deportes y los hábitos populares, afirma Deleuze, los movimientos experimentan transformaciones y ponen de manifiesto este giro de perspectiva cuyas consecuencias hemos estado indicando. Correr, lanzar jabalina y otros deportes por el estilo suponen un necesario punto de inicio que sustenta el esfuerzo o la resistencia, en otras palabras, una palanca. Por el contrario, las nuevas actividades deportivas como el surfing, windsurfing o vuelo en ícaro se constituyen como problema de ingreso a una onda ya existente, de manera que la cuestión básica, antes que definir el origen del esfuerzo, es abordar el movimiento de una gran ola o una columna de aire que se eleva, para estar "en el medio". Y en efecto, el surfista o corredor de olas, el navegante de veleros, el piloto de ícaros, debe remontar un poderoso y complicado sistema constituido por una multiplicidad de fuerzas y flujos de distinta naturaleza, que llevan su propio sentido de dirección en un medio que tiene y desarrolla sus propias orientaciones y trayectorias. El propósito ideal del surfista es llegar a la orilla de la playa sobre la superficie de la ola, un propósito que el corredor de olas no debe perder de vista al hacer sus ajustes a través de la relación con el sistema. Es decir, que la finalidad ideal deberá permanecer en el horizonte del deportista mientras una interrelación procesual construye los sentidos múltiples de la actividad. Como Deleuze afirma, el problema realmente es mantenerse o estar en el medio del sistema, atender al proceso sin tomarlo por una finalidad o fin en sí mismo, ni confundirlo con su propia continuación hasta el infinito. De esta forma, el proceso debe tender a su cumplimiento, manteniéndose en el horizonte de realización de la actividad y el acontecimiento para evitar su sustancialización o hipóstasis. Somos de esta manera advertidos respecto a la dificultad que entraban las mediaciones procesuales. El concepto mismo de proceso corre el peligro de desaparecer y perderse en el espacio congelado de las sustancias, y estamos siempre tentados a buscar la tierra prometida del origen originario o habitar el mercado de los objetos y las cosas sin atender a la red de sus movimientos constitutivos.

Surfing es también, por otra parte, el término utilizado para denominar la exploración en Internet, especialmente en la red informativa llamada World Wide Web. Estas redes informáticas conectan infinidad de documentos que incluyen textos, gráficos, imágenes, sonidos y videos a los que el usuario o surfista puede acceder de manera ociosa sin objetivo o fin específico, a través de links o conexiones automáticas que existen a lo largo —¿o ancho?— del sistema global, constituyendo los sentidos y las orientaciones propias del medio tal como las olas o las columnas de aire poseen sus propias direcciones y orientaciones. Una perspectiva procesual atiende, pues, al conjunto de movimientos y vectores que constituyen sistemas y microsistemas complejos, subrayando las funciones, la producción de circunstancias, el pasar de las cosas que pasan, los acontecimientos que responden a las preguntas ¿en qué caso?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿cómo?, aprehendiendo el diagrama de instrucciones heurísticas que constituyen las condiciones de producción de existencia y en fin, el conglomerado dispar de aquello que hace posible "lo que es", para disolver toda referencia a una sustancia fundante, un sub-jectum, una causalidad inicial.

En este sentido, un buen ejemplo de aproximación procesual lo encontramos en las Variaciones sobre el Canon en re mayor de Johann Pachelbel, producidas por el inglés Brian Eno en 1975, y en general, en su trabajo como músico y productor junto a Bryan Ferry, David Bowie, Laurie Anderson, Robert Fripp, y otros; actividad que el mismo artista define de la siguiente manera: "por años, he estado usando reglas para escribir música, pero sin computadoras. Por ejemplo, yo he usado sistemas de cintas magnetofónicas con múltiples secuencias repetidas [loops] que pueden reconfigurarse de varias maneras, mientras todo lo que hago es proporcionar los elementos o sonidos musicales originales, el sistema da forma a nuevos patrones. Es una máquina de música caleidoscópica que se mantiene elaborando nuevas variaciones y nuevos ruidos. [...] Mis reglas fueron diseñadas para tratar de componer una clase de música que yo no pudiera predecir. Es decir, yo quería construir ‘máquinas’ (en un sentido puramente conceptual —no cosas físicas) que hicieran música por mí. La idea completa fue resumida en el famoso dicho (que debo haber gritado miles de veces): ¡proceso, no producto! La tarea de los artistas era ‘imitar la naturaleza en su modo de operación’ como John Cage dijo —para pensar las maneras de tratar con sonidos que fueran guiados por un instinto de los ’procesos’ bellos antes que por un gusto hacia la música agradable" (9). Eno toma un fragmento del Canon de Pachelbel, como el mismo afirma un material cargado culturalmente, que representa una perfecta adecuación a la estructura del canon renacentista. Esta es una rigurosa forma polifónica de composición musical en la que una voz o parte introduce una melodía, el tema o sujeto, y luego de un determinado número de compases, una segunda voz repite o responde la melodía principal nota por nota, ya sea en la misma altura, en una inferior o una superior. Otras voces pueden hacerse parte en el proceso de imitación o seguimiento, pero manteniendo mediante ligeras variaciones la adecuación de la tonalidad de la composición para garantizar el conjunto armónico. El canon se caracteriza por una imitación del contenido melódico trazado por la línea principal o tema, y en el caso particular de la obra de Pachelbel el tema es introducido por uno de los tres violines participantes, y se desarrolla sobre un bajo continuo y un pedal ejecutados por el clavicémbalo y el violoncelo. El juego imitativo y las distintas variaciones son interpretados sucesivamente por los otros dos violines. En la variación de Eno titulada Fullness of Wind, el artista utiliza como input del sistema tecnológico una pequeña sección del Canon a modo de punto de partida, e introduce un conjunto heurístico de instrucciones que constituyen un sistema de autorregulación y autogeneración (10): la instrucción general es una orden de decrecimiento del tempo que gobierna a cada ejecutante, determinada por la frecuencia del sonido (la altura o modulación) de cada instrumento, de manera que mientras más agudo es el sonido más rápido se lentifica y a medida que la frecuencia del sonido es menor la rata de decrecimiento del tempo es también menor. Eno la refiere bajo la fórmula bass=slow. El resultado es en realidad una analogía canónica, la imitación no se desarrolla en relación con el contenido de las líneas melódicas, sino en relación con el proceso de lentificación, en el acto de decrecimiento del tempo de acuerdo con la instrucción referida. La variación de Eno constituye efectivamente una persecución imitativa, pero referida a los procesos de decrecimiento proporcional de cada instrumento, de manera que las notas van alargándose, destruyéndose la identidad temática y en consecuencia la posibilidad de distinguir al sujeto (11). El camino seguido por el compositor y productor revela que cuando el fragmento de participación y acción del autor, junto con la porción de pentagrama seleccionada para iniciar la secuencia, se incorporan a los procesos maquínicos, ambas escapan a la voluntad e incluso al entendimiento y la consciencia del actor. La acción se fuga y se incorpora a un núcleo múltiple de complejidad objetiva, a un cuadro estratégico que no le pertenece y no domina, y cuyo resultado, como el mismo Eno expresa, no es predecible. La aproximación procesual disuelve la polaridad sujeto-objeto en un complejo de relaciones y procesos, subrayando un campo visual totalmente diferente que elude la sustancialización inscrita en esa polaridad, colocando el acento en los eventos y acontecimientos, las funciones y las fuerzas, los materiales y componentes de diversa naturaleza que producen y despliegan ámbitos de singularización y autovaloración subjetivos germinalmente presentes, virtuales y quizá inéditos.

Proceso es síntesis, proceso es producción

Hagamos nuestro un ejemplo que pertenecía a Deleuze y Guattari y que ya forma parte del mercado libre de las ideas: la madera y la carpintería (12). Un ebanista toma una pieza de madera para construir una mesa. No se trata de una pieza escogida indiscriminadamente, el artesano evalúa la madera y selecciona el pedazo adecuado sobre el cual producirá incisiones, cortes y definiciones, según la veta, las ondulaciones y torsiones de sus fibras en un diálogo que supondrá infinidad de acuerdos y desacuerdos, consensos y enfrentamientos. El ebanista lee signos en la pieza, cualidades que manifiestan, más que propiedades lógicas o percepciones sensibles, capacidades de ser afectado o sometido a la acción de una fuerza y capacidades para afectar o liberar una fuerza; así, no sólo encuentra color, textura, durabilidad, tamaño (13), sino la posibilidad inscrita en la madera de ser cepillada, lijada, pulida, o su resistencia a la gravedad, su combustibilidad, etc. A su vez, estos son indicadores de un potencial futuro (transformarse en una mesa, ser el soporte físico de procesos nutricionales, negociaciones, etc.) y de un síntoma del pasado (la evolución de una especie de árboles, las condiciones naturales que gobernaron su crecimiento individual), es decir, signos que constituyen almacenes de memoria, en los que se registran procesos materiales impresos por el movimiento evolutivo de la materia en el sentido de la flecha del tiempo; pero también procesos materiales relacionados con la adquisición de habilidades por parte del ebanista: su condición de artesano mas no de trabajador asalariado, en el sentido definido por Karl Marx, que remiten a una separación determinada histórica y socialmente entre producción y apropiación, entre el artesano y los medios materiales de producción (14). Este desarrolla las cualidades envueltas en los signos, los interpreta mediante la creación, no de un simple objeto físico, sino de un valor de uso, un objeto cultural que deviene signo de otras tantas cualidades, capacidades y procesos. La misma actividad del artesano, su presencia como tal, involucra la interrelación infinita de procesos naturales e históricos, individuales e institucionales, que van desde el entrenamiento que recibe, en tanto que conocimiento formalizado de la artesanía institucionalizada, acumulada durante siglos por incontables pueblos; la invención y evolución de un conjunto de herramientas que se inscriben en un determinado filum maquínico, en una serie de variaciones que define una familia tecnológica —primera generación, segunda generación, así sucesivamente; hasta las necesidades culturales y las costumbres sociales que determinan los productos de su actividad. El encuentro de fuerzas se produce: las que forman al artesano como objeto natural con su propia filogénesis y como cuerpo social entrenado y domesticado para ciertas habilidades; las que regulan el ejercicio de su actividad y definen el objetivo de su acción; aquellas que determinan la familia tecnológica en uso; las que producen la madera, a un tiempo materia bruta proveniente de un árbol, y producto de procesos de trabajo y apropiación que la convierten en mercancía; aquellas que llevan al encuentro particular de esa pieza de madera con ese ebanista. Las fuerzas que conducen el uno al otro son una trama de procesos naturales y culturales que pueden analizarse de manera rigurosa pero nunca exhaustivamente, en la medida que se van desplegando y relacionando a través de un largo e infinito mecanismo de producción y selección, respecto al cual no existe el punto de vista de un observador exterior, una entidad psicológica, una intencionalidad subjetiva, una conciencia capaz de aprehenderlo en su totalidad (15).

