Asociaciones frente a "Ser". Sociología de las asociaciones (no de lo social) y filosofía del Tener (no del Ser)
"Inventar la historia líquida y las edades de las aguas." Michel Serres (El nacimiento de la física en el texto de Lucrecio, p. 224. Ed. pretextos.)
Sobre Gabriel Tarde, ver también aquí en esta web:- "Coordenando el espacio"
(Nota: este texto va a contener "traducida" (libremente) parte del capítulo VII del pequeño texto de Gabriel Tarde (1893) titulado "monadología y sociología". Enlace a la fuente en francés.)
Introduciendo:
Gabriel Tarde es un "sociólogo" francés que -como dice Latour- desafortunadamente perdió la batalla contra Durkheim y, con ello, la sociología durante el siglo XX ha pasado a sustituir a la política.
"Sociología de las asociaciones" de Tarde, frente a la "sociología de lo social" que ya debería estar dejando de "imperar" y de, por tanto, cortocircuitar en cierta medida la política.
Es por cierto esta una de las "revoluciones" del siglo XX: los así llamados estudios de la ciencia, teoría del actor-red, etc., así como -cómo no- varias cosas en las ciencias que tocan muy directamente a las "relaciones", etc.; una de las revoluciones además aliada con todo el debate sobre globalización, política, etc. y sobre cómo "hacer entrar las ciencias en democracia", como reza el subtítulo en un texto clarividente de Latour.
(Nota: usaré "Tener" para traducir "Avoir" cuando lo emplea G. Tarde en mayúscula. ("La filosofía del Haber/Tener frente a la del "Ser" ".
También usaré unos pocos corchetes
para comentar.)
Parte del texto del capítulo VII:
"En las dos secciones anteriores hemos mostrado que el punto de vista de la sociología universal [así llama a lo que sólo después de casi 100 años se empieza verdaderamente a aplicar] hace dos servicios importantes a la ciencia, librándola de las entidades huecas que son sugeridas por la relación mal entendida entre condiciones y resultado, y falsamente atribuidas a los agentes reales; en segundo lugar, del prejuicio de creer en la similitud perfecta de esos agentes elementales.
Pero éstas son dos ventajas puramente negativas, y voy a intentar hacer ver ahora qué enseñanzas positivas podemos obtener por el mismo método acerca de la naturaleza íntima de los elementos. No es suficiente decir que los elementos son diversos, hay que precisar en qué consiste tal diversidad. Esto exige ciertos desarrollos.
¿Qué es la sociedad? Bajo nuestro punto de vista se podría definir así: la posesión recíproca, bajo formas extremadamente variadas, de todos por cada uno. La posesión unilateral del esclavo por el maestro, de los hijos por el padre, o de la mujer por el marido... en el derecho antiguo no son más que un primer paso hacia el lazo social del que hablamos. Gracias a la creciente civilización, el poseído deviene más y más un poseedor, el poseedor poseído, hasta que por igualación de derechos, por la soberanía popular, el intercambio de servicios... el esclavismo antiguo lleva a cada ciudadano a ser a la vez amo y sirviente de todos los demás.
De la misma forma las maneras de poseer y ser poseído por los conciudadanos son cada vez más numerosas. Toda nueva función, industria, hace trabajar a los funcionarios o a las industrias nuevas en provecho de sus "administrados" o los nuevos consumidores, que en este sentido adquieren un derecho real sobre ellos, un derecho que no tenían antes, pues ellos mismos devienen respectivamente, inversamente, -por esta relación de doble cara- "la cosa" de tales industriales o funcionarios. Cuando unas vías ferroviarias permiten a un pequeño pueblo de la meseta aprovisionarse de pescado por primera vez, se crean tales tipos de dependencias. Si me abono a un periódico poseo mis periodistas que poseen sus abonados. Poseo mi gobierno, mi religión, mi fuerza pública, así como mi tipo específico de humano, mi temperamento, mi salud; pero sé también que los ministros de mi país, los sacerdotes o los policías me cuentan en la cifra del montón que "vigilan".
