(El seminario de Badiou "Logiques des mondes" ("no puedo" ir, no estoy yendo, desafortunadamente**, pero algún amigo anda por ahí ), se "titula" como el nuevo texto-libro a aparecer ("Logiques des mondes") y dicen que empieza de atrás para delante. Este texto "¿Qué es vivir?" se supone que cerrará el nuevo texto-libro, continuación de "el ser y el acontecimiento".) (**bueno, en realidad no sé francés -aunque creo que aún no me costaría mucho aprenderlo-, sólo lo leo-traduzco esquizofrénicamente..)
0. Vamos a proponer una respuesta a aquella que después de todo es la pregunta "intimidante" -como lo dice un personaje de Julien Gracq- y a la que, por muchas vueltas que dé la filosofía, se termina respondiendo "vivir": ¿Qué es la vida? "Vivir", pero evidentemente no en el sentido del materialismo democrático (perseverar en las libres virtualidades de los cuerpos), sino más bien ante todo en el sentido de la enigmática fórmula de Aristóteles: vivir "en lo inmortal".
Podemos ante todo reformular el sistema exigiendo que se someta a las condiciones de una respuesta afirmativa, como esta: "¡Sï! La vida verdadera está aquí".
1. No es un mundo lo que induce la posibilidad de vivir o no, no un mundo dado por la lógica de su aparecer -el infinito de sus objetos y de sus relaciones-. No lo es si vivir es otra cosa que la mera existencia. Lo que comporta la posibilidad de vivir reposa sobre aquello que en un mundo sigue la huella, la traza, de lo que adviene bajo la clase de las disposiciones fulminantes. Sea la huella de un acontecimiento. Una tal traza siempre aparece como una existencia de intensidad maximal, el aparecer mundano siempre la contempla como tal. Por la incorporación del pasado del mundo al presente que abre la traza, se aprehende que, anteriormente a lo que advino, aquello que soportaba el ser de esa existencia intensa era un inexistente del mundo, algo que hace traza en el mundo, y signo para la vida, el nacimiento de un múltiple que destella en el aparecer, al cual sin embargo no pertenecía sino como algo-que-se-apagaba.
La primera directiva filosófica a la que preguntamos dónde está la verdadera vida es por tanto la siguiente: "cuida de lo que nace. Interroga los destellos fugaces, sondea su pasado sin gloria. No puedes confiar en otra cosa que en lo
no-apareci-ente [qu'en ce qui inapparaissait]"
2. No es suficiente con identificar una traza. Debemos incorporarnos a lo que ella autoriza como consecuencias. Este punto es crucial. La vida es creación de un presente, pero esta creación es -como es para Descartes el mundo visto por Dios- creación continua. Alrededor de la traza, en torno al destello anónimo de un nacimiento en el mundo del ser-ahí, se constituye la cohesión de un cuerpo anteriormente imposible. Aceptar dicho cuerpo, declarar este cuerpo, no es suficiente para llegar a ser contemporáneo del presente del cual dicho cuerpo es el soporte material. Se debe entrar en su composición, se debe devenir un elemento activo de dicho cuerpo. La única relación real con el presente es la de una incorporación, una incorporación a esta cohesión inmanente al mundo que delibera, nuevo nacimiento más allá de todos los hechos y balizas que presenta el tiempo, un devenir-existente de la traza acontecimiental.
3. El despliegue de las consecuencias ligadas a la traza acontecimiental, consecuencias que crean un presente, se hace tratando con los puntos del mundo. No se hace por el trayecto continuo de la eficacia de un cuerpo, sino por secuencias, punto por punto. Todo presente está fibrado. Los puntos del mundo donde es comparado el infinito con el Dos de la elección son efectivamente como las fibras del presente, su constitución íntima en su devenir mundano. Para que pueda abrirse un presente vivo, se requiere por tanto que el mundo no sea átono, inexpresivo, que haya puntos donde se ancle la eficacia del cuerpo, fibrando el tiempo creador.
4. La vida es una categoría subjetiva. Un cuerpo es la materialidad que ella exige, pero el devenir del presente depende de cómo se disponga este cuerpo en un formalismo subjetivo: ya sea como aquello que es producido (el formalismo es fiel, el cuerpo está situado directamente "bajo" la traza acontecimiental), bien como lo que es borrado (el formalismo es reactivo, el cuerpo está a una distancia doble de la negación de la traza), o bien lo ocultado (el cuerpo es negado). Ni el borrado reactivo del presente, que niega el valor del acontecimiento, ni, a fortiori, su ocultación mortífera, que supone un "cuerpo" trascendente al mundo, autorizan la afirmación de la vida, que es incorporación, punto por punto, al presente.
Vivir es por tanto una incorporación al presente bajo la forma fiel de un sujeto. Si la incorporación está dominada por la forma reactiva, no se hablará más de vida sino de simple conservación. Se trata en efecto de protegerse de las consecuencias de un nacimiento, de no relanzar la existencia más allá de sí misma. Si la incorporación está dominada por un formalismo oscuro hablaremos de mortificación.
La vida es, en definitiva, la apuesta hecha por un cuerpo que adviene al aparecer y bajo el que nos confiaremos fielmente a una nueva temporalidad, manteniendo la distancia tanto de la pulsión conservadora (el instinto mal llamado "de vida") como de la pulsión mortificante (el instinto de muerte). La vida viene tras las pulsiones.
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¿Qué es vivir?