Un proceso implica, pues, estrategias relacionales que ponen en juego una red de fuerzas interconectadas, de manera que el sentido de una cosa se define con arreglo a una jerarquía de fuerzas, de acuerdo con el valor que le otorgan aquellas en las cuales está inmersa. Su esencia dependerá de las fuerzas capaces de asirla y dominarla, en interacción permanente con las orientaciones y los caminos que se van dejando de lado, es decir, con las fuerzas que pudieron haberla aprehendido y no lo hicieron. Se describe así, más que una unidad, en el sentido de una totalidad clausurada en un nudo lógico, un claro, una región que envuelve el encuentro de líneas de fuerza. Ni cosa ni fenómeno, ni esencia formal capturada en la idea, ni cosa formada que sólo guarda relación con lo sensible. "No hay ningún objeto (fenómeno) — sostiene Deleuze siguiendo a Nietzsche — que no esté ya poseído, porque en sí mismo es, no una apariencia, sino la aparición de una fuerza. Cualquier fuerza se halla pues en una relación esencial con otra fuerza. El ser de la fuerza es el plural." (16). El espacio relacional donde se debaten fuerzas diversas, posee una corporeidad —una materialidad procesual diríamos— que no se confunde ni con la esencialidad formal inteligible, ni con la coseidad sensible, formada y percibida. La esencia se halla más bien, entonces, en las interfaces donde se encuentran un orden o una jerarquía de cualidades y un orden o una jerarquía de acontecimientos que se expresan como funciones, en la región donde se reúnen la arbolidad, distintas etapas de la madera, el carácter o la condición de mesa, con el ser persona, el ser ebanista y la elaboración de una mesa. No se reduce por tanto a las cualidades sensibles de la cosa ni a simples propiedades lógicas, sino al efecto visible del proceso — in-between — que conduce de las cualidades en tanto que afectos o afectaciones variables, a los cambios de estado que actúan como acontecimientos y se organizan como funciones.

Pero, ¿quién es entonces el sujeto de los encuentros y las selecciones que tienen lugar en el curso de estos eventos? ¿Quién es el agente de estos procesos y transformaciones? ¿Quién el motor de todas estas fuerzas en relación? Ni sujeto psicológico, ni actor social, ni dupla empírico-trascendental. En su lugar, una multiplicidad inconsciente formada por distintos tipos de elementos, distribuidos sin jerarquía ni determinación recíproca alguna; máquinas humanas, sociales y técnicas que son otros tantos conglomerados procesuales, agentes colectivos constituidos por interacciones de diversa naturaleza: procesos pre-personales, relaciones intersubjetivas y sociales, pero también procesos transpersonales, y en fin, un complejo autogestionado de estrategias operando tanto en la naturaleza como en el campo social. No existe en consecuencia una entidad exterior a estos espacios o superficies que encarne intencionalidad subjetiva alguna, sino un territorio que se constituye como una secreción que emana al lado de los conjuntos procesuales, un residuo, un fragmento o pieza adyacente que se forma a partir de complejos constreñimientos causales, cruces de determinaciones y azar.

El residuo que decanta de la interrelación de procesos es un compuesto de elementos heterogéneos (17), comparable a una roca sedimentaria multifoliada respecto a la cual, fuerzas activas y pasivas —el viento, la gravedad, la lluvia— ejercen su influencia para "seleccionar" los distintos granos y materiales que, dispuestos en varias capas, tomarán parte en su composición. La interacción de estas fuerzas funcionará básicamente como una máquina conectiva de flujos y cortes (18), a causa de los cuales tendremos entonces una selección, sedimentación y plegamiento de elementos, asociados en un compuesto singular metaestable (19). Las acciones combinadas del viento, la gravedad, la humedad, el calor y la lluvia, pero también la acción de insectos, el paso de animales y personas, pueden constituir un conjunto de actos reiterados de erosión y flujo que producen, primero, una sedimentación de partículas inestables a las que se impondría un orden estadístico de uniones y sucesiones (20), y segundo, un plegamiento que termina por formar una estructura funcional de estabilidad limitada, el agregado geológico, la roca sedimentaria. Ahora bien, un patrón de actos repetidos es un código, cuyas regularidades de base involucran la diferencia entre causas y efectos, comprometiendo singularidades insustituibles en perpetuo estado de transcodificación (21). Así, el paso de la sedimentación al plegamiento supone la ordenación inestable de un flujo de componentes bajo la acción del viento y el agua, la cual será reemplazada por un patrón geológico nuevo, actuando sobre las partículas y sedimentos para constituir la roca como conjunto individual. Habiendo llegado hasta aquí nos parece necesario aclarar que en relación con el proceso de individuación vinculado a la noción de metaestabilidad (22), se establecen diferencias entre el dominio físico y el de los seres vivos, diferencias que acusan importantes atenuantes en la medida en que los fenómenos de autoorganización de la materia, entre otros, se mueven a caballo entre la física termodinámica y la biología procurando campos problemáticos comunes. Remitirse a un ejemplo relacionado con la formación de una roca tiene el propósito expreso de eludir la referencia a una selección consciente, vinculada más bien a los procesos que tienen que ver con la materia viva organizada, y resaltar así la idea de que las fuerzas interactuantes poseen una lógica inmanente no dependiente de una entidad consciente o de una voluntad previa y exterior a su acción. El hecho de que los físicos y químicos contemporáneos hablen en general de sistemas complejos capaces de crear y leer cadenas de información, y por tanto plausibles de autoorganización, reduce y desplaza las tradicionales diferencias entre lo vivo y lo inerte o lo orgánico y lo inorgánico, aunque, como afirma Prigogine, todavía debamos esperar el desarrollo de una tecnología capaz de explotar el gran potencial de ideas y reglas de los sistemas autoorganizadores en materia de procesos tecnológicos. No obstante, como algunas investigaciones en tecnología robótica e inteligencia artificial parecen sostener, puede existir un dispositivo consciente e intencional sin que ello signifique que está vivo (23).

Cuando se revisan los procesos de individuación respecto al dominio físico, Gilbert Simondon, por ejemplo, sostiene que ésta ocurre de manera instantánea, abrupta y definitiva, quantumlike, abandonando en su despertar la dualidad entre medio e individuo, aunque se produzca una frontera aparentemente rígida entre un espacio interno y uno externo, como en el caso de los cristales; precisamente porque la actividad de modulación tiene lugar periféricamente, en una región de frontera, de manera que el individuo físico no posee una genuina interioridad con un rol constitutivo. En tanto que en el ámbito de los seres vivos, esta aproximación o punto de vista no puede validarse a menos que se les considere como un origen absoluto, completo y eterno desde el principio, cerrado sobre sí mismo. De lo contrario, el ser viviente está comprometido en una actividad continua de individuación que supone un régimen completo de resonancia interna en permanente comunicación y mantenimiento de la metaestabilidad. Más aún, el ser vivo es resultado de una individuación inicial que se despliega como amplificación de la individuación a partir del potencial de energía que reside en un sistema determinado, es decir a partir de una realidad preindividual, y no como un proceso que se cumple de una vez por todas y para siempre. El ser vivo resuelve sus problemas no sólo por adaptación, es decir, modificando su relación con el medio, sino modificándose a sí mismo también mediante la invención de nuevas estructuras internas y la autoinserción interactiva en un orden de realidad de dimensión superior.

Con base en esta perspectiva procesual, las analogías entre el dominio físico y el de los seres vivos, como aquella que se puede establecer entre el principio de exclusión en materia de física cuántica y la autorreferencia de la individualidad viviente, sirven, no para identificar a esta última con lo físico, sino para radicalizar el proceso de individuación en tanto que implica un movimiento que atraviesa y produce varios estratos, digamos cósmico, físico-químico, vital, psíquico, social. En ellos se manifiestan múltiples intermediaciones y superposiciones que rompen sus continuidades interiores, y a la vez separan y comunican las zonas progresivas de individuación de un estado de metaestabilidad a otro. Veamos directamente el texto de Simondon como un claro ejemplo de procesualidad que parte de un ambiente o sistema metaestable para experimentar distintos grados de metaestabilidad. Entendiendo al individuo desde la perspectiva del proceso de individuación antes que el proceso de individuación a través del individuo, el autor intenta no sólo comunicar ámbitos distintos —el dominio físico y el de los seres vivos— sino dos órdenes de magnitud diferentes, la discontinuidad molecular metaestable y la continuidad molar estructurada. "En conclusión, puedo adelantar la hipótesis —análoga a la de los quanta en física y atendiendo además a la relatividad entre los niveles de energía potencial— que es acertado asumir que el proceso de individuación no agota todo lo que viene antes (lo preindividual), y que un régimen metaestable no sólo es mantenido por el individuo, sino que es realmente soportado por él, a tal extensión que el individuo finalmente constituido carga con una cierta herencia asociada con su realidad preindividual, animada por todos los potenciales que la caracterizan. La individuación, entonces, es un fenómeno relativo, como una alteración en la estructura de un sistema físico. Hay un cierto nivel de potencial que permanece, lo cual significa que individuaciones adicionales son todavía posibles. La naturaleza preindividual, que continúa asociada con el individuo, es una fuente de estados metaestables futuros a partir de los cuales nuevas individuaciones podrían acontecer. De acuerdo con esta hipótesis, sería posible considerar cada relación genuina bajo el estatus de un ser, y en tanto que experiencia de un desarrollo en el interior de una nueva individuación. Una relación no brota entre dos términos que son dos individuos ya separados, más bien, es un aspecto de la resonancia interna del sistema de individuación. Forma parte de un sistema más vasto. El ser vivo, que es simultáneamente más y menos que una unidad, posee una problemática interna y es capaz de ser un elemento en una problemática que tiene una mayor esfera de acción. En tanto tiene que ver con el individuo, participación aquí significa ser un elemento en un proceso más extenso de individuación por medio de la herencia de la realidad preindividual que el individuo contiene –es decir, debido a los potenciales que conserva" (24).