Toda la filosofía se ha fundado hasta aquí sobre el verbo "Ser", cuya definición parecía la piedra filosofal, que pedía ser descubierta. Y se puede decir que si la filosofía se hubiera fundado mejor en el verbo "Tener" [Avoir] , nos hubiéramos evitado muchos debates estériles. De aquí viene la negación de la realidad exterior, etc. Pero planteemos este postulado: "Yo tengo" como el hecho fundamental: lo tenido y lo que tienen son dados aquí a la vez y como inseparables.
Si el tener lleva hacia un ser, el ser ciertamente implica el tener. Esta abstracción hueca, el ser, no se concibe nunca más que como la propiedad de cualquier cosa, de un otro ser, él mismo compuesto de propiedades, y así indefinidamente. Pero en el fondo de la noción de ser está la noción de tener, y no al contrario: el ser no es todo lo que hay en la idea de propiedad.
La noción concreta, sustancial, que por tanto hemos descubierto es aquella. En vez del famoso cogito ergo sum, diríamos mejor: «Yo deseo, yo creo, luego yo tengo». El verbo Ser significa tanto tener como igualar. "Mi brazo está caliente", el calor de mi brazo es una propiedad de mi brazo. Aquí vemos cómo se puede y se debe decir "tiene". O en "un francés es un europeo, el metro es una medida de longitud", aquí se ha de decir "es igual", "igual", "proporciona", "da" (el metro da, proporciona una medida de longitud, "es igual", si tenemos "metro" tenemos igualmente "longitud").
Pero esta igualdad en sí misma no es más que la relación del continente a lo contenido, del género a la especie o al revés, esto es, una suerte de relación de posesión. Por tanto y por sus dos sentidos, el ser es reductible al tener. Si desarrollamos la noción de Ser, enseguida vemos que se pone en juego una esterilidad esencial, la que conduce a oponerla al no-ser, y a hacer jugar, a este "no-ser" (del que su objetividad es simplemente nuestra facultad de negar, como la objetividad del Ser es la de afirmar), un papel importante y falto de sentido. En vista de esto, el sistema hegeliano puede ser considerado como la última palabra de la filosofía del Ser. Después, nos veremos conducidos a forjar más nociones impenetrables y en el fondo contradictorias, del devenir y del desaparecer...
Por el contrario no hay nada más claro que las dos ideas de ganancia y pérdida, de adquisición y despojamiento que tienen lugar en lo que llamaré "filosofía del Tener", para dar nombre a algo que aún no existe. Ser o no ser, ahí no hay un "medio". El ser y el no ser, el yo y el no-yo [moi]: oposiciones infértiles que nos hacen olvidar las correlaciones. El verdadero opuesto del yo no es el no-yo, es lo mío [le mien]; el verdadero opuesto del ser, esto es, del que tiene, no es el no-ser, es lo que es poseído.
La profunda divergencia, que es acentuada todos los días, entre la corriente de la ciencia propiamente dicha y la de la filosofía, proviene de que la primera (para su bien) se guió por el verbo Tener. A sus ojos todo se explica por las propiedades antes que por las entidades. Ha desdeñado la relación decepcionante entre sustancia y fenómeno, dos términos vacíos donde el Ser se desdobla; ha hecho un uso moderado de la relación de causa-efecto, donde la posesión no se presenta más que bajo una de las dos formas, y la menos importante, la posesión por el deseo. Pero la ciencia también ha usado mucho tiempo, y ha abusado -desafortunadamente-, de la relación propiedad/propietario. El abuso ha consistido principalmente en haberlo comprendido mal, al no ver que la verdadera propiedad de un propietario cualquiera es un conjunto de otros propietarios; que cada masa, que cada molécula del sistema solar, por ejemplo, tiene por propiedad física ya no las "palabras" tales como la extensión, movimiento, etc., sino todas las otras masas, todas las otras moléculas; que cada átomo de una molécula tiene por propiedad química ya no las afinidades sino todos los otros átomos de la misma molécula; que cada célula de un organismo tiene como propiedad biológica no la irritabilidad, contractibilidad, inervación, etc., sino todas las otras células del mismo organismo y especialmente de su órgano.
