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Es general: si tú dices algo, lo dices de algo (¿de "un" algo?). También puedes decirlo de tu decir (que por cierto nunca ha sido sólo tuyo). Eso es la ontología, rápidamente, el estudio del ser, que como ser-siendo-seres-humanos está constreñido por un tener que decir; por muchas mediaciones que tengamos.
Dentro de la inmensa acumulación de historia, en el universo, historia que nos constituye: estrellas formadoras de elementos químicos, evolución, etc. tenemos una afición a lo abstracto, digamos una propiedad emergente, en toda esta acumulación, una propiedad que es la de decir y pensar/hacer, que postulamos desde ya como investigable fuera de toda reducción, por interesante que sea, a fenómenos físicos/fisiológicos/etc.
Lectura de la "meditación uno".
Subyacente a todo nuestro decir del ser está el uno. Dice Badiou que hay un "axioma inaugural del discurso filosófico, excelentemente enunciado por Leibniz: 'aquello que no es un ser, no es un ser' ".
Si decides que sólo es lo que es uno, decides que la multiplicidad de lo que se presenta no es, pues al no ser una, al ser im-presentable a menos que extraigamos algún tipo de unidad parcial de ella, como hemos dicho, no es. Por ello Badiou dice que la experiencia "por la cual la ontología [...] se convierte en el pórtico de un templo en ruinas es la siguiente: aquello que se presenta es esencialmente múltiple, aquello que se presenta es esencialmente uno".
Pero bien, para poder "extraer", hablar, necesitamos la impresentable y múltiple presentación, necesitamos que ella en cierta manera sea. Pero eso es ilegal para nuestra concepción del ser como ligada al uno. Confundiríamos lo que hace posible decir 'uno', usando ese uno para hablar de ello, en un bucle infinito de confusión.
Hay que elegir, Badiou dirá que la "única fórmula posible es la siguiente: lo uno no es", que lo uno por tanto "existe solamente como operación", que "sólo hay cuenta-por-uno".
Lo uno siempre fue un contar, un relacionar. En conjuntos un hacer conjunto, por ejemplo de manzanas, para lo cual se usan las llaves: {manzana1, manzana2, etc.}.
Hay un sentido obvio en el que es antes la relación que el ser-contar-por-uno. También, si queréis, un sentido genealógico en la(s) humanidad(es), y en la crianza de cada persona, etc. Badiou, en este libro prácticamente sólo usará la teoría de conjuntos, la "conceptualizará" maravillosamente. Pero más tarde accederá a usar la teoría de categorías para hablar del ser-que-no-es (teoría muy pertinente en cuanto a eso de las "operaciones" y las relaciones), y cambiará su concepto de situación, aunque es oportuno aún lo que dice en su "el ser y el acontecimiento" (con matices: y además, no nos explayaremos demasiado allá donde creamos que abundarán más los matices y los cambios que Badiou mismo añadirá con su segunda parte de "el ser y el acontecimiento" a sus conceptos en esta primera parte).
Por tanto, "lo uno, al ser una operación, no es jamás una presentación."
Resumirá: "lo múltiple es el régimen de la presentación; lo uno es, respecto de ella, un resultado operatorio; el ser es aquello que (se) presenta, no siendo, por ese hecho, ni uno (pues sólo la presentación es pertinente para la cuenta-por-uno), ni múltiple (pues lo múltiple es solamente el régimen de la presentación)."
Llamará situación, para "fijar el vocabulario", a "toda multiplicidad presentada", como "lugar del tener-lugar". "Toda situación admite un operador de cuenta por uno que le es propio". La definición más general de una estructura es la que prescribe, para una multiplicidad presentada, el régimen de cuenta-por-uno. Cuando en una situación, algo -sea lo que fuere- es contado por uno, eso significa solamente su pertenencia a la situación según el modo propio de los efectos de su estructura." Por lo cual dirá que "una estructura es aquello por lo cual el número adviene al múltiple presentado", entonces, podríamos preguntarnos, "¿lo múltiple, como figura de la presentación, no es "aún" un número?" Pero fijémonos en lo que ocurre: lo múltiple sólo "es legible retroactivamente como "anterior" a lo uno, en tanto que la cuenta-por-uno es siempre un resultado". Entonces "el hecho de que lo uno sea una operación nos permite decir que el dominio de la operación no es uno (pues lo uno no es); en consecuencia, es múltiple".