Ahora bien, venimos relatando la formación de dos modos de composición, uno molecular y otro molar (25), los cuales se expresan ambos tanto en el dominio físico como en el campo de los seres vivientes, dando lugar a dos órdenes de magnitud diferentes. Si continuamos con el ejemplo de las areniscas y los esquistos veremos que constituyen una masa molecular, que en la medida en que sus conexiones devienen más y más rígidas tomando la forma de una roca se estabilizan y homogeneizan, incrementándose así la consistencia de sus diferentes regiones. La composición molecular implica compartimentos y segmentos menos localizados y definidos, al punto de que resulta siempre difícil asir, en este ámbito, los límites precisos de sus elementos componentes y las relaciones que mantienen entre ellos. Se trata de conexiones locales entre partículas discretas caracterizadas por una intensa movilidad, extraordinaria capacidad de mutación y desplazamiento, y eso que Deleuze y Guattari definirían como una gran comunicabilidad entre heterogéneos, de manera que su disposición excluye la posibilidad de determinar de antemano un dominio de base (económico, jurídico, político, artístico, físico, biológico) (26). Las formas moleculares se parecen más a un cuerpo canceroso que a un organismo totalitario: "a cada instante, en cada segundo, una célula deviene cancerosa, loca, prolifera y pierde su forma, se apodera de todo..." (27). Sin embargo, y pese a la comparación con la célula cancerosa, tenemos la impresión de estar representando un proceso continuo y relativamente regular que va de la sedimentación al plegamiento, con algunos momentos escasos de inestabilidad durante el período de composición molecular. Como ya hemos visto, se trata de acontecimientos habitados por diferentes escalas de metaestabilidad que dan lugar a estratos e interestratos con grados de complejidad diferentes y a dos órdenes distintos de magnitud y estabilidad, cuyo problemático vínculo constituye el corazón de la quantum-classical transition, un espacio aún abierto de problemas por resolver para explicar el paso de la perspectiva cuántica, microscópica y discontinua al punto de vista macroscópico y de los grandes conjuntos estadísticos.

Como es bien sabido, en mecánica cuántica se puede especificar exactamente la posición de una partícula en tanto que su momento permanecerá por completo indeterminado para el observador. En otro tipo de estado cuántico es el momento el que se especifica y la posición estará completamente indeterminada (28). Fuera de la observación, una partícula reside en una variedad infinita de posibles estados cuánticos, de manera que un electrón, por ejemplo, puede ocupar diversos niveles de energía, u órbitas, simultáneamente. Dos o más resultados posibles dan lugar aquello que los físicos llaman superposición, de manera que un átomo radioactivo puede estar a la vez en estado de desintegración y no-desintegración. Son coherentes aquellas partículas que se encuentran en una superposición bien definida, pero los efectos macroscópicos que conforman nuestro sentido diario de realidad obedecen a comportamientos clásicos que expresan un resultado determinado u otro, pero no ambos o ninguno a la vez (desintegrado o no-desintegrado, vivo o muerto, etc.) (29). De acuerdo con Wojciech Zurek y su teoría de la decoherencia, el ambiente destruye la coherencia cuántica, es decir, que el destino de cualquier sistema cuántico está afectado por la maraña de sucesos que sus historias particulares no describen, por cuanto el ambiente no es simplemente "ruido", sino una fuente permanente de información que actúa más bien como un aparato que constantemente monitorea el sistema. Zurek sostiene que el ambiente dicta las posibilidades cuánticas que vemos concluidas en el mundo real (macroscópico). Este proceso, que él denomina environment-induced superselection o einselection, sacude los estado cuánticos y sólo conserva aquellos que resisten el escrutinio del ambiente para devenir clásicos. La teoría de la decoherencia introduce la idea de que existen múltiples historias alternativas del universo y, por lo tanto, cualquier explicación acerca de la transición de los fenómenos cuánticos a sus consecuencias macroscópicas conserva un carácter necesariamente ad hoc (30).

En el campo de las ciencias sociales, al contrario, no sólo se han desestimado los problemas de relación entre un dominio microfísico y el análisis sociológico que podríamos calificar de formalista y de determinación binaria, sino que ni siquiera se ha considerado con suficiente relevancia una aproximación microfísica que, más allá del estudio de las relaciones de fuerzas visibles a gran escala y de los grandes ensembles sociales, dé paso a un análisis de los campos moleculares y de, diríamos, afectación cuántica (31). En este sentido, Michel Foucault ha realizado un análisis del poder que elude el esquema jurídico del Estado —con su figura especular que es el partido político —y su contraposición a la sociedad civil (32), colocando el énfasis en un modelo microfísico que fluidifica el poder; entendiéndolo como una interrelación de estrategias, de prácticas a la vez visibles e invisibles, presentes y ocultas, distribuidas hasta en los rincones más ínfimos del campo social (33). Desde el punto de vista molecular, el poder no es una institución ni una estructura, es más bien un conjunto de prácticas o acciones de carácter local formadas por flujos móviles, que escapa a los esquemas de segmentarización binaria y a todo propósito de establecer un principio global de análisis (34). Por tanto, las instituciones vienen a ser concentraciones visibles y terminales, puntos nodales en las redes estratégicas que articulan distintos tipos de procesos, de manera que, antes que constituir entidades unitarias con una funcionalidad rigurosa, son realidades compuestas de efectos radiales sobre el campo social (35): prácticas y operaciones relacionadas con capacidades técnicas que se ejercen sobre cosas o inherentes a la construcción del cuerpo, juegos de comunicaciones y relaciones de poder, son algunos de los procesos que se cruzan y superponen para integrar y articular las redes sociales donde adquieren consistencia los núcleos institucionales —el Estado, el sistema penitenciario, la escuela, el hospital— como pliegues individualizados con un espacio o medio interno delimitado de una exterioridad, tal y como la roca sedimentaria decanta en tanto que individuo compuesto, diferenciado de la masa inestable de areniscas y esquistos. Esta instancia relativamente estable y homogénea —la roca, en el caso de la metáfora utilizada— es una unidad molar que no deja de estar atravesada, y en cierta medida amenazada, por la consistencia molecular, de manera que el conjunto molar no deja de definirse por aquello que se le escapa, que muta y se fuga, a la vez que actúa como punto de acumulación que bloquea y obstruye los flujos en fuga. Cada centro de poder también es molecular, dicen Deleuze y Guattari, se ejerce sobre un tejido micrológico en el que ya sólo existe como difuso, disperso, desmultiplicado, miniaturizado, constantemente desplazado, actuando por segmentaciones finas, operando en el detalle y en el detalle de detalles (36). Ahora que, ciertamente, como el mismo Foucault afirma, el Estado no es simplemente una entre otras formas institucionales de ejercicio de poder. Su particularidad remite al hecho de que ella captura y sobrecodifica las demás formas de relaciones de poder (37), otorgándoles una racionalidad de conjunto, una gobernabilidad, que se las asigna ya sea como instituciones de estado, bajo su protección o bajo su auspicio. Así, la gobernabilidad constituye, en el modelo foucaultiano, la bisagra que conecta los dos sistemas de referencia, el molar y el molecular, pero también un umbral osmótico en el que puede detectarse la constante desestabilización de los conjuntos molares y el paso de un aspecto al otro. Si bien la distinción permite conservar cierta especificidad de los grandes ámbitos molares y no perder de vista el funcionamiento a gran escala de las máquinas de poder dominantes, con sus siempre recurrentes polarizaciones binarias (Estado-sociedad civil, burguesía-proletariado, hombre-mujer, democracia-dictadura, Este-Oeste), así como asistir a los procesos de relación e interacción entre estos dos planos de consistencia; la transducción y coexistencia de ambas formas disuelve toda pretendida demarcación dual entre un campo de cuestiones macrofísicas relativo a los problemas sociales de gran escala, por una parte, y un campo microfísico que conduce a los problemas del individuo, la familia, la persona, etc., como mera referencia a los aspectos psicológicos, al espacio de lo simbólico, a los elementos estilísticos, por la otra. Las formas moleculares, los flujos inestables que ora se codifican ora se escapan, habitan todo el campo social al punto de que bajo esta perspectiva, deviene inútil establecer diferencias entre lo social y lo individual. En este sentido, ya lo hemos señalado, toda forma de subjetividad emergerá en tanto que multiplicidad compleja, como un colectivo que se despliega no sólo más allá del individuo, en relación con las máquinas técnicas y los dispositivos sociales, sino también más acá de la persona, en relación con la puesta en función de componentes etológicos o elementos pre-verbales como ritmos, sonidos, imágenes, etc. Félix Guattari refiriéndose por ejemplo a los estadios de desarrollo del niño, sostiene que las etapas indicadas por psicólogos y psicoanalistas no responden automáticamente a las programaciones construidas por ellos, sino que están ligadas a mecanismos originales relacionados con diferentes modos de codificación y semiotización, respecto a los cuales no es posible determinar a priori su naturaleza ni su encadenamiento. El niño en tanto que entidad orgánica individuada constituye una intersección entre múltiples conjuntos materiales, biológicos, socio-económicos y semióticos que lo atraviesan. Guattari se pregunta dónde comienzan o terminan las interacciones de lo social y lo biológico, en tanto que el individuo no puede ser considerado una totalidad orgánica o un subconjunto del grupo familiar perfectamente delimitado (38). Y en este sentido, respecto a la conjunción o implicación entre máquinas técnicas, sociales y biológicas, hoy más que nunca es posible reconocer el proceso de evolución artificial que tiene lugar a cobijo del desarrollo tecnológico bajo la forma de una transformación radical de nuestro sistema hormonal por ejemplo: la píldora anticonceptiva, Prozac o Viagra son algunos de los productos tecnológicos que acusan profundas mutaciones en las determinaciones biológicas y en los umbrales etológicos que definen los géneros, los estadios etarios, los comportamientos y las conductas, etc.