Aquí, la posesión es recíproca, como en toda relación intra-social; pero puede ser unilateral, como en las relaciones extra-sociales del amo y del esclavo, del agricultor y su bestia. Por ejemplo, la retina tiene como propiedad no ya la visión sino los átomos etéreos que vibran luminosamente, que no la poseen; y el espíritu posee mentalmente todos los objetos de su pensamiento, a los cuales no pertenece en absoluto. ¿Quiere esto decir que estos términos abstractos, movilidad, densidad, peso, afinidad, etc., no explican nada ni corresponden a nada? Significa, yo creo, que más allá del dominio real de todo elemento, hay un dominio condicionalmente necesario, esto es, cierto pero no real, y que, en un sentido nuevo, esta distinción antigua de lo real y lo posible no es quimérica.
Los elementos son ciertamente tanto agentes como propietarios; pero pueden ser propietarios sin ser agentes, y no pueden ser agentes sin ser propietarios. Así, su acción no se nos revela más que como un cambio aportado a la naturaleza de su posesión.
Si lo consideramos más de cerca, veremos que toda la superioridad del punto de vista científico sobre el punto de vista filosófico viene motivada por aquella afortunada elección de la relación fundamental adoptada por sus sabios, y, además, que todas las oscuridades, todo lo no válido en ciencia le llega a ésta por un análisis incompleto de esta relación.
Tras miles de años se han catalogado las diversas maneras de ser, los diversos grados de ser, y nunca se tuvo la idea de clasificar las diversas especies o grados de posesión. La posesión es por tanto el hecho universal, y no hay mejor término que este de la adquisición para explicar la formación o el crecimiento de un ser cualquiera. Los términos de correspondencia y adaptación, puestos de moda por Darwin y Spencer, son más vagos, más equívocos, y no capturan el hecho universal más que exteriormente.
¿Es
cierto que el ala del pájaro se adapta al aire, las aletas de los peces al agua, el ojo a la luz? No, no más que lo hace la locomotora al carbón o la máquina de coser al hilo de la costurera. ¿Diríamos también que los nervios vasoconstrictores, ingenioso mecanismo por el que se mantiene el equilibrio interior de la temperatura del cuerpo pese a las variaciones de la temperatura exterior, están adaptados a estas variaciones? ¡Singular manera esta de adaptarse, yendo en contra!
La locomotora está adaptada, si se quiere, a la locomoción terrestre, y el ala a la aérea, y esto quiere decir que el ala utiliza el aire para moverse, como la locomotora el carbón, como la aleta usa el agua.
Este empleo ¿no es una toma de posesión? Todo ser quiere, no ya hacerse apropiado a los seres externos, sino apropiarse de ellos. Adherencia atómica o molecular en el mundo físico, nutrición en el viviente, percepción en el intelectual, derecho en el social..., la posesión, en formas innumerables, no cesa de extenderse entre los seres, por un entrecruzamiento de dominios variados, más y más sutiles.
Variable en sus formas múltiples, también lo es en sus infinitos grados.
Las estrellas, por ejemplo, se entre-tienen(poseen) con una intensidad que crece o decrece en razón inversa al cuadrado de la distancia entre ellas. La vitalidad de los organismos, esto es, la solidaridad íntima de sus partes, continuamente aumenta o disminuye. Del sueño profundo a la claridad de espíritu más perfecta, el pensamiento recorre una extensa gama que manifiesta el crecimiento de ese imperio tan especial que tiene sobre el mundo.
Cuando se reestablece la seguridad en un país revuelto, cada ciudadano ¿no se siente más amo de sus compatriotas de los cuales tiene el derecho de adquirir servicios, no se siente más provisto que antes de su ayuda legítima?
Cualquiera que sea la forma de la posesión, física, química, vital, mental, social (sin hablar de las subdivisiones de las que son susceptibles cada una), debemos distinguir si es unilateral o recíproca, y, en segundo lugar, si se establece entre un elemento y otro o varios diferentes elementos considerados individualmente, o entre un elemento y un grupo indistinto de otros elementos. Comencemos por decir algo sobre esta última distinción.