Pero la palabra 'múltiple' se dice de dos cosas diferentes, hay dos multiplicidades, es un concepto dual. "Múltiple se dice de la presentación retroactivamente aprehendida como no-una, en la medida en que el ser uno es un resultado. Pero "múltiple" se dice también de la composición de la cuenta, o sea de lo múltiple como "muchos unos", contados por la acción de la estructura. Hay una multiplicidad de inercia, la de la presentación, y una multiplicidad de composición, que es la del número y la del efecto de estructura." Badiou llamará a la primera "multiplicidad inconsistente" y a la segunda "multiplicidad consistente". Y una situación, en tanto que es múltiple, será a la vez consistente e inconsistente: consistente "hacia delante", inconsistente "hacia atrás". La estructura de esa situación nos obligará a decir que la situación era inconsistente pero que puede componerse como colección de unidades de un múltiple ahora consistente. La situación nos obliga, hacia atrás, a hablar de su inconsistencia, y nos permitirá, hacia delante, a hablar de su consistencia. Por tanto, dirá, "este reparto de la obligación y la autorización hace de lo uno, que no es, una ley". "Es lo mismo decir de lo uno que no es y afirmar que es una ley del múltiple, en el doble sentido de ser aquello por lo cual lo múltiple está forzado a revelarse como tal y lo que regla su composición estructurada".
Pero la ontología podrá ir más allá. Primero diremos que "no hay sino situaciones". La ontología será una situación, pero una particular, donde podremos descompensar, como dice Badiou, la relación entre los pares "consistencia-inconsistencia" y "obligación-autorización". De ahí nuestro poder relacionado con las matemáticas. La ontología, que Badiou asimilará a las matemáticas (lo cual no ha sido observado por los filósofos tan estricta y debidamente), entonces, debe admitir un régimen de cuenta-por-uno, lo que llamó 'estructura'. Pero que la ontología -y todo- sea una situación no nos permite decir que haya estructura del ser. La estructura, repitamos, es lo "que prescribe, para una multiplicidad presentada, el régimen de cuenta-por-uno". La multiplicidad a examinar aquí es, por así decirlo, de segundo grado: la ontología, la ciencia del ser.
Contrariamente a la elección filosófica de Badiou, el decir que puede haber cosas, y en concreto la ontología, que no sean situación, significaría decir que el ser "no puede significarse en lo múltiple estructurado y que sólo una experiencia más allá de toda estructura da acceso al velamiento de su presencia." Para Badiou, esto se dará de forma más majestuosa en la Idea del Bien de Platón, sólo visualizable a través de un recorrido iniciático. Y esta vía, en lo que toca al lenguaje, planteará que el poético es el único recurso capaz de "exceptuarse" dentro de lo posible "del régimen corriente de las situaciones". Todas estas vías Badiou las llamará "ontologías de la Presencia", pues la presencia dirá que "es exactamente lo contrario de la presentación".