Proceso es producción social que se extiende hasta los procesos naturales mismos

Volvamos a la metáfora de la roca sedimentaria. La masa fluctuante ha devenido una formación relativamente estable mediante el ejercicio de fuerzas activas y reactivas cuyos flujos se han codificado, produciendo el agregado de sedimentos y partículas. La codificación de flujos supone la puesta en marcha de dispositivos de poder que los taponan y canalizan, y sin embargo, como ya hemos señalado, siempre hay flujos o fragmentos de flujos que se escapan, que huyen y se desplazan fuera de los códigos. Pero, como nos explica Brian Massumi (39), a la actividad de acoplamiento —de sedimentación y plegamiento —le sigue un proceso de separación y distribución: el conjunto individual, registrado como formación estable, va a ser extraído y sometido a la separación de sus componentes, capturados y clasificados a través de mecanismos más regulados y elaborados que forman parte, en este caso, de variados corpus de saber como la mineralogía, la geología, la geografía, etc. Todo un aparato de saber procede a registrar, clasificar y contabilizar la roca, de acuerdo con distintos criterios que dan cuenta de sus propiedades (rigidez y estabilidad, resistencia al golpe de determinados martillos, tipo y grado de sus componentes), para dirigirlas hacia fines más o menos utilitarios. El trabajo de separación, extracción y distribución constituye la esencia de la síntesis disyuntiva que tiene lugar sobre la superficie social, como espacio privilegiado en el que se inscribe todo el proceso de la producción, se registran los objetos, los medios y las fuerzas de trabajo, se distribuyen los agentes y los productos (40). De esta manera, según su tipo de aplicación y siguiendo nuevos patrones de conexión, la roca será metódicamente reimplantada —consumida— como parte de otro complejo nivel de síntesis más: un mural artístico, una casa de familia, un edificio de tribunales de justicia. Todos ellos constituyendo no sólo un agregado de rocas en combinación con otros elementos físicos (cemento, yeso, pintura, metales), sino también una conjunción, particular en cada uno de los casos mencionados, de diagramas y planos, funciones, normas, intenciones, enunciados, etc. (41). De hecho, cada uno de estos elementos es también resultado de una combinación única de procesos conectivos y disyuntivos que atravesando diferentes caminos desembocan en el complejo conjuntivo o de consumo. Las paredes del Palacio de Justicia, a fin de cuentas la odisea de las areniscas y los esquistos, ofrecen un ejemplo de síntesis interconectadas que involucran estratos climáticos, geológicos, biológicos y culturales, cada uno de los cuales es a su vez una multiplicidad de folios y capas que compromete estos mismos mecanismos. Las síntesis conectiva, disyuntiva y conjuntiva forman el diagrama que en cada caso recorren las fuerzas y las líneas del proceso. Aunque son inseparables una de otra, es la síntesis disyuntiva aquella que constituye la superficie de inscripción y de registro que se atribuye todas las fuerzas productivas y los órganos de producción. Ella es en propiedad la formación social, la instancia donde se ponen en funcionamiento las operaciones que inhiben, limitan, marcan y distribuyen las fuerzas productivas, constituyendo un espacio de mediación entre el productor y los productos, o mejor, entre la síntesis conectiva y la síntesis conjuntiva. La sociedad va a ser comprendida, entonces, no como una totalidad, sino más bien como una superficie o campo parcial —un socius— donde se inscriben y se integran los procesos que ordenan los flujos de distinta naturaleza, a cuya consecuencia se despliega como el lugar del cual parecen emanar el conjunto y las partes del proceso. En las sociedades llamadas primitivas, la tierra es la entidad única e indivisible, el motor de la máquina social que se vuelca sobre las fuerzas productivas y se las apropia como presupuesto natural o divino, marcando directamente la carne de los cuerpos que le pertenecen para otorgarles funciones y valores. Mientras que en las sociedades modernas, el capital-dinero constituye la superficie de inscripción donde se marca el interior individualizado de los cuerpos, y de cuyo seno inengendrado parecen emerger todas las fuerzas productivas y las conexiones sociales. Como Marx concluiría al analizar la forma capital-dinero, el engendrar dinero parece algo tan inherente al capital como el crecimiento a los árboles (42).

La particularidad de la máquina capitalista descansa en la descodificación general de los flujos desterritorializados y la conjunción de los flujos de capital y trabajo. Ahora bien, recordemos que un campo social o socius se constituye por la red de flujos sociales que forman las prácticas materiales y discursivas a partir de los procesos naturales mismos, flujos que se encuentran permanentemente afectados por procesos de anclaje y fuga que atraviesan toda la sociedad. El capitalismo, como ninguna otra máquina social, opera la descodificación y desterritorialización de los flujos que otras formaciones sociales codificaban y recodificaban, es decir, opera la quiebra de códigos que hasta un determinado momento han definido el estado y la cualidad de los flujos, remitiéndolos a dispositivos de normalización y axiomatización que frenan su huida absoluta. Los flujos que han sido ordenados y clasificados por un código se vierten en una instancia que funciona como equivalente general cuantificable — el dinero —indiferente a la naturaleza cualificada de los flujos. Como afirman Deleuze y Guattari, el capital como socius se distingue de cualquier otro, en tanto que vale por sí mismo como una instancia directamente económica que se vuelca sobre la producción, sin hacer intervenir factores extra-económicos que se inscribirían en un código (43). La sociedad se ha vuelto realmente económica en la medida que la mercancía deviene la forma general de cohesión social, y en tanto que la actividad productora de mercancías se extiende al conjunto de la vida social, económica y cultural. Este proceso homogeneizante caracteriza la potente capacidad de recuperación, rearticulación y reacomodo de la máquina capitalista: por una parte, mediante la producción constante de nuevos axiomas, el socius ensancha sus márgenes para incluir los flujos desterritorializados y en fuga, e integrarlos a la dinámica del equivalente mercantil y la acumulación de capital; por la otra, se anexa mecanismos antiproductivos de reabsorción de los excedentes, mecanismos que reterritorializan los flujos diversos y aseguran la integración al sistema, es decir, a través de las burocracias modernas, sus instituciones, aparatos militares y policía. Estamos en presencia, por un lado, de la conversión obsesiva y reiterada de múltiples universos de valor en valor de cambio, en beneficio del mercado y la acumulación de capital. Ocurre por ejemplo cuando el socius capitalista descodifica los flujos que constituyen las prácticas ecológicas, convirtiéndolas en problemas contables y de mera productividad económica, y las integra a la innovación tecnológica para favorecer la plusvalía y el crecimiento del capital. Ocurre también, por otro lado, cuando un complejo militar como el Departamento de Defensa de los Estados Unidos asimila la experiencia táctica de las guerrillas maoistas, y diseña un equivalente electrónico para prevenir un posible take over por parte de las autoridades soviéticas, diseño cuyo resultado concreto será la arquitectura de redes que dará origen a lo que hoy conocemos como Internet (44). Sin embargo, junto a la tendencia homogeneizante del mercado concurren procesos de heterogeneidad creciente que dan origen a una multiplicidad ontológica y semiótica, también en crecimiento y complejización. A saber, los nuevos movimientos sociales vinculados a componentes religiosos, políticos, étnicos, ambientales, estéticos, etc., que se fragmentan y se recomponen en el marco de la complejidad semiótica referida y de constelaciones de valor múltiples; las nuevas y sorprendentes formas de individualidad y singularización del deseo (el devenir-mujer, homosexual, transexual, figuras colectivas basadas en disputas lingüísticas, nuevas formas étnicas y raciales, etc., formas de expresión juveniles que se constituyen alrededor de la música electrónica, la moda, el consumo de estupefacientes, como los movimientos raven, los punk, etc.), puestas en escena sobre el despliegue de innumerables diferencias; la constitución de territorios existenciales demarcados en función de segmentos semióticos masmediáticos o informacionales; pero también, todas las formas desintegradas del tejido y de la solidaridad social, el endurecimiento de las jerarquías y las segregaciones sociales, el avance de actitudes conservadoras y prácticas de carácter ambiguo (reivindicaciones nacionalistas, autonómicas, etc.), la destrucción de identidades colectivas y de sistemas de valor tradicionales, la aparición de mecanismos cada vez más sofisticados de sumisión y de control.

Aclaremos que Deleuze y Guattari introducen el término "descodificación", separándolo del uso que corrientemente le asigna la teoría de la comunicación y la información, para definir, más que una reconstrucción, una reconversión o una comprensión del flujo en el código en el cual estaría incluido, un escape o huida de su propio código de manera que el flujo adquiere nuevas determinaciones y se instala en otros sentidos. Descodificar es sobre todo destruir un código en tanto que tal para asignarle una función arcaica, exótica o residual (45). La desterritorialización por su parte, es el movimiento por el cual un flujo social abandona un territorio, vale decir, es la operación de fuga de los flujos sociales que se distancian de un determinado nódulo de funciones y fuerzas, sean éstas económicas, políticas, jurídicas, estéticas, existenciales, etc. Así, por ejemplo, los flujos de trabajo se desterritorializan en el transcurso del siglo XVI al XVII, como Marx mostró claramente, cuando el trabajador artesanal o el campesino se convierten en trabajadores libres por expropiación de los medios de producción y de la tierra, cuando el trabajo "escapa" del taller artesanal, de la organización gremial, del feudo, y se transforma en trabajo libre, asalariado y abstracto (46). La sujeción social emergente supone una unidad superior, el Capital o el Estado, que constituye al hombre como instancia separada de un objeto que ha devenido exterior, sea éste un animal, una herramienta o una máquina; en tanto que para las otras formas de sujeción, la esclavitud imperial o la servidumbre feudal por ejemplo, el hombre hace parte o pieza de un mecanismo bajo control y dirección de una unidad superior, el cuerpo del déspota o Dios, respecto al cual no aparece como elemento discernido o separado, es decir como sujeto que mantiene con la máquina una relación de exterioridad. De la misma manera que, como sostiene Marx, el trabajo que se enfrenta al capital es trabajo ajeno, y el capital que se enfrenta al trabajo es capital ajeno, siendo extremos distintos que se proporcionan uno al otro un sujeto universal y un objeto cualquiera, el obrero, el usuario que encarna la capacidad o facultad de trabajar, es decir la mera subjetividad del trabajo, aparece en tanto que propietario privado de su fuerza laboral, como una instancia separada de la máquina (capital constante) pero sujeto a ella, en la medida en que sólo puede objetivarse sometiéndose a ésta (47). Lejos están aún, en el siglo XVII, los tiempos en que el capital extiende su consistencia a toda la sociedad, recomponiendo un régimen de esclavitud generalizada donde los hombres y las máquinas forman un sistema de mutua comunicación, tan intrínsecamente relacionados, que no es posible establecer ya donde empiezan unos y terminan las otras; de manera tal que la producción que pudiéramos llamar humana deviene maquínica, no sólo por sustitución del capital variable por constante, sino también —nos atreveríamos a sugerir — por una creciente anulación de las diferencias. Marx llamará a esto sujeción real de la sociedad en el capital — sin prever ni llegar a imaginar el alcance y los efectos que el desarrollo tecnológico y la automatización tendrían respecto a las relaciones laborales y el vínculo capital variable-capital constante —haciendo referencia, como hemos dicho, a un momento en el cual la relación de explotación que encarna el capital y su axioma de producción para el mercado asumen la sociedad en su totalidad y en su conjunto. La sujeción real, a diferencia de la sujeción formal que tiene lugar en el siglo XVII y a lo largo de los dos siglos siguientes, significa la interiorización de las prácticas disciplinarias hasta el punto de que, como bien ilustra Gabriel Albiac acompañando las reflexiones finiseculares de Toni Negri, ninguna violencia exterior es ya ontológicamente necesaria, pues es el propio obrero o el ciudadano quien cada noche dará cuerda al despertador que lo pondrá en pie para volver, cada mañana, a la puerta de la misma fábrica (49). La interiorización de las prácticas disciplinarias viene acompañada, a nuestro modo de ver, de una interiorización del automatismo maquínico y de los componentes concretos y semióticos de las máquinas como elementos constitutivos de nuestra subjetividad.