Cuando entro en comunicación verbal con uno o más de mis semejantes, nuestras mónadas respectivas, según mi punto de vista, se capturan recíprocamente; es cierto que esta relación es la relación de un elemento social con los elementos sociales tomados como distintos. Al contrario, cuando veo, escucho, la naturaleza ambiente, aguas, planetas, cada uno de los objetos de mi pensamiento es un mundo herméticamente cerrado de elementos que se conocen, sin duda, o se capturan entre ellos íntimamente, como los miembros de un grupo social, pero que no se dejan abrazar por mí más que en bloque y desde fuera. Todo lo que el químico puede hacer es conjeturar sobre el átomo, con la certeza de no poder llevar a cabo una acción individual sobre él. La materia como él la comprende, como él la emplea, es un polvo compacto de distintos átomos en los cuales la distinción desaparece por la enormidad de los números que se ven involucrados y por la continuidad ilusoria de sus actos. En el mundo vivo, pero inanimado (diré inanimado "en apariencia"), nuestra mónada ¿no encuentra un fantasma algo menos confuso? Lo parece.
Debemos ir al mundo social para ver las mónadas capturarse a flor de piel por la intimidad en sus caracteres transitorios plenamente desplegados uno delante de otro, en el otro, el uno por el otro. Esta es la relación por excelencia, la posesión típica de la que el resto no es más que un boceto o un reflejo. Por la persuasión, por el amor y el odio, el prestigio personal, por la comunidad de las creencias y las voluntades, por la cadena mutua del contrato, esa suerte de red tupida que se extiende y recrea sin cesar, los elementos sociales se tienen y se estiran de mil maneras, y de su concurso surgen las maravillas de la civilización. Las maravillas de la organización y de la vida ¿no nacen entonces por una acción paralela, de elemento vital a elemento vital, sin duda: de átomo a átomo?
Así me inclino a pensar por razones que sería muy largo explicar aquí.
¿No serían entonces lo mismo las creaciones químicas, las formaciones astronómicas?
La atracción newtoniana se ejerce seguro de átomo a átomo, ya que las más complejas operaciones químicas en nada la alteran. Si es así, la acción posesiva mónada a mónada, de elemento a elemento, será la única relación verdaderamente fecunda. En cuanto a la acción de una mónada o de un elemento sobre un grupo confuso de mónadas o de elementos sin discernir, o al revés, no será más que una perturbación accidental de esas bellas obras que "consumen" los elementos [belles oeuvres accomplies par le duel ou l'hymen des éléments]. Esta última relación es creadora, la otra destructura, pero las dos son necesarias.
La posesión unilateral y la recíproca no son menos necesarias en su unión. Pero la segunda es superior a la primera. Es ella la que explica la formación de bellos mecanismos celestes donde, en virtud de la mutua atracción, cada punto es un centro. Es ella la que explica la creación de esos organismos admirables de vivientes en los cuales todas sus partes son solidarias, o todo es a la vez medio y fin. Por ella, se explica, en definifiva, en las ciudades libres de la antigüedad y en los estados modernos, la mutualidad de los servicios o la igualdad de los derechos por los que operan los prodigios de nuestras artes, industrias o ciencias.
Observemos que si los seres organizados fueran el resultado de la fabricación de un solo ser o de la diferenciación regular de una misma sustancia homogénea, la sorprendente facilidad que tenemos de mirar las partes de tales seres como hechos por el todo o el todo como hecho por las partes, quedaría sin explicación posible. Los seres, o más bien los objetos fabricados deberán ser en relación al ser que los fabrica lo mismo que son para nosotros nuestros muebles o herramientas, medios que no se sabría ver -mediante ningún juego sofístico- como fines relativos a nuestros actos.
En cuanto a la sustancia única que se juzga creadora de los seres particulares por escisión espontánea de sí misma, no se vería por qué será tal que -si no portaba en ella una meta- su estado primitivo era de indiferenciación; ni, en segundo lugar, por qué, antes de toda diferenciación, sola en el mundo, se ha visto desviada de alcanzar su meta en lugar de ir todo recto, empleando los medios en lugar de aprehender directamente el fin, y cómo es que prefiere los tortuosos caminos de la evolución al camino fácil y corto de la actuación inmediata. "