No va a poder haber una sola presentación del ser, ya que éste "adviene en toda presentación". Por tanto para Badiou: "la situación ontológica es la presentación de la presentación". Aquí, por tanto, ya podemos empezar a intuir cómo queda descompensada, como prometimos, la dual relación entre (in)consistencia y autorización/obligación. Lo que deja presentarse a una situación es esa anterior inconsistencia de lo múltiple, anterior a la acción de la estructura mediante la cuenta-por-uno. Es lo múltiple en tanto que inconsiste. Lo que entonces podemos abstraer de la presentación en general será no otra cosa que su inconsistencia múltiple, lo que diremos ser lo múltiple en sí. Y en la situación ontológica debemos ser capaces de enfrentar ese impasse. Deberá por tanto parecernos que no hablamos de nada, pues presentamos precisamente lo que inconsiste. Eso ya nos da pistas para el porqué de la elección de Badiou, de las matemáticas, "la ciencia de lo múltiple en tanto múltiple". Nuestra "capacidad emergente" tiene como su esencia el que nos deja presentar de forma precisa lo inconsistente en sí; lo hacemos en la situación que llamamos 'ontología', y que con Badiou se asimila oportunamente, por fin, a las matemáticas.
¿Qué estructura tiene esta situación-ciencia de lo múltiple? No podremos hacer uno de lo múltiple-en-tanto-múltiple, pues este múltiple que tratamos en esta nueva situación que es la presentación de la presentación misma es uno bastante particular: en ella queremos presentar lo inconsistente en sí, reacio al uno como es. Lo múltiple por tanto no puede tener definición, pongamos por ejemplo: lo múltiple es (un) algo que tal cosa y que tal otra cosa... o lo múltiple es un... ¡No! Lo único que va a poder decir Badiou es que
1. Lo múltiple en la situación "ontología" se compone de multiplicidades (en un descenso/ascenso/viaje infinito sin definición).
2. La cuenta por uno será el sistema de las condiciones que hagan que podamos decir que algo es un múltiple.
Necesitamos por tanto una ley para aquella estructura que cuenta-por-uno en esta nueva situación tan peculiar, que ha de presentar lo inconsistente. Una ley que hable de lo múltiple sin definirlo, que dé cuenta sólo de lo "múltiple-sin-uno".
"¿En qué consiste una ley cuyos objetos están implícitos? [...] Se trata evidentemente de un sistema de axiomas. En efecto, una presentación axiomática consiste en partir de términos no definidos, para prescribir la regla de su uso. Esta regla cuenta por uno en el sentido en que los términos, no definidos, lo son, sin embargo, por su composición." Así evitamos "hacer uno de lo múltiple". Por eso damos la vuelta por fin a lo que llamamos 'la dual relación entre (in)consistencia y autorización/obligación'. La axiomática es capaz de hacer en cierto modo consistir -implícitamente- a lo inconsistente de la pura multiplicidad, presentando por tanto la presentación.
Para terminar esta meditación: "la ontología, axiomática de la inconsistencia particular de las multiplicidades, captura el en-sí de lo múltiple mediante la puesta en consistencia de toda inconsistencia y la inconsistencia de toda consistencia. Así, ella deconstruye todo efecto de uno, fiel a no-ser de éste, para disponer, sin nominación explícita, el juego reglado de lo múltiple como forma absoluta de la presentación, por lo tanto, el modo según el cual el ser se propone a todo acceso."
{ A continuación...: en las siguientes meditaciones de la primera parte explicitará los axiomas de la ontología [ = matemáticas; y como matemáticas elige la teoría de conjuntos]. Hablará del lugar del vacío y de la filosofía de Platón y Aristóteles. El vacío atañerá al único de los axiomas que afirmará una existencia, no una prescripción normativa, y lo aceptaremos puesto que, pese a haber dicho que no podríamos hacerlo, en una axiomática que dé cuenta de nuestras necesidades (presentar la presentación, lo inconsistente de lo múltiple), el vacío no se presta a definición, inconsiste. Necesitamos partir de algo que no sea la lengua para evitar las equivocaciones de Frege. Partiremos de una existencia por tanto, el ser es anterior a la lengua. Pero un ser que nos permita hacer la ontología, esa especial situación. Y "el nombre propio del ser" será nada más y nada menos que el vacío.
Esta parte primera terminará con una meditación sobre Aristóteles, que terminará así: "la insistencia del vacío inconsiste como deslocalización". }
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