En el espacio de socialidad pura y generalizada que constituye el orden capitalista de la sujeción real se disuelve la discontinuidad hombre-naturaleza. Ya no es posible establecer un polo natural y un polo cultural puesto que la esencia humana de la naturaleza y la esencia natural del hombre se identifican en la producción genérica de la vida humana (síntesis social), que involucra en varios sentidos tanto la acción de las figuras sociales sobre la materia como los constreñimientos y procesos naturales. Ello no significa que estos últimos en tanto que interacciones y procesos de la physis, siendo anteriores a la humanidad, no tengan lugar y una existencia real fuera de la cultura y del hombre, sino más bien que los ámbitos cosmológicos, biológicos, sociales y tecnológicos se entretejen hoy en un conjunto tan íntimo e intrincado que no es posible establecer una frontera neta entre estas múltiples interacciones. El complejo social y tecnológico extendido a escala planetaria constituye un oikos físico artificial que ha roto los pseudosequilibrios y las discontinuidades precedentes, y que, lejos del uso ideológico que aún hacemos de la distancia que enfrenta y separa la cultura de la naturaleza, obliga a la toma y construcción de un concepto de materia que elude la concepción mecanicista de la materia inerte opuesta al espíritu, para dar paso a la comprensión de los procesos "inteligentes" y de "autoorganización" que constituyen la physis y la abren al horizonte del devenir, el movimiento incesante y la evolución, acortando a su vez la distancia entre lo inorgánico y lo orgánico y en definitiva, como hemos dicho, entre el espíritu y la materia (49). "En adelante, señala Morin, disponemos de un principio inmanente de organización físico. De golpe, la physis vuelve a encontrar la plenitud genérica que los presocráticos le habían reconocido. Es esta physis reanimada y regenerada la que se puede generalizar, es decir, reintroducir en todo lo que está vivo, en todo lo que es humano" (50).

Work in progress: puntualizando criterios

Concluyamos este capítulo con algunas observaciones puntuales.

1. Eludimos la cuestión del origen no para entronizar un universo increado o escamotear una fundamentación primera, sino para introducir los vectores múltiples del devenir en un pensamiento que debe dar cuenta de la incesante movilidad de la materia. Así planteada, la cuestión del origen elude toda llamada a un origen originario y se reclama de la puesta en escena de una aporía constitutiva, la cual transforma el punto de inicio en un horizonte genealógico que nos sitúa en un campo problemático siempre en desplazamiento y mutación.

2. La producción cultural y de conocimiento contemporáneas se despliega en una red de posibilidades polifónica y dialógica, y ya ha sido dicho, en un universo en expansión, donde la filosofía, el arte y las ciencias constituyen líneas melódicas separadas en constante interrelación, de manera que en un juego permanente de ruptura, resonancia e intercambio — un intercambio que puede no ser meramente un trueque, una relación consensual, una simbiosis, sino más bien un préstamo unilateral, inclusive un robo, una colonización o una ocupación parasitaria de sus distintos segmentos componentes —el pensamiento se abre a nuevas complicidades, parcelamientos y estrategias.

3. En consecuencia, si la teoría social se hace permeable a los recursos de comprensión y explicación provenientes tanto de la física, la biología, las ciencias cognitivas y la cosmología contemporáneas, como de la producción estética y el arte, incorporando la dispersión, el gasto y la degradación en tanto que condiciones inherentes a la physis y a la organización de la materia, condiciones que constriñen la posibilidad de determinar trayectorias reversibles y lineales, el pensamiento social estará obligado a desplazarse del universo inmutable de las cosas y las sustancias a los escenarios dispares, complejos y metaestables de los procesos.

4. Atender a los procesos es dar cuenta, entonces, de flujos y líneas de fuerzas activas y reactivas que se desplazan de un origen siempre móvil que constituye un campo problemático, a un abanico de posibles que se van definiendo alrededor y en virtud de las imposibilidades y las fuerzas que se van abandonando, y cuya realización y cumplimiento forman el horizonte tendencial del proceso.

5. Un proceso implica estrategias relacionales que ponen en juego una red de fuerzas interconectadas, de manera que el sentido de una cosa se define con arreglo a una jerarquía de fuerzas, de acuerdo con el valor que le otorgan aquellas en las cuales está inmersa.

6. Atender a los procesos es, pues, dar cuenta de aquello que acontece in-between relevando el conjunto de movimientos y vectores que constituyen sistemas y microsistemas complejos, subrayando los acontecimientos y eventos, las funciones y la producción de circunstancias, hurgando la maraña de sucesos dispares y excéntricos que forman el environment, aprehendiendo el diagrama de instrucciones heurísticas que constituyen las condiciones de producción de existencia, y en fin, el conglomerado dispar de aquello que hace posible "lo que es", para disolver toda referencia a una sustancia fundante, un sub-jectum, una causalidad inicial.

7. La aproximación procesual disuelve la polaridad sujeto-objeto en un complejo de relaciones y eventos que definen cuadros estratégicos de intencionalidad objetiva, donde se despliegan ámbitos de singularización y autovaloración subjetivos germinalmente presentes, virtuales y quizá inéditos. No existe por tanto una entidad exterior a estos espacios o superficies que encarne intencionalidad subjetiva alguna, sino un territorio que se constituye como una secreción que emana al lado de los conjuntos procesuales, un residuo, un fragmento o pieza adyacente que se forma a partir de complejos constreñimientos causales, cruces de determinaciones y azar.

8. Toda forma de subjetividad emergerá en tanto que multiplicidad compleja, como un colectivo que se despliega no sólo más allá del individuo, en relación con las máquinas técnicas y los dispositivos sociales, sino también más acá de la persona, en relación con la puesta en función de componentes etológicos o elementos pre-verbales como ritmos, sonidos, imágenes, etc.

9. Un proceso es sintético, en el sentido de que encarna siempre la reunión, o mejor, el encuentro, pero también, la fuga, la separación y la desterritorialización de una multiplicidad de fuerzas. Recordemos que una cosa (un fenómeno) se define por el conglomerado de fuerzas en movimiento que la toman y que en ella son dominantes estableciéndose una jerarquía, una cosa tiene tanto sentido como fuerzas capaces de apoderarse de ella, y su esencia se configura en virtud del sentido que le da la fuerza que presenta con ella mayor afinidad (51); por ello y en consecuencia, un fenómeno también se deja describir en virtud de aquellas fuerzas que se le oponen, se escapan o la abandonan. No se trata, por tanto, de la unión de los contrarios en una instancia resolutoria que constituiría la síntesis de dos términos opuestos; las operaciones y los procesos que venimos de mencionar no corresponden a la aparición de una instancia o esencia negativa que como una segunda etapa dé paso a la solución dialéctica encarnada en la unidad. Tratándose de procesos complejos en condiciones de metaestabilidad, los encuentros de fuerzas se producen en un clima sostenido e inmanente de tensión e incompatibilidad como producto de la riqueza de elementos en juego. Como resultado, lo dispar y heterogéneo, el ser multidimensional en proceso permanente de individuación y complejización. Si la sustancia, como señala Simondon, cesa de ser el modelo del ser, es posible concebir una relación no identitaria del ser consigo mismo, y la inclusión en el ser de una realidad que no es solamente idéntica a él, para entenderlo como algo más que unidad y más que identidad (52).

10. Síntesis quiere decir además creación, producción, en un complejo autogestionado de estrategias que operan tanto en la naturaleza como en el campo social. La síntesis social viene entonces a significar una condición fundamental y general del modo de existencia humano (53) que crea sus mecanismos de socialización y reconocimiento a partir de las prácticas sociales históricamente asignables. Es decir, que las condiciones de posibilidad de la experiencia no están fundamentadas en la espontaneidad del espíritu, sino en aquellos procesos que se desarrollan en el espacio de la socialización. De acuerdo con Enzo del Búfalo, quien con ciertos reparos sigue el hilo de reflexión elaborado por Sohn-Rethel, entendemos que el concepto de síntesis social debe extenderse a todo tipo de sociedad, en la medida que las formas de cohesión social y por tanto las formas constitutivas de la subjetividad son inseparables de la materialidad en que se sustentan. Sin embargo, tal y como lo refiere del Búfalo, es necesario, por una parte, acentuar la distinción entre síntesis social como concepto que engloba la relación entre figuras y componentes de la subjetividad, formas de cohesión social y prácticas sociales; y el concepto de sociedad sintética, por la otra, en tanto que comprende la síntesis propia de las sociedades mercantiles, vinculadas a la producción de mercancías, y en ese sentido, habitadas por una condición "artificializante" de la socialidad, construida sobre la objetividad del valor de las mercancías que se forma como desplazamiento de sus posibles usos y abstracción del intercambio orgánico con la naturaleza (54).

11. Las síntesis conectiva, disyuntiva y conjuntiva forman el diagrama que en cada caso recorren las fuerzas y las líneas del proceso. Aun siendo inseparables una de otra, es la síntesis disyuntiva aquella que constituye la superficie de inscripción y de registro que se atribuye todas las fuerzas productivas y los órganos de producción. Ella es en propiedad la formación social, la instancia donde se ponen en funcionamiento las operaciones que inhiben, limitan, marcan y distribuyen las fuerzas productivas, constituyendo un espacio de mediación entre el productor y los productos, o mejor, entre la síntesis conectiva y la síntesis conjuntiva. La sociedad va a ser comprendida, entonces, no como una totalidad, sino más bien como una superficie o campo parcial —un socius— donde se inscriben y se integran los procesos que ordenan los flujos de distinta naturaleza, a cuya consecuencia se despliega como el lugar del cual parecen emanar el conjunto y las partes del proceso

12. Atenderemos a lo molar y a lo molecular para dar cuenta de sus relaciones, de los procesos de transducción y las coexistencias posibles entre los grandes conjuntos molares, los grandes grupos estadísticos, y la filigrana del tejido procesual social; subrayando, empero, que las formas moleculares, los flujos inestables que ora se codifican ora se escapan, habitan todo el campo social al punto de que bajo esta perspectiva, tal como hemos indicado, se establece un continuo relacional entre lo social y lo individual.

13. Caracterizaremos el contexto epocal de nuestra investigación como capitalismo mundial integrado o sociedad de la informatización planetaria, el cual se desarrolla según dos tendencias concurrentes: por una parte, una corriente planetaria de homogeneización impuesta por la lógica del equivalente mercantil, que reduce la complejidad de valores a la axiomática única de la igualdad formal; y por la otra, un proceso creciente de heterogeneización y complejidad que activa múltiples regímenes semióticos, distintos universos de valor y diversas figuras de subjetividad.

14. En este espacio de socialidad pura y generalizada que constituye el orden capitalista de la sujeción real se disuelve la discontinuidad hombre-naturaleza. Ya no es posible establecer un polo natural y un polo cultural puesto que la esencia humana de la naturaleza y la esencia natural del hombre se identifican en la producción genérica de la vida humana (síntesis social), que involucra en varios sentidos tanto la acción de las figuras sociales sobre la materia como los constreñimientos y procesos naturales.

15. No nos queda duda de la necesidad de construir unidades explicativas que ordenen el universo complejo e indeterminado, y la naturaleza implícitamente infinita — compleja plétora de eventos y cosas —que llamamos realidad; como tampoco podemos negar la exigencia inherente al pensamiento de dar cuenta de las reglas que rigen su ordenamiento, la constitución de sus saberes, su eficacia y su legitimidad. Pero estos reclamos y demandas no deben hacernos perder de vista la heterogeneidad constitutiva de los procesos irreversibles de donde emergen los regímenes de signos y de estados cosas que para nosotros le dan forma y sentido a la realidad. De hecho, su puesta en escena no tendrá otro resultado sino poner en evidencia la propia movilidad de los conceptos y de los objetos del conocimiento, junto a ese mundo en expansión que ellos mismos contribuyen a fabricar. De esta manera, podríamos decir que los conjuntos materiales concretos y semióticos que van tejiendo nuestro campo de coherencias tienen siempre un carácter local y particular asignable históricamente. No sólo cambian las preguntas y sus respuestas, sino también la formación material que los acoge como espacio de emergencia, sus campos operativos, los signos a los que responden y los intereses que les otorgan validez.

16. De acuerdo con la perspectiva expuesta, la tarea para el futuro será, pues, detectar algunos puntos nodales a partir de los cuales se despliegan determinados campos sociales, y cartografiar los procesos —hacer mapa diría Félix Guattari— que definen líneas de sentido y tendencias como mecanismos productores de subjetividad.

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Prigogine, Ilya: El fin de las incertidumbres, Santiago de Chile: Andrés Bello, 1997.

Prigogine, Ilya et Isabelle Stengers: Entre le temps et l’éternité, Manchecourt: Flammarion, 1992.

Notas

(1) Remitimos al lector a la sugerente e ilustrativa obra del químico y físico ruso Ilya Prigogine, El fin de las certidumbres (Santiago de Chile: Andrés Bello, 1997). Cf. El nacimiento del tiempo (Barcelona: Tusquets editores, 1993) y en colaboración con Isabelle Stengers, Entre le temps et l’éternité (Manchecourt: Flammarion, 1992).

(2) "Ciertamente, en el estado actual de los conocimientos concernientes al devenir, la previsión estadística se inclina a favor del triunfo final de la dispersión. Pero el estado actual de los conocimientos y el estado actual del devenir son inciertos, tanto el uno, como el otro. La estadística no tiene sentido definitivo para un universo singular desde el origen y en el que todo se desarrolla singularmente. Una previsión estadística antes del nacimiento del universo, hubiera considerado a éste como casi imposible. Sin embargo él es, y su existencia ha aniquilado otros posibles, intelectualmente menos improbable. Actualmente el orden y la organización tienen una esperanza de vida mucho más favorable que la que el cosmos tenía antes de su nacimiento: una improbabilidad general se ha transformado en miríadas de probabilidades locales; es cierto que el orden y la organización siguen siendo estadísticamente minoritarios, pero lo que la estadística nos dice, es que son nucleares. Y un pasado de más de diez billones de años, está ahí para atestiguarlo: todo lo que se ha constituido como organizador y creador se ha hecho fuera de toda probabilidad estadística.". Edgar Morin, El Método. La naturaleza de la Naturaleza (Madrid: Ediciones Cátedra, 1986) pp. 83-84.

(3) Recordemos el ya clásico ejemplo del físico Ilya Prigogine acerca de los fenómenos de disipación térmica y la formación de estructuras disipativas, y su diferencia con el desarrollo de actividades físico-químicas en estado de equilibrio: en dos cajas comunicantes se tiene una mezcla de hidrógeno y nitrógeno en estado de equilibrio, es decir, un sistema físico químico cuya temperatura interna es homogénea de manera que también lo será la distribución del hidrógeno y la del nitrógeno. Al someter los dos extremos del sistema a temperaturas diferentes se crea una distribución contrastada. La experiencia muestra que aparejado al proceso de difusión del calor, se producirá un proceso de separación de los dos gases. Cuando el sistema supera el estado de equilibrio debido al aumento de temperatura en uno de sus extremos, se producirá una diferencia de concentración de los gases. Por tanto, sometiendo el sistema a una constricción térmica, se crea una disipación, un aumento de entropía, pero también una ordenación, es el proceso de antidifusión que mide una contribución negativa a la producción de entropía.

(4) Ilya Prigogine, pássim.; Murray Gell-Mann, El quark y el jaguar. Aventuras en lo simple y lo complejo (Barcelona: Tusquets, 1995); Gregory Bateson, Espíritu y naturaleza (Buenos Aires: Amorrortu, 1993) y Steps to an Ecology of Mind, (Nueva York: Ballantine, 1972); Heinz von Foerster et al., Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad (Buenos Aires: Paidós, 1994) y Self-Organizing Systems, (Londres: Pergamon Press, 1960).

(5) "Si conociéramos con precisión infinita las leyes de la naturaleza y la situación inicial del universo, podríamos predecir exactamente la situación de este mismo universo en un momento posterior. Pero incluso aunque las leyes naturales no tuvieran ningún secreto para nosotros, sólo podríamos conocer la situación inicial de modo aproximado. Todo lo que necesitamos para poder decir que un fenómeno ha sido predicho y que está regido por leyes es poder predecir la situación posterior con la misma aproximación que la inicial. Pero esto no siempre es posible; puede ocurrir que las pequeñas diferencias en las condiciones iniciales se hagan muy grandes en el resultado final. Un pequeño error al principio producirá un error enorme al final. La predicción se hace imposible y tenemos un fenómeno fortuito." Henri Poincaré, Ciencia y método, 1903 citado por Murray Gell-Mann, Op. Cit. p. 42.

(6) Giorgio Colli, Después de Nietzsche (Barcelona: Editorial Anagrama, 1988) p. 53.

(7) Giorgio Collin, Op. Cit., pp. 53-54.

(8) El olvido era ya para Nietzche, como sostiene José Jara, un tema sin el cual no puede entenderse el proceso de formación histórica del hombre. Cf. F. Nietzsche, Genealogía de la Moral, Humano demasiado Humano y Gaya Ciencia.

(9) Brian Eno, Gossip is Philosophy. Interview with Kevin Kelly (Wired, 3.05, mayo de 1995) p. 150. Originalmente dice: "For years, I have been using rules to write music, but without computers. For instance, I've used systems of multiple tape loops that are allowed to reconfigure in various ways, while all I do is supply the original musical sounds or elements and then the system keeps throwing out new patterns of them. It is a kaleidoscopic music machine that keeps making new variations and new clumps. [...] My rules were designed to try to make a kind of music I couldn't predict. That's to say I wanted to construct 'machines' (in a purely conceptual sense — not physical things) that would make music for me. The whole idea was summarized in the famous saying (which I must have shouted from the ramparts a thousand times): 'Process not product!" The task of artists was to 'imitate nature in its manner of operation' as John Cage put it - to think of ways of dealing with sound that were guided by an instinct for beautiful 'processes' rather than by a taste for nice music."

(10) " 'Maquina' ha llegado a tener una connotación desagradable porque viene a significar sistemas que hacen cosas predecibles, fastidiosas y repetibles. Pero las máquinas de las que yo estoy hablando hacen cosas que no esperábamos". Brian Eno, Op cit p. 206.

(11) Si este ensayo se elaborara mediante una tecnología hipertextual, las referencias a las piezas musicales no se reducirían a las descripciones abstractas que acabamos de hacer. Junto con incluir el fragmento de la partitura de la pieza de Pachelbel que utiliza Brian Eno y el pentagrama que denota la melodía del Canon, habríamos podido anexar una conexión –un link– que condujera al lector a una versión audible del Canon y a la Variación compuesta por Brian Eno y sus cajas musicales. En un ensayo así construido convivirían códigos lingüísticos, visuales y musicales que seguramente darían al lector una imagen más completa, probablemente por la multiplicidad de medios, es decir multimediada, de lo que queremos transmitir.

(12) Los autores hacen referencia a este ejemplo en Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia (Valencia: Pre-Textos, 1994), y nos llama la atención que leyendo a Edgar Morin hemos encontrado una hermosa comparación del universo con un taller de herrería. "El universo, dice Morin, no es un delirio térmico, es un taller de herrería. Lo que se forja se paga, como todo lo que es creador, con un enorme despilfarro, un gasto inaudito, con fracasos.". Edgar Morin, Op. Cit., p. 83.

(13) Cada una de estas cualidades puede entenderse o interpretarse como un carácter relacional, como una relación entre fuerzas. El color es, por ejemplo, la relación de afectación entre ciertos procesos de onda o quanta de luz y terminaciones que se despliegan o desenrollan al contacto con el fotón de luz, relación que involucra modificaciones químicas en los componentes del púrpura visual constitutivo de los bastoncillos y conos retinales.

(14) "...un artesano que cepilla sigue la madera, y las fibras de la madera, sin cambiar de sitio. Pero esta manera de seguir sólo es una secuencia particular de un proceso más general. Pues el artesano también está obligado a seguir de otra manera, es decir, a ir a buscar la madera allí donde está, y no cualquier tipo de madera, sino la que tiene las fibras adecuadas. En caso contrario, tiene que hacer que se la traigan: sólo porque el comerciante se encarga de hacer una parte del trayecto en sentido inverso puede el artesano evitar el tener que hacerlo personalmente. Pero el artesano sólo es completo cuando también es prospector; y la organización que separa al prospector, al comerciante y al artesano, mutila ya al artesano para convertirlo en un 'trabajador'". G. Deleuze y F. Guattari, Op. Cit. p. 410.

(15) En relación con esta última afirmación y a modo de ejemplo, recordemos algunas conclusiones de los trabajos en epistemología empírica a cargo de Gregory Bateson, reafirmados por investigaciones más recientes en el área de las telecomunicaciones y la telemática. Bateson sostiene que los procesos de la percepción nos son inaccesibles; sólo tenemos conciencia de los productos de esos procesos. Estos dos hechos generales son el comienzo de la epistemología empírica: primero, no tenemos conciencia de los procesos de construcción de las imágenes que conscientemente vemos, y segundo, en estos procesos inconscientes aplicamos toda una gama de presupuestos que se incorporan a la imagen terminada. De acuerdo con esto, Bateson afirma que las reglas del universo que creemos conocer están profundamente incorporadas a nuestros procesos de percepción. Cf. Espíritu y naturaleza (Buenos Aires: Amorrortu, 1993).

(16) Gilles Deleuze, Nietzsche y la filosofía (Barcelona: Editorial Anagrama, 1993) p. 14.

(17) "Un espíritu es un agregado de partes o componentes interactuantes." "[...] ...un proceso espiritual es siempre una secuencia de interacciones entre partes. La explicación de los fenómenos espirituales debe residir siempre en la organización e interacción de múltiples partes." Gregory Bateson, Op. cit., pp. 105-106.

(18) "En las cuestiones de la vida, señala Gregory Bateson, hay típicamente dos sistemas energéticos en interdependencia: uno es el que utiliza su energía para abrir o cerrar la canilla, válvula o relé; el otro es el sistema cuya energía 'fluye a través' de la canilla o válvula cuando esta se abre." Idem, p. 114.

(19) De acuerdo con Deleuze y Guattari, en un estrato geológico hay una "primera articulación" que es la sedimentación, la cual amontona unidades de sedimentos cíclicos según un orden estadístico: el flysch, con su sucesión de areniscas y de esquistos. La "segunda articulación" es el plegamiento, que crea una estructura funcional metaestable y asegura el paso de los sedimentos a las rocas sedimentarias. Esta doble articulación es la base del funcionamiento de una máquina de regla binaria o de régimen asociativo, de forma conectiva que posee el modo "y", "y además"..., por la cual un mecanismo de producción de flujo estará conectado a un sistema de cortes que a su vez producen otros flujos, y así sucesivamente. El Antiedipo. Capitalismo y esquizofrenia (Barcelona: Barral, 1973) p. 15 y Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, pp. 48-49.

(20) G. Deleuze y F. Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. p. 48.

(21) "Ante todo, debemos notar que cualquier objeto, suceso o diferencia en el llamado 'mundo externo' puede convertirse en fuente de información, siempre y cuando sea incorporado a un circuito con una red apropiada de material flexible en el que sea capaz de producir cambios. En este sentido, el eclipse solar, la huella del casco de un caballo, la forma de una hoja de árbol, la mancha ocular de la pluma de una pavo real - sea esto lo que fuere -, todas esas cosas pueden ser incorporadas al espíritu si desencadenan tales ilaciones de consecuencias." Gregory Bateson, Op. cit., p.123.

(22) A diferencia del equilibrio estable, que excluye la idea del devenir porque corresponde al más bajo nivel de energía posible e implica que todas las posibles transformaciones han sido adquiridas y cumplidas, la metaestabilidad supone un alto potencial o potenciales de energía en un sistema determinado y la consideración de un orden que se produce en íntima relación con una entropía creciente. Gilbert Simondon da como ejemplo los estados de superfusión o supersaturación que anteceden la génesis de los cristales. Un medio metaestable es rico en potenciales de energía y no contiene materias formadas en tanto que constituye el ser preindividual que precede el devenir del individuo. Una vez que este proceso de plegamiento y estratificación se produce, el individuo no sólo se adapta y actúa en condiciones de metaestabilidad sino que conserva el equilibrio metaestable - medio interno y externo - como parte esencial de su evolución. Gilbert Simondon, The Genesis of the Individual. (translated by Mark Cohen and Sanford Kwinter) In: Incorporations (edit. By Jonathan Crary and Sanford Kwinter) (New York: Zone, 1995) pp. 297-319.

(23) Cf. Ilya Prigogine, Le cerveau pense-t-il? En: Le nouvel Observateur (concection-dossiers), 1996 y Sherry Turkle, Who am we? En: Wired, 4.01, Jan. 1996.

(24) La cita tomada de una traducción en inglés del original francés dice: "In conclusion, I can put forward the hypothesis - analogous to that of quanta in physics and also to that concerning the relativity between the levels of potential energy - that it is fair to assume that the process of individuation does not exhaust everything that came before (the preindividual), and that a metastable regime is not only maintained by the individual, but is actually borne by it, to such an extent that the finally constituted individual carries with it a certain inheritance associated with its preindividual reality, one animated by all the potentials that characterize it. Individuation, then, is a relative phenomenon, like an alteration in the structure of a physical system. There is a certain level of potential that remains, meaning that further individuations are still possible. The preindividual nature, which remains associated with the individual, is a source of future metastable states from which new individuations could eventuate. According to this hypothesis, it would be possible to consider every genuine relation as having the status of a being, and as undergoing development within a new individuation. A relation does not spring up between two terms that are already separate individuals, rather, it is an aspect of the internal resonance of a system of individuation. It forms a part of a wider system. The living being, which is simultaneously more and less than a unity, possesses an internal problematic and is capable of being an element in a problematic that has a wider scope that itself. As far as the individual is concerned, participation here means being an element in a much larger process of individuation by means of the inheritance of preindividual reality that the individual contains – that is, due to the potentials it has retained." Gilbert Simondon, Op. Cit. p. 306. Negrillas nuestras y cursivas del autor.

(25) "Toda sociedad, pero también todo individuo, están, pues, atravesados por las dos segmentaridades a la vez: una molar y otra molecular. Si se distinguen es porque no tienen los mismos términos, ni las mismas relaciones, ni la misma naturaleza, ni el mismo tipo de multiplicidad. Y si son inseparables es porque coexisten, pasan la una a la otra, según figuras diferentes como entre los primitivos y nosotros - pero siempre en presuposición recíproca la una con la otra." G. Deleuze y F. Guattari, Op. cit., p. 218.

(26) Idem, p. 214.

(27) G. Deleuze y F. Guattari, Op. cit., p. 167.

(28) Hacemos referencia al Principio de Incertidumbre desarrollado en mecánica cuántica como una teoría que sostiene la imposibilidad de especificar simultáneamente con precisión la posición y el momento de una partícula. El principio de indeterminación, como también se le llama, supone que una mayor exactitud en la determinación de una cantidad tendrá como consecuencia una menor precisión en la medición de la otra, y que el producto de ambas incertidumbres nunca es menor que la denominada constante de Planck. El principio de indeterminación explica por qué en mecánica cuántica el cálculo de probabilidades reemplaza los cálculos exactos de la mecánica clásica.

(29) Seguimos aquí el problema ilustrado por Schrödinger mediante su famoso experimento mental del gato. De acuerdo con la mecánica cuántica, las partículas saltan de un punto a otro ocupando varios lugares a la vez a una mayor velocidad que la de la luz. Schrödinger se preguntaba por qué los gatos, estando constituidos por partículas atómicas, no respondían a la misma conducta incierta cuando más bien obedecían a comportamientos predecibles de acuerdo con las leyes clásicas cuantificadas por Isaac Newton. El modelo del llamado "gato de Schrödinger" representa un suceso cuántico amplificado del cual se hacía depender el envenenamiento de un gato, es decir, que su vida estaba sujeta a la dirección que tomara una partícula emitida por la desintegración de un núcleo atómico, en cuyo caso se dispararía un mecanismo que abriría el depósito de la sustancia antifelino. Cf. Murray Gell-Mann, Op. Cit., p.172. También Philip Yam, Bringing Schödinger’s Cat to Life. In: Scientific American, June 1997.

(30) Las investigaciones acerca de los límites y las transiciones entre el campo cuántico y la esfera de la física clásica están en el centro de los trabajos de David Pritchard y otros experimentalistas del Massachusetts Institute of Technology. James Hartle y Murray Gell-Mann forman parte de un grupo internacional de físicos que intentan elaborar una interpretación de la mecánica cuántica aproximada al dominio cuasiclásico de la experiencia cotidiana, mediante la teoría de las historias múltiples alternativas del universo y la decoherencia, respecto a la cual Wojciech Zurek (Los Álamos National Laboratory) es uno de su líderes exponentes.

(31) Para una ampliación de esta polémica recomendamos al lector el astringente trabajo de Félix Guattari, La révolution moléculaire (Fontenay-sous-Bois: Recherches, 1977).

(32) Vale la pena recordar la sentencia con la cual Foucault rechaza la concepción jurídica del poder, el modelo fundado en el sistema Soberano-Ley, en el personaje del Príncipe, que durante tanto tiempo ha fascinado y sigue fascinando al pensamiento político: "Se trata en suma de orientarse hacia una concepción del poder que, al privilegio de la ley, lo sustituya por el punto de vista objetivo, al privilegio de lo prohibido por el punto de vista de la eficacia táctica, al privilegio de la soberanía, por el análisis de un campo múltiple y móvil de relaciones de fuerza donde se producen efectos globales, pero nunca totalmente estables, de dominación. El modelo estratégico, más que el modelo del derecho." El texto original dice: "Il s’agit en somme de s’orienter vers une conception du pouvoir qui, au privilège de la loi, substitue le point de vue de l’objectif, au privilège de l’interdit le point de vue de l’efficacité tactique, au privilège de la souveraineté, l’analyse d’un champ multiple et mobile de rapports de force où se produisent des effets globaux, mais jamais totalment stables, de domination. Le modèle stratégique, plutôt que le modèle du droit." Histoire de la sexualité. La volonté de savoir (Saint-Amand: Gallimard, 1994) p. 135.

(33) "Puede ser sensato no tomar como un todo la racionalización de la sociedad o la cultura, sino analizar tal proceso en distintos campos, cada uno en referencia a una experiencia fundamental: locura, enfermedad, muerte, crimen, sexualidad, y así sucesivamente." Originalmente dice: "It may be wise not to take as a whole the rationalization of society or of culture, but to analize such a process in several fields, each with reference to a fundamental experience: madness, illnes, death, crime, sexuality, and so forth." Michel Foucault, The Subject and Power. In: Hubert L. Dreyfus and Paul Rabinow, Michel Foucault: Beyond Structuralism and Hermeneutics (Chicago: The University of Chicago Press, 1983) p. 210.

(34) "Ninguna infra- o superestrucutra, ningún ciclo Maltusiano, ninguna oposición entre estado y sociedad civil: ninguno de estos esquemas que las operaciones de los historiadores, explícitas o implícitas, han reforzado en los últimos cien o ciento cincuenta años". El texto original dice: "No infra- or superstructure, no Malthusian cycle, no opposition between state and civil society: none of these schemas which have bolstered historians’ operations, explicitly or implicitly, for the past hundred or hundred and fifty years." Michel Foucault, Questions of method. In: The Foucault Effect. Studies in govermentality. (Chicago: The University of Chicago Press, 1991) p. 85.

(35) "La condición de posibilidad del poder, en todo caso el punto de vista que permite hacer inteligible su ejercicio, hasta en sus efectos más 'periféricos', y que permite también utilizar sus mecanismos como grilla de inteligibilidad del campo social, no tenemos que buscarla en la existencia primera de un punto central, en un foco único de soberanía de donde irradiarán las formas derivadas y descendientes; es el plano móvil de relaciones de fuerzas que inducen sin cesar, por su desigualdad, los estados de poder, pero siempre locales e inestables." Originalmente dice: "La condition de possibilité du pouvoir, en tout cas le point de vue qui permet de rendre inteligible son exercise, jusqu’en ses effets le plus ‘périphériques’, et qui permet aussi d’utiliser ses mécanismes comme grille d’intelligibilité du champ social, il ne faut pas la chercher dans l’existence permière d’un point central, dans un foyer unique de souveraineté d’où rayonneraient des formes dérivées et descendantes; c’est le socle mouvant des rapports de force qui induisent sans cesse, par leur inégalité, des états de pouvoir, mais toujours locaux et instables." Michel Foucault, Histoire de la sexualité. La volonté de savoir (Saint-Amand: Editions Gallimard, 1994) p. 122.

(36) "El Estado no es un punto de carga con los otros, sino una caja de resonancia para todos los puntos. E incluso cuando el Estado es totalitario, su función de resonancia para los centros y segmentos distintos no cambia: únicamente se produce en condiciones de 'aislamiento' que aumenta su repercusión interna o refuerza la 'resonancia' con un 'movimiento forzado'". G. Deleuze y F. Guattari, Op. Cit., pp. 227-228.

(37) Cf. Felix Guattari, L'inconscient machinique. Essais de schizo-analyse (Clamecy: Editions Recherches, 1979).

(38) A user's guide to Capitalism and Schizophrenia. Deviations from Deleuze and Guattari (Massachusetts Institute of Technology, 1996).

(39) A user's guide to Capitalism and Schizophrenia. Deviations from Deleuze and Guattari (Massachusetts Institute of Technology, 1996)

(40) G. Deleuze y F. Guattari, El Antiedipo. Capitalismo y esquizofrenia, p. 146.

(41) En otro lugar y refiriéndonos a la formación y el desarrollo de máquinas técnicas, hemos afirmado que no podemos considerar a la máquina técnica como un segmento separado del conjunto técnico al que pertenece, o fuera de su relación con la máquina social que la hace posible y necesaria; o separada de la máquina abstracta o diagrama mental que precede a su materialización (planos, fórmulas, ecuaciones, cálculos); sin implicar a los equipos humanos, técnicos y científicos, que la ponen en funcionamiento; o a la máquina política que invierte ciertos componentes subjetivos en su producción (intereses, estrategias de poder, intenciones, deseos), así como tampoco, sin tomar en consideración al conjunto de normas, regulaciones y enunciados de todo tipo (jurídicos, científicos, éticos) ligados intrínsecamente a su puesta en funcionamiento; o desvinculada de las máquinas informacionales y masmediáticas que la usan en la creación de universos de valor, o simplemente la ofrecen y la venden como producto en los mercados de la imagen; o abstraída de esa otra máquina deseante que es el cuerpo humano, compuesta de órganos, flujos, humores y segregaciones.

(42) "Es en el capital-dinero donde el capital se convierte en mercancía cuya cualidad de propia valorización tiene un precio fijo, plasmado en el tipo de interés vigente en cada momento. (…)El dinero es precisamente la forma en que se esfuman las diferencias entre las mercancías como valores de uso y también, por tanto, las diferencias entre los capitales industriales formados por estas mercancías y sus condiciones de producción; es la forma en que existe el valor - y aquí el capital - como valor de cambio independiente. (…)la plusvalía engendrada por él, que aquí vuelve a presentarse bajo la forma de dinero, se le antoja como algo que a él mismo le corresponde como tal." Karl Marx, El Capital, III (México: Fondo de Cultura Económica, 1972) pp. 374-375 y en general Cap. XXIV.

(43) Op. Cit., p. 257.

(44) Podríamos decir que las consecuencias de todos estos procesos evolucionan de manera contingente. El propósito del Departamento de Estado era prevenir el control soviético sobre los sistemas de comunicación norteamericanos en caso de una guerra nuclear. El resultado, una red de comunicaciones horizontal y descentralizada a escala planetaria, ha traído nuevas preocupaciones a los centros de poder, incapaces establecer controles y vigilancia global sobre el sistema. Recordemos, por ejemplo, que Internet ha sido un elemento fundamental de relación entre la guerrilla zapatista y el mundo.

(45) G. Deleuze y F. Guattari, Op. cit., p. 253.

(46) "El productor directo, el obrero, no pudo disponer de su persona hasta que no dejó de vivir sujeto a la gleba y de ser esclavo o siervo de otra persona. Además, para poder convertirse en vendedor libre de fuerza de trabajo, que acude con su mercancía a dondequiera que se encuentra mercado para ella, hubo de sacudir también el yugo de los gremios, sustraerse a las ordenanzas sobre los aprendices y los oficiales y a todos los estatutos que embarazan el trabajo. Por eso, en uno de sus aspectos, el movimiento histórico que convierte a los productores en obreros asalariados representa la liberación de la servidumbre y la coacción gremial, y este aspecto es el único que existe para nuestros historiadores burgueses. Pero, si enfocamos el otro aspecto, vemos que estos trabajadores recién emancipados sólo pueden convertirse en vendedores de sí mismos, una vez que se ven despojados de todos sus medios de producción y de todas las garantías de vida que las viejas instituciones feudales les aseguraban. Karl Marx, El Capital, I (México: Fondo de Cultura Económica, 1972) pp. 607 y ss.

(47) El trabajo separado es la premisa del proceso capitalista de producción. Como tal no sólo es la actividad que transforma y mueve los otros componentes del proceso productivo, sino la fuerza viva que pertenece a aquél, que hallándose desposeído de los medios y objetos de trabajo, se constituye en propietario privado de sus capacidades. El trabajo se abstrae de los elementos de su propia realidad, se separa, pues, del proceso de intercambio orgánico con la naturaleza, para convertirse en una cosa, única propiedad del obrero que éste vende a cambio de medios de sustento, sometiéndose al orden de producción que impone el capital. No olvidemos, sin embargo, que lo que ha devenido mercancía, aquello que el obrero vende, es el derecho a disponer de su esfuerzo productivo, de manera que la persona existe fuera de su trabajo, habiendo adquirido como propietario privado una subjetividad formalmente igual a la de cualquier otro individuo. Pero el trabajo separado, al convertirse en actividad real, organizada y distribuida en el proceso capitalista de producción, se asocia con sus elementos materiales para devenir indistinguible del capital.

(48) Toni Negri, Fin de Siglo, Introducción de Gabriel Albiac (Barcelona: Paidós/I.C.E.-U.A.B., 1992) pp.19-20.

(49) Es justo aclarar que, a pesar de que los científicos hablan de autoorganización en relación con las estructuras disipativas y los procesos fuera del equilibrio, existe todavía una gran distancia entre las estructuras más complejas que se producen en química, incluso en las situaciones de no-equilibrio, y la complejidad de las estructuras que encontramos en biología. Sin embargo, las investigaciones en robótica e inteligencia artificial están dirigidas, entre otras cosas, a "explotar el gran potencial de ideas y de reglas de los sistemas autoorganizados en materia de procesos tecnológicos." C.k. Biebracher, G. Nicolis y P. Schuster, Sel-Organization in the Physico-Chemical and Life Sciences (Informe EUR 16546, Comisión Europea, 1995), citado por Ilya Prigogine, El fin de las certidumbres (Santiago de Chile: Andrés Bello, 1997) p. 79.

(50) Op. cit. p. 415.

(51) Gilles Deleuze, Nietzsche y la filosofía, (Barcelona: Editorial Anagrama, 1993) p. 12.

(52) Gilbert Simondon, L’individu et sa genèse physico-biologique, (Grenoble: Éditions Jérôme Millon, 1995) pp. 30.

(53) Para una ampliación de este punto remitimos al trabajo de Enzo del Búfalo, Genealogía de la subjetividad, especialmente al capítulo titulado La síntesis social y el deseo, pp. 25-57.

(54) Recordemos el concepto de abstracción real, tal y como lo refiere Enzo del Búfalo, Op. cit., p. 96: "La abstracción real es la abstracción de la naturaleza objetiva de la cosa mercancía, la cual no se realiza en el ámbito de la conciencia de los intercambiantes, sino por el contrario, en la esfera objetiva de sus acciones, es decir, en el acto mismo del intercambio." Y luego citando a Sohn-Rethel: " ‘El intercambio de mercancías, —según Sohn-Rethel — es abstracto porque no sólo es distinto de su uso, sino también porque está separado de éste en el tiempo. La acción de cambio y la acción de uso excluyen mutuamente en el tiempo. Hasta tanto las mercancías sean objetos de las contrataciones para el cambio y por ende si se encuentran en el mercado, no pueden ser usadas ni por los vendedores ni por los clientes. El comprador podrá disponer de las mercancías para el uso tan sólo, después de que se haya completado la transacción y las mercancías hayan pasado a su esfera privada. En el mercado, en las tiendas, en las vidrieras, las mercancías permanecen quietas, listas tan solo, para un tipo de acción: su intercambio. Por ejemplo, una mercancía que tenga su precio definitivo se vende a la ficción de una total inmutabilidad material la cual no se refiere solamente a las manos del hombre. Es como si la misma naturaleza retuviera también la respiración en el cuerpo de las mercancías, hasta tanto el precio tenga que permanecer invariado. En efecto, la acción de intercambio modifica tan solo el status social de las mercancías, su status en tanto que propiedad de sus dueños; a fin de que esta modificación social pueda realizarse regularmente de acuerdo a sus propias normas, las mercancías deben permanecer exentas de toda simultánea modificación física o deben ser consideradas inmutables para tales efectos. De ahí que el intercambio sea abstracto durante todo el tiempo en que ocurre. Y abstracto, en este contexto, significa que le han sido sustraídos todos los signos del posible uso de las mercancías. El uso significa aquí tanto el uso productivo como el uso de consumo y es sinónimo de todo el ámbito abarcado por el intercambio orgánico del hombre con la naturaleza, en el sentido en que lo entiende Marx.’. "